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Un cacho de patio fuera

Los edificios entre medianeras suelen tener una fachada hacia un patio interior y otra hacia el exterior alineada con sus vecinos formando una calle-corredor. Este plano continuo de fachada sólo se altera por balcones, cornisas, molduras o marquesinas; pero suele considerarse una regla de buena urbanidad respetar rigurosamente la alineación que marcan las ordenanzas.

Sin embargo, un edificio que veo a diario e inicialmente me parecía caprichoso, me ha obligado a reflexionar y me ha mostrado que si, en lugar de concentrar toda el área libre que exige la normativa en el patio interior (típicamente un 20 o 30%), se reserva un pequeño porcentaje para abrir un patio en fachada, empiezan a pasar cosas interesantes.

El baño interior de la habitación principal puede de repente tener iluminación natural y -lo que es más importante- el salón deja de tener una única fachada y se abre en la esquina, creando una sensación espacial mucho más rica y evitando focalizar la vista sobre el vecino de enfrente.

En este caso concreto, además, los arquitectos han sido radicales y, por una parte, han proyectado un pretil descendente que -al desaparecer gradualmente a medida que se acerca a la esquina, diluye aún más la sensación de edificio entre medianeras y, por otra, han cuidado el diseño del pequeño balcón corrido y -al lograr que esté al mismo nivel que el pavimento interior, consiguen que -al escamotear las grandes puertas corredizas- toda la sala se convierta en un gran porche cubierto. El ligero giro de la planta contribuye a acentuar la separación del edificio de la medianera vecina.

Como casi siempre en arquitectura, no se trata de una invención novedosa ya que existen muchos ejemplos de patios en fachada (casi toda la vivienda colectiva de Coderch -especialmente el edifico Girasol– por poner un ilustre ejemplo moderno) pero por la elegancia y claridad con la que está resuelto, creo que este pequeño proyecto de sólo 4 apartamentos del estudio holandés 7478 ofrece una lección de arquitectura y confirma que a menudo merece la pena cuestionar la forma habitual de hacer las cosas. Lo que aparentemente es un capricho puede a veces esconder ideas de gran potencia arquitectónica.

Amables personajes

Oscar Tuwsquets_Amables Personajes

Oscar Tusquets Blanca es uno de esos ensayistas (como Félix de Azúa o el difunto Juan Antonio Ramírez) con los que me resulta imposible resistirme a pasar por caja cuando veo su última obra en alguna librería.

Desde el ya lejano “Más que discutible” que me deslumbró en los últimos años de carrera, encuentro sumamente adictiva esa prosa ligera y transparente, que renuncia a formular grandes teorías y deja que sean las pequeñas anécdotas, observaciones y vivencias personales las que cuenten la historia.

De hecho, la clave misma de su escritura aparece en la cita de Merimée a la que se refiere en dos ocasiones (“Disperso Anecdotario Correano” y “Un añorado Tom Wolfe”): “De la historia sólo me interesan las anécdotas”, reformulada por el autor como: “Por favor, intelectuales, denme anécdotas que las conclusiones ya las sacaré yo mismo”.

Ese enfoque hace que todos sus libros sean, en cierto modo, autobiográficos y esta serie de perfiles de amables personajes (más en el sentido de a(d)m(ir)ables que en el de am(ig)ables”) que trazan su biografía tanto vital como intelectual, lo es en aún mayor medida que los anteriores.

Haber intimado con Dalí, Antonio López, José Antonio Fernández Ordóñez, Coderch, Miró, Blahnik, Barceló, Bofill o Leni Riefensthal da para anécdotas muy jugosas; y con aquellos personajes que no trató personalmente (Gaudí, Domenech i Muntaner…) sí estableció relaciones profundas (pasar de máximo opositor a la Sagrada Familia a apologeta y restaurar varias de sus obras, respectivamente) de las que extraer chascarrillos y enseñanzas.

Si alguna crítica puede hacérsele al libro es que algunos perfiles (Bertín Osborne, Kate Moss) parecen metidos un poco con calzador ya que en ellos se rompe este vínculo vital con el personaje y se revela el hecho de que, en realidad, se trata de una recopilación “hormonada” de escritos aparecidos en diversos medios .

Pero creo que más que una crítica es envidia cochina por una vida tan plena como la que sugieren estas páginas y el deseo de que algún día nos regale unas buenas memorias, en las que haya espacio para tantos otros amables personajes aquí únicamente esbozados como secundarios.