¿Te apetece tocar una columna de Mies?

¿No te emociona? me preguntó mi acompañante -un gran apasionado de Mies que trabaja actualmente en la recopilación de sus escritos-.

Me admira la perfección de sus proporciones, la claridad del concepto, la limpieza de la construcción, su atemporalidad.

Me maravilla que los originales sigan teniendo ese no-se-qué que los distingue de los miles de copias baratas o descafeinadas que inundaron el planeta durante décadas -incluido el lamentable edificio que construyeron imitando su lenguaje a escasos 30 metros-.

Pero reconozco que, como me pasa también con tantos edificios neoclásicos, me cuesta emocionarme con obras tan cerebrales, que sólo apelan al intelecto, al mundo de las ideas, a lo absoluto, y en las que no hay concesión alguna a la sensualidad, la rugosidad o la imperfección. A lo humano.

2 comentarios en “¿Te apetece tocar una columna de Mies?

  1. Te entiendo perfectamente. Hay obras que uno admira con la cabeza, pero no con la piel. Mies es puro control, pura idea. Pero a veces se echa de menos que algo nos roce un poco más el alma, que no todo sea tan perfecto, tan limpio, tan calculado. A mí también me cuesta emocionarme con lo impecable. Prefiero lo que cruje, lo que deja huella sin pedir permiso. Gracias por ponerle palabras a eso que muchos sentimos pero no sabemos decir.

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