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Medio Hombre, un hombre, hombre y medio

La breve lista de reproducción de hoy recorre en tres pasos los dos estados de ánimo clásicos de la música negra, desde el “no soy nadie” hasta el “no hay quien pueda conmigo”.

“Half a Man”- Howard Tate (1964)

El pobre Howard se siente un “mindundi” desde que su chica le dejó y llega a la conclusión de que “un hombre sin una mujer es sólo medio hombre”.

“I’m a man”- Bo Diddley (1955)

El gran Bo Diddley inició su carrera con este bravucón single (en la otra cara el autoreferencial “Bo Diddley” con la primera aparición de su mítico ritmo),

…. y  Muddy Waters lo transformó en la inmortal “Mannish Boy“, una  (aún más) definitiva reivindicación de virilidad. “Soy un H-O-M-B-R-E”. Para no extenderme, aquí está el enlace a un texto de Emilio de Gorgot en Jotdown en el que se analiza a fondo el tema, y derivaciones.

“A man and a Half”- Wilson Pickett

Y para chulo, Mr. Pickett, al que, en asuntos de amor, ser un hombre le parece poca cosa y se autocalifica como “Hombre y Medio” en esta canción -dirigida a una mujer a la que pretende llevarse al catre -en la que le cuenta como pájaros y abejas detienen su cortejo al verlo pasar y cómo hasta Shakespeare escribió sobre él antes de haber nacido y le advierte de que no deje escapar su única oportunidad de beneficiárselo. La canción también podría haberse titulado “Un hombre sin abuela“.


De esta actitud hay infinidad de variaciones, desde el reggae (“I’m the toughest” de Peter Tosh o “Champion” de Buju Banton”) hasta tantos raperos hinchados de “attitude” . Pero esa es otra historia…

Ladridos e Infidelidades

Cuando no había móviles en los que husmear en el registro de llamadas y mensajes, ni nanny-cams (cámaras ocultas en casa “para vigilar a la niñera”), el mejor amigo del hombre era también su mejor aliado para detectar infidelidades. Sus ladridos alertaban de que el gallito rojo (o pollita roja) de Howlin´Wolf, Sam Cooke o los Rolling Stones se acercaba peligrosamente al corral (“dogs begin to bark, hounds begin to howl…”).

Y cuando callaba, como el “How come my dog don’t bark when you come around” -que el olvidado Prince Partridge grabó en 1955 – su silencio delataba una sospechosa familiaridad con el visitante:
Que tampoco pasó inadvertida al gran Howard Tate que en “How Come My Bulldog Don´t Bark” (de su imprescindible “Get It While You Can” de 1967), se pregunta mosqueado por qué su perro, el más fiero de la ciudad, no ladra a Big Jim:
Tampoco Ted Hawkins, aquel músico callejero de Venice Beach que “triunfó” en Europa en su madurez, se explica la razón de que un perro que ladra al lechero, al cartero, al exterminador de plagas y que a él mismo casi le arranca la mano cuando le dio una costilla de barbacoa, ni se inmute ante las visitas de “ese hombre”. (En “Bad Dog”, mi favorita del lote, que por desgracia no está en youtube pero sí en sus lps “Happy Hour” y “Kershaw Sessions” y aquí). Y, para cerrar el círculo, aquí tenemos a Dr. John recuperando cuatro décadas más tarde, en su aclamado disco de homenaje a su ciudad “Goin’ Back To New Orleans“, la canción de Prince Partridge: