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Orden desordenado

Gardunya_Carme Pinós

La censura al passat es deixa sentir també en la por cerebral a l’ordre tranquil —en el nostre cas, present a les finestres, columnes i cobertes de la plaça de Sant Josep— i també en l’equivocada idea que l’època present ha d’inventar un nou “ordre desendreçat” que vol imitar amb els seus volums i gestos la contingència i la vida.

En su crítica de la reconfiguración de la plaza trasera del Mercado de la Boquería, Xavier Monteys inventa el término “Orden descuidado” (o desordenado) para referirse a esa suplantación del orden complejo propio de las arquitecturas vivas por su simulacro. Parece ser una manifestación, a escala urbana, de la misma ansiedad oculta tras las fachadas “código de barras”, la caprichosa disposición de mobiliario urbano “a la catalana” y la adopción del tarro con rosca en algunos bares hípster. Añoramos la naturalidad de las ciudades lentas e intentamos evocarla obviando que el crecimiento orgánico es, por su propia naturaleza, imposible de replicar instantáneamente (y por sólo una mano).

Nota:

Aunque no entro a valorar un proyecto que no conozco (y cuya autora, además, me dio mi primera oportunidad laboral hace ya casi 20 años), las palabras de Monteys resuenan con algunos de los temas recurrentes de este blog.

Divide y ampliarás

Mi padre dejó de comprarnos libros infantiles guiado únicamente por su instinto y empezó a leer los finales para asegurarse de que eran felices a partir de mis desconsolados sollozos al terminar “Los 79 cuadrados”, que me había traído con la intención de animarme en los últimos coletazos de una gripe. 79 squares M-Bosse Por lo que recuerdo, era uno de aquellos libros de la colección juvenil de Alfaguara (“La roja”) que trataba de cómo un chico, tras acosar con sus compañeros a un anciano que se había mudado al vecindario, acaba convirtiéndose en su amigo, conociendo la triste historia de su largo cautiverio y –lo que hoy nos interesa- aprendiendo de él como llegar al infinito mediante la división.

El pobre señor, para evadirse de las cuatro paredes en que pasó la mayor parte de su vida por algún error de juventud, examinaba cada día con la máxima atención una pieza de pavimento o un trozo de pared, descubriendo las figuras ocultas, las sombras y los matices que en realidad contienen las cosas; y le enseñó al joven a descubrir el infinito en lo pequeño mediante una retícula de 79 cuadrados trazada con hilos y estacas en un prado que el joven iba explorando día a día, recinto a recinto. (Mis llantos, por cierto, los provocó la previsible -pero inesperada para un niño de 10 años- muerte del anciano con la que acababa el libro).

Me acordé de esa historia, tras casi tres décadas de no pensar en ella, al tropezarme en las lecturas de estos días navideños con dos textos que, de alguna manera, se refieren a los mágicos efectos amplificadores que puede tener la división de un espacio. behind the picture window rudofskyEn el capítulo del fantástico libro “Behind the Picture Window” (Oxford University Press, 1955) dedicado a reivindicar la habitación exterior como algo esencial en toda casa que se precie, Bernard Rudofsky critica la manía norteamericana de desperdiciar la mitad de la parcela regalándosela a la calle al convertirla en un césped a la vista de todos (front-lawn), sin utilidad alguna para el juego o el descanso, y al describir lo que ocurriría si se cerrasen con muros (como, por cierto, nos muestran magistralmente tantas obras de Barragán), hace la siguiente reflexión: “Cerrado con muros, el pequeño trozo de tierra se expande visualmente, en lugar de encogerse, y cada subdivisión parece incrementar su superficie. La naturaleza de esta ilusión óptica es conocida desde hace siglos. Simplemente olvidamos como sacarle partido

La Habitación_Xavier Monteys

Y en “La habitación” (Gustavo Gili, 2014), el último ensayo de Xavier Monteys, hay un capítulo dedicado al fascinante relato “Una habitación y media” de Joseph Brodsky en el que éste relata su vida en una kommunalka, un espacio que el gobierno comunista les adjudicaba (a razón de 9 m2 por persona) subdividiendo habitaciones de antiguos palacetes o edificios burgueses. Es un relato genial de sus peleas por la intimidad, por construir barricadas con cajas y muebles, para finalmente, conseguir segregar -de los 40 metros correspondientes a su familia- sus propios diez metros cuadrados, “los mejores diez metros cuadrados que conoció en su vida”:

Si hay un aspecto infinito en el espacio, no es su expansión sino su reducción, aunque solo sea porque la reducción del espacio, por extraño que parezca, es siempre más coherente, está mejor estructurada y tiene más nombres: celda, armario, tumba. Las ampliaciones tienen únicamente un gesto amplio.”

Flexibilidad

FLEXIBILIDAD_maison domino

 “Esa casa siempre la encontré muy triste, bella y triste como un museo. Era la casa la que hacía la ley. El lugar de cada cosa estaba designado de antemano y aún el de las personas. Era difícil estar vivos, éramos como esculturas”

Marie Jaoul (citada en “Las aventuras de la vanguardia” de Juan José Sebreli)

Mies talks about “free space” but his space is very fixed. I can’t even put a clothes hanger in my house without considering how it affects everything from outside. Any arrangement of furniture becomes a major problem, because the house is transparent, like an X-ray”.

Dr. Edith Farnsworth

 Ahora que uno de los legados más visibles del pinchazo de la burbuja inmobiliaria es un sinfín de maisons Domino salpicando el paisaje gallego, me acuerdo con frecuencia de “la flexibilidad”, ese concepto fetiche de la arquitectura moderna desde que Le Corbusier lo incluyera como “planta libre” entre sus “5 puntos para una nueva arquitectura”. La teoría sostiene que una estructura de pilares y losas -sin muros de carga que condicionen la distribución- otorga la máxima flexibilidad ya que la planta puede subdividirse a voluntad.

Sin embargo, las principales aplicaciones de la planta libre -que en teoría podría efectivamente dar lugar a cualquier tipo de distribución- resultaron ser, en primer lugar, el desarrollo de ese sueño moderno del espacio ininterrumpido, fluido, en el que las visuales atraviesan la casa de punta a punta; y, paralelamente, la posibilidad de conseguir la ansiada casa “funcional”, en la que cada pieza está dimensionada según las actividades que se prevé que puedan desarrollarse en ella. Pero ambos principios –la visión total y la especialización funcional- resultaron ser radicalmente incompatibles con la flexibilidad.

Como ejemplo de los peligros de la visión total, se puede leer en la cita de la propietaria de la casa Farnsworth –todo un paradigma de espacio fluido- que lo que le habían vendido como “espacio libre” resultaba ser “muy fijo” y no había manera de poner ni un simple perchero. Achacaba la imposibilidad de usar su casa con libertad a su radiográfica transparencia.

Las palabras de Marie Jaoul apuntan al segundo problema, la excesiva especialización funcional de las estancias. La maison Jaoul de Le Corbusier –cuya estructura no era de pilares y losas sino de muros de carga y bóvedas “a la catalana”- es un lugar “bello” pero en el que “el lugar de las cosas estaba fijado de antemano” y “resultaba difícil estar vivos”. (más…)

Los placeres de Monteys

Uno de los placeres distintivos de la edición catalana de “El País” es la estupenda sección de crítica de arquitectura en el suplemento “Quadern” de los jueves escrita por Xavier Monteys. Textos claros e incisivos, dirigidos a los ciudadanos y no a los colegas de profesión, que obvian los nombres de los autores de las obras analizadas para sacar de cada caso concreto reflexiones de un alcance mucho más amplio. Auténticas lecciones de arquitectura.

Se acaba de publicar, en la colección “Microgrames” de la Universitat de Girona, “El plaer de la ciutat”, una breve selección de 18 de esos artículos que deberían servir para ampliar su público (aunque una edición bilingüe catalán/inglés no sea tal vez la mejor manera), e invitan a replantearse ideas tan arraigadas como las bondades de la peatonalización indiscriminada de calles o a entender cómo la aportación más importante de “La Pedrera” de Gaudi puede encontrarse más en su potencial de convertirse en modelo (planta) que en su excepcionalidad (fachada). Recuerdo otros artículos que no parecen haber pasado el corte y que me gustaría tener la oportunidad de releer en los que se analizaba la manía de ocultar la escala en muchos edificios contemporáneos o cómo la diferenciación de pavimentos urbanos podía acabar con la flexibilidad de una calle.  Tal vez, si la acogida es buena,alguien se anime a publicar selecciones mas amplias o que no se ciñan estrictamente a lo publicado en “El País”.

En ese sentido, aunque al editarse en una revista especializada y no en un periódico generalista tengan una extensión mucho mayor y un tono más erudito y profesional, sería una excelente idea recuperar  también los magníficos artículos que escribió para la sección “Doméstica” de la revista “Quaderns d’arquitectura i Urbanisme” entre 2006 y 2010.