Mes: diciembre 2017

Keely Smith (1928-2017)

Despedimos hoy a Keely Smith que –acompañando a Louis Prima y acompañada por el salvaje saxofonista Sam Butera- creó ese efervescente popurrí de tarantella, r&b desbocado, jazz de Nueva Orleáns y comedia que contribuyó al nacimiento del rock and roll (antes de inaugurar la también muy roquera tradición de declinar en Las Vegas).

Aunque tras divorciarse de Louis, se convirtió en una reputada cantante “seria” (jazz, estándares y cosas así) que tal vez debería investigar, son sus inolvidables payasadas (Buona sera, Zooma Zooma, That Old Black Magic…) las que hicieron historia y todavía hoy pueden alegrarte el día.

Descanse en paz.

¡Gracias, Maestros!

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La concesión del Premio Nacional de Arquitectura 2016 al estudio Martínez Lapeña-Torres ha supuesto una de las mayores alegrías de un año difícil. No sólo porque ahí pasé cinco cruciales años en los que aprendí buena parte de lo que sé de este oficio sino porque es un premio merecidísimo a dos de los más grandes arquitectos del país. Un premio a una trayectoria coherente y singular, que abarca con maestría todas las escalas de proyecto (desde el adoquín Palma hasta la gigantesca plaza del Fórum de las Culturas, pasando por exquisitas intervenciones en el patrimonio y el paisaje o maravillosas viviendas mediterráneas); a una arquitectura que nació en una época de escasez y que, por ello, tiene un gran respeto por lo existente y se manifiesta siempre con delicadeza y modestia de medios; a una arquitectura culta –conocedora de la historia y de los oficios en extinción- e intemporal.

Ojalá este premio traiga nuevos encargos a la altura de su talento. Siempre me ha entristecido que no tuviesen la oportunidad de proyectar un gran edificio público -aparte del magnífico hospital de Mora de Ebro-, y que sus dos excelentes propuestas para auditorios se acabasen malogrando (en el de Barcelona se llegaron a empezar las cimentaciones, del de Cádiz sólo quedan la maqueta y los dibujos). Tal vez ahora, en plena madurez, llegue esa oportunidad.

Pero si no fuese así, su obra es una muestra de que muchas veces los encargos más modestos (la mejora de accesibilidad a un centro histórico, una parada de autobús) pueden ser los más expresivos, o los  que más mejoren la imagen de una ciudad y la vida de su gente.

Y me alegro sobre todo por José Antonio y Elías, dos personas nobles y decentes que tratan a sus trabajadores con cariño y respeto y comparten con generosidad su sabiduría y su tiempo. Nunca olvidaré aquel arroz preparado por José Antonio en su casa de Alella, ni aquel viaje con Elías por sus obras ibicencas,…ni tantas otras cosas.

¡Gracias, Maestros!

Orden Fabricado vs Orden Generado

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Continúo buceando en el monumental “The Nature of Order” de Chrisopher Alexander y, aunque prefiero reservarme mi opinión hasta terminar el cuarto volumen, iré compartiendo algunas pepitas que voy encontrando en el camino.

Parte del segundo volumen está dedicada a distinguir el “Orden Fabricado” del “Orden Generado” en una vuelta de tuerca más a su principal preocupación. ¿Por qué nos resuta tan difícil hoy en día crear armónica y naturalmente?

Alexander sostiene que sólo podemos crear objetos, entornos, edificios o ciudades “vivas” si seguimos un proceso en el que el orden se despliega progresivamente, ajustando cada nueva adición a la fase anterior e intensificando el orden pre-existente. No podemos crear un orden auténticamente complejo en una mesa de dibujo o un ordenador.

Para ilustrar la idea, aporta una interesantísima cita del biólogo Lewis Wolpert que, al explicar cómo surge algo tan perfecto y complejo como un embrión a partir de un huevo fecundado, da claves que Alexander considera aplicables a todas las escalas de la creación:

Toda la información para el desarrollo embrionario está contenida en un huevo fecundado. Pero ¿cómo es interpretada esta información para crear el embrión? Una posibilidad es que la estructura del organismo esté de alguna manera codificada en el genoma como un programa descriptivo. ¿Contiene el ADN una descripción completa del organismo al que dará lugar? La respuesta es no. Lo que el genoma contiene es un programa de instrucciones para hacer el organismo –un programa generativo– en el que los componentes citoplásmicos de los huevos y las células son actores fundamentales junto a los genes como el código de ADN en la secuencia de aminoácidos de una proteína.

Un programa descriptivo, como un plano, describe un objeto con detalle; mientras que un programa generativo describe cómo hacer un objeto. Para un mismo objeto, ambos programas son muy diferentes. Piensen en el origami, el arte de doblar papel. Al doblar una hoja en varias direcciones es relativamente fácil hace un sombrero de papel o un pájaro a partir de una única hoja. Describir en detalle la forma final del papel con las relaciones complejas entre sus partes es dificilísimo, y de poca ayuda para lograr hacerlo. Mucho más útil y fácil de formular son las instrucciones sobre cómo doblar el papel. La razón para esto es que instrucciones simples sobre el plegado tienen implicaciones espaciales complejas.

Durante el desarrollo, de igual modo, la acción de los genes inicia secuencias de eventos que pueden acarrear profundos cambios en el embrión. Podemos considerar la información genética contenida en un huevo fertilizado equivalente a las instrucciones de plegado en el origami: ambas contienen un programa generativo para crear una estructura determinada.

Lewis Wolpert. “Principles of Development” (1997)

Ropa, música, chicos.

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Una adolescente alemana (Ari Up), una okupa andaluza (Palmolive) y dos inglesas de origen muy humilde (Tessa y Viv Albertine) formaron a mediados de los 70 “The Slits”, el primer grupo punk compuesto únicamente por mujeres y dejaron para la historia un par de Peel Sessions, algún pirata y un clásico inclasificable (“Cut”), convirtiéndose –junto a las Raincoats y Liliput- en el modelo de valentía e independencia que inspiraría dos décadas más tarde a las riot-girls.

Nunca triunfaron. Ari-Up murió muy joven, Palmolive acabó de cristiana renacida en Estados Unidos, y Viv pasó media vida debatiéndose entre sus impulsos creadores y su voluntad de tener la familia “normal” que nunca tuvo en  su infancia.

Sus emocionantes memorias, escritas con una sencillez y transparencia adictivas, funcionan a varios niveles.

Por una parte, son un ejemplo de lucha contra la adversidad, de cómo perseguir tus sueños teniéndolo todo en contra. De cómo superar una infancia de maltratos y pobreza. De cómo ser guitarrista y compositora sin ninguna formación previa. De cómo ser una mujer libre en un mundo machista. De cómo ser madre teniéndolo todo en contra. De cómo superar una grave enfermedad. De cómo reinventarse una vez tu vida está encauzada y estancada en el hastío.

Por otra, son el mejor relato que he leído de la época punk. El que mejor te permite imaginar cómo era el día a día, entre casas okupas y escuelas de arte en las que acababan todos los inadaptados con inquietudes, compras en la tienda «Sex» de Vivianne Westwood y Malcolm MacLaren, amenazas de otras tribus urbanas, rollos (y primer grupo «The Flowers of Romance») con Sid Vicious, Johnny Rotten y Joe Strummer, relación amorosa con Mick Jones, primer y único chute con Johnny Thunders, giras con los Clash, fallidos viajes a trapichear a Amsterdam…

Cuarenta años de sesudos tratados, de mitificación y de apropiaciones interesadas han interpuesto entre nosotros y el punk una barrera que parecía impenetrable hasta que una de sus protagonistas cuenta su día a día con una candidez capaz de revivir aquellos años mágicos.

No encontrarás en estas maravillosas memorias nihilismo, situacionismo y demás «palabros» habitualmente asociados al punk. Sólo ropa, música y chicos. La vida.

Nota:

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Existe edición española en Anagrama.