Ver como niños

 

Andar una filosofía

Uno de los temas recurrentes de este blog es la importancia de aprender a ver con los ojos limpios, ver el campo en lugar de “paisaje”, ver árboles y no “árboles” o ver como sólo los niños pueden hacerlo:

Crecer significa no ser sensible ya más que a las generalidades, a las similitudes, a las categorías de ser. El bosque, la montaña, la llanura…Y, en nuestro entorno, todo se vuelve idéntico: para nosotros adultos, cada sendero pertenece a un mismo gran paisaje, está englobado en él. El adulto lo ve todo desde la altura de los años que tiene. La perspectiva de la experiencia lo aplana todo, lo achata, le quita sabor. El adulto sabe que su casa está situada en un país, y que varios caminos llevan hasta ella.

Para el niño, en cambio, los caminos alejan, inquietan, son posibilidades de mundos. No se parecen entre sí: se abren a universos distintos. Para el niño, ni siquiera los árboles se parecen entre sí: sus ramas nudosas, sus troncos torcidos, sus perfiles, todo los diferencia. No son dos higueras, o dos robles, sino el guerrero y el brujo, el monstruo y el niño.

(Frédéric Gros “Andar. una filosofía”. Taurus 2015)

6 comentarios en “Ver como niños

  1. O sea, Iago, “Si no os hicierais como los niños, no entraréis en el reino de los cielos”, de Mateo 18,¿algo así?

  2. O olhar de neno deve ser algo semelhante àquela “difícil singeleza” do funambulista e o pianista da que falava dom Joám de Tova

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