Categoría: arquitectura

De repente

 

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El Pedregal de San Ángel es un paisaje lunar, resultado de la erupción del volcán Xitle hace más de mil quinientos años, en el que se desarrolló uno de los experimentos residenciales más singulares del siglo pasado. Un manifesto pionero de Diego Rivera estipulando las normas para su urbanización, la participación de artistas como el Dr. Atl y Gerardo Murillo, el fraccionamiento original de Barragán y Contreras, las primeras intervenciones y casas muestra, iniciaron un proyecto visionario, respetuoso con un paisaje hostil en el que captaron una belleza singular (y unas posibilidades de desarrollo inmobiliario) que había sido ignoradas hasta entonces.

La codicia acabó con todo aquello. El extenso territorio se fue fraccionando progresivamente y hoy, apenas quedan algunos retazos de aquel intento de urbanización sostenible.

La maravillosa casa Prieto López de Barragán, tras su recuperación, permite entrever lo que podía haber sido y no fue. La eliminación de un pequeño campo de golf que había ocultado durante mucho tiempo las rocas volcánicas -y la laboriosa recuperación de la flora y fauna endémicas- permite hoy -aunque sólo sea desde un pequeño rincón de la diezmada parcela original- admirar de nuevo el contraste entre las construcciones cúbicas -de una modernidad intemporal- y el salvaje paisaje que inspiró la visión original.

Al salir de la casa, entramos al centro de interpretación-restaurante que se ubica en sus antiguas cuadras, donde la amable guía nos mostró un álbum de fotografías de época tomadas por Salas Portugal que sólo aumentó la sensación de pérdida. De repente, un temblor.

Después, el horror.

Montañas artificiales

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Las montañas de residuos de las fábricas de ladrillo Stewartby en Bedfordshire muestran la belleza oculta en un vertedero industrial que evoca paisajes lunares, caprichos geológicos turcos o intervenciones de land-art.

El encuadre elimina cualquier referencia industrial y convierte el vertedero en naturaleza, evitando mostrar el perturbador contraste entre los montículos-senos y el bosque de chimeneas que los explica.

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Nota:

La primera imagen me ronda desde que leí hace unos meses  “¿De qué tiempo es este lugar?” (1971) de Kevin Lynch . La segunda, la encontré ayer en esta página de la BBC dedicada al patrimonio al rastrear el origen del misterioso paisaje de desechos.

Orden desordenado

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La censura al passat es deixa sentir també en la por cerebral a l’ordre tranquil —en el nostre cas, present a les finestres, columnes i cobertes de la plaça de Sant Josep— i també en l’equivocada idea que l’època present ha d’inventar un nou “ordre desendreçat” que vol imitar amb els seus volums i gestos la contingència i la vida.

En su crítica de la reconfiguración de la plaza trasera del Mercado de la Boquería, Xavier Monteys inventa el término “Orden descuidado” (o desordenado) para referirse a esa suplantación del orden complejo propio de las arquitecturas vivas por su simulacro. Parece ser una manifestación, a escala urbana, de la misma ansiedad oculta tras las fachadas “código de barras”, la caprichosa disposición de mobiliario urbano “a la catalana” y la adopción del tarro con rosca en algunos bares hípster. Añoramos la naturalidad de las ciudades lentas e intentamos evocarla obviando que el crecimiento orgánico es, por su propia naturaleza, imposible de replicar instantáneamente (y por sólo una mano).

Nota:

Aunque no entro a valorar un proyecto que no conozco (y cuya autora, además, me dio mi primera oportunidad laboral hace ya casi 20 años), las palabras de Monteys resuenan con algunos de los temas recurrentes de este blog.

Aislamiento disperso

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Los organizadores de la ciudad antigua tenían algo que aprender de los nuevos gobernantes de nuestra sociedad. Los primeros hacinaban a su gente tras una muralla, bajo la vigilancia de guardias armados (…) Ese método ha quedado obsoleto. Con los actuales sistemas de comunicación masiva a distancia, el aislamiento disperso resulta una forma más efectiva de mantener a la población bajo control. Al inhibir el contacto personal y la asociación directa, todo el conocimiento y administración son monopolizados por agentes centrales y transmitidos por canales vigilados, demasiado costosos para ser utilizados por particulares o grupos pequeños. Para ejercer el derecho de expresión en una comunidad tan dispersa y disociada uno debe “comprar tiempo” en el aire o “comprar espacio” en la prensa. Cada ciudadano de Suburbia es prisionero de la misma separación que tanto apreciaba: se le alimenta por un conducto estrecho: una línea de teléfono, una frecuencia de radio, un circuito de televisión. Esto no es, desde luego, el fruto de una conspiración consciente de una astuta minoría. Es el resultado orgánico de una economía que sacrifica el desarrollo humano por el procesamiento mecánico

Lewis Mumford. “La ciudad en la historia” (1961)

 

 

El camino en el jardín

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Rikyu observaba cómo su hijo barría y regaba el camino del jardín.

¡No está lo suficientemente limpio! dijo Rikyu cuando Shoan había terminado su trabajo, y  le ordenó continuar intentándolo. Tras una agotadora hora más el hijo se dirigió a él:

“Padre, ya no hay nada más que pueda hacer. He fregado los peldaños por tercera vez, he regado las linternas de piedra y los árboles, el musgo y los líquenes brillan con un verdor fresco. No he dejado ni una rama, ni una hoja en el suelo”

“¡Idiota!” Le reprendió el maestro de té “Ésa no es manera de barrer un camino en el jardín”. Diciendo esto, Rikyu se adentró unos pasos en el jardín y agitó un árbol, esparciendo sobre el jardín hojas doradas y  carmín, retazos del Otoño.

Este fragmento del “Libro del Té” de Kakuzo Okazura es la más hermosa ilustración que he encontrado hasta la fecha de que el auténtico refinamiento busca la naturalidad, aunque lograrla suponga grandes trabajos .

Expresividad y arquitectura

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La forma es un lenguaje y ese lenguaje debe sernos inteligible; estamos ansiosos de inteligibilidad y por tanto de expresión. Parte del desasosiego moderno se debe a la ausencia de expresividad legítima; a que nos rodean cosas con un hermetismo que es la negación de lo que supondría la fraternidad que damos por supuesta y que naturalmente debería leerse en la obra del hombre en el espacio. El vacío de legítima expresividad se colma con adornos refinados o chabacanos que no satisfacen o, en la propaganda, con
formas que usan fraudulentamente (…) investigaciones de la pintura o la escultura de los últimos decenios. Pero, además, lo que construyamos será siempre expresivo; cuando no nos hable, por hermetismo o por descuido, éstos se expresan por una ausencia que no tiene la dignidad del silencio. De esa ausencia y del salvajismo y grosería que ocupa el lugar que nuestro descuido ha dejado vacío, está enferma la sociedad moderna.

Eladio Dieste- “La conciencia de la forma

Nota:

La cita está sacada de la excelente monografía que le dedicó la Junta de Andalucía en 2001. Aquí pueden ver una interesante entrevista con el genial ingeniero-arquitecto uruguayo.

Walmer Yard

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Veíamos hace unos días una excelente explicación de Lewis Mumford del proceso orgánico de construcción de una ciudad, en el que no se parte de una idea a priori, sino que es la secuencia de pequeñas decisiones la que determina el resultado final y el tiempo parece ser el factor clave. Es lo que Quim Español en su “El Órden frágil de la aquitectura” llamó “las ciudades lentas”.

  • ¿Es posible crear arquitectura orgánica de una tacada, saltándose el lento proceso de agregación que la caracteriza?
  •  ¿Esa excelente arquitectura del siglo XX ejemplificada por la obra de Scharoun o Aalto que normalmente se etiqueta como “orgánica” lo es realmente?
  • ¿Por qué tendemos a asociar lo orgánico a lo curvo y lo irregular cuando tantas medinas y cascos históricos surgen de la agregación de formas cúbicas elementales?

Estas y otras preguntas me rondan desde que vi hace unas semanas un fascinante proyecto de Peter Slater para cuatro casas unifamiliares adosadas en Londres que me provoca sentimientos encontrados de admiración e inquietud: unos preciosos dibujos a mano, una geometría endiablada, espacios ambiguos, un orden complejo, construcción artesanal, un cariño evidente por el detalle… para resolver un programa relativamente sencillo y convencional. Sería muy interesante comprobar si una geometría más regular permitiría encajar todo el programa o si, como intuyo, es precisamente la sofisticada sucesión de pliegues, requiebros, contracciones y expansiones, patios abiertos y cerrados, lo que hace posible que cuatro casas convivan en un espacio tan pequeño con condiciones adecuadas de habitabilidad y privacidad.

 

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Pese a su manierismo y sus excesos, se trata de un conjunto muy sugerente porque parece ajeno al mundo de esa arquitectura actual que se proyecta con calculadora y no con lápiz y papel de calco. Un promotor ilustrado, siete años de diseño, seis de construcción (¡y más de cinco millones de libras por casa!) son datos que indican que se trata de un proyecto excepcional y no generalizable.

Me parece admirable que este maduro arquitecto sin obra haya conseguido finalmente construir en su ciudad según sus propias reglas y tiempos, sin límites presupuestarios, y reciba premios por ello pero, aunque por momentos evoque los espacios laberínticos de los barrios populares de una “ciudad lenta”, me entristece pensar que esta arquitectura refinada y compleja ya sólo sea posible como capricho para los más privilegiados.

Orgánico vs. Racional

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Me ha encantado encontrar en la parte dedicada a las ciudades medievales del genial ensayo “The City in History” (1961) de Lewis Mumford este pasaje en el que no sólo explica maravillosamente el resbaladizo concepto de “lo orgánico” sino que anticipa la idea de “patrón universal” que Christopher Alexander sistematizaría casi dos décadas más tarde:

“En el planeamiento orgánico, una cosa lleva a otra, y lo que empezó como el aprovechamiento de una ventaja accidental puede dar lugar a un elemento fuerte en el diseño, que un plan a priori nunca podría anticipar y probablemente ignoraría o descartaría. (…)

El diseño orgánico no empieza con una meta preconcebida: avanza de necesidad en necesidad, de oportunidad en oportunidad, en una serie de adaptaciones que se vuelven progresivamente coherentes e intencionadas, hasta generar un resultado final complejo pero no menos unificado que el que resulta de un plan geométrico preconcebido (…) Aunque el estado final del proceso no esté fijado de partida, como sucede con un orden más racional y no-histórico, esto no significa que las consideraciones racionales y la reflexión previa no hayan regido cada particularidad del diseño, ni que éste no forme un todo integrado.

Los que consideran el planeamiento orgánico indigno de tal nombre confunden el mero formalismo y regularidad con la adecuación a un fin, y la irregularidad con la confusión intelectual o la incompetencia técnica. Las ciudades medievales refutan esta ilusión formalista. Con toda su variedad, encarnan un patrón universal; y sus desviaciones e irregularidades no sólo suelen ser sensatas, sino también sutiles, en su fusión de necesidad práctica e intuición estética.”

Nota:

La traducción del fragmento es mía aunque gracias a la excelente editorial “Pepitas de Calabaza” contamos con una cuidada edición en español de este estudio clásico.

Nota 2:

A los interesados en este tema, les sugiero que lean también las entradas “Orden“, “Monk y el reloj torcido” y “La idea“.

La casa de Barragán en la playa (2)

Gracias a la amable contribución de Eduardo Granja, aquí están las primeras fotos que he visto de la misteriosa casa de Barragán en la bahía de Majagua a la que dediqué una entrada hace algún tiempo .

A ver si algún día la Fundación Barragán  publica ese libro con material inédito que anuncia desde hace años y podemos ver algún plano o fotografía de época. Hasta entonces, estas imágenes, que no hacen más que alimentar el deseo de tener más información sobre esta singular casa, son lo único que tenemos los barraganófilos de a pie.

 

Norville Barnes, arquitecto

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En esta secuela de “El gran salto” en la que por momentos parecemos vivir, Norville Barnes ha dejado atrás Hudsucker Industries y tras graduarse como arquitecto continúa recurriendo a discos, frisbees, hoola hoops y donuts para resolver cualquier tipo de proyecto -desde un “Centro de Tecnificación de Actividades Físico-Deportivas y de Ocio” en Cáceres, hasta la flamante nueva sede de Apple en Covertino, pasando por una extravagante “vivienda-del-millón-de-euros” en Matarraña–  ignorando que las virtudes del círculo (legibilidad, rotundidad y capacidad de asumir una escala territorial) rara vez compensan que su propia naturaleza de forma cerrada le impida crecer y cambiar con naturalidad.

 

 

 

Arquitecturas de cartón pluma

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En lugar de considerar el paso de la idea a la realidad como una oportunidad de enriquecer el edificio, de darle una escala, de proyectar la pátina, de trabajar la transición entre interior y exterior, de potenciar los valores táctiles, de entender una ventana como acontecimiento y filtro y no sólo como un negativo de la masa construida, de diferenciar las zonas expuestas a la intemperie o al roce humano de las resguardadas, de convertir el objeto en escenario; algunos arquitectos buscan diseñar maquetas de cartón pluma a tamaño natural y convertir lo complejo en elemental -aunque la aparente sencillez implique pervertir la lógica constructiva para que todo quede uniforme, oculto y enrasado- persiguiendo una pureza difícilmente compatible con la vida, sus bultos, sus arrugas y sus manchas.

Nota:

Esta actitud purista contrasta con la que expresó su supuesto maestro Álvaro Siza en un elocuente texto de 1990:  Lo que (el arquitecto) imagina se hace realidad y cae sobre el suelo ondulado, como un pañuelo blanco y pesado, revelando mil cosas a las que nadie prestaba atención: rocas emergentes, árboles, muros y caminos trillados, cisternas, depósitos y surcos de agua, construcciones en ruinas, esqueletos de animales.
Todo esto perturba las ideas simples de arrugas y de superficies encorvadas.”

 

Funcionalismo ecológico

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Hoy en día, no imagino otra visión del futuro más deseable que una forma de vida adaptada ecológicamente donde la arquitectura regrese a las tempranas teorías funcionalistas derivadas de la biología. La arquitectura arraigará de nuevo en su suelo cultural y regional. Podría llamarse a esta arquitectura Funcionalismo Ecológico (…) Esta visión implica una misión paradójica para la arquitectura. Debe volverse más primitiva y resolver las más básicas necesidades humanas con una gran economía de medios (…) y más sofisticada en su adaptación a los sistemas cíclicos naturales, tanto en lo relativo a la materia como a la energía. La arquitectura ecológica implica también ver el edificio más como proceso que como producto. (…) Parece que el rol del arquitecto entre los polos del arte y el oficio también deberá redefinirse. Tras décadas de prosperidad y abundancia, la arquitectura puede regresar a la estética de la necesidad en la que los elementos de expresión metafórica y oficio práctico vuelvan a fundirse; la utilidad y la belleza unidas de nuevo.

Juhani Pallasmaa- “From metaphorical to ecological functionalism” (Architectural Review, June 1993). Incluído en la antología “AR 100. The recovery of the modern : architectural review 1980-1995, key text and critique

Del “Roof Garden” a la azotea

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Vecindad. Roma Norte (Ciudad de México)

Town-Houses“, “Lofts” y demás inventos inmobiliarios anglosajones aún no han logrado evitar que la vista desde sus “Roof Gardens” y PHs (“Pent-Houses“) esté puntuada por los depósitos de agua, las bombonas de gas y las jaulas de tendido de las azoteas de esas amenazadas vecindades donde las únicas “amenities” son las antenas parabólicas.

Lo original y lo familiar

 

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Charles Moore, Richard Whitaker, Donlyn Lyndon y William Turnbull en el Sea Ranch.

(…) los estudios de arquitectura y urbanismo del siglo XX han puesto un énfasis desproporcionado en lo original, lo único. En cambio, nosotros creemos en el diseño de lo familiar y lo sorprendente, donde lo familiar es el protagonista y la función fundamental de lo sorprendente es devolverle la frescura a lo familiar. Los lugares más satisfactorios que conocemos no son zoológicos arquitectónicos sino lugares (…) donde amplias zonas de consenso humano destacan el más sutil matiz de singularidad como una muestra individual de cariño (…) y establecen un fondo urbano contra el que las manifestaciones de vitalidad y cordial atrevimiento pueden fijarse en la memoria pública.

Charles W. Moore- Epílogo de “Body, Memory and Architecture” (Yale University Press, 1977)

La isla intermitente

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La vieja fortaleza se encuentra ahora ligada a tierra firme por un desangelado continuo de instalaciones portuarias -en el que se suceden silos, aduanas, depósitos, sórdidos canales, esqueletos de hormigón abandonados, grúas-puente y colosales pilas de contenedores- hasta que accedes al recinto y la fuerza de la arquitectura militar y el poder evocador de las texturas de los aparejos de fábrica y de las bóvedas de cañón con sus estalactitas salinas, y la increíble riqueza cromática de los desconchados muros que algún día fueron blancos y ocres consiguen que, por un momento, olvides el entorno y la isla vuelva a emerger solitaria frente a la costa jarocha.