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Cañí y Negra

arrels de gracia

En el estupendo concierto de Arrels de Gracia en la calle Joan Blanques el pasado martes hubo clásicos nacionales (“Volando Voy”), mediterráneos (“O Sole Mio”) y propios (“La Moto”) pero, como buenos rumberos, no podía faltar un guiño a esa parte de sus raíces que llega hasta el otro lado del Atlántico, con una de esas canciones de mensaje profundo e universal (“Al que le pique, que se rasque”) que tan bien se dan por aquellas latitudes.

Alucino con el trasiego musical transatlántico cada vez que descubro que un clásico cañí resulta ser una versión de algún olvidado éxito caribeño. Aquí van algunos.

Antonio González “El Pescadilla”- “Sarandonga

Uno de los padres de la rumba catalana se ventila –nunca mejor dicho- el dulce son cubano de “Los Compadres” en apenas minuto y medio y lo convierte en una auténtica bomba.

Los Amaya- “Que mala suerte la mía” (1969)

Todas las canciones de su inmortal debut “Los Amaya y su Combo Gitano” eran versiones, pero consiguieron hacerlas para siempre suyas. Para muestra, esta lectura de un tema de Odilio González  “El Jibarito de Lares”.

 Agustín Abellán “Chango”- “Al que le pique, que se rasque” (1978)

Sospecho que de él la aprendieron los chicos de “Arrels de Gracia”, pero resulta ser una versión de un merengue dominicano de Luís Kalaff. Aparece en su mítico disco “La Rumba y la Marcha”, que me costó años rastrear y del que, francamente, me esperaba bastante más.

 Lola Flores- “Que me coma el tigre” (1969)

La mujer de “El Pescadilla” ataca con salero un tema contemporáneo de la Barranquilla colombiana, compuesto por Eugenio Garcia Cueto e interpretado originalmente por Gustavo Barros y el Combo de Duque Palomino.

Nota:

He buscado bibliografía sobre “el trasiego transatlántico”, de momento con poco éxito. Tenía muchas esperanzas puestas en el sesudo ensayo de Santiago Auserón “El ritmo perdido” (Editorial Península, 2012) pero, para mi desgracia, se centra más en investigar la relación musical directa entre África y España desde la antigüedad a través de fuentes bibliográficas históricas, que en la  (para mí) más interesante África-América-España, que sucedió a mediados del siglo pasado en paralelo con la África-América-África, cuando en España flipábamos con “Maria Cristina” de Ñico Saquito y con Machín, y en el Congo hacían lo propio con el Trío Matamoros.

Respecto a la Rumba Catalana, lo mejor que he leído son los fantásticos artículos de Francisco Casavella (“La rumba que tumba” y “Estaban tomando cañas”) publicados en su día en Rockdelux y Ajoblanco, y recopilados en el muy recomendable “Elevación, elegancia y entusiasmo. Artículos y ensayos (1984-2008)”  (Galaxia Gutemberg, 2009).

Sobre el más amplio fenómeno “gypsy-soul/achilifunk”- etiqueta diseñada para incluir Andalucía y Madrid- son imprescindibles las notas que Txarly Brown escribió para su fundacional recopilatorio “Achilifunk. Gipsy Soul 1969-1979”.