La columna o el vacío

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En una mirada distraída, la casa en Kugayama de Kazuo Shinoara (1954) o la de Kenzo Tange de la misma época presentan una composición serena y aparentemente clásica hasta que te das cuenta de que el espacio central de la fachada está ocupado por una columna, algo que, en la tradición occidental, rara vez verás en la fachada de un palacio renacentista o una casa de campo victoriana, en las que el eje de acceso (y de simetría) siempre está vacío.

Creo que este “detalle” revela diferencias de fondo en la concepción del espacio entre ambas tradiciones que seguramente se remontan muy atrás, como sugiere el contraste entre las plantas de dos edificios milenarios de marcado carácter simbólico.

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Denpo-do Horyu-ji Ikaruga vs Partenon

Nota:

La planta del templo de Denpo-Do Horyu-ji y la fotografía de la casa que ilustran la entrada aparecen en el libro “Residential Architecture” de Kazuo Shinoara en el que analiza la arquitectura tradicional japonesa y explica los principios de diseño que guiaron sus primeras obras.

No siempre menos es más

Aunque gran parte de los productos que vendía la maravillosa tienda Vinçon quedaban fuera de mi presupuesto de estudiante, siempre había pequeños objectos o detalles de genial diseño y precio asequible. En los viajes navideños a ver a mis amados padres nunca faltaba el Calendario anual de la tienda que se convirtió -junto al objeto del que quiero hablar hoy- en un clásico familiar.

Se llamaba “Drop Stop” y era un paquetito con un par discos de papel de aluminio semirígido, con el grosor perfecto para poder enrollarlos fácilmente y que, a la vez, recuperasen sin problema su planeidad original.

Al enrollarlos e introducirlos en una botella de vino, evitaban el típico goteo de una manera mejor que otros objetos más “diseñados” pero que -al ser rígidos- no lograban un encaje tan perfecto con el cuello de la botella. Y además, aunque he compartido alguna botella con nuevos ricos horteras que los consideraban de usar y tirar, los dos discos de casa de mis padres ahí siguen 20 años después. Es imposible lograr más con menos.

O eso creía hasta que compramos aquí en México lo que pensábamos era el mismo producto para descubrir con una mezcla de sorpresa y tristeza un milagro de alquimia inversa en el que el paso por el lavavajillas había convertido el aluminio en plástico.

A veces, menos es menos.

El otro caso «Banca Catalana»

Aquellos jardines colgantes eran algo que jamás había visto.

Lo que más me llamaba la atención al ir a clase en los primeros cursos de la carrera era la sede de Banca Catalana que me miraba desde la acera de enfrente de la avenida Diagonal.

Me acordé a veces de él – sobre todo cuando triunfaron “fachadas verdes” mucho más artificiosas hace unos años-, pero hasta ayer no había buscado más información sobre este proyecto adelantado a su tiempo. No sé por qué esperé tanto.

Este magnífico artículo de David Hernández Falagán además de explicar detalles técnicos (el riego hidropónico, la construcción de las jardineras) o chuscos (la participación de la Ferrusola en la empresa de jardines que lo ejecutó), hace una micro-genealogía de las fachadas verdes que -en mi ignorancia- me ha parecido sumamente esclarecedora. Veámosla.

–  605 A.C: Jardines colgantes de Babilonia,

–  1909: la revista Life publicó una viñeta de A.B. Walker en la que aparecían un dibujo profético.

– 1931: Proyecto de Le Corbusier para Fort LÉmpereur (Argel)

– 1981: Empiezan a proliferar las propuestas : “Highrise of Homes” de SITE, Ciudad jardín vegetal de Frei Otto en Askanischer Platz, el ambientalismo de Friedensreich Hundertwasser o los primeros jardines verticales de Patrick Blanc.

En general, las visiones utópicas son metabolizadas por el sistema y convertidas años después en un producto de consumo, pero en este caso, parece que el proceso se invierte y el edificio corporativo de Fargas y Tous (1974-1980) se adelanta con una solución impecable técnicamente a las fantasías  ecológicas que -décadas más tarde- han pasado a formar parte del arsenal publicitario de tantos desarrollos inmobiliarios.

Una vista trascendente

Podía haber elegido la vista más maravillosa de su imperio y ordenar la construcción de un palacio proyectado para enmarcarla, pero el hombre más poderoso de la tierra sólo pidió para su lecho de muerte una vista del altar de una iglesia.

No una vista a través de una hermosa ventana estratégicamente colocada sino a través de una estrecha tronera que perfora el muro de la iglesia en una diagonal que obligaba a colocar su cama contra el rincón opuesto de la habitación.

No una vista franca, frontal, sino una vista oblicua, en escorzo.

No una vista permanente sino una vista precaria que cualquier leve movimiento de la cabeza sobre la almohada haría desparecer.

¿Una vista zen?

Nota:

Imagen de “La arquitectura monacal en occidente” de Wolfgang Braunfels

Lo inocente

«The good stuff is always childlike, a pure thing that comes from the heart. It is slightly touchy, in the sense that it is almost too much. One wonders if it is really all right to present such a thing»

Christopher Alexander («The Luminous Ground»)