Categoría: discos

El hombre misterioso

Uno de los primeros discos africanos que, para entendernos, podía escuchar como si fuesen los Clash, fue la reedición de las casetes de Etoile de Dakar. Ver que, más allá de las diferencias de idioma y cultura, aquello era una música tan juvenil, desinhibida y desbordante de energía como el rock and roll, que por aquel entonces monopolizaba mi atención, fue toda una revelación.

Aunque mis favoritos fuesen otros (Jalo, My Wa Wa, Xalis…), enseguida me intrigó un tema titulado “El hombre misterioso” y cantado en un macarrónico afroñol que me recordó cómo el “you-ain’t-no-friend-of-mine” del “Hound Dog” de Elvis se transformaba, cuando lo aullábamos de niños, en “yuéi-no-pueido-más”.

El mismo entusiasmo que nosotros teníamos por una música cuyas letras no entendíamos, pero berreábamos-el rock and roll-, atrapó a la juventud africana de los sesenta, que veneraba a Beny Moré, el Trio Matamoros y demás clásicos de la musica negra del otro lado del charco, y muy especialmente, cubana. En su caso, además, la afinidad cultural era mayor, ya que aquellos músicos de ultramar, descendientes de esclavos africanos, compartían, a veces literalmente, su ADN.

Con el tiempo, fui encontrando numerosos ejemplos de este ir y venir entre África y América, pero “El hombre misterioso” fue el primero, y me permitió intuir la maraña de influencias entre culturas musicales que tendemos a ver como compartimentos estancos (quizás otro día podamos ver algún ejemplo del proceso paralelo Caribe-Europa, del Son a la Rumba Catalana, del “Qué Mala Suerte la Mía de “El Jibarito de Lares” al de “Los Amaya”; o de la influencia de James Brown o el reggae en el afro-pop).

Y volviendo a Etoile de Dakar, aunque hoy en día el grupo sea recordado sobretodo por contar con un bisoño Youssou N’Dour en sus filas, la realidad es que era un colectivo de entre diez y quince músicos  desbordantes de talento- Eric M’Backe N’Doye, era nominalmente el líder del grupo y canta está canción, y El Hadji Haye, con la escisión Etoile 2000, creó el tema por excelencia de la música de garaje africana, “Boubou N’Gary”-:

Hace unos meses, mi amigo Pit me envió desde la República Dominicana la versión original del tema, interpretado por el Dúo Los Ahijados (los hermanos Cuco y Martín Valoy), lo que me permitió entender que “p’alantero” era “parrandero”, que el son no sólo se toca en Cuba, y que el hombre misterioso era el autoproclamado “Rey de las Mujeres”:

afro in(s)tro

Pese a lo difícil que resulta encontrar piezas instrumentales en la música popular africana, la desaparición de los elementos que nos son más evidentemente ajenos (voces, acentos, idiomas) tiene el efecto de amplificar lo que nos resulta más familiar y las convierte en una posible puerta a ese universo.

Elegidos con la idea de mostrar que, si se escuchan sin prejuicios, el highlife nigeriano, la rumba congoleña o el mbaquanga y ska surafricanos pueden sonar casi tan próximos como el reggae o el blues, propongo esta pequeña selección de instrumentales:

1. Exhibition Dechaud- Doctor Nico & African Fiesta Sukisa (1967) 

Kasanda wa Mikalaya, el Dr. Nico,  se exhibe acompañado de su hermano Dechaud, que compuso el tema. Por algo sus paisanos zaireños le llamaban  “Dieu de la guitarre”:

2. Merengue Sposa- Chief Stephen Osita Osadebe (1996) 

Uno de los reyes del highlife nigeriano es otro doctor, “el de la hipertensión”, y aquí lo tenemos ya septuagenario pero conservando el buen humor de siempre y aprovechando un descanso en su gira norteamericana para grabar el fenomenal “Kedu America”.

3. Pachanga Maria- Os Bongos (1975) 

Una de sus dos piezas en el mítico elepé recopilatorio “Rebita 75”.

4. Midnight Ska- Reggie Msomi´s Hollywood Jazz Band (1965) 

Este grupo de nombre imposible nos ofrece un auténtico ska sin  nada que envidiar a sus modelos jamaicanos: 

5. Sobabamba- Udokotela Shange Namajaha (1985) 

Desde las Townships de Soweto, una muestra del tipo de ritmos que inspiraron el Graceland de Paul Simon 

6. Bleida- Nayim Alal (1998) 

Guitarras eléctricas desde un campamento saharaui. 

7. Mother’s love- Tsegue Maryam Guebrou (1963) 

Meditación al piano de una monja multi-instrumentista etíope. 

8. Kadia Blues- Orchestre de la Paillotte (1968) 

Instrumental guineano digno de acompañar un funeral. 

9. Merengue Fafa- Orchestra African Jazz & Manu Dibango (60’s) 

Y cerramos el círculo con el Dr. Nico y su banda acompañados de Manu  “Ma-ma-ma. Ma-ma-ma, ma-ma-ma-ko-ssa…” Dibango.

Enlace a la lista de reproducción completa (por desgracia, no todo está en youtube, y la última tuve que subirla yo mismo al grooveshark…):

http://grooveshark.com/#!/playlist/frica+Instrumental/77520192

Nota:

Para los que hayan disfrutado con la pequeña selección, los discos de los que están sacados estos temas, son de lo más recomendable:

Golden Afrique vol. 2 (Network, 2006)

Kedu America (Xenophile,1996)

Rebita 75

Township Jazz’n’Jive (Nascente, 1997)

The Indestructible Beat of Soweto (Eartworks, 1985)

The Rough Guide To The Music of the Sahara (World Music Network, 2005)

The very best of Ethiopiques (Manteca, 2007)

Golden Afrique vol. 1 (Network, 2005)

Mbuki Mvuki (Original Music, 1993)

 

Motorvatin’

Además de la fiesta del sábado noche y la resaca del  domingo por la mañana, el sexo, el “nadie-me-comprende”, las mariposas en la barriga y el “mi-chica-me-ha-dejado” , o el “acabo-de-cobrar-y-me voy-a-divertir” destaca entre los grandes temas del rock´n´roll clásico el culto al automóvil como concepto (velocidad, libertad, estatus…) y como lugar (donde tener  escarceos amatorios o bajarse un paquete de cervezas mientras se circula dejándose ver ante bandas rivales y “fichajes” femeninos).

Dado que es un fenómeno tan amplio  (carreras de hot-rods,  drive-ins, odas a la carretera como evasión…), la lista de reproducción de hoy se limita, sin ninguna pretensión de exhaustividad, al subgénero de canciones que contienen en su título el nombre de alguna marca concreta.

“T-Model Blues”- Lightnin´Hopkins. (Gold Star, 1949)

Nada mejor para empezar que un poco de prehistoria con un blues tejano sobre el primer automóvil producido en serie: el mítico Ford T.

 “Cadillac Boogie”-Jimmy Liggins. (Specialty, 1954)

Un jugoso jump-blues recordado hoy sobre todo como inspiración directa del “Rocket 88” de Jackie Brenston & his Delta Cats, eterno contendiente al título de primera canción de rock´n´roll de la historia.

“Red Cadillac and a Black Moustache”– Warren Smith (Sun, 1957)

A diferencia de Perales, Warren Smith sabe perfectamente a qué dedica el tiempo libre ese cabrón de ojos azules, bigote negro y cadillac rojo que se lo ha robado todo.

“Cadillac”-Bo Diddley. (Chess, 1960)

Aunque muchos lo infravaloren  por sus guitarras cuadradas, su indumentaria extravagante y su carácter afable, Bo Diddley,  siempre acompañado por Jerome a las maracas, es un auténtico gigante de la música negra del siglo pasado, responsable, entre otras cosas, de “inventar” un ritmo inmortal (que se puede oir en canciones como el “Not Fade Away” de Buddy Holly). Aquí nos deleita con  una estupenda oda al coche más codiciado por los roqueros: el  C-A-D-I-L-L-A-C.

Cadillac  Man”-The Jesters. (Sun,  1966)

Uno de los últimos grandes singles de Sun Records perpetrado por el grupo del hijo del jefe, Jerry Phillips, y el legendario en según qué círculos Jim Dickinson.

From a Buick 6”- Bob Dylan (Columbia, 1967)

El joven Dylan, recién electrificado, circula a toda pastilla por la autopista 61 en su Buick asociando libremente imágenes y palabras.

Mercedes Benz”- Janis Joplin (Columbia, 1970)

Janis, prácticamente a capella y en una sola toma, fantasea con la compra de un Mercedes que le permita afirmarse frente a los Porsches de sus amigos. ¡Caramba con los jipis!

Azda”- Franco & Tout Puissant OK Jazz (African/Sonodisc, 1973)

Aquí hago trampas ya que el título de la canción hace referencia no a una marca sino a una cadena de concesionarios, pero el estribillo deja claro que no hay nada mejor que un “Vey-Wey, Vey-Wey, Vey-Wey, Vey-Wey “ (VolksWagen), disponible en Azda. Un jingle que es a la vez un clásico de la rumba congolesa y gracias al cual cada uno de los veinticuatro miembros del todopoderoso OK jazz se convirtió en feliz propietario de un flamante Passat.

Cadillac  Walk”- Mink de Ville (Capitol, 1977)

Siempre he sentido debilidad por el soulero debut del difunto Willy de Ville, un pequeño clásico ajeno al ajetreo punk que lo rodeaba, con canciones tan memorables como ésta o el inmortal “Spanish Stroll”.

Dodge-Vedge-O-Matic”-Jonathan Richman & The Modern Lovers (Beserkley, 1977)

El eterno enamorado del mundo moderno (para muchos más conocido como el juglar de “Algo pasa con Mary”) celebra  en este desquiciado rockabilly la visión de su Dodge pudriéndose en el aparcamiento.

Joe Stalin’s Cadillac”- Camper Van Beethoven (Pitch-a-Tent, 1986)

El puente, ¿dónde demonios se ha metido el puente?  No lo busques en esta canción, es de las pocas que no lo tienen.

God’s Camaro”- Wussy (Shake It, 2007)

Sólo a Wussy se les ocurre asociar a Dios con uno de los coches norteamericanos más horteras de los ochenta para dar título a esta poética canción.

 

LISTA DE REPRODUCCIÓN COMPLETA:

http://grooveshark.com/#!/playlist/Motorvatin/77096632

Nota 1: Ya sé que me he dejado “Que difícil es hace el amor en un Simca 1000” y “Cadillac solitario”

Nota 2: Me da cierta rabia que por la regla auto-impuesta para seleccionar las canciones no haya podido incluir “Maybellene”  o “No Particular Place to Go” de Chuck Berry, que tanto aportó al género, por lo que titulo el post con una de sus fabulosas invenciones lingüísticas.

Krautrock Sampler

Por un increíble golpe de suerte, conseguí hace un par de semanas, en la librería inglesa de Gracia de segunda mano, el mítico libro de Julian Cope sobre Krautrock por menos de 5 euros. Aunque el género no me atrae demasiado (las epopeyas de una cara completa de elepé siempre me han tirado para atrás, y nunca he buscado que la música me ayude a viajar astralmente), me picó la curiosidad y como me constaba que andaba bastante buscado en según qué círculos, pensé que siempre podría deshacerme de él llegado el caso.

Es un librito pequeño, de menos de 130 páginas, que tiene ya casi 20 años (es de 1995) pero que fue el responsable de que se empezasen a reeditar todas las obras magnas de la Kosmische Musik.

Pues bien, pese a mi prevención contra el género y contra el autor-famoso por su amor por druidas,megalitos, brebajes alucinógenos y psicodelia- del que recuerdo sólo haber tenido hace años el recopilatorio “Floored Genius” (¿donde andará?) de las que me gustaban “Reward” y “Beautiful Love” con sus trompetillas, debo decir que he disfrutado enormemente la lectura del opúsculo y hasta es posible que algún día me atreva a agenciarme algún disco de Amon Duul II, Ash Ra Tempel, Neu, Faust, Can y compañía.

Tiene todo lo que un buen libro de música popular debe tener. Transmite vívidamente la pasión del autor por el género, explica su génesis, evolución y momentos estelares (desde Stockhausen,  los Monks y las base norteamericanas en la Alemania de posguerra, hasta su relación directa con Dalí o Timothy Leary). Está muy bien escrito mezclando datos eruditos, con imaginativas descripciones de la música e hilarantes observaciones estéticas/sociológicas (comparación entre el peinado de los Troggs y el de los Stooges, sin ir más lejos) y contiene una práctica guía de iniciación con 50 discos recomendados y comentados.

Ojalá tuviésemos libros parecidos sobre otros géneros  musicales.

Nota: El libro es muy “caro de ver”, pero circula por la red un pdf de fácil acceso y he visto enlaces a una lista de reproducción en Spotify con los 50 discos que Cope recomienda.Existen traducciones al francés y alemán y, si alguien se anima a editar una versión en español, me ofrezco para intentar traducir la diabólica prosa del druida.

Nota 2: Cope ha escrito también recientemente un libro semejante sobre rock japonés (Japrocksampler) y tiene en su página web “Head Heritage” interesantes guías/listas de reproducción comentadas sobre “Detroit Rock”:

http://www.headheritage.co.uk/unsung/feature/detroitrocksampler/

Y su personal interpretación de “Hard Rock” :

http://www.headheritage.co.uk/unsung/feature/hardrocksampler

Ángeles de tugurio

De todos los géneros musicales que corren por el mundo adelante, el country es quizás el más incomprendido e infravalorado. Para muchos representa lo peor de la cultura rural norteamericana (tradicionalismo, machismo,integrismo religioso, horterismo…) y aunque, con la popularidad de eso que los modernos llaman tontamente “americana”, la versión más oscura y llorona ha ganado cierta credibilidad, sigue siendo visto con  recelo y  aprensión. Reconozco que a mí también me costó mucho más entrar que en el blues, soul, funk…pero, de hecho, la música es un continuo y no una serie de compartimentos estancos (recordemos por ejemplo que el bramido de Howlin’ Wolf nació como imitación del yodel de Jimmie Rodgers, o que algunas de las primeras grabaciones de música negra incluían violines) y avanzar en su conocimiento consiste básicamente en irse desprendiendo de prejuicios. Ahora es una parte más de mi dieta musical y he pensado que una buena manera de iniciar a los más reticentes podría ser una selección de canciones “country” interpretadas por mujeres (honky tonk angels). Vamos allá:

Carter Family- “Single Girl, Married Girl” (1927)

Los pioneros de la música country ponderan las ventajas y desventajas de los diferentes estados civiles:

Rose Maddox&Brothers- “I wish I was a single girl again” (1951)

Y la conclusión a toro pasado-¡Como me gustaría volver a ser soltera!:

Kitty Wells- “Release Me” (1954)

Hay infinidad de versiones de este estándar, pero mis dos favoritas son ésta y la lectura soul de Esther Phillips:

Brenda Lee- “Jambalaya” (1956)

La pequeña (en edad, que no en voz) Brenda Lee versionando al padre de la música country, Hank Williams.El single estaba en casa de mis abuelos y, sin saberlo, fue probablemente mi primer contacto con esta música (junto a las inmortales “When it’s springtime in Alaska it’s 40 below” de Johnny Horton y  “I can’t stop loving you” de Ray Charles):

Tammy Wynette- “Stand by your man” (1968)

Esta no es precisamente feminista pero es una canción muy bonita. ¡Y no os perdáis el peinado!:

Tracy Nelson- “I fall to pieces” (1969)

La cantante del olvidado grupo de los 60 “Mother Earth”, cantaba divinamente lo que le pusiesen delante. En 1969 se animó a grabar un maravilloso disco country, acompañada por el gran Scotty Moore y D.J. Fontana, guitarrista y batería respectivamente de muchas de las mejores sesiones del rey:

(Esta no está en youtube pero si en grooveshark, ver enlace en la nota final)

Dolly Parton- “I will always love you” (1973)

Aunque en España es más famosa por su poderosa delantera y sus papeles en películas como la espantosa “La casa más divertida de Texas”, Dolly Parton es una artista de primera fila que ha compuesto cantidad de clásicos y los canta como nadie.Sin ir más lejos, “I will always love you”- sí, la de “El guardaespaldas”- que resulta intolerable en la voz de la difunta Whitney hace equilibrio sobre la delgada linea entre lo hortera y lo sublime cuando la canta su autora Dolly:

Loretta Lynn- “The Pill” (1975)

Para los que acusan a la música country de inmovilista y reaccionaria aquí tenéis una oda a la píldora anticonceptiva (y, por cierto, una de las canciones del jukebox de la tienda Sex de Malcolm McLaren en Londres, donde se formaron los Sex Pistols):

Kate&Anna McGarrigle-“Heart like a Wheel” (1975)

Llamémosle folk, country o lo que queramos, siempre vale la pena escuchar a las canadienses hermanas McGarrigle:

Alison Krauss- “I will” (1992)

No cualquiera se atreve a hacer una versión country de los Beatles y sale victorioso:

Lucinda Williams- “I Lost It”(1998)

La verdad, no sabía cual elegir, de este disco (Car Wheels on a gravel road) me gustan absolutamente TODAS:

Nota: Para su comodidad, he montado una lista de reproducción en Grooveshark. Desgraciadamente, no tenían la salvaje “I wish I was a single girl again” de Rose Maddox y sus hermanos. La versión de “Heart like a Wheel” de youtube es una maqueta de 1971, la de grooveshark es la del disco debut.

Link lista de reproducción en grooveshark:

http://grooveshark.com/#!/playlist/Honky+Tonk+Angels/75297540

Piano Azul

Los mejores recopilatorios son los que, además de entretener, te incitan a investigar  y deshacerte de algunos prejuicios.

En ese sentido, me parece ejemplar el cedé  “Piano Blues” (de la serie sobre blues de Martin Scorsese) recopilado por nada menos que Clint Eastwood. Además de reafirmar mi pasión por el profesor Pelos Largos y el Doctor Juan, me ha convertido en fan del segurata de los White Sox y pianista a tiempo parcial Jimmy Yancey, y ha atenuado mis prejuicios contra los “super-grupos”. Aquí tenemos a tres gigantes del jazz (Ellington, Mingus y Roach) que en vez de irse por las ramas con digitaciones vertiginosas y demás florituras, demuestran, tocando un blues como la copa de un pino, que  el genio puede estar en las cosas más aparentemente sencillas:

NOTA:

Si hay ganas de investigar un poco más las raíces del género, recomiendo tres estupendos discos de Yazoo Records (Juke Joint Saturday Night, Shake Your Wicked Knees, Mama don’t allow no easy riders here), antes de empezar con discos completos de Yancey, Professor Longhair, Monk, Dr. John, Otis Spann…

La edad de oro 2 (origen)

Retomando la analogía biológica, existe una tipología de aficionado a las artes que, en vez de venerar la etapa “clásica”, mitifica “los orígenes”. Su edad de oro no es la que corresponde a su adolescencia (ver post anterior)  sino la de la infancia del género objeto de su devoción. Son los apóstoles de lo auténtico. Si les gusta el jazz, opinan que vamos cuesta abajo desde que Louis Armstrong dejó la banda de King Oliver. Si son rockers, todo se jodió cuando Elvis se fue a la mili. Si les gusta el blues, adoran la imagen del esclavo cantando desgarradoramente mientras recoge el algodón.

Quizá la formulación más clara que yo he visto de esta postura se encuentra en el prefacio de la segunda edición del excelente libro de Nick Tosches “Country. The twisted roots of rock’n’roll”. Tosches desarrolla la idea de la siguiente manera: 

“Creo en el poder de los orígenes, una creencia en que, como lo expresa el Eclesiastés, “Lo que fue, eso será, Y lo que se hizo, eso se hará. No hay nada nuevo bajo el sol.”, en que lo que reclamamos como originalidad y descubrimiento no son más que aires y delirios de nuestra inocencia, ignorancia, y arrogancia; en que lo que se diga, fue dicho mejor- más poderosa, hermosa y puramente- hace mucho. La aurora de los dedos rosados de Homero es la más grande aurora de dedos rosados; la luna de dedos rosados de Safo, igual. No hay nueva sabiduría, sólo tontos que encuentran su camino a lo viejo; ni nueva poesía, sólo poetas tomando un aliento tan viejo como el tiempo” 

Siempre me han interesado mucho “los orígenes” y cuando encuentro algo que me gusta mucho, intento conocer de donde viene. Pero creo que cada vez que “un tonto” con sensibilidad emprende su camino a lo viejo, vuelve de la excursión con algo nuevo.

NOTA:

Pese a haber pasado de crápula outsider de la crítica musical a convertirse en exitoso autor de best-sellers (!), nadie ha considerado oportuno traducir al español los grandes libros de Tosches sobre música. No he leído la biografía del killer Jerry Lee Lewis, ni la de Dino, pero recomiendo encarecidamente tanto el citado “Country. The twisted roots of rock’n’roll” como “Unsung heroes of rock’n’roll”. La traducción del fragmento citado es mía y si alguien se anima a publicar alguno de ellos, aquí estoy para lo que haga falta.

La edad de oro 1 (adolescencia)

La analogía biológica aplicada a las artes (nacimiento- desarrollo-esplendor-decadencia-muerte) es un esquema reductor que señala un período concreto como el período “clásico” de una disciplina.

En el caso de la música popular, dicho período tiende indefectiblemente a coincidir con la adolescencia del escriba u oyente de turno. Para algunos no hubo momento más excitante que los inicios del rock´n´roll, para otros nada iguala “la década prodigiosa”, la energía del punk, el olor a espíritu juvenil del grunge o los inicios de la cultura rave.

La música es para muchos algo asociado a la juventud, las fiestas y las reuniones con amigo;  un entusiasmo compartido que une al grupo. Por eso, la mayoría deja de preocuparse activamente por ella cuando sienta la cabeza: el trabajo, los niños… ¿a quién le queda tiempo (y/o dinero) para invertir en música?

Quedan dos vías para ordeñar ese mercado:

La primera, esos repentinos raptos nostálgicos que permiten rentabilizar las giras de regreso de los grupos que triunfaron en su adolescencia (hombres g, por poner un ejemplo) o, peor, los musicales en que se recrean éxitos de antaño (mamma mia, por poner otro).

La segunda, exprimir a aquellos que todavía compran música como homenaje a su fijación adolescente con algún determinado artista (pasa mucho con springsteen y U2). Gente que pasa religiosamente por caja con cada nuevo lanzamiento del artista de marras o paga sin pestañear (ahora  tal vez pestañeen un poco) la morterada necesaria para verlos en el camp nou. Son el target ideal de esas infladas ediciones de-luxe que tanto se llevan ahora, con las que las discográficas intentan venderte lo mismo por tercera vez (lp, cd, edición “de luxe”). ¿De verdad alguien escucha los discos de rarezas que, en teoría, justificaron la inversión?

En las sabias palabras de la abuela de un amigo querido- refiriéndose a nuestra incorregible manía de salir por la noche-  ambas vías me parecen “una pérdida de tiempo, dinero y categoría”. Para mí, hay buena música en todas las épocas y está por todas partes: en la red, en la banda sonora de una película, en un anuncio…sólo hay que abrir las orejas y, cuando se presenta, no dejar que se escape.*

* aún lamento no haber preguntado cual era la maravillosa música hawaiana que acompañaba una de las animaciones de Kentridge en la retrospectiva del Macba de hace años.

“Pastuqui” para todos (los gustos)

Como no se habla de otra cosa, por lo menos que sea con ritmo. Ahí va una lista de reproducción de grandes canciones relacionadas con el vil metal:

Brother can you spare a dime?”-Bing Crosby (1932)

El himno oficioso de la gran depresión en Estados Unidos: ¿Hermano, puedes darme diez centavos?:

Poor but ambitious”- Wilmoth Houdini (1940)             

Me recuerda el mítico diálogo de mi abuelo con unos gilipollas a la entrada del colegio:

-Juan, ¿tú de quien desciendes?

– Yo no desciendo,  yo asciendo

( de ésta no he encontrado enlace en youtube, sólo en grooveshark)

Your cash ain’t nothing but trash”- The Clovers (1953)

Un clásico del R&B. Tu dinero no vale una mierda:

“Money”- Barret Strong (1959)

Obvia, pero no podía faltar: “The best things in life are free but you can give ‘em to the birds and bees…I want money”. Toda una declaración de principios!:

 Shake you moneymaker”- Elmore James (1961)

¡Menea esa máquina de hacer dinero!:

Blue Money”- Van Morrison (1970)

El fotógrafo sonrie, el cámara sonrie, y el dinero azul que el cantante quiere ir a gastarse con su chica parece ser el que ella ha ganado con sus posados (¿desnuda?). En todo caso, una gran canción:

(esta no está en la lista del grooveshark…)

Money”-Horace Andy (1974)

Siempre nos quedarán los rastas para denunciar las maldades de Babilonia/Occidente, y aclararnos que es el dinero la raiz de las mismas (…money, money, money, money, money,  is the root of ALL evil):

Free Money”- Patti Smith (1976)              

Siempre me ha gustado ese crescendo desde el pianillo inicial hasta el rocanroll desbocado final:

Take the cash (K.A.S.H)”-Wreckless Eric (1979)

Además de la inmortal “Whole Wide World” debemos a Eric Goulden este himno oficioso de los autónomos: ¡Pilla la pasta en efectivo!:

Money”-The Flying Lizards (1979)

Esta va por Begoña:

L’argent appelle l’argent”- Pamelo Mounk’a (1981)

Una gran canción de uno de los cantantes de los muy reivindicables Bantous de la Capitale congoleses. Ya iba tocando poner algo africano:

Knocking”-Carolina Chocolate Drops /Luminescent Orchestrii (2010)

A veces es buena idea juntar dos bandas (aconsejo agenciarse el EP). Grabada en una toma. La incluyo por el pegadizo estribillo “Show me the money, show me the money…”:

NOTA:

Lista de Grooveshark (falta el “blue money” de van morrison):

http://grooveshark.com/#!/playlist/Pastuqui+Para+Todos+los+Gustos/70706107

¿Aló?

Propongo una pequeña selección de canciones relacionadas con el teléfono, todas ellas anteriores a la proliferación masiva de celulares, y todas ellas muy queridas.

-“Pelo telefone”- Bahiano (1917)

El primer éxito de la samba brasileira cantado por el gran Manuel Pedro dos Santos, “Bahiano”. Mira si son modernos estos brasileiros que no he conseguido encontrar más canciones con referencias al teléfono hasta 1940 (los bluesmen de aquellos años aun recibían únicamente letters de sus babies):

– “Pennsylvania 6-5000”- Glenn Miller (1940)

El título es el número de teléfono del hotel Pennsylvania de New York, que según dicen es el más antiguo de la ciudad que continúa en servicio. Muy pegadiza, hay bastantes versiones y homenajes, desde el biopic de Glenn Miller protagonizado por James Stewart (que es el enlace que incluyo aquí), hasta la cutre-comedia ochentera Transylvania 6-500 o un sampleado de Milli Vanilli (!):

-“Long Distance Call”-Muddy Waters (1951)

Muddy Waters en la cumbre de sus poderes y perdidamente enamorado hasta que una llamada de larga distancia le informa de que “hay otra mula en el establo de su chica”:

-“Memphis, Tennessee”- Chuck Berry (1958)

Gran composición de Chuck Berry en la que cuenta sus intentos por contactar, a través de la operadora de larga distancia, con una chica- Marie- que lo ha llamado pese a la oposición de su madre. Tras la larga charla con la operadora, llega la mayúscula sorpresa de la última línea. ¡Marie tiene solo 6 años y no es su amante, sino su hija!:

-“Beechwood 45789”- The Marvelettes (1962)

Uno de los más grandes “girl-groups”  (Please Mr. Postman!, Playboy!,…) de los 60 dándole a un chico tímido pero prometedor su número de teléfono para que pase a verla y la saque a bailar cuando quiera. Con invitaciones así, yo no me lo pensaría demasiado:

-“Off the hook”- The Rolling Stones (1964)

Mick llama a su chica pero no para de comunicar. ¿Qué pasa? ¿Facturas sin pagar? ¿Estará dormida? ¿Enferma? La angustia le reconcome y, finalmente, prefiere ser el quien descuelgue su teléfono…¡para ponerse a leer! (No es exactamente la reacción que uno esperaría de los chicos malos oficiales de los 60):

-“Call Me”- Al Green (1973)

El rey del soul sofisticado y elegante suplicando a su chica que lo llame y vuelva a casa. Colosal (como todo el resto del disco del mismo nombre):

-“Hangin´on the telephone”- The Nerves (1976)

Popularizada por Blondie un par de años después (en el estupendo lp “Parallel Lines”) pero aprovecho este post para reivindicar a estos olvidados pioneros del Power-Pop angelino:

– “Bad Connection”- Yazoo (1982)

Y llegamos a la temible época del tecnopop, en la que, como en todas, siempre hay cosas de lo más aprovechables si se rebusca un poco. ¡A ver si arreglan de una vez el tendido para que Allison Moyet pueda hablar con su amorcito!:

-“Telephone and Rubberband”- Penguin Cafe Orchestra (1977-1981)

Totalmente instrumental pero basada en la repetición de un tono telefónico. Una delicia:

– “Answering Machine”-The Replacements (1983)           

Y para acabar, una desesperada meditación del maestro Paul Westerberg y sus Recambios, con la que cerraban su maravilloso disco “Let It Be”. ¿Como le dices te echo de menos a un contestador automático?:

Vestido amarillo de algodón

Un párrafo escaso, palabras comunes, un estribillo de una sola línea. Una canción pop redonda:

The yellow cotton dress is beautiful no doubt

but it becomes a motherfucker when you fill it out

The pillow on your side is practically brand new

But it can’t offer comfort to me until it smells of you

You’re everywhere 

The silverware you used is on the table still

Someone else will have to move it ‘cause I never will 

You’re everywhere 

Y si ya es difícil hacer una canción de este calibre, sus compañeras de disco no le van en absoluto a la zaga. Saquen esas libretas y anoten: El grupo: Wussy.  El disco: Funeral Dress (2005).

Y eso solo fue el principio. Desde entonces han sacado 4 discos más sin bajar el listón (Left for Dead, Wussy, Funeral Dress II y el reciente Strawberry, todos en Shake It Records, todos excelentes). Empezaron siendo pareja pero, a diferencia de Kim&Thurston, la ruptura les permitió componer más grandes canciones en vez de suponer el fin de la banda.

Lo triste es que semejante derroche de talento no ha impedido que Chuck Cleaver tenga que seguir picando piedra (literalmente) y Lisa Walker atendiendo las mesas de un local, que sus giras sigan siendo en furgoneta y en locales de menos de 100 personas, ni que, después de casi diez años, apenas hayan vendido 15.000 discos.

La verdad, no sé a que esperan los del Primavera Sound a traerlos.

NOTA 1: (Intento de traducción)

El vestido amarillo de algodón es bonito, que duda cabe

Pero es que cuando tú lo llenas, se sale

La almohada de tu lado es prácticamente nueva

Pero no podrá consolarme hasta que a ti huela 

Estás en todas partes 

En la mesa sigue puesta tu cubertería

Alguien tendrá que retirarla, yo jamás podría 

Estás en todas partes

NOTA 2:

“Funeral Dress” es tan bueno que aguanta una prueba más difícil que la del algodón: la del unplugged. Para celebrar el “Record Store Day” del año pasado, se armaron de cervezas y lo tocaron de principio a fin. No sé que versión de las dos me gusta más. Ahí os va la acústica, que es más difícil de conseguir (sólo se editaron 500 copias):

NOTA 3: Web de la banda

http://www.wussy.org/

Tú a Woodstock y yo a Caledonia

En teoría, odio los discos piratas. Mi primer encontronazo con este subproducto de la cultura popular fue en el instituto, cuando era fan perdido de la Velvet. Ya me había agenciado todos sus discos oficiales así como los recopilatorios de rarezas “VU” y “Another View” (a esas edades tendemos a la obsesión y al completismo), cuando un día, en el escaparate de la desaparecida tienda compostelana de electrodomésticos Daviña, vi un enigmático cd de mis artistas de cabecera. Era muy caro para mis posibilidades de entonces pero su rareza y aura de clandestinidad me atraían poderosamente. Me acercaba regularmente a ver si seguía allí, hasta que conseguí reunir el dinero (3.000 pesetas) necesario para hacerme con el misterioso disco.

Corrí a casa y lo puse. Sonaba a mierda. Versiones horrendas, prácticamente inaudibles de canciones muy queridas para mí (te gusta el feedback, ¡toma dos tazas!). Furioso con el dispendio volví a la tienda y les eché la llorada  diciéndoles que pensaba que era un recopilatorio oficial con algún defecto de fabricación ya que nadie en su sano juicio podría aguantar aquel desvarío cacofónico. Se apiadaron y me dieron un vale.

Desde entonces intento evitar tener roces con piratas (aún así, tengo el interesante “Live at Portland, Oregon” de Television y el bastante menos interesante “It´s too late to stop now” de Dream Syndicate). Durante muchos años conseguí mantenerlos alejados hasta que la lectura de “Stranded. Rock and roll for a Desert Island” e “Invisible Republic. Bob Dylan´s Basement Tapes”, ambos de Greil Marcus, pusieron muy arriba en mi lista de objetivos dos piratas de artistas que amo: Van Morrison y Bob Dylan. Se trataba de “Van the Man”, un lp de 1974, y “A Tree With Roots”, una caja de 4 cedés del 2001. Como son “caros de ver”, pasaron años antes de que los localizase a un precio asequible para mi maltrecha economía (24 euros uno, 29.95 el otro). Pero la espera mereció la pena.

Coincido con el profesor Marcus. Ninguna de las bootleg series oficiales del bardo de Minnesota (tal vez el segundo disco, el eléctrico, del “Live 66”) se acerca a A Tree With Roots, las célebres “Basement Tapes” al completo. Nunca estuvo Dylan tan relajado y juguetón, tocando versiones de todo tipo (“A fool such as I”,”Cool Water”, “The Banks of The Royal Canal”…), alterando a voluntad éxitos de su infancia (“See ya later Allen Ginsberg”, “Quit kicking my dog around”)  o componiendo algunas de sus mejores canciones (“I shall be released”, “This Wheel´s on fire”, “I’m not there”, “Sign of the Cross”,“Apple suckling tree”,“Open the door, Homer”…). Evidentemente, hay de todo, pero es uno de los discos de Dylan que pongo con más frecuencia, que es lo que al final cuenta. Un hermoso caos.

Ya sabéis, es la famosa etapa, allá por 1967, a la vuelta de la controvertida primera gira eléctrica, en que Dylan tuvo el accidente de moto, se ocultó una buena temporada en el sótano de una casita rosa de Woodstock con sus compinches de The Band, y al acabar la estancia él sacó “John Wesley Harding” y ellos “Music from Big Pink”, además de parir entre ambos el primer pirata rock de la historia “The Great White Wonder” que recogía algunas de las grabaciones del subterráneo. ¡Poca broma!, como dicen en Cataluña.

Y respecto a Van the Man el célebre pirata de 1974- que recopila material en directo en el Fillmore West, outakes de “His Band and Street Choir” y rarezas grabadas en los estudios Pacific High- ningún fan del león de Belfast que se precie, debe perderse maravillas como el instrumental de 18 minutos “Caledonia Soul Music”, la excelente versión del “Just like a Woman” de Mr. Zimmermann, o la sentida interpretación del “Friday’s Child” de su primer e infravalorado grupo Them (para mí están al nivel de los Stones de esos años).

Moraleja: Las reglas auto-impuestas están para saltárselas y me alegro de no haber respetado la de nunca más comprar un pirata.

NOTA 1:

El libro de “Invisible Republic”, de 1998, también editado como “The Old, Weird, America” en 2011 está íntegramente dedicado a las Basement tapes, con lo que probablemente constituya el récord mundial de longitud de unas notas para un disco. Es recomendable, para los fans de Dylan, por el apéndice en el que comenta brevemente canción por canción cada una de las tomas de las “Basement Tapes” y, para los fans del folk americano, por la extensa discografía final comentada.

Existe una versión anterior (e inferior) de “A Tree With Roots” en 5 cedés llamada “The Genuine Basement Tapes”. Tiene un orden diferente, alguna canción menos y, sobre todo, un sonido bastante peor. De “A Tree With Roots” existen varias ediciones (ver la página monográfica sobre piratas de Dylan bobsboots.com). A no ser que seas fetichista, es relativamente fácil descargársela de torrents y blogosferas y bajarse las portadas en bobsboots.

NOTA 2:

El pirata “Van the Man” en vinilo es bastante difícil de conseguir, pero existen varias versiones en doble CD con partes del mismo material (“The inner mystique”, “Live at Pacific High, 1971”). La pieza más esquiva es “Caledonia Soul Music”, una obra maestra poco conocida:

NOTA 3:

Para los que estén interesados en la historia de las grabaciones piratas en la música rock, hay un interesante libro del prolífico Clinton Heylin llamado precisamente “The Great White Wonders. A History of Rock Bootlegs

Calypso Exprés

El calypso, además del barco de Cousteau, es la música de Trinidad y Tobago, y algo mucho más cercano de lo que pudiéramos pensar. Propongo 10 paradas exprés (un “mini-mapa arbitrario” que diría Gary Giddins) para familiarizarse con el género en media hora escasa:

1. “Sedition Law”- King Radio (1940)  

  Un clásico intemporal. Una de esas que se te pegan al cortex y no puedes evitar canturrear. El sonido clásico del calypso, con sus características letras pegadas a la actualidad y de alto contenido político.

2. “Rum and Coca Cola”- Andrews Sisters (1946) 

Ya en 1946, los norteamericanos buscaban “inspiración” en los éxitos de Trinidad. A la canción le cambiaron una palabra aquí y allá para evitar pagar royalties a su autor, Lord Invader, que tuvo que pleitear duro para que se reconociesen sus derechos.  Litigios aparte, esta versión pop me parece estupenda.

3. “Banana Boat Song (Day O)” – Harry Belafonte (1956)     

 Fuera de Trinidad, la máxima estrella del calypso fue Harry Belafonte. Su disco del mismo nombre  (“Calypso”, 1956) tuvo un éxito arrollador, y algunos de sus éxitos reaparecen periódicamente. Los  de mi quinta conocimos esta canción por un anuncio de piña colada de una conocida marca de refrescos sin gas, otros por “Bitelchús”…Venga de donde venga, bienvenida sea.

4. “Saturday Night Blowout”- John Buddy Williams Band  (1956)    

Como buena música callejera,  me parece importante añadir un ejemplo de orquesta instrumental con público que transmita algo de la excitación del carnaval.

5. “Booboo Man”- Lord Melody (1956)    

 Increíble convertir en un gran éxito una letra sobre ser tan feo que asustas a tus propios hijos.  Cosas del calypso.

6. “Coconut Woman”- Harry Belafonte (1957)   

  Como siempre, los puristas echan pestes pero yo lo encuentro irresistible (me mata la despedida    “bye-by-by-by-by-bye-bye-by-by-by-bye”).

7. “No Crime, no Law”- Lord Commander (1959)   

Una velocidad vertiginosa comparada con el habitual “ritmo tropical” pero es que el comandante tiene algo importante que decir. Sin crimen, no hace falta ley y a las fuerzas del orden (policía, jueces…) les conviene que la delincuencia no decaiga porque ¡perderían sus trabajos!.

 8. “He no dead yet”- King Fighter (1962)   

Aunque por lo festivo de la música nadie lo diría, esta canción relata el triste episodio de peleas entre hermanos por la futura herencia en el mismo lecho de muerte de su padre.  Sólo el cantante  se avergüenza y les grita “¡Eh, que áun no ha muerto!.

 9. “If you want to be happy”- Jimmy Soul (1963)    

 Uno de los grandes éxitos de los 60 que, por lo familiar, tardé mucho en identificar como calypso.  Una vez más, rabiosamente deslenguado (“Si quieres ser feliz para el resto de tu días, cásate con una mujer fea…”). Lo incluyo, más que por su calidad, como ejemplo de que no hace falta buscar calypsos “en montañas muy lejanas ni desiertos muy remotos” porque a veces el ritmo se mete de lleno en el “hit-parade”.

10. “Congoman”- Mighty Sparrow (1964)   

“Envidio al Congoman porque come hasta inflarse la barriga y yo aún nunca he probado carne de blanco”.  El Poderoso Gorrión nos proporciona el antídoto perfecto a la corrección política con esta oda al canibalismo inter-racial.

Nota 1: 

Como no me aclaro mucho con la tecnología, he montado una lista en grooveshark con la secuencia completa: http://grooveshark.com/#!/playlist/Calypso+101/69410802   Espero encontrar pronto alguna forma más sencilla de compartir la música de la que hable. 

Nota 2: 

Para los que tengan ganas de profundizar un poco más, 4 de estos 10 temas están incluidos en el CD “Calypso Awakening” de Smithsonian/Folkways que recopila varios elepés de Cook Records de finales de los 50-principios de los 60. Junto a “Calypsos From Trinidad: Politics, Intrigue and Violence in the 1930’s” de Arhoolie Records, me parece una buena introducción a este ritmo. Y si el gusanillo sigue picando, hay varios cedés excelentes de Rounder Records con grabaciones históricas (“Calypso Breakaway”, “Calypso Carnival” y “Calypso Pioneers”) antes de empezar con discos enteros de algún artista (“Mighty Sparrow vol.1”, Ice Records). Para los que “naden en ambulancia” hay una documentadísima (incluye un excelente libro de 316 páginas) pero un pelín excesiva, caja de 10cds “West Indian Rhythm” de Bear Family. Yo conseguí la mía a 1/3 del precio después de rebuscar durante años en ebay. 

Nota 3:  

Como sucede con algunos jazzmen (Duke Ellington, Count Basie, Earl Hines, Nat King Cole…), músicos africanos (Chief Stephen Osita Osadebe, King Sunny Ade…) y raperos ( GrandMaster Flash, Notorious Big…),  llama la atención el amor de los calypsonianos (Lord por aquí, Mighty por allá..) por ponerse apodos “molones” que aludan a la aristocracia u otras formas de poder. 

Mesié Dipón, pionero de la aviación

Pocos de los personajes que poblaban nuestra infancia permanecen y, de entre esos pocos, aún menos siguen presentándose regularmente tantos años después. Pero cada Navidad, justo cuando acaba el año y la ingesta etílica alcanza el nivel preciso, aparece puntual Mesié Dipón, un niño aventurero y malcriado que un día buen día compró un globo aerostático, intentó dirigirlo únicamente con aire e, ignorando las súplicas de su madre y la presencia de una comisión venida ex-profeso desde Antequera, se negó en redondo a pisar tierra firme hasta haber alcanzado el peñón de Gibraltar.

Tardé bastantes años en saber que Mesié no era el nombre de nuestro héroe, sino “Señor” en francés, lo que contradecía la idea que me había hecho de su edad, y no fue hasta  ayer mismo que,  gugleando “Antequera+ globo+peñón de Gibraltar” encontré la encantadora guaracha “Adiós Lucrecia”, que canturrea el inefable Pedro Infante mientras conduce su descapotable al inicio de la película “Escuela de vagabundos”. Tras unas estrofas en las que habla de Lucrecia, Venecia y las noches de cabaret, parece pasar a una canción diferente y el súbito reconocimiento me hizo dar un respingo: 

Santos Dumont, Santos Dumont

Inventó  un globo

que pensaba dirigir con aire solo

sentado en su silla estaba

pa’ tomar la dirección

y cuando más alto estaba

su  papa le preguntó:

hey Dumont ¿ bajas o no?,

¡no, no y no!

 

Baja Dumont, baja Dumont

Que aquí te espera

La comisión que ha de llevarte

a la Antequera.

 

Que se vaya donde quiera

que no me pienso bajar

que me pienso dirigir

hacia el peñón de Gibraltar.

Ahí estaban los escenarios y personajes principales. Estaba el peñón de Gibraltar y estaba también Mesié Dipón sólo que, en vez de comprar el globo, lo había inventado, la comisión no venia de Antequera sino que se dirigía allí, y era su papá en vez de su mamá quien le preguntaba. Pero la respuesta no variaba: ¡no, no y no!

La canción fue compuesta por Fernando Estenoz y Antonio Medina, del trío Avileño (de Ciego de Ávila, México; que no del Ávila castellana) y la versión que inicia la película se grabó el 15 de Febrero de 1955 en los estudios Peerles de México DF. Sigo buscando versiones anteriores, y sigue intrigándome la querencia de los abulenses mexicanos por la toponimia española  pero, al menos, la misteriosa identidad de Mesié Dipón se había desvelado. No era otro que Alberto Santos Dumont (1873-1932), el gran pionero brasileño de la aviación moderna al que muchos dan preeminencia sobre los mismísimos hermanos Wright.

Nota 1:

Esta pequeña pieza de arqueología pop está dedicada a mi queridísimo tío Calo, que cumple hoy años, y que entre muchas  cosas de las que realmente importan, como jugar al fútbol o al ajedrez, nos enseñó la canción de Mesié Dipón.

Nota 2:

Link de la pieza musical:

John Storm Roberts, un pirata bueno

Había piratas malos, como Patapalo, que comía pulpo crudo y bebía agua de mar, y piratas buenos, como John Storm Roberts, que odiaba la cocina de fusión y, en vez de oro o piedras preciosas, robaba canciones.

Su botín provenía de compatriotas al servicio de su majestad, pioneros en el registro de la cultura popular, como Hugh Tracey, del que sustrajo, entre muchas otras perlas, “Chemirocha”, la oda de unas obnubiladas adolescentes kipsigis de Kenya al gran Jimmie Rodgers, el vaquero tuberculoso que cantaba el blues con un inolvidable yodel tirolés.

O del hit parade local, del que afanaba pepitas con las que traficar más tarde, como las inmarcesibles “Malaika” y “Pole Musa” o la tronchante versión de “La Bamba” que distrajo mientras trabajaba de incógnito como reportero del East African Standard  en Nairobi, en plena beatlemanía.

O, como buen caballero de fortuna, conseguía que patrones como Nonesuch Records le financiasen campañas de pillaje en las islas caribeñas en las que se encargaba personalmente de recoger la música callejera de La Española o de Jamaica.

Detestaba el “tandoori con ketchup” (fusiones tipo “Flamenco + Mali”) pero no era un purista adorador del folclore ni un apóstol de la autenticidad. Le interesaba tanto entender por qué en Hawaii se cantan plenas portorriqueñas (¡el “Que mala suerte la mia” que aquí conocemos por los Amaya!) como el último hibrido surgido de interpretar la tradición musical somalí con organillos casio baratos.

Consideraba que la música, incluida esa que llaman “culta”, es siempre mezcla de influencias externas con tradiciones existentes, como lo demuestra la “Marcha turca” de Mozart, y que quejarse, por ejemplo, de la “occidentalización” de la música africana pero no de su “arabización” porque sucedió hace siglos en lugar de décadas reflejaba una visión histórica muy limitada.

Sus sesudos ensayos (“Black Music of Two worlds”, “The Latin Tinge”, “Latin Jazz. The First of Fusions”) le convirtieron en una referencia en los círculos de iniciados, pero su estética se transmite con mucha mayor fuerza a través de las recopilaciones que publicó desde su sello Original Music. La selección y las agudas notas permitían familiarizarse con la música de los diferentes lugares (“The Kampala Sound”, “The Sound of Kinshasa”, “The Sound of Tanzania”, “Songs the Swahili Sing”…), algo harto difícil ya que, como aclaró en una entrevista, “la música NO es el lenguaje universal: “….intenta poner un disco chino en una emisora country de Nashville y verás qué pasa”.

Que culturas musicales lejanas en el tiempo o en el espacio dejen de sonar extrañas requiere ciertamente un esfuerzo, pero con guías como JSR (o Allen Lowe, del que espero hablar otro día), puede llegar a convertirse en un adicitivo placer.

Murió el año pasado, a los 73 años, pobre y enfermo, porque, como relata en las tristes palabras con que presentó la reedición en CD del seminal “Africa Dances”, ignoró la regla de oro de Agatha Christie: “nunca seas el primero”. Fue el primero en hacer una recopilación de Taarab, el primero en recuperar las fusiones del highlife ghanés y nigeriano con el rock’n’roll y el funk….y siguió ese “camino directo a la bancarrota que consiste en poner a disposición de la gente semejante variedad de música genuina”.

Era un pirata que no pagaba a los músicos que recopilaba (como Harry Smith con su “Anthology of American Folk Music” o Alan Lomax, por poner precedentes ilustres), pero no ganó dinero con ello y, en cambio, consiguió inocular el amor por estas músicas (“other people´s music”), y crear para ellas un modesto mercado, en el que otros sellos sí pueden vender discos a una escala razonable, rastrear el paradero de los artistas para pagarles royalties, y a veces incluso resucitar las carreras de figuras olvidadas.

Nota 1:

Los Lps y cds originales (de “original music”, porque eran piratas, de ahí el título de este homenaje) son ya difíciles de encontrar pero la blogosfera permite acceder a buena parte de su catálogo. Recomiendo empezar por “Africa Dances” y “Mbuki Mvuki”, los más variados del lote, y proceder a partir de ahí. Y como es de bien nacidos ser agradecidos, es obligado reconocer que fue el gran Robert Christgau el que me puso sobre la pista de Roberts.

Nota 2:

Los entrecomillados no acreditados son extractos de la entrevista para “Perfect Sound Forever” de Febrero de 1997

Nota 3:

Llevo años detrás de una conferencia de JSR editada en cassette  (y en algún sitio he leído que también en cd) llamada “Afro-Cuban comes home” sobre la relación entre la música caribeña y la africana. Si alguien tiene una copia, agradecería eternamente que se pusiese en contacto conmigo.