No siempre menos es más

Aunque gran parte de los productos que vendía la maravillosa tienda Vinçon quedaban fuera de mi presupuesto de estudiante, siempre había pequeños objectos o detalles de genial diseño y precio asequible. En los viajes navideños a ver a mis amados padres nunca faltaba el Calendario anual de la tienda que se convirtió -junto al objeto del que quiero hablar hoy- en un clásico familiar.

Se llamaba “Drop Stop” y era un paquetito con un par discos de papel de aluminio semirígido, con el grosor perfecto para poder enrollarlos fácilmente y que, a la vez, recuperasen sin problema su planeidad original.

Al enrollarlos e introducirlos en una botella de vino, evitaban el típico goteo de una manera mejor que otros objetos más “diseñados” pero que -al ser rígidos- no lograban un encaje tan perfecto con el cuello de la botella. Y además, aunque he compartido alguna botella con nuevos ricos horteras que los consideraban de usar y tirar, los dos discos de casa de mis padres ahí siguen 20 años después. Es imposible lograr más con menos.

O eso creía hasta que compramos aquí en México lo que pensábamos era el mismo producto para descubrir con una mezcla de sorpresa y tristeza un milagro de alquimia inversa en el que el paso por el lavavajillas había convertido el aluminio en plástico.

A veces, menos es menos.

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