Mardi Gras

Nueva Orleans es una de las ciudades más musicales del planeta y entre sus tradiciones menos conocidas (especialmente antes de que la retratasen en “Treme”) está la de esos negros que se disfrazan de indios con espectaculares trajes que elaboran durante todo el año para desfilar durante el Mardi Gras. En este caso los “indios” que acompaña al Gran Jefe Jolly Brandy son nada menos que los futuros Meters/Neville Brothers (Cyril, Charles, Art y Aaron) y la música resultante se encuentra entre las más irresistibles, positivas y vibrantes que conozco. No se trata tanto de canciones como de temas, llamadas y respuestas; coros que aparecen y desaparecen conformando un continuo mágico que le levanta el ánimo al más mustio.

Aprovecho que hoy es Mardi Gras en Nueva Orleans para compartir uno de los discos de mi vida.

¿Lo prefiere moderno o clásico?

Casas Av. Michoacán

Siempre que paso por delante de estas dos casas de la Avenida Michoacán, me pregunto por qué serán a la vez tan iguales y tan diferentes: Dos fachadas con una estructura calcada -con los huecos exactamente en la misma posición, con un balcón de igual longitud que vuela exactamente lo mismo, con una puerta de garaje de similar tamaño y posición relativa, con una puerta de acceso elevada los mismos peldaños respecto a la acera-  disfrazadas de Californiano-colonial la una y de Decó la otra. La una con sus rejas de historiadas volutas, sus tejadillos y sus (probablemente) falsas ménsulas; la otra con sus huecos sin marco, sus rejas de barras horizontales , su desnudez, y su atrevido color rojo.

¿Serían dos familiares que las hicieron a la vez con idéntico proyecto pero con atracción por lo contemporáneo uno y por lo tradicional el otro? ¿Se construirían las dos en estilo “decó” pero una de ellas se modificó posteriormente al hartarse el propietario de su desnudez (como sucedió en el barrio en Pessac de Le Corbusier)? ¿Serán en realidad dos proyectos totalmente independientes en el tiempo cuyos arquitectos llegaron a una distribución idéntica al analizar la parcela y las necesidades de sus clientes?

Cualquiera de esas opciones es posible pero, lo más interesante del asunto, es que la misma coexistencia pared con pared de estas dos casas tan iguales y tan diferentes cuestiona esa idea de que lo moderno no era un estilo sino la consecuencia de una determinada visión espacial y material, una concepción integral de la que la fachada era  un resultado poco menos que automático.

La ilustración más simpática (y desvergonzada) que conozco de esta misma idea – que la fachada es mucho más independiente de la planta de lo que normalmente se admite- es el proyecto no construido de Can Cubell (1970-1971), una urbanización que Elías Torres, José Antonio Martínez Lapeña y Xumeu Mestre intentaron disfrazar de poblado ibicenco tras el rechazo del promotor a su inicial propuesta “moderna”.

Can Cubell_jamlet

 

 

Medio llena o medio vacía

Una de mis canciones favoritas de Los Lobos es “I got loaded” , una versión del clásico de 1965 de Lil’ Bob and the Lollipops a mayor gloria del desenfreno alcohólico que abría la segunda cara de su disco “How will the Wolf survive?”.

La mucho más conocida canción del mismo nombre que grabó Peppermint Harris en 1951 nos muestra la otra cara de la botella: el arrepentimiento tras una noche de farra –la enésima- que podría significar el fin de una relación.

Un título común, dos puntos de vista opuestos, dos clásicos del rhythm&blues.

 

 

 

 

Las cuerdas de la marioneta

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Las formas más libres surgen de las más severas  restricciones y cuanto mayor sea el número de condicionantes, más singular será el resultado. Esta paradoja puede resumirse con una imagen poderosa:

“(Libertad de movimientos): Suelo decir que no sé lo que es la libertad, pero como en muchas otras cosas el argumento más sólido que tengo no es más que una alegoría: la de las cuerdas de la marioneta: cuántas más, más libertad.

Rafael Sánchez Ferlosio (Campo de retamas, 2015)

Keely Smith (1928-2017)

Despedimos hoy a Keely Smith que –acompañando a Louis Prima y acompañada por el salvaje saxofonista Sam Butera- creó ese efervescente popurrí de tarantella, r&b desbocado, jazz de Nueva Orleáns y comedia que contribuyó al nacimiento del rock and roll (antes de inaugurar la también muy roquera tradición de declinar en Las Vegas).

Aunque tras divorciarse de Louis, se convirtió en una reputada cantante “seria” (jazz, estándares y cosas así) que tal vez debería investigar, son sus inolvidables payasadas (Buona sera, Zooma Zooma, That Old Black Magic…) las que hicieron historia y todavía hoy pueden alegrarte el día.

Descanse en paz.

¡Gracias, Maestros!

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La concesión del Premio Nacional de Arquitectura 2016 al estudio Martínez Lapeña-Torres ha supuesto una de las mayores alegrías de un año difícil. No sólo porque ahí pasé cinco cruciales años en los que aprendí buena parte de lo que sé de este oficio sino porque es un premio merecidísimo a dos de los más grandes arquitectos del país. Un premio a una trayectoria coherente y singular, que abarca con maestría todas las escalas de proyecto (desde el adoquín Palma hasta la gigantesca plaza del Fórum de las Culturas, pasando por exquisitas intervenciones en el patrimonio y el paisaje o maravillosas viviendas mediterráneas); a una arquitectura que nació en una época de escasez y que, por ello, tiene un gran respeto por lo existente y se manifiesta siempre con delicadeza y modestia de medios; a una arquitectura culta –conocedora de la historia y de los oficios en extinción- e intemporal.

Ojalá este premio traiga nuevos encargos a la altura de su talento. Siempre me ha entristecido que no tuviesen la oportunidad de proyectar un gran edificio público -aparte del magnífico hospital de Mora de Ebro-, y que sus dos excelentes propuestas para auditorios se acabasen malogrando (en el de Barcelona se llegaron a empezar las cimentaciones, del de Cádiz sólo quedan la maqueta y los dibujos). Tal vez ahora, en plena madurez, llegue esa oportunidad.

Pero si no fuese así, su obra es una muestra de que muchas veces los encargos más modestos (la mejora de accesibilidad a un centro histórico, una parada de autobús) pueden ser los más expresivos, o los  que más mejoren la imagen de una ciudad y la vida de su gente.

Y me alegro sobre todo por José Antonio y Elías, dos personas nobles y decentes que tratan a sus trabajadores con cariño y respeto y comparten con generosidad su sabiduría y su tiempo. Nunca olvidaré aquel arroz preparado por José Antonio en su casa de Alella, ni aquel viaje con Elías por sus obras ibicencas,…ni tantas otras cosas.

¡Gracias, Maestros!

Orden Fabricado vs Orden Generado

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Continúo buceando en el monumental “The Nature of Order” de Chrisopher Alexander y, aunque prefiero reservarme mi opinión hasta terminar el cuarto volumen, iré compartiendo algunas pepitas que voy encontrando en el camino.

Parte del segundo volumen está dedicada a distinguir el “Orden Fabricado” del “Orden Generado” en una vuelta de tuerca más a su principal preocupación. ¿Por qué nos resuta tan difícil hoy en día crear armónica y naturalmente?

Alexander sostiene que sólo podemos crear objetos, entornos, edificios o ciudades “vivas” si seguimos un proceso en el que el orden se despliega progresivamente, ajustando cada nueva adición a la fase anterior e intensificando el orden pre-existente. No podemos crear un orden auténticamente complejo en una mesa de dibujo o un ordenador.

Para ilustrar la idea, aporta una interesantísima cita del biólogo Lewis Wolpert que, al explicar cómo surge algo tan perfecto y complejo como un embrión a partir de un huevo fecundado, da claves que Alexander considera aplicables a todas las escalas de la creación:

Toda la información para el desarrollo embrionario está contenida en un huevo fecundado. Pero ¿cómo es interpretada esta información para crear el embrión? Una posibilidad es que la estructura del organismo esté de alguna manera codificada en el genoma como un programa descriptivo. ¿Contiene el ADN una descripción completa del organismo al que dará lugar? La respuesta es no. Lo que el genoma contiene es un programa de instrucciones para hacer el organismo –un programa generativo– en el que los componentes citoplásmicos de los huevos y las células son actores fundamentales junto a los genes como el código de ADN en la secuencia de aminoácidos de una proteína.

Un programa descriptivo, como un plano, describe un objeto con detalle; mientras que un programa generativo describe cómo hacer un objeto. Para un mismo objeto, ambos programas son muy diferentes. Piensen en el origami, el arte de doblar papel. Al doblar una hoja en varias direcciones es relativamente fácil hace un sombrero de papel o un pájaro a partir de una única hoja. Describir en detalle la forma final del papel con las relaciones complejas entre sus partes es dificilísimo, y de poca ayuda para lograr hacerlo. Mucho más útil y fácil de formular son las instrucciones sobre cómo doblar el papel. La razón para esto es que instrucciones simples sobre el plegado tienen implicaciones espaciales complejas.

Durante el desarrollo, de igual modo, la acción de los genes inicia secuencias de eventos que pueden acarrear profundos cambios en el embrión. Podemos considerar la información genética contenida en un huevo fertilizado equivalente a las instrucciones de plegado en el origami: ambas contienen un programa generativo para crear una estructura determinada.

Lewis Wolpert. “Principles of Development” (1997)

Ropa, música, chicos.

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Una adolescente alemana (Ari Up), una okupa andaluza (Palmolive) y dos inglesas de origen muy humilde (Tessa y Viv Albertine) formaron a mediados de los 70 “The Slits”, el primer grupo punk compuesto únicamente por mujeres y dejaron para la historia un par de Peel Sessions, algún pirata y un clásico inclasificable (“Cut”), convirtiéndose –junto a las Raincoats y Liliput- en el modelo de valentía e independencia que inspiraría dos décadas más tarde a las riot-girls.

Nunca triunfaron. Ari-Up murió muy joven, Palmolive acabó de cristiana renacida en Estados Unidos, y Viv pasó media vida debatiéndose entre sus impulsos creadores y su voluntad de tener la familia “normal” que nunca tuvo en  su infancia.

Sus emocionantes memorias, escritas con una sencillez y transparencia adictivas, funcionan a varios niveles.

Por una parte, son un ejemplo de lucha contra la adversidad, de cómo perseguir tus sueños teniéndolo todo en contra. De cómo superar una infancia de maltratos y pobreza. De cómo ser guitarrista y compositora sin ninguna formación previa. De cómo ser una mujer libre en un mundo machista. De cómo ser madre teniéndolo todo en contra. De cómo superar una grave enfermedad. De cómo reinventarse una vez tu vida está encauzada y estancada en el hastío.

Por otra, son el mejor relato que he leído de la época punk. El que mejor te permite imaginar cómo era el día a día, entre casas okupas y escuelas de arte en las que acababan todos los inadaptados con inquietudes, compras en la tienda “Sex” de Vivianne Westwood y Malcolm MacLaren, amenazas de otras tribus urbanas, rollos (y primer grupo “The Flowers of Romance”) con Sid Vicious, Johnny Rotten y Joe Strummer, relación amorosa con Mick Jones, primer y único chute con Johnny Thunders, giras con los Clash, fallidos viajes a trapichear a Amsterdam…

Cuarenta años de sesudos tratados, de mitificación y de apropiaciones interesadas han interpuesto entre nosotros y el punk una barrera que parecía impenetrable hasta que una de sus protagonistas cuenta su día a día con una candidez capaz de revivir aquellos años mágicos.

No encontrarás en estas maravillosas memorias nihilismo, situacionismo y demás “palabros” habitualmente asociados al punk. Sólo ropa, música y chicos. La vida.

Nota:

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Existe edición española en Anagrama.

 

Ver con ojos limpios

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“Cuando tenía 17 o 18 años, hice un retrato a mi madre y, al centrarme en ella con tanta atención, me di cuenta de que nunca había sabido de verdad qué aspecto tenía mi madre, de que su apariencia se había fijado de cierta manera en mi mente y que, como consecuencia, ya no podía verla realmente al mirarla. Si no podía reconocer ni a mi propia madre, es obvio que no había estado prestando mucha atención.

No podía verla tal y como ella existía en ese momento hasta que le presté verdadera atención cuando decidí dibujarla. Lo que almacenaba en mi mente era el resultado de la acumulación de todos mis encuentros con ella. Mi asunción  es que construimos un repositorio de ideas preconcebidas acerca de todo y que eso se convierte en la base de nuestras vidas. Después, de vez en cuando, quizás gracias a la meditación o al arte, podemos ver con ojos limpios y sin la interferencia de nuestra historia”

Milton Glaser  “Conversaciones con Peter Mayer”. GG 2016

“Es esencial para un arquitecto saber cómo ver: quiero decir, ver de tal manera que la visión no se encuentre dominada por el análisis racional (…) El difícil arte de ver con inocencia”

 Luis Barragán “El arte de ver con inocencia”.UNAM 1989

Nota:

Esta idea ya ha aparecido con anterioridad en el blog. Ver con inocencia, eliminar todo lo que se interpone entre el ojo y lo observado es también lo que buscaba Sánchez Ferlosio al rogar que las lágrimas limpiaran sus ojos para poder ver el campo (en vez de “un paisaje”) o Knausgard añorando una infancia perdida en que los árboles eran árboles y no “árboles”.

La exactitud no es la verdad

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Henri Matisse preparó para una exposición en Filadelfia en 1948 una serie de cuatro auto-retratos dibujados y un breve texto con los que demostraba que la exactitud no  es la verdad.

Cada uno de los cuatro retratos difiere en aspectos fundamentales –barbilla potente vs. barbilla débil débil; narizota vs. naricita; ojos juntos vs. ojos separados- y sin embargo en todos ellos reconocemos sin lugar a dudas a Henri Matisse.

A partir de este sorprendente hecho, el artista argumenta que el carácter es más importante que los rasgos particulares y que la inexactitud anatómica de los rasgos no sólo no daña la representación del “carácter íntimo y verdad inherente de su personalidad” sino que ayuda a clarificarla.

Es decir, dibujar con precisión los rasgos no asegura que el retrato se parezca al retratado ya que lo fundamental es captar “su carácter”, eso que comparte cada una de las muy diferentes representaciones. En el arte –y, posiblemente, en la arquitectura- esa esquiva totalidad que se oculta tras la superficie es la auténtica verdad.

Nota:

Conocí este texto y dibujos gracias al primer volumen de “The Nature of Order”, la obra magna de Christopher Alexander, que lo utiliza para ilustrar el concepto de totalidad o integridad (“wholeness”) en el que basa la nueva visión del mundo que pretende transmitir en su tratado.

A Closer Walk with Thee

Las mejores versiones son las que te hacen redescubrir una canción. Algo casi imposible cuando antes que tú la han tocado las más grandes de la figuras de la música popular, desde el country (Patsy Cline, Loretta Lynn, Willie Nelson…), hasta el gospel (Mahalia Jacskon, Sister Rosetta Tharpe), pasando por el jazz (Louis Armstrong y Grant Green), el blues (Robert Wilkins), el soul (Gladys Knight, Allen Toussaint) y hasta Elvis en la mili o Dylan y Cash en sus sesiones de Nashville.

Pero eso es justo lo que hace Corey Harris con el clásico gospel “Just a closer walk with thee” convirtiéndola en un irresistible reggae que me ha hecho pasar la tarde revisando otras versiones para regresar una y otra vez a su genial reinvención del sobado tema.

Nota 1:

Descubrí su excelente disco “Greens from the garden” (1999) -en el que sale esta canción- gracias a la “Penguin Guide to Blues Recordings“, que le daba su máxima calificación. Por mi experiencia en el tema (tengo varias decenas), las mejores guías de discos están elaboradas por sólo una o dos personas que transmiten un gusto propio y, además de los clásicos indiscutibles, reivindican discos por los que tienen debilidad (en lugar de decirte -como las elabradas por un comité- que los mejores discos los hicieron Los Beatles, Los Rolling o Bob Dylan, lo cual puede ser cierto pero de escasa utilidad). Ésta, sin ser de mis favoritas, me ha permitido descubrir algunas joyas de las que nunca había oído hablar.

Nota 2:

Hay literalmente centenares de versiones, pero todas las que he resaltado con enlaces merecen la pena (bueno, las de Elvis y Cash/Dylan son más bien curiosidades). Existe al menos otra versión reggae de Roland Alphonso para Blue Beat pero, en mi opinión, no le llega a la suela de los zapatos.

 

100 años de diseño suizo

swiss design

La pequeña muestra “100 años de Diseño Suizo”  en el MAM de Ciudad de México –que reduce a la mínima expresión la magna exposición de Zurich de hace unos años- consigue transmitir, pese a su modestia, los valores que identificamos con el diseño suizo. La limpieza, la claridad, las formas y colores elementales rigen la producción industrial del país desde el diseño gráfico a la tipografía (helvética) pasando por los curiosos bloques de vidrio en forma de lágrima del siglo XIX,  los cubos de sopa Maggi, el reloj de la compañía ferroviaria nacional, las tumbonas de Zumthor para el balneario de Valls, los taburetes de Max Bill, la imagen corporativa de Swiss Air, el pasaporte nacional, unas hermosas botas de esquí de los años 60 que perfectamente pudieron inspirar las populares “pilotas” de Camper, los bolsos y mochilas de lona de Freitag o las inevitables navajas. Me gustó ver entre los objetos expuestos un reloj Lexxon como el que le regalé a Begoña hace unos años, un mantel que hemos comprado –y regalado varias veces- como producto oaxaqueño moderno pero que parece tener una inexplicada conexión helvética, y un inolvidable disc-man de los años 20.

La estética que se presenta no es intrínsecamente suiza, ya que comparte con cierto diseño centro-europeo de raíces puritanas el amor por la depuración formal y la poética de la industria -desde la Bauhaus hasta los míticos productos de Dieter Rams para Braun- pero la homogeneidad y la coherencia de valores que transmite la exposición se ajustan a las ideas preconcebidas que tenemos sobre el país (y, por cierto, su arquitectura). Todo es limpio, claro, impecable, ordenado y serio.

Una hermosa exposición que me plantea una inquietante pregunta. ¿Es posible pasar un  siglo sin la menor disidencia ni disonancia?

¿Dónde estabas?

En el medio y medio de una de las obras maestras del inclasificable Tom Zé (“Todos os olhos” de 1973) sorprende escuchar esta alegre canción rememorando lo duro que era estar solito sin nadie que lo quisiera y preguntándose dónde estaba entonces su amor (Cadé voçé?). Siempre me había encantado la canción –que contrasta con su música más experimental- y al pinchar ayer un recopilatorio de Jackson do Pandeiro, aluciné al escuchar su “Tum Tum Tum” y comprobar una vez más los fuertes lazos entre la vanguardia y la tradición popular.

Nota 1: Letra de la versión de Tom Zé

Ô cadê, cadê você?
Quando eu era sem ninguém
e não tinha amor nenhum,
o meu coração batia, ô maninha,
tum, tum, tum.
Todo mundo arranja um bem:
eu ficando sem ninguém
e o meu coração batendo, ô maninha,
tum, tum, tum.
Você diz que faca corta,
mas navalha corta mais,
e a navalha que mais corta
é a língua dos rapaz.
Tum, tum, tum, tindolelê.
tum, tum, tum, tindolalá.
As moças da minha terra
nunca ficam sem casar,
(porque se passar dos trinta ela tem
Santo Antonio pra ajudar).

Nota 2:

Todos os olhos“, además de por su excelente música, es un disco famoso por su portada. Durante años circuló el rumor de que se trataba de un primer plano de una canica insertada en un ano que consiguió burlar la censura de la dictadura militar.

 

Fats Domino (1928-2017)

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Ahora que estoy leyendo el “Real Life Rock” de Greil Marcus -en el que buena parte de los micro-textos se refieren a cómo algunas canciones cambian de significado al escucharlas en una película, una banda sonora o en el supermercado- me ha venido a la cabeza la escena de “12 Monos” en la que Bruce Willis sube a un taxi y la canción que suena para evocar el mundo perdido en el apocalipsis que relegó a la humanidad a una vida subterránea es la inmortal versión de “Blueberry Hill” de Antoine “Fats” Domino.  Un tema apropiado para despedir a este gigante de la música popular (en todos los sentidos, él mismo se llamaba “The Fat Man” en su primer single) que a veces es minusvalorado porque –además de ser gordo y bonachón- representaba más la continuidad con la música de su Nueva Orleáns natal que la ruptura que tanto valoran los historiadores. Descanse en paz.