Ojos (que vigilan)

OJOS_Tati-Mon Oncle

En el pasaje más citado de su clásico estudio “Muerte y Vida de las grandes ciudades”, Jane Jacobs compara los ires y venires cotidianos en las aceras de Hudson Street, su calle, con un ballet siempre cambiante. Lo que no se comenta tan a menudo- probablemente porque la vigilancia se asocia al autoritarismo- es que en ese mismo capítulo la autora atribuye ese milagro-que no se da ni en barrios residenciales lujosos ni en polígonos periféricos de alta densidad- a la seguridad que sólo puede proporcionar “la abundancia de ojos en la calle”.

Es la densa trama que forman las miradas -al saludarse de pasada, al charlar en la tienda, al coincidir bajando la basura o al observar desde una ventana o desde la mesa de una terraza a los hijos propios o de algún vecino jugando una pachanga – lo que permite que una calle sea segura y pueda, por tanto, llegar a estar viva.

Para que los ojos hagan esa parte de su trabajo, para que se active la red de miradas, es imprescindible una red previa de relaciones –del reconocimiento de alguna cara que no acabas de ubicar (¿la cajera del súper, tal vez?) a lazos de sangre o asentada vecindad – sobre la que, pese al constante cambio, somos capaces de detectar la mínima distorsión o anomalía.

Pero ya ni siquiera las calles Hudson bailan como antaño. Los precios suben y las casas abandonadas por los “del barrio de toda la vida” son ocupadas por gente con más dinero (y menos arraigo), los comercios tradicionales sustituidos por franquicias o boutiques y se produce esa especie de urbanicidio pasional en la que el amor por el ambiente de un determinado barrio provoca su revalorización, la sustitución de la población, y el fin de aquella frágil atmósfera que inició todo el proceso.

Pasado un tiempo, ya nadie conoce a nadie y se empieza a remolonear en el buzón para no compartir el ascensor con esos vecinos de los que ya nada sabemos y el anonimato se extiende trayendo consigo la suciedad (ese papel o esa colilla que antes te avergonzaría tirar ante quienes saben quien eres), el vandalismo y la inseguridad.

Y es entonces, al ceder esa función de vigilancia -que nuestros ojos antes hacían sin que nos percatásemos- a cámaras, circuitos cerrados de televisión y empresas de seguridad, que empezamos a vivir en un extraño anonimato permanentemente vigilado.

La acechante mirada de la casa  en la película “Mi tío” de Tati -una inolvidable crítica de la modernidad- captura justamente ese momento de cambio en el que el ojo está a punto de ceder el testigo a la cámara, ya que aunque sus pupilas –las cabezas de los Arpel- son todavía humanas, es ya una máquina (aunque sea “de habitar”) la que se encarga de la vigilancia.

12 comentarios en “Ojos (que vigilan)

  1. A vixilancia voltará a nivel persoal inconsciente, porque se o final GOOGLE_NSA impoñen o seu novo xoguete (google-glass). Todos os usuarios seran ollos do gran vixilante.
    http://www.marketingdirecto.com/actualidad/digital/%C2%BFle-cuesta-quedarse-con-las-caras-y-los-nombres-no-se-preocupe-las-google-glass-vienen-al-rescate/
    Pero temos que estar tranquilos ante a inquietude de que todo aquel que leve unas gafas geolocalizará a todas as persoas que mire porque un directivo de google ante a cuestión resposta: “As gafas poden recoñecer as persoas pero dita información non será transmitida nin usada pola compañía”.

  2. Jane Jacobs y Jacques Tati fueron un punto de inflexión en mi aprendizaje (y lo siguen siendo cada vez que me reencuentro con ellos). ¡¡¡Qué buen blog Iago!!!!

  3. Magnífico artículo que me viene como bálsamo en estos momentos en los que la calle en la que vivo se ha convertido en peatonal. Una especie de provocación para los desalmados de las grandes vías que la circundan empeñados en que no desaparezca la letrina en la que escondían, debajo de los coches, su desidia y suciedad, mientras los vecinos de las plantas bajas, éstos que te saludan cada mañana, se desesperan y limpian cada día, como en los viejos tiempos, para que no se acumulen los restos que dejan detrás de sí los humanos y los pobres canes que los acompañan.

    Felicidades por tu sensibilidad que seguro que te convierte en un gran arquitecto, pendiente de conservar la humanidad de los edificios. Un saludo y felicidades.

  4. Muhcas gracias, María Rosa. Me alegra mucho que te haya gustado y saber que en tu ciudad se sigue luchando por mantener la red de miradas.

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