A Good ‘Un

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A los 19 años, el rock and roll monopolizaba mi atención y dedicaba una cantidad inconfesable de tiempo (y dinero) a perseguir oscuros discos y libros con los que aplacar mi obsesión. Uno de los libros que más me marcaron fue “Psychotic Reactions and Carburator Dung” -la clásica colección de escritos de Lester Bangs- que, además de reafirmarme en el culto de Iggy, Lou y Beefheart, ofrecía pistas que ampliaron para siempre mis limitados horizontes sonoros. Su escrito sobre “The Black Saint and the Sinner Lady” de Mingus- me introdujo en el apasionante mundo del jazz (al que ahora dedico más tiempo que a mi pasión original) y  su reseña de las grabaciones del recientemente fallecido Otis Rush para Cobra resucitó para siempre mi interés por el blues.

En vinilo, como parte de la caja “The Cobra Records Story” o en el ipod, siempre he mantenido esta colección de canciones cerca de mis orejas (y de mi corazón).

Descanse en paz.

 

Rachid Taha (1958-2018)

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Ha muerto Rachid Taha.. Más allá de la alambicada historia de cómo regaló a los Clash a la salida de un concierto en 1981 una cinta de su grupo (Carte de Sejour) que probablemente inspiró el superéxito “Rock The Casbah”, y cómo él mismo triunfó muchos años más tarde con su propia versión del tema; su paleta musical no se limitaba a la fusión del punk y la música argelina y, en sus discos, podemos encontrar desde amalgamas de toda la música occidental que digirió en su adolescencia en Lyon – cuando compatibilizaba su trabajo en una fábrica con esporádicos bolos de DJ- hasta sentidas revisiones del cancionero tradicional argelino (los dos “Diwan) pasando por la sorprendente interpretación de “It´s Now or Never” que incluyó en su disco “Zoom”.

Lamento no haber tenido la oportunidad de haberlo visto en directo pero me queda al menos el consuelo de explorar más a fondo su discografía –que sólo conozco parcialmente- y de disfrutar en unos meses del álbum que acababa de terminar.

Descanse en paz.

 

 

Sillas de México

 

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Nos habíamos acercado a la galería Kurimanzutto a visitar la exposición “Sillas de México”, un montaje ejemplar en el que se muestran algunas de las sillas diseñadas por Óscar Hagerman y su evolución en los 50 años que han pasado desde la mítica “Arrullo” de 1969. En la gran nave blanca personalizada con un irregular zócalo de barro y paja, sobre un gran petate tejido por su colaborador habitual Nacho Morales, decenas de sillas se agrupan informalmente por familias (Arrullo, Maya, Ruiseñor y Colibrí) frente a una breve descripción manuscrita por Hagerman  sobre la pared y un plano a escala natural. En una esquina, una gran mesa presenta preciosas maquetas de otros modelos desarrollados por el autor a lo largo de una vida dedicada al diseño.

Al salir, entusiasmados, paramos en la librería a comprar el pequeño catálogo y –justo tras pasar por caja- la entrañable figura canosa y encorvada que conocíamos por su libroel hermoso documental que le dedicó uno de sus hijos, entra en la pequeña tienda y una de las encargadas le dice que su presentación empieza en quince minutos.

 

 

Este increíble golpe de suerte nos permitió asistir a una clase magistral de hora y media, que empezó con Hagerman invitando a los asistentes a formar un circulo de sillas a su alrededor, con cada visitante acercándose con la que tuviese a mano en ese momento, y terminó –tras una nueva reorganización de los objetos de la muestra sobre los que habíamos asistido a la informal conversación- con el gran arquitecto recorriendo toda la sala y explicando detalladamente los diferentes tipos de tejidos y maderas, la evolución de la artesanía a los contrachapados cortados por computadoras, los mejores tratamientos para cada tipo de madera (Bona para el pino y las maderas claras, aceite de linaza o coco para las oscuras) y las sutiles variaciones en la ergonomía y facilidad de montaje que diferencian a las diferentes ramas de esta gran familia mobiliaria.

Su candidez y generosidad nos regalaron infinidad de anécdotas difíciles de resumir en una breve reseña: desde sus inicios en una cooperativa de Neza,  hasta su opinión (sorprendentemente ecuánime) sobre las sillas de plástico y las de IKEA, pasando por el reconocimiento de sus errores de diseño (el respaldo demasiado bajo de la “Arrullo” original), su orgullo por las decenas de miles de copias que ha encontrado en los mercados rurales a lo largo de los años, su lucha tenaz por lograr sillas que pudiesen competir en precio con las industriales (lamentando no lograr bajar de los 150 pesos en algunos de sus modelos), su devoción por la primera silla de Aalto que su padre le regaló y todavía usa, o las tristes circunstancias familiares que le impidieron participar en las labores de reconstrucción tras el sismo del 19-S. Un auténtico lujo.

Cuando conoces a algún personaje que admiras existe siempre el riesgo de que la imagen idealizada que te habías formado de él cambie para siempre. Óscar Hagerman es exactamente el sabio bondadoso y entrañable que imaginaba y haber compartido con él esta hora y media de un sábado de septiembre es una experiencia que jamás olvidaré.

La exposición termina en una semana. No se la pierdan.

Los borborigmos de la calipigia

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Anoche aprendí dos nuevas palabras con las que no recuerdo haberme tropezado antes, pese a que nombran cosas tan cotidianas como los ruidos que hace la barriga o la poseedora de un hermoso trasero.

Cuando, como inevitablemente sucede, empiece a encontrarlas por todas partes –Venus calipigias en algún viejo manual de historia del arte, borborigmos en el prospecto de algún medicamento para digestiones pesadas- intentaré recordar que fue David Foster Wallace quien me las enseñó*.

*La colección póstuma de ensayos (“Both Flesh And Not”) incluye antes de cada texto una lista de palabras y definiciones que DFW guardaba en el escritorio de su ordenador e iba actualizando constantemente. Este truco para engordar un libro que no deja de ser una colección de caras B y “outtakes” fue todo un acierto y una de las partes que más estoy disfrutando.

 

How Jesus Died/Lonely Avenue

Siempre que se menciona la influencia góspel en la música de Ray Charles suele pensarse en “What’d I Say” y otras piezas de fervoroso desenfreno pero sorprende escuchar cómo permeó también este pausado clásico compuesto por Doc Pomus:

The Pilgrim Travelers- “How Jesus Died” (1956)

Ray Charles- “Lonely Avenue” (1956)

 

Nota:

gospel soundConocí esta inspiración directa gracias al excelente estudio “The Gospel Sound” de Anthony Heilbut (““How Jesus Died” fue copiado nota por nota por Ray Charles en “Lonely Avenue”, pero los decibelios de Whitaker son más eróticos!”)

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Y unos días después….leyendo “Honkers and Shouters” de Arnold Shaw me entero de que “I Got a Woman” nació también como canción gospel:

The Southern Tones- “It must be Jesus” (1954)

Litros de a litro

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Hasta que llegué a México pensaba que el litro era una unidad del Sistema Internacional de medida (S.I) equivalente a un decímetro cúbico. Aquí, los litros –en especial los de combustible que despachan en las gasolineras– son una unidad variable de volumen (digamos que entre 850 y 999 mililitros). Para evitar confusiones, en los raros casos en que los litros alcanzan el volumen estipulado por el S.I. se conocen como “litros de a litro” y existen aplicaciones que ayudan al consumidor a encontrarlos.

 

El trono de los Pritzker

 

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Uno de los lugares ineludibles en la visita a las cuadras de San Cristóbal de Barragán es el “jardín secreto”, al que se accede pasando primero por un estrechísimo intersticio entre la casa y el gran muro rosa y después por una cortina vegetal que obliga a hacer un zig-zag antes de enfilar el camino que lleva al sancta santorum: un pequeño ensanchamiento en el que a duras penas cabe el toro de un gran tronco que hace de mesa y otro gran tronco cortado de manera que forma un asiento con respaldo. El guía nos explicó excitado cómo Zaha Hadid había pasado 20 minutos meditando en aquel lugar y cómo Tadao Ando venía con frecuencia –siempre en días laborables para evitar aglomeraciones- a reflexionar sobre el futuro de la arquitectura. No pude evitar inmortalizarme en “el trono de los pritzkers”.

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Gang of Four en el Plaza Condesa

 

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Siempre es arriesgado ir a ver una banda de las que realmente han significado algo para ti pero cuyo momento de gloria quedó atrás. El inmortal “Entertainment” -y, en menor medida, “Solid Gold”- ampliaron las fronteras de la música popular y continúan sonando frescos casi cuatro décadas después (además de haber marcado decisivamente a buena parte de la música alternativa posterior).

Sabía que ya sólo quedaba uno de los cuatro miembros originales –Andy Gill- y que “la banda de cuatro” era ahora “la banda de uno”. Pero el grupo continúa en activo y había leído reseñas positivas de conciertos recientes así que esperaba encontrar al menos una banda rodada y solvente que defendiese con profesionalidad un legado histórico y lograse satisfacer las modestas expectativas de nostálgicos y curiosos.

No fue así. Un volumen absolutamente atronador dominado por una sección rítmica paquidérmica y descoordinada, un lamentable vocalista dando saltitos por el escenario con su melódica y su pandereta, y un Andy Gill oculto tras unas gafas oscuras sacando con desgana acoples de su otrora poderosa guitarra.

Un engrudo sónico ensordecedor sin absolutamente ningún matiz. Ni rastro de los juegos de voces ni de las sutilezas rítmicas característicos de sus mejores discos, sólo la tristeza de ver masacrados temas como “Anthrax”, “Not Great Men” o “Damaged Goods” (que intentaron sin éxito que el público corease).

Una experiencia literalmente dolorosa –por más que nos alejásemos del escenario- que nos obligó a abandonar la sala sin mirar atrás mientras destrozaban “I love a man in a uniform”.

Un concierto bochornoso.

“Forma, Lenguaje y Complejidad. Una teoría unificada de la arquitectura”

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Nikos Salíngaros es uno de los más destacados discípulos de Christopher Alexander -con quien colabora desde hace años- y en su último libro “Forma, Lenguaje y Complejidad. Una teoría unificada de la arquitectura” (Ediciones Asimétricas) hay constantes ecos de las ideas de “The Nature of Order” matizadas por una visión personal que tiende a enfatizar los aspectos científicos sobre los estético-humanísticos.

Frente a la profusión de sugerentes imágenes de obras de arte de todas las épocas y escalas –y a las referencias autobiográficas- que tanto enriquecen las posibles lecturas en la obra de Alexander, en los escritos de Salíngaros prevalece siempre un tono académico  que disminuye su poder evocador.

En esencia, el libro de Salíngaros propone una crítica radical al legado que las vanguardias y el Movimiento Moderno (y sus hijos: el Posmodernismo. el Minimalismo y la Deconstrucción): “fundamentalismo geométrico”, supresión del ornamento, separación de la naturaleza, rechazo de la simetría, idolatría de la imagen; y plantea una nueva forma de entender el entorno construido basado en la “biofilia” y la reconexión con la naturaleza.

Personalmente, echo en falta una explicación de la teoría de la intensificación de los centros existentes (diseño adaptativo) y un desarrollo más detallado del capítulo dedicado a las 15 propiedades fundamentales ya que son ideas que permiten intuir el paso de la teoría a la acción y el proyecto.

Aun así, desde que Díez del Corral publicó su personal re-lectura de “Un lenguaje de patrones” hace ya dos décadas, apenas existen en lengua española publicaciones que reflejen el pensamiento de Alexander y su escuela y, por ello, pese a su carácter fragmentario y truncado* –que contradice la voluntad de presentar una teoría unificada de la arquitectura y dificulta la asimilación de ciertos conceptos a aquellos que se los encuentren por vez primera- este libro supone una valiosa puerta de entrada a una visión de la arquitectura que contradice muchos dogmas comúnmente aceptados y merece ser mejor conocida.

Nota:

*Salíngaros aspira a cambiar la forma de pensar de los arquitectos y el futuro de la arquitectura y esa misión evangélica provoca ediciones descuidadas -como el anterior “Anti-arquitectura y Deconstrucción”- o truncadas -como este volumen que comparte título con el original en inglés “A Unified Architectural Theory: Form, Language, Complexity” de 2013 pero, según explica Salíngaros en la introducción, presenta diferencias importantes  (capítulos omitidos, nuevos textos)- que el autor justifica por la urgencia de editarlo y propagar sus ideas lo antes posible, sin las demoras que una edición más fiel habría implicado.

 

Valerio Olgiati en San Ildefonso

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El enorme Colegio de San Ildefonso estaba prácticamente vacío y el granizo caía con furia acumulándose en los claustros.

Nos reciben en el centro de la sala 10 una procesión de hermosas maquetas blancas apoyadas sobre ligeras patas de acero negro, en las que el espacio interior de cada edificio emerge telescópicamente del volumen exterior convirtiendo la comprensión de la relación entre ambos en un artificioso juego que obliga al espectador a deslizar mentalmente el interior de nuevo dentro de su envolvente.

En una pared, una breve ficha con datos básico sobre cada proyecto; en la de enfrente, dos pequeñas fotografías en blanco, negro -y mucho gris- de la obra terminada, acompañadas de crípticas plantas y secciones saturadas con sugerentes texturas -que las convierten más en láminas artísticas que en una representación de cómo se desarrolla el programa funcional o cómo se construye cada edificio- y que sugieren un mundo de ricos acabados y pavimentos que contradicen la frialdad y dureza abstracta de las fotografías en la que vemos espacios irreales modelados con un único material, maquetas de cartón pluma –u hormigón- construidas a escala 1:1.

Sin ninguna referencia al contexto o al habitante, los objetos flotan ajenos a cualquier tiempo o lugar concreto, como si una de aquellas fantasías arquitectónicas de Boullée hubiese viajado en el tiempo, jibarizada, cambiando sus cúpulas y bóvedas de cañón por cubiertas a dos aguas, como si la impenetrable caja de un artista minimalista hubiese crecido hasta permitir el acceso a su interior, o como si el fragmento de un dibujo de Rossi se hubiera de repente materializado perdiendo su color.

Un ejemplo perfecto del arquitecto como artista creador de bellos objetos ensimismados, pero no de la arquitectura como arte ya que no hay rastro alguno de los materiales con los que trabaja la mejor arquitectura: el ser humano, la intensificación o reparación del entorno. La vida.

Puro güey de baro

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Centro Comercial Antara

Aunque tras cuatro años aquí he integrado muchos de los modismos del español de México y rara vez me llaman ya la atención, al escuchar la siguiente conversación entre un grupo de adolescentes de visita a un centro comercial de Polanco me di cuenta de que si acabase de llegar al país no habría entendido absolutamente nada de lo que querían decir:

– La neta, está chida la plaza 

– Sí pero, menos nosotros, puro güey de baro

 

Se podría traducir al español peninsular como:

– La verdad es que está chulo el centro comercial

– Sí pero, menos nosotros, sólo hay gente de pasta

De los beats al punk en un paso

Al explorar el estupendo recopilatorio que Rhino dedicó hace ya unos años a “The Beat Generation” en el que se mezclan recitales poéticos de los popes del movimiento con temas musicales de varios géneros afines, me tropecé con las raíces de una de mis canciones favoritas de la era punk. Juzguen ustedes mismos la alucinante similitud -título, estribillo, espíritu- entre estos dos himnos generacionales. Del beat al punk en un paso.

Bob McFadden and Dor- The Beat Generation (1959)

Richard Hell and the Voidoids- “The Blank Generation” (1977)