
Aunque gran parte de los productos que vendía la maravillosa tienda Vinçon quedaban fuera de mi presupuesto de estudiante, siempre había pequeños objectos o detalles de genial diseño y precio asequible. En los viajes navideños a ver a mis amados padres nunca faltaba el Calendario anual de la tienda que se convirtió -junto al objeto del que quiero hablar hoy- en un clásico familiar.
Se llamaba “Drop Stop” y era un paquetito con un par discos de papel de aluminio semirígido, con el grosor perfecto para poder enrollarlos fácilmente y que, a la vez, recuperasen sin problema su planeidad original.
Al enrollarlos e introducirlos en una botella de vino, evitaban el típico goteo de una manera mejor que otros objetos más “diseñados” pero que -al ser rígidos- no lograban un encaje tan perfecto con el cuello de la botella. Y además, aunque he compartido alguna botella con nuevos ricos horteras que los consideraban de usar y tirar, los dos discos de casa de mis padres ahí siguen 20 años después. Es imposible lograr más con menos.
O eso creía hasta que compramos aquí en México lo que pensábamos era el mismo producto para descubrir con una mezcla de sorpresa y tristeza un milagro de alquimia inversa en el que el paso por el lavavajillas había convertido el aluminio en plástico.
A veces, menos es menos.
Abrieron en los ochenta un Vinçon en Madrid que a los modernos nos puso del todo contentos. Contentos por tener un Vinçon y también por parecernos a Barcelona un poquito, dado el infinito desierto de diseño en Madrid. Fuimos a la inauguración a celebrarlo, la tienda estaba en un almacén antiguo en la calle Castelló. Yo pasaba por la puerta casi todos los días, recuerdo que me compré un mono de resina roja y cuando Mariscal diseñó Cobi, la mascota de las Olimpiadas 92, me hice con uno de tamaño muy pequeño. También recuerdo las bolsas de la tienda diseñada por los mejores grafistas: América Sánchez, Pati Núñez… hasta hubo una con un eslogan de Barbara Kruger. 14 años después tuvieron que cerrar. Sic transit gloria mundi (Así pasan las glorias de este mundo).
Era un museo vivo del diseño. También hacían exposiciones de vez en cuando. Una pena…ni siquiera la de Barcelona logró sobrevivir