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Ladridos e Infidelidades

Cuando no había móviles en los que husmear en el registro de llamadas y mensajes, ni nanny-cams (cámaras ocultas en casa “para vigilar a la niñera”), el mejor amigo del hombre era también su mejor aliado para detectar infidelidades. Sus ladridos alertaban de que el gallito rojo (o pollita roja) de Howlin´Wolf, Sam Cooke o los Rolling Stones se acercaba peligrosamente al corral (“dogs begin to bark, hounds begin to howl…”).

Y cuando callaba, como el “How come my dog don’t bark when you come around” -que el olvidado Prince Partridge grabó en 1955 – su silencio delataba una sospechosa familiaridad con el visitante:
Que tampoco pasó inadvertida al gran Howard Tate que en “How Come My Bulldog Don´t Bark” (de su imprescindible “Get It While You Can” de 1967), se pregunta mosqueado por qué su perro, el más fiero de la ciudad, no ladra a Big Jim:
Tampoco Ted Hawkins, aquel músico callejero de Venice Beach que “triunfó” en Europa en su madurez, se explica la razón de que un perro que ladra al lechero, al cartero, al exterminador de plagas y que a él mismo casi le arranca la mano cuando le dio una costilla de barbacoa, ni se inmute ante las visitas de “ese hombre”. (En “Bad Dog”, mi favorita del lote, que por desgracia no está en youtube pero sí en sus lps “Happy Hour” y “Kershaw Sessions” y aquí). Y, para cerrar el círculo, aquí tenemos a Dr. John recuperando cuatro décadas más tarde, en su aclamado disco de homenaje a su ciudad “Goin’ Back To New Orleans“, la canción de Prince Partridge:

Bo Diddley Beat

Bo Diddley-

Bo Diddley, pese a ser uno de los gigantes de la música negra del siglo XX, fenomenal guitarrista y cantante, compositor de un cancionero a la altura del de Leiber y Stoller o el de Chuck Berry y principal responsable –junto a James Brown- de la recuperación del énfasis rítmico característico de la música negra  en la música pop, suele ser recordado únicamente como el creador del ritmo “Bo Diddley”. Sus contribuciones son mucho mayores*, pero incluso esa única “invención” debería bastar para asegurarle la inmortalidad.

Bo Diddley- “Bo Diddley” (1955)

Fantástico video de época con Bo y Jerome interpretando el tema que fue la cara A de su primer single (en la B estaba el inmmortal “I’m a man” que luego se apropió Muddy Waters).

“Calling all Cows”- The Blues Rockers (1955)

Frente a las habituales lecturas alegres del ritmo, vale la pena recuperar esta hipnótica canción de los olvidados Blues Rockers que tiene un regusto triste y perezoso que la hace muy especial. En el excelente recopilatorio “Southern Rhythm Rock. The Best of Excello Records vol. 2” la definen como “Bo Diddley atiborrado de calmantes”.

“Not Fade Away”- Buddy Holly (1957)

Tras versionar “Bo Diddley”, Buddy Holly consideró que dominaba los secretos de ese ritmo lo suficiente como para componer uno de sus grandes éxitos a partir de él.

 “Willie and The Hand Jive”- Johnny Otis (1958)

El multifacético John Alexander Veliotes lo utilizó como base para su mayor éxito, y repitió el truco ese mismo año con el estimable “Crazy Country Hop”.

“Storm Warning”- Mac Rebennack (1957)

Aviso de tormenta. Un amenazador instrumental de un bisoño Mac Rebennack – antes de construir su personaje  de Dr. John – demostrando que se defiende igual de bien a la guitarra que al piano. Le acompaña la flor y nata de la escena musical de Nueva Orelans de la época (Allen Toussaint, Lee Allen, Red Tyler…)

“(Marie’s the Name) His latest Flame- Elvis Presley (1961)

Camuflado de pop –como haría muchos años después George Michael con su “Faith”- aquí tenemos de nuevo el ubicuo ritmo.

“You Can’t Judge A Book By The Cover”- Bo Diddley (1962)

Una de mis favoritas del cancionero de Ellas McDaniel.

“Mona (I Need You Baby)”- The Rolling Stones (1964)

Y los maestros en adaptar la música negra para la juventud blanca no podían tardar en versionar a Bo (con el mismo ritmo, también hicieron el “Not Fade Away” de Buddy Holly). La incluyeron en su primer lp en Inglaterra.

“Mystic Eyes”-Them (1965)

Uno de los clásicos por excelencia de la infravalorada primera banda de Van Morrison. Posiblemente su más salvaje grabación.

“I Want Candy”- The Strangeloves (1965) 

El ritmo también sirvió como base de este pequeño clásico de la música garajera.

“Magic Bus”- The Who (1968)

Los Who tomaron el ritmo y actualizaron su mensaje a la era psicodélica.

“Hateful”- The Clash (1979)

Aunque no sea evidente, tanto esta canción como “Rudie Can’t Fail” están basadas en el ritmo del abuelo Bo.

“How Soon Is Now”- The Simths (1984)

Y hasta un grupo tan inmune a los encantos de la música negra como los Smiths, recurrió al ritmo de marras en este tema, muy apreciado por sus fans.

“Hare Krsna”- Husker Du  (1986)

En su ambicioso primer disco doble cabía todo, incluso una particular revisión del ritmo de Bo Diddley, oculta tras su característico manto de ruido guitarrero.

 “Desire”- U2 (1988)

U2 en pleno trip de fascinación por la América profunda.

“Screwdriver”- The White Stripes (1999)

La antepenúltima apropiación de un ritmo que, a estas alturas, ya debería ser patrimonio inmaterial de la humanidad.

Nota:

Lista completa en grooveshark: http://grooveshark.com/#!/playlist/Bo+Diddley+Beat/91340030

y en spotify: bo diddley beat

* Para una refutación completa del mito de que era hombre de una sola idea, nada mejor que escuchar de cabo a rabo y sin prejuicios la maravillosa “Chess Box” de Diddley y leer el fantástico ensayo de Robert Palmer (el crítico, no aquel romanticón pelma que contribuyó a amargarnos los 80) que la acompaña y en el que repasa la historia de este conjunto de ritmos desde África hasta la guitarra de Diddley y las maracas de Jerome (pasando por la habanera y los instrumentos de una sola cuerda-diddley bows!- de las plantaciones). El ensayo también aparece en “Blues & Chaos” (Scribner, 2009), la excelente recopilación de escritos de Palmer, que junto a sus clásicos “Deep Blues” y “Rock and Roll. An Unruly History” no debería faltar en ninguna biblioteca rockera que se precie.

Piano Azul

Los mejores recopilatorios son los que, además de entretener, te incitan a investigar  y deshacerte de algunos prejuicios.

En ese sentido, me parece ejemplar el cedé  “Piano Blues” (de la serie sobre blues de Martin Scorsese) recopilado por nada menos que Clint Eastwood. Además de reafirmar mi pasión por el profesor Pelos Largos y el Doctor Juan, me ha convertido en fan del segurata de los White Sox y pianista a tiempo parcial Jimmy Yancey, y ha atenuado mis prejuicios contra los “super-grupos”. Aquí tenemos a tres gigantes del jazz (Ellington, Mingus y Roach) que en vez de irse por las ramas con digitaciones vertiginosas y demás florituras, demuestran, tocando un blues como la copa de un pino, que  el genio puede estar en las cosas más aparentemente sencillas:

NOTA:

Si hay ganas de investigar un poco más las raíces del género, recomiendo tres estupendos discos de Yazoo Records (Juke Joint Saturday Night, Shake Your Wicked Knees, Mama don’t allow no easy riders here), antes de empezar con discos completos de Yancey, Professor Longhair, Monk, Dr. John, Otis Spann…