Categoría: libros

Los borborigmos de la calipigia

Venus Calipigia

Anoche aprendí dos nuevas palabras con las que no recuerdo haberme tropezado antes, pese a que nombran cosas tan cotidianas como los ruidos que hace la barriga o la poseedora de un hermoso trasero.

Cuando, como inevitablemente sucede, empiece a encontrarlas por todas partes –Venus calipigias en algún viejo manual de historia del arte, borborigmos en el prospecto de algún medicamento para digestiones pesadas- intentaré recordar que fue David Foster Wallace quien me las enseñó*.

*La colección póstuma de ensayos (“Both Flesh And Not”) incluye antes de cada texto una lista de palabras y definiciones que DFW guardaba en el escritorio de su ordenador e iba actualizando constantemente. Este truco para engordar un libro que no deja de ser una colección de caras B y “outtakes” fue todo un acierto y una de las partes que más estoy disfrutando.

 

“Forma, Lenguaje y Complejidad. Una teoría unificada de la arquitectura”

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Nikos Salíngaros es uno de los más destacados discípulos de Christopher Alexander -con quien colabora desde hace años- y en su último libro “Forma, Lenguaje y Complejidad. Una teoría unificada de la arquitectura” (Ediciones Asimétricas) hay constantes ecos de las ideas de “The Nature of Order” matizadas por una visión personal que tiende a enfatizar los aspectos científicos sobre los estético-humanísticos.

Frente a la profusión de sugerentes imágenes de obras de arte de todas las épocas y escalas –y a las referencias autobiográficas- que tanto enriquecen las posibles lecturas en la obra de Alexander, en los escritos de Salíngaros prevalece siempre un tono académico  que disminuye su poder evocador.

En esencia, el libro de Salíngaros propone una crítica radical al legado que las vanguardias y el Movimiento Moderno (y sus hijos: el Posmodernismo. el Minimalismo y la Deconstrucción): “fundamentalismo geométrico”, supresión del ornamento, separación de la naturaleza, rechazo de la simetría, idolatría de la imagen; y plantea una nueva forma de entender el entorno construido basado en la “biofilia” y la reconexión con la naturaleza.

Personalmente, echo en falta una explicación de la teoría de la intensificación de los centros existentes (diseño adaptativo) y un desarrollo más detallado del capítulo dedicado a las 15 propiedades fundamentales ya que son ideas que permiten intuir el paso de la teoría a la acción y el proyecto.

Aun así, desde que Díez del Corral publicó su personal re-lectura de “Un lenguaje de patrones” hace ya dos décadas, apenas existen en lengua española publicaciones que reflejen el pensamiento de Alexander y su escuela y, por ello, pese a su carácter fragmentario y truncado* –que contradice la voluntad de presentar una teoría unificada de la arquitectura y dificulta la asimilación de ciertos conceptos a aquellos que se los encuentren por vez primera- este libro supone una valiosa puerta de entrada a una visión de la arquitectura que contradice muchos dogmas comúnmente aceptados y merece ser mejor conocida.

Nota:

*Salíngaros aspira a cambiar la forma de pensar de los arquitectos y el futuro de la arquitectura y esa misión evangélica provoca ediciones descuidadas -como el anterior “Anti-arquitectura y Deconstrucción”- o truncadas -como este volumen que comparte título con el original en inglés “A Unified Architectural Theory: Form, Language, Complexity” de 2013 pero, según explica Salíngaros en la introducción, presenta diferencias importantes  (capítulos omitidos, nuevos textos)- que el autor justifica por la urgencia de editarlo y propagar sus ideas lo antes posible, sin las demoras que una edición más fiel habría implicado.

 

“The Nature of Order”. Una reseña provisional

The nature of order

Del monumental “The Nature of Order” de Christopher Alexander me atrae su valentía al desafiar el consenso sobre que ya no es realmente posible establecer juicios universales de valor, y al discutir que todo sea subjetivo y defender, en cambio, que  hay un orden universal que comparten tanto los seres vivos como los inertes o las creaciones humanas; que todas las cosas –sean animadas o inanimadas- tienen “vida”, y que somos capaces intuitivamente de percibir que algunas tienen más vida que otras y qué cambios intensifican su vitalidad y cuáles la reducen.

Me parece un logro detectar o definir las 15 propiedades fundamentales que caracterizan a los lugares o entes vivientes: Niveles de escala, Centros Fuertes, Límites Gruesos, Repetición alternada, Espacio Positivo, Buena Forma, Simetrías Locales, Entrelazamiento Profundo y Ambigüedad, Contraste, Degradado, Rugosidad, Ecos, El Vacío, Simplicidad y Calma Interior, No-separación.

El número de propiedades puede ser discutible, algunas son muy similares (espacio positivo y buena forma, por ejemplo) pero son categorías útiles para valorar el entorno y plantear modificaciones que lo intensifiquen positivamente. Una vez asimiladas, no puedes evitar ver el mundo a través de algunas de estas categorías que Alexander plantea.

El autor muestra convincentemente cómo esta nueva visión del mundo se manifiesta tanto a nivel microscópico como macroscópico, en un tapiz otomano o en un collage de Matisse, en la Alhambra o en un barrio autoconstruido de una megalópolis latinoamericana. Pero su odio visceral a la arquitectura moderna le impide ver algunos magníficos ejemplos que fortalecerían notablemente su mensaje (así, a bote pronto: las viviendas de Gardella en la Giudecca, las de Lucien Kroll en Bruselas, la casa de veraneo de Asplund, Scarpa, el poblado Esquivel de De la Sota, Walmer Yard, el Multihalle de Manheim, algunas obras de Fathy o Baker…). La insistencia en que prácticamente sólo él es capaz de percibir la “integridad” y desarrollar los diseños (bueno, le perdona la vida al gran Geoffrey Bawa y a las primeras obras de Wright) es su principal flaqueza.

Es una obra sumamente ambiciosa que plantea una nueva y sugerente visión de la arquitectura, la naturaleza y las artes. Su devoción por el ornamento y la simetría, algunos pasajes de regusto new-age (¿el espejo del yo?), su machacona insistencia en algunas ideas y el hecho de no ser capaz de encontrar ejemplos contemporáneos de otros arquitectos vuelven innecesariamente antipático su mensaje, que se beneficiaría enormemente de un menor ombliguismo y de un buen editor.

Creo que las ideas claras y potentes deben explicarse con claridad, potencia y concisión y que escondido en estas más de dos mil páginas hay un libro que podría suponer un cambio de paradigma tan importante como el que –para algunos- supusieron los todavía vigentes “El Modo Intemporal de Construir” y “Un Lenguaje de Patrones” (a los que, de hecho, engloba y desarrolla).

¿Cuántos tendrán la paciencia de buscarlo?

 

Nota:

Estoy por la mitad del tercer volumen –que está íntegramente dedicado a mostrar sus diseños- y las seis páginas centradas en como diseñó las cerchas (no especialmente logradas) de un edificio han puesto a prueba mi paciencia y me han empujado a escribir esta primera –y precipitada- evaluación de la obra. Por supuesto terminaré de leerla (al parecer el volumen que cierra la serie es fundamental para entender su alcance) y espero continuar sacando provecho de muchas de sus reflexiones, pero intuyo que mi conclusión provisional no variará significativamente.

Nota 2:

Para más información sobre “The Nature of Order” pueden ver también las entradas:

Ropa, música, chicos.

viv-albertine-book

Una adolescente alemana (Ari Up), una okupa andaluza (Palmolive) y dos inglesas de origen muy humilde (Tessa y Viv Albertine) formaron a mediados de los 70 “The Slits”, el primer grupo punk compuesto únicamente por mujeres y dejaron para la historia un par de Peel Sessions, algún pirata y un clásico inclasificable (“Cut”), convirtiéndose –junto a las Raincoats y Liliput- en el modelo de valentía e independencia que inspiraría dos décadas más tarde a las riot-girls.

Nunca triunfaron. Ari-Up murió muy joven, Palmolive acabó de cristiana renacida en Estados Unidos, y Viv pasó media vida debatiéndose entre sus impulsos creadores y su voluntad de tener la familia “normal” que nunca tuvo en  su infancia.

Sus emocionantes memorias, escritas con una sencillez y transparencia adictivas, funcionan a varios niveles.

Por una parte, son un ejemplo de lucha contra la adversidad, de cómo perseguir tus sueños teniéndolo todo en contra. De cómo superar una infancia de maltratos y pobreza. De cómo ser guitarrista y compositora sin ninguna formación previa. De cómo ser una mujer libre en un mundo machista. De cómo ser madre teniéndolo todo en contra. De cómo superar una grave enfermedad. De cómo reinventarse una vez tu vida está encauzada y estancada en el hastío.

Por otra, son el mejor relato que he leído de la época punk. El que mejor te permite imaginar cómo era el día a día, entre casas okupas y escuelas de arte en las que acababan todos los inadaptados con inquietudes, compras en la tienda “Sex” de Vivianne Westwood y Malcolm MacLaren, amenazas de otras tribus urbanas, rollos (y primer grupo “The Flowers of Romance”) con Sid Vicious, Johnny Rotten y Joe Strummer, relación amorosa con Mick Jones, primer y único chute con Johnny Thunders, giras con los Clash, fallidos viajes a trapichear a Amsterdam…

Cuarenta años de sesudos tratados, de mitificación y de apropiaciones interesadas han interpuesto entre nosotros y el punk una barrera que parecía impenetrable hasta que una de sus protagonistas cuenta su día a día con una candidez capaz de revivir aquellos años mágicos.

No encontrarás en estas maravillosas memorias nihilismo, situacionismo y demás “palabros” habitualmente asociados al punk. Sólo ropa, música y chicos. La vida.

Nota:

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Existe edición española en Anagrama.

 

Ver con ojos limpios

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“Cuando tenía 17 o 18 años, hice un retrato a mi madre y, al centrarme en ella con tanta atención, me di cuenta de que nunca había sabido de verdad qué aspecto tenía mi madre, de que su apariencia se había fijado de cierta manera en mi mente y que, como consecuencia, ya no podía verla realmente al mirarla. Si no podía reconocer ni a mi propia madre, es obvio que no había estado prestando mucha atención.

No podía verla tal y como ella existía en ese momento hasta que le presté verdadera atención cuando decidí dibujarla. Lo que almacenaba en mi mente era el resultado de la acumulación de todos mis encuentros con ella. Mi asunción  es que construimos un repositorio de ideas preconcebidas acerca de todo y que eso se convierte en la base de nuestras vidas. Después, de vez en cuando, quizás gracias a la meditación o al arte, podemos ver con ojos limpios y sin la interferencia de nuestra historia”

Milton Glaser  “Conversaciones con Peter Mayer”. GG 2016

“Es esencial para un arquitecto saber cómo ver: quiero decir, ver de tal manera que la visión no se encuentre dominada por el análisis racional (…) El difícil arte de ver con inocencia”

 Luis Barragán “El arte de ver con inocencia”.UNAM 1989

Nota:

Esta idea ya ha aparecido con anterioridad en el blog. Ver con inocencia, eliminar todo lo que se interpone entre el ojo y lo observado es también lo que buscaba Sánchez Ferlosio al rogar que las lágrimas limpiaran sus ojos para poder ver el campo (en vez de “un paisaje”) o Knausgard añorando una infancia perdida en que los árboles eran árboles y no “árboles”.

La exactitud no es la verdad

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Henri Matisse preparó para una exposición en Filadelfia en 1948 una serie de cuatro auto-retratos dibujados y un breve texto con los que demostraba que la exactitud no  es la verdad.

Cada uno de los cuatro retratos difiere en aspectos fundamentales –barbilla potente vs. barbilla débil débil; narizota vs. naricita; ojos juntos vs. ojos separados- y sin embargo en todos ellos reconocemos sin lugar a dudas a Henri Matisse.

A partir de este sorprendente hecho, el artista argumenta que el carácter es más importante que los rasgos particulares y que la inexactitud anatómica de los rasgos no sólo no daña la representación del “carácter íntimo y verdad inherente de su personalidad” sino que ayuda a clarificarla.

Es decir, dibujar con precisión los rasgos no asegura que el retrato se parezca al retratado ya que lo fundamental es captar “su carácter”, eso que comparte cada una de las muy diferentes representaciones. En el arte –y, posiblemente, en la arquitectura- esa esquiva totalidad que se oculta tras la superficie es la auténtica verdad.

Nota:

Conocí este texto y dibujos gracias al primer volumen de “The Nature of Order”, la obra magna de Christopher Alexander, que lo utiliza para ilustrar el concepto de totalidad o integridad (“wholeness”) en el que basa la nueva visión del mundo que pretende transmitir en su tratado.

La hija de Fidel

el libro de la salsa

Sostiene César Miguel Rondón en su clásico “El libro de la salsa” que el interés por la música brasileña en Estados Unidos se debió al triunfo de la revolución cubana y a la decisión de los grandes consorcios de comunicación y entretenimiento norteamericanos de boicotear los productos culturales de la isla y buscar un paraíso tropical alternativo.

No suelo comulgar con simplificaciones brutales ni teorías conspirativas pero no deja de ser curioso que la explosión internacional de la Bossa Nova (según Rondón “un estilo suave y meloso,  magnífico para que los cantantes estadounidenses dijeran, a su manera, las mismas cosas de siempre”) y la serie de fusiones del Jazz con ritmos brasileños  (“Getz & Gilberto”, “Sinatra & Jobim” …) ocurrieran precisamente en la década que siguió a la llegada del comunismo a Cuba. A ver si va a resultar que, en cierto modo, la chica de Ipanema es hija de Fidel.

Helo Pinheiro_Real Girl from Ipanema

 

Media hora mágica

Gracias al fantástico libro “1000 recordings to hear before you die” de Tom Moon estoy descubriendo algunos discos maravillosos de los que nunca había oído hablar.

Lo que en principio -viendo la portada y contraportada- parece uno de esos aburridos discos de folk de los 60 compuestos por versiones de material tradicional, resulta ser una obra de una belleza sobrenatural que, aunque pueda recordar por momentos a Billie Holiday, al Chet Baker de “Let’s Get Lost” o el “Pink Moon” de Nick Drake, es sorprendentemente original.  En la voz de esta mujer mitad irlandesa- mitad cherokee las canciones trascienden sus orígenes blues y folk para convertirse en un lamento cautivador a la vez plácido y cargado de sentimiento.

La extraordinaria música del debut de Karen DaltonIt’s hard to know who’s going to love you the best” (1969) ha llegado a mi vida para quedarse. Media hora de música mágica.

 

Orgánico vs. Racional

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Me ha encantado encontrar en la parte dedicada a las ciudades medievales del genial ensayo “The City in History” (1961) de Lewis Mumford este pasaje en el que no sólo explica maravillosamente el resbaladizo concepto de “lo orgánico” sino que anticipa la idea de “patrón universal” que Christopher Alexander sistematizaría casi dos décadas más tarde:

“En el planeamiento orgánico, una cosa lleva a otra, y lo que empezó como el aprovechamiento de una ventaja accidental puede dar lugar a un elemento fuerte en el diseño, que un plan a priori nunca podría anticipar y probablemente ignoraría o descartaría. (…)

El diseño orgánico no empieza con una meta preconcebida: avanza de necesidad en necesidad, de oportunidad en oportunidad, en una serie de adaptaciones que se vuelven progresivamente coherentes e intencionadas, hasta generar un resultado final complejo pero no menos unificado que el que resulta de un plan geométrico preconcebido (…) Aunque el estado final del proceso no esté fijado de partida, como sucede con un orden más racional y no-histórico, esto no significa que las consideraciones racionales y la reflexión previa no hayan regido cada particularidad del diseño, ni que éste no forme un todo integrado.

Los que consideran el planeamiento orgánico indigno de tal nombre confunden el mero formalismo y regularidad con la adecuación a un fin, y la irregularidad con la confusión intelectual o la incompetencia técnica. Las ciudades medievales refutan esta ilusión formalista. Con toda su variedad, encarnan un patrón universal; y sus desviaciones e irregularidades no sólo suelen ser sensatas, sino también sutiles, en su fusión de necesidad práctica e intuición estética.”

Nota:

La traducción del fragmento es mía aunque gracias a la excelente editorial “Pepitas de Calabaza” contamos con una cuidada edición en español de este estudio clásico.

Nota 2:

A los interesados en este tema, les sugiero que lean también las entradas “Orden“, “Monk y el reloj torcido” y “La idea“.

Abstractitis

 

 

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Tras tropezarme con Henry Watson Fowler en tres lecturas recientes de autores queridos*, no pude resistirme a salir con su celebrado manual bajo el sobaco cuando encontré un ejemplar en la librería de viejo de la calle Liverpool que suelo frecuentar.

Al abrirlo al azar nada más pisar la calle, lo primero que leí fue la genial entrada “Abstractitis” dedicada a todos aquellos que creen que utilizar un lenguaje más abstruso y abstracto les hace parecer más cultos:

Un escritor utiliza palabras abstractas porque sus pensamientos son nebulosos; el hábito de utilizarlas nubla aún más sus pensamientos y puede acabar ocultando su significado no sólo a sus lectores sino a él mismo; y escribe cosas como “La actualización de la motivación de las fuerzas debe ser en gran medida cuestión de angulosidad personal”. (…)La palabra abstracta siempre domina la frase como sujeto. Las personas y lo que hacen, las cosas y lo que se les hace se desdibujan y sólo podemos entreverlas a través de un vidrio oscuro

Con lo que me repatea el lenguaje académico en general y la pedantería vacía de tantos textos de arquitectos en particular, me reconforta que hace ya casi un siglo (1926) alguien detectase una tendencia que desde entonces no ha parado de extenderse. Creo que he descubierto un compadre.

*”The King’s English” de Kingsley Amis, “On Writing” de Stephen King y “Consider the Lobster” de Foster Wallace

Pies Negros

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Al leer anoche en el monumental “The City in History” de Lewis Mumford cómo la importancia de los mercados medievales dio lugar a unos tribunales especiales para resolver los conflictos comerciales que, en el caso de Inglaterra, se llamaban “Court of Pie Powder” y que, evidentemente, no se ocupaban del polvo de pastel  sino de los problemas de los vendedores ambulantes que los Normandos conocían como “Pieds Poudreux” (pies polvorientos)- cuyo nombre los ingleses anglificaron sin molestarse en mantener su significado-; no pude evitar recordar a los primeros “pies negros” que conocí – aquellos maleducados punkis de nuestra adolescencia que sin levantar el trasero de la acera te pedían invariablemente “un pitillo…y otro p’al colega”- y, sobre todo, de  K’naan , el “filósofo de pies sucios” somalí.

De cómo los Beatles destruyeron el rock’n’roll

How the Beatles Destroyed Rocknroll

 

Suele decirse que la historia la escriben los vencedores pero, en lo que respecta a la música popular, eso raramente sucede. Los vencedores suelen estar fuera bailando mientras los historiadores se sientan en sus escritorios, documentando diligentemente músicas que no pueden escuchar en la radio comercial. Y no sólo los historiadores: La gente que decide escribir sobre música popular, incluso mientras sucede, suele estar muy alejada de los consumidores y trasnochadores habituales y a menudo desprecia los gustos y actitudes de sus congéneres más numerosos y alegres ” (E. Wald)

Esta historia alternativa de la música popular americana pretende acabar con los mitos y distorsiones provocados por el hecho de que los historiadores y críticos -en general, hombres blancos- que han formado nuestra visión de su evolución no han destacado lo representativo sino lo rompedor y -al analizar la música desde el escritorio y no desde la pista de baile- han ignorado a los artistas que realmente marcaron cada época -los que la gente escuchaba en jukeboxes, en la radio, en el coche y bailaba en el club- y se han formado una imagen mental a partir únicamente de los discos -que no siempre reflejan el sonido o formación habitual de un grupo musical- minusvalorando además la crucial influencia femenina en el desarrollo de la música, tanto en la pista como en el mercado discográfico.

El divorcio entre la pista y el escritorio corre paralelo a la división entre música blanca y música negra, que -como este libro demuestra- avanzaron juntas desde los inicios del fox-trot, el ragtime y el jazz hasta que en los años 60 se empezó a diferenciar entre la música “para escuchar” y la música “para bailar”. Aunque el relato termina en ese momento en que se fraguó el cisma, su epílogo apunta a que desde entonces – con la llegada de la música disco y el triunfo global del hip-hop- la fisura no dejó de crecer.

Y en cuanto a los Beatles -a los que provocadoramente alude el título- aunque probablemente las cosas habrían seguido un curso parecido sin ellos, son los villanos de esta historia porque con sus cuartetos de cuerda y sus sargentpeppers legitimaron la transformación del rock’n’roll en música seria -es decir, en “rock”- y consumaron para siempre el divorcio entre la música “artística” (“para escuchar”) y la música “funcional” (“para bailar”).

Si como Elijah Wald -y un servidor- piensas que la diferenciación y las pretensiones fueron letales para el rock, y que -incluso para escuchar- suele ser mucho más interesante la música de baile -en general, negra- que la música pop/rock con pretensiones artísticas, la lectura de este excelente ensayo te ayudará a entender como hemos llegado hasta aquí.

“Algo supuestamente divertido…

DFW

 

que nunca volveré a hacer” es la primera colección de ensayos que publicó David Foster Wallace y recoge una serie de textos de diversa extensión -desde un par de páginas hasta casi un centenar- sobre temas tan variados como el tenis, el cine de Lynch, un día en la feria estatal de su Illinois natal, la crítica literaria, de nuevo el tenis, la influencia de la televisión en la literatura contemporánea, o la inolvidable crónica que da título a la colección en la que relata los pormenores de su semana de pesadilla en un crucero de lujo por el Caribe.

Con tanta variedad, es imposible que todo sea igual de bueno o interesante y, aunque no volveré a ver a Lynch ni el tenis profesional del mismo modo y me encantaron sus reflexiones sobre “el granero más fotografiado de América”; me parecen especialmente brillantes los dos encargos que le hizo la revista Harper’s, en los que el autor consigue sacar punta a dos temas tan potencialmente letales como una feria estatal y un crucero. Es en estos textos más largos -los más narrativos del lote- donde DFW despliega todos sus encantos, su capacidad de observación, su sentido del humor y ese característico estilo trufado de notas al pie, digresiones, referencias populares, datos autobiográficos y saltos de registro y vocabulario que consiguen llevar al lector de lo banal a lo sublime o convertir convincentemente el Zenit en Nadir.

Me he vuelto fan.

La hoja del olmo no es perfecta

la hoja del olmo no es perfecta_Javier López Facal

Este original ensayo de Javier López Facal analiza el problemático encaje de la ortodoxia, la perfección y la simetría con una realidad que se resiste tozudamente a la simplificación y con esa vertiente de la naturaleza humana que abraza la diversidad y celebra la imperfección.

Podrían escribirse sesudos volúmenes desarrollando lo que en él se esboza para cada uno de los ámbitos tratados (la religión, la política, las artes, las ciencias y el lenguaje), pero el principal acierto de este absorbente ensayo es precisamente la concisión, la transversalidad y la capacidad para transitar con garbo entre la academia y la calle, utilizando la asombrosa erudición del autor para salpimentar el texto con citas clásicas, datos históricos, vivencias personales, y disquisiciones teológicas, etimológicas o botánicas que -viniendo siempre al caso- consiguen sorprender al lector y arrancarle una sonrisa.

Pese a su brevedad, sentido del humor y frescura, el libro plantea un ambicioso elogio de la imperfección; y en esta época obsesionada con la  actualidad y la especialización, me parecen especialmente valiosas estas raras miradas que son capaces de recorrer milenios y saltar entre disciplinas para -en este caso- mostrarnos todo lo que se esconde tras la asimétrica belleza de una modesta hoja de olmo.

Nota/Caveat Emptor: Aunque dudo mucho que mi valoración variase significativamente si no tuviese vínculos con el autor y la obra, considero obligado señalar que no sólo se trata de un familiar muy querido, sino que tuve el honor y el placer de leer y comentar el manuscrito durante su redacción.

Teísmo

the book of tea

Este libro escrito en inglés hace algo más de un siglo por Kakuzo Okakura consigue resumir para un público occidental la esencia de la cultura y el arte japoneses en apenas cien páginas . Más que un libro sobre el té es un libro sobre el “teísmo” que es como el autor denomina a la filosofía estética y vital que nació en China en el siglo VIII y floreció en Japón setecientos años después, determinando su visión del mundo, la moral, el arte y la arquitectura.

En siete breves capítulos, Okakura evoca toda la densidad estética y filosófica que se condensa en la ceremonia del te, pasando de la historia de las diferentes formas de consumir la planta a un análisis de la arquitectura de la casa de té y de los principios que rigen su decoración interior, el arreglo de flores,  el relato de episodios significativos de la vida de los grandes maestros del té y las ideas que los inspiraron, y consigue transmitir la importancia de encontrar lo hermoso en lo cotidiano y  de cultivar lo vacío, lo inacabado y la naturalidad.

Un clásico engañosamente simple -empecé a releerlo nada más terminarlo- que contiene enseñanzas profundas sobre lo que constituye una vida (y una muerte) bella y plantea una demoledora crítica de la estética de la permanencia, la repetición, la simetría y la perfección propia de Occidente.