Lecciones de una casa diminuta

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El proyecto arquitectónico que más me ha impactado en los últimos meses tiene sólo 19m2. Es la diminuta vivienda que Takeshi Hosaka y su esposa Megumi -hartos de perder media vida desplazándose de casa al trabajo- se construyeron en Tokyo en una anodina parcela orientada al norte y encajonada entre dos vecinos y un gran talud escalonado.

Tras habitar durante años la notable “Love1 House” de tan sólo 33 m2- e influidos por la diminuta cabaña del ermitaño medieval Kamo No Chomei (9.18 m2), la Casa Jacinto del poeta arquitecto Michizo Tachihara (15.15 m2) y el Petit Cabanon de Le Corbusier (16.85 m2)- la pareja se aventuró a reducir su espacio vital a la mitad dejándonos una casa que cuestiona varias ideas preconcebidas sobre lo que es una buena vivienda.

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Lo trascendente no depende del tamaño. Esta pequeña casa aspira a conectar a sus habitantes con el misterio del mundo. En ella pueden disfrutar de vistas del cielo ininterrumpidas por otras edificaciones, apreciar el paso de las estaciones al ver cómo la trayectoria del sol altera las sombras que el lucernario proyecta sobre las desnudas paredes de hormigón, o sentir la fuerza de una tormenta contra su cubierta como si estuviesen en una cabaña perdida en el bosque.

Esta casa con un techo plano y bajo a duras penas sería habitable. Es la generosidad espacial (altura y volumen) la que hace tolerables unos espacios tan reducidos.

Con tan poco espacio sólo puede mantenerse lo esencial. Prescinden de la “Sala de Estar”. No hay sofás ni butacas. El espacio de convivencia vuelve a ser la mesa de la cocina. Pero no prescinden de un diminuto vestíbulo que sirva como filtro entre el exterior y la intimidad del hogar (mientras que en buena parte de los apartamentos contemporáneos se accede directamente a la sala de estar). Ni de tener una bañera exterior (además de una ducha) en la que disfrutar de un placer que consideran irrenunciable. Ni de sus 300 discos (cuando una suscripción a Spotify podría ahorrarles un precioso espacio de almacenamiento).

La casa es una caja y no un estuche (o “no sobre-diseñarás”). En muchas casas “de arquitecto” y en casi todos los ejemplos de micro-viviendas que pululan por las revistas del ramo, la destreza del diseñador se demuestra en su habilidad para plantear elementos de doble función (muebles escamoteables, muebles convertibles, particiones móviles…) y aprovechar cualquier rincón (camas sobre un baño, colgadas…), buscando al mismo tiempo un total control formal del espacio y acabados que deben aparecer lo más puros y abstractos posibles, sin rastros de las manchas de la vida.

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Hosaka podría perfectamente haber construido un altillo para el dormitorio y explotar funcionalmente el espacio de una forma “más eficiente”. Pero es precisamente su capacidad de retener lo esencial y prescindir de lo accesorio lo que le permite tener una casa relajada, sin excesos de diseño. No se molesta en ocultar la cocina o esa vulgar lavadora que queda en el corazón de la casa. No hay sofisticación alguna en el diseño de un mobiliario que se reduce a pequeños nichos en la estructura de hormigón.

Con una sección abovedada que evoca una capilla moderna (o una cueva) y un lucernario que la vincula con el cielo y los elementos,  la magia de esta pequeña casa está precisamente en el contraste entre un espacio de geometría casi sagrada y una ocupación desinhibidamente doméstica del mismo. Es una casa a la vez humilde y trascendente.

3 comentarios en “Lecciones de una casa diminuta

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