Autor: iago lópez

La Trufa

La trufa_exterior

Al escribir la entrada sobre rocas integradas dentro de casas (“Estorbos 2”) recordé el célebre proyecto «La Trufa” de ENSAMBLE STUDIO que, en pocas palabras, consiste en disfrazar de roca -mediante un proceso que incluye la intervención de una excavadora, una vaca y el paso del tiempo- la abstracción de una vivienda mínima de Le Corbusier (el Petit Cabanon) con la intención de crear una especie de cueva “chic” que sirva como pabellón de invitados de una casa situada en un idílico paisaje de la Costa da Morte gallega.

Desde que vi el vídeo del proceso de creación  -que considero el principal producto de esta intervención- y busqué por la red plantas y fotografías de la obra, el “pedrolo” habitable me persigue y ha conseguido incomodarme hasta el punto de que me ha parecido necesario sentarme a intentar averiguar por qué.

Parece claro que lo importante aquí es más el proceso que una realidad construida cuyo exterior es una piedra falsa, y cuyo interior remite en mayor medida a una habitación de hotel “de diseño” que a la obra de Le Corbusier que cita como legitimación, o a un espacio auténticamente telúrico (pensemos en el proyecto para Tindaya de Chillida o en la casa propia del arquitecto mexicano O’Gorman).

La prueba de que el proceso es lo que realmente cuenta la tenemos en que tanto el cuidado vídeo como los didácticos dibujos y la memoria que ilustran el proyecto en la web del estudio insisten mucho más en el cómo que en el qué.  Es más importante conocer el nombre de la vaca –Paulina-, lo que engordó -salió del experimento con 300 kilos- y el tiempo -1 año- que le llevó zamparse los 50 metros cúbicos de balas de  paja que hacen de encofrado perdido, que la búsqueda del nuevo tipo de espacio que podría haber surgido de una ingeniosa ocurrencia constructiva cuya fuerza queda, en mi opinión, totalmente diluida por el convencional interiorismo.

 La trufa_interior

Y resulta que la gracia de un proceso constructivo que podría haber sido de baja tecnología y consumo energético, en plena sintonía con el austero espíritu de los tiempos actuales, queda arruinada por la violenta acción de la excavadora necesaria para colocar y retirar la tierra que le sirve de encofrado exterior, ya que si, por ejemplo, éste hubiese sido también de balas de heno, con la vaca habría bastado tanto para vaciar el interior de la piedra como para liberarla exteriormente.

Creo que mi desazón responde, en resumidas cuentas, a que ni el proceso ni el espacio resultante son todo lo radicales y rigurosos que podrían haber sido, por lo que una cantidad ingente de energía se ha derrochado en crear la imitación de una piedra que a su vez contiene la «interpretación» de una modesta -pero canónica- obra de la arquitectura moderna engalanada de habitación de hotel “de revista”.

El ruido eterno

El ruido eterno_ Alex RossAcabo de terminar “El ruido eterno. Escuchar al siglo XX a través de su música” y, aunque hace ya cuatro años que se publicó y lleva varias ediciones, me parece importante sumarme al prácticamente unánime coro laudatorio para animar a aquellos que también lo dejaron pasar en su momento a que se hagan con un ejemplar y se sumerjan en las fascinantes historias de la música clásica contemporánea.

Entre estas historias están la de lo duro que era ser músico bajo las dictaduras estalinista y nazi o bajo la lupa de McCarthy, la del doble abucheo a Stravinski en el Théâtre des Champs Élysées  -primero por ser demasiado radical y cuatro décadas más tarde por no serlo lo suficiente-, la de como el pionero de la música atonal Schoenberg intentó componer bandas sonoras y nunca fue más feliz que cuando escuchó su música en la radio de un bar de autopista, la del origen de la música de los westerns, la devoción de Gershwin por Alban Berg, las preferencias sexuales de Britten (y muchos otros, es un tema central para Ross) o la de como Kurt Weill acabó hasta la coronilla de Brecht.

El relato de la evolución formal, que desconocía por completo, es un espejo de lo que sucedía en las artes visuales y el autor consigue evocar a la perfección tanto la frenética y tortuosa búsqueda del último grito  (véase “El puño invisible” y “Las aventuras de la vanguardia”) como la recurrencia de la tradición y la maraña de relaciones e influencias entre músicos y escuelas aparentemente opuestos.

Y es que Alex Ross se propuso nada menos que explicar la música clásica del siglo XX tanto como disciplina artística como en su interacción con la realidad y circunstancias históricas, abordándola “desde múltiples ángulos: biografía, descripción musical, historia social y cultural, evocaciones de lugares, política en estado puro, relatos de primera mano de los participantes”.

Pero creo que su intención fundamental es la de divulgar la música que ama y, aunque al definir ciertos pasajes sonoros recurra a un lenguaje técnico, siempre se cuida de complementarlo con metáforas que permitan que los legos en el tema nos hagamos una idea de a qué rayos suena la pieza en cuestión. De hecho, una ventaja de Ross como guía para los que venimos del rock and roll es que también conoce profundamente la música popular -a muchos les sorprenderá saber que en su día contribuyó a la fenomenal guía “Spin Alternative Record Guide” (en la que además cita entre sus discos de cabecera a Pere Ubu, Sonic Youth, los Smiths o Minor Threat)- lo que le permite explicar por ejemplo los ritmos sincopados de “El Pájaro de Fuego” como el “pum pu-pum pum (chas) pum pum de Bo Diddley”.

En fin, una lectura apasionante que consigue plenamente su ambicioso objetivo de contar el siglo XX a través de la música clásica y -lo que es más importante para los amantes de la música popular- logra acercarnos a un mundo que creíamos lejano pero que tiene una relación sorprendentemente directa con “las afinaciones microtonales de Sonic Youth, los opulentos diseños armónicos de Radiohead, las indicaciones de compás rápidamente cambiante del math rock y de la música dance inteligente, los arreglos orquestales de Sufjan Stevens y Joanna Newson: todos ellos prosiguen esa conversación, que viene de antiguo, entre tradiciones clásicas y populares”.

Nota:

Mi enhorabuena al traductor Luis Gago. Debió de ser un trabajazo conseguir la invisibilidad.

Nota 2:

No hay mejor prueba de su vocación divulgativa que el hecho de que Ross montase unas audio-guías con fragmentos musicales de las piezas a las que hace referencia en cada capítulo (http://www.therestisnoise.com/audio/)

En una isla desierta

Stranded_Greil MarcusLa clásica pregunta de ¿Que disco te llevarías a una isla desierta? sirvió de excusa a Greil Marcus para pagar bien a sus amigotes por escribir un texto largo sobre el disco que les apeteciese. Como contaba entre sus amistades con la aristocracia de la crítica rock de la época (Lester Bangs, Nick Tosches, Ellen Willis, Robert Christgau…) le salió un libro (“Stranded. Rock and Roll for a Desert Island”) la mar de apañado con interesantes textos sobre los Ramones, Little Willie John, Captain Beefheart, los Five Royales o la Velvet (aunque no podía faltar el pringado de turno que prefirió llevarse a Jackson Browne o los Eagles).

En todo caso, lo más interesante del proyecto es que, como editor, decidió que, dado que las elecciones de cada participante eran algo totalmente personal, “alguien” tenía que velar por preservar la tradición y la historia para que si un marciano preguntaba qué era eso del rock and roll -algo perfectamente factible una vez la NASA había enviado una canción de Chuck Berry al espacio- pudiese encontrar una respuesta aproximada. Y, con su modestia habitual, lo hizo en forma de discografía comentada (por ejemplo, explica el debut de los Stooges como “el sonido del “airmobile” de Chuck Berry después de que unos manguis lo desguazasen”) en la que, entre los clásicos indiscutibles, coloca un montón de one-hit-wonders de los que es difícil tener noticia si no se es un obseso del du-duá/doo-wop, el soul, los girl groups, el surf ,el rockabilly u otros subgéneros pop.

Él mismo reconoce que para hacer algo así hoy en día, en la era de las reediciones masivas y las obsesivas recuperaciones del pasado, necesitaría como mínimo un libro entero; pero en 1979 tuvo la valentía de despachar el primer cuarto de siglo de historia del rock and roll en poco más de cuarenta páginas. Evidentemente faltan un montón de cosas y otras son discutibles, pero para lo que sirven estas listas es para descubrir joyas perdidas del pasado y, en ese sentido, a mi me ha servido a la perfección durante muchos años.

Aprovechando las ventajas de nuestra época, en la que casi todo está accesible, he recopilado una lista de Spotify  (stranded ) con la mayoría de los singles-obviando vacas sagradas y alguna cosa simplemente inencontrable- que aparecen en su discografía.

Nota:

Años más tarde re-evaluó el proyecto, sugiriendo omisiones y, en definitiva, recomendando más música en este interesante cuestionario:

http://rockcriticsarchives.com/interviews/greilmarcus/02.HTML

Nota 2 (Octubre 2014):

Meses después, ha aparecido un blog semi-oficial (lo lleva otra persona con su autorización) de escritos de Greil Marcus. Es muy recomendable (ver enlace en la columna de la derecha) y están elaborando su propia lista «Stranded» con nuevas adiciones cada semana: http://grooveshark.com/#!/playlist/Treasure+Island+Singles/98623651

Stagger Lee

“El robo de un sombrero Stetson provoca una riña mortal. La victima se identifica como un hombre de familia”

Harry Smith resumía con su laconismo característico el argumento de esta canción basada en un incidente ocurrido en Saint Louis en 1895, y que es un ejemplo perfecto -como “John Henry”,“Hesitation Blues”, “Alabama Bound”, “Careless Love”, “Frankie&Albert”…- de lo que Luc Sante llamó “cimientos anónimos de la música popular americana”. El eco de la pelea entre Stagger/Stacker/Stacko Lee y Billy Lions/Billy the Liar/Billy the Lion resuena todavía un siglo después y creo que vale la pena recuperar algunas de sus más memorables encarnaciones.

 “Stack O’Lee Blues”- Ma Rainey (1925) 

Una versión temprana de esta pionera del blues clásico acompañada por Fletcher Henderson al piano y Coleman Hawkins al saxo.

 “Stack O’Lee Blues”- Sol Hoopii’s Novelty Trio (1926)

Los ecos del incidente llegaron rápidamente hasta Hawaii y el gran virtuoso de la guitarra Sol Hoopii se encargó de darle su mágico barniz.

 “Stackalee”- Frank Hutchinson (1927)

El mito también fascinaba a los blancos, y esta es la versión que eligió Harry Smith para su inmortal “Anthology of American Folk Music”

 “Billy Lions and Stackalee”- Furry Lewis (1927)

Estupenda lectura del gran bluesman de Memphis.

 “Stackerlee”-Mississippi John Hurt  (1928)

Otra magnífica versión country-blues.

“Stagger Lee”- Archibald (1950)

Aunque Lloyd Price se llevó el gato al agua en cuanto a ventas, y mi adorado Professor Longhair la tocó también con frecuencia, esta me parece la versión de Nueva Orleáns por excelencia.

“Stagger Lee”- Wilson Pickett (1967)

Salvaje versión soulera (para curiosos, tampoco están nada mal la de los Isley Brothers o la de James Brown)

 “Wrong ‘em Boyo”- The Rulers (1967)

Fantástica lectura jamaicana del tema que los Clash versionarían posteriormente en “London Calling” (ver más abajo).

“Wrong ‘em Boyo”- The Clash (1979)

Version del clásico de los Rulers Jamaicanos convenientemente acelerada. Según Greil Marcus, Stagger Lee es el auténtico protagonista de “London Calling” y sale- con otros nombres y caras- en “Jimmy Jazz”, “Rudie Can’t Fail”, “The Guns of Brixton” y “Death or Glory”.

“Stagger Lee”- Nick Cave & Bad Seeds (1996)

Aunque no sea santo de mi devoción, valga esta versión como prueba de que el tema sigue vivo más de un siglo después del incidente original.

Nota:

Greil Marcus dedicó bastantes páginas de su magistral ensayo “Mistery Train”  a rastrear este mito desde sus orígenes hasta “London Calling”. Debo gran parte de las selecciones de esta lista de reproducción a dicho texto así como al libreto de la reedición de la imprescindible “Anthology of American Folk Music” de Harry Smith.

Lista de reproducción completa en grooveshark (con varios jugosos extras):

http://grooveshark.com/#!/playlist/Stagger+Lee/90579290

Vista Zen

Eso tan curioso que sucede al aprender una palabra nueva- que de no ser consciente de su existencia pasas inmediatamente a encontrártela por todas partes- sucede también con las ideas.

Pierre Bonnard

Por ejemplo, la idea de que una vista es más poderosa cuando está enmarcada que cuando es indiscriminada, que aprendí de un comentario de Luís Barragán sobre la sobrecogedora experiencia de ver la cúpula de San Pedro por una mirilla, volví a encontrarla a las pocas semanas codificada como el patrón 134 (“Vista Zen”) del lenguaje de patrones de Christopher Alexander:

“Un monje budista vivía en una pequeña casa de piedra en las montañas. Lejos, muy lejos, estaba el océano, visible y hermoso desde las alturas. Pero no desde la casa misma del monje, ni desde el camino de acceso a ella. Sin embargo, frente a la casa había un patio rodeado por un grueso muro de piedra. Cuando uno llegaba, pasaba por un portón y atravesaba diagonalmente el patio hasta la puerta de entrada de la casa. En el extremo más alejado del patio había una hendidura en el muro, estrecha y diagonal. Al atravesar el patio pasaba por un punto en que su posición quedaba en línea con la hendidura y, por un instante, desde allí veía el mar. Luego dejaba de verlo en seguida y  entraba a la casa.”

 “¿Qué ocurre en ese patio? La visión del mar lejano está tan limitada que permanece viva para siempre. ¿Quién, después de disfrutarla, puede olvidarla ? Su poder no se desvanecerá. Incluso permanecerá viva hoy para ese hombre que habita allí y que la ha contemplado día tras día durante cincuenta años.” 

“He aquí la esencia del problema de cualquier vista. Es algo bello y uno quiere disfrutarla y beberla a diario. Pero cuanto más abierta es, cuanto más obvia es y más estridente, antes se desvanece. Gradualmente pasa a formar parte del edificio como el empapelado de las paredes; y la intensidad de su belleza ya no será accesible a los habitantes.” 

Y a los pocos días, en un texto del habitante de la casa en Moledo do Minho  (1964-1968) de Álvaro Siza me encontré las siguientes palabras:

“Mi padre decía que todos los que quieren hacerse una casa en la playa quieren ver el mar, es normal. Pero Siza explicaba que también era horrible ver el mar todo el día, mañana y tarde: quería crear un mundo distinto. Ahora nosotros decimos “por suerte decidimos quitar la vista”…y al final no hay nada sorprendente: la casa es interior porque representa un mundo aparte, efectivamente es una casa privada y funciona muy bien.”  Alexandre Alves Costa. Oporto 3 de Octubre de 1999

Casa Alves Costa_Fachada a las vistas potenciales

 Pero las cosas de arquitectura nunca son tan sencillas, y en una entrevista tres décadas más tarde, el gran maestro portugués hacía la siguiente reflexión:

“Una razón por la que mis primeras casas eran bastante cerradas, con un patio y pocas ventanas exteriores es porque estaban construidas en horribles periferias. Yo optaba en mis primeros años de actividad, al encontrarme en un contexto tan feo, por no abrir nunca las ventanas, intentaba crear una atmósfera autónoma en una casa, en una pequeña parcela. Después comprendí que era absurdo, porque era imposible hacer una selección y ser realista, porque cuando uno se adentra en una casa está también todo el entorno, bello o feo. Sobre esta realidad se debe trabajar.” 

Álvaro Siza, conversación con Alessandra Chemollo. Oporto, 2 de septiembre de 1994

Bibliografía:

-“A Pattern Language. Towns Buildings Construction”. Alexander, Ishikawa, Silverstein (Oxford University Press, 1977). Definición del patrón “vista zen”. El cuadro de Bonnard es el mismo que Alexander emplea como ilustración del patrón.

-“Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme, num. 159” (1983). Única fotografía que he encontrado de la única ventana al exterior de la casa Alves Costa. Desgraciadamente está tomada desde el exterior y no puede comprobarse si se ajusta al patrón de marras.

-“Álvaro Siza. Casas 1954-2004”. Alessandra Cianchetta/Enrico Molteni. (Gustavo Gili, 2004). Entrevista con Alexandre Alves Costa y fotografías actuales de la casa.

-“Álvaro Siza. Obra e Método” Jacinto Rodrigues. (Ed. Civilizaçao, 1992). Buenas fotografías de esta poco divulgada casa. 

– “Versión reducida. Fotografías de las obras de Siza, Souto de Moura y Távora”. Alessandra Chemollo. Ediciones Exposiciones. Origen de la cita final:

http://www.circulobellasartes.com/fich_libro/arch_fich_libro_16.pdf

Hey Hey it’s…

HeyHey_Lewis Stampfel Band

El septuagenario Peter Stampfel -“la única persona del mundo que ha tocado con Buckminster Fuller, Bob Dylan y Mississippi John Hurt” – sigue al pie del cañón, dándolo todo cada vez que se le presenta una oportunidad en todo tipo de formaciones y locales (yo lo vi hace unos años en el Jalopy Theater de Brooklyn la mar de entregado ante una audiencia de unas 20 personas, incluidos familiares ) y acaba de grabar -en colaboración con el polifacético (músico, comiquero, agitador cultural…) treintañero Jeffrey Lewis- uno de sus mejores discos.

Es una fantástica colección de canciones acabadas al alimón sobre temas tan contemporáneos como las declaraciones de un personaje de “Jersey Shore” o una versión de un éxito tontipop japonés, tan añejos como sus siempre irresistibles actualizaciones de olvidados clásicos populares (a los que ya dedicó  años atrás el fenomenal “You Must Remeber This…”) o tan intemporales como divertirse más que nadie o pasear al perro.

Pero los tiempos son los que son, y han tenido que autoeditarlo en una pequeña tirada de 1000 ejemplares. Mi copia me llegó hace unas semanas- ¡firmada por los dos!- y apenas ha salido del reproductor. Supongo que se acabarán pronto….

Estorbos (2). Las rocas

Además de los árboles, la otra gran víctima de la manía de “preparar” las parcelas antes de construir son los accidentes topográficos y, muy especialmente, las grandes piedras que a veces afloran en ellas. Pero también las rocas pueden ser valoradas como parte integral del paisaje aunque su preservación implique complicar el proyecto y la construcción. Veamos algunos ejemplos de arquitectura doméstica en los que esta actitud se lleva al extremo para potenciar la disolución de los límites entre interior y exterior que caracteriza eso que a veces llaman “arquitectura orgánica”.

Casa en Canoas, Río de Janeiro (Brasil)- Oscar Niemeyer (1953-1954)

OSCAR-NIEMEYER_Casa_das_Canoas_Rio_de_Janeiro-1

 Casa-de-Canoas-Rio-de-Janeiro-Brasil-Oscar-Niemeyer

Al diseñar su propia casa, Oscar Niemeyer no sólo respetó la gran piedra existente sino que la convirtió en el elemento que conecta el mundo interior (casa) con el exterior (piscina). Media piedra dentro, media piedra fuera.

Casa en Palm Springs, California – Albert Frey (1963-1964)

Albert Frey_Palm Springs 1

Albert Frey_Palm Springs 2

En la segunda casa que se construyó  en el desierto del sur de California – un refugio mínimo en la ladera que domina la ciudad-  el inmigrante suizo Albert Frey optó por una ligerísima cubierta de chapa que se apoya en una estructura mínima y en una inmensa roca que entra en la casa y ayuda a cualificar el espacio separando la zona de estar de la de dormir.

Casa Elrod, Palm Springs, California- John Lautner (1968)

John Lautner_Elrod House

lautner_elrod house 3

Para el gran Lautner, si no hay piedras a la vista, se descubren. En esta alucinante casa- residencia del villano en la película “Diamonds are forever” de James Bond – decidió excavar el terreno 240 cms para que aflorasen las rocas que permitían “convertir la casa en parte del desierto y de la propia montaña”. Una fresca cueva para un clima hostil.

Bibliografía:

– Visions of the Real: II. Modern Houses in the 20th Century. A+U October 2000 Special Issue.

– Aprendiendo de todas sus casas. Iñaki Alday/José Llinás/José A. Martínez Lapeña/Rafael Moneo. ETSAV/Edicions UPC, 1996.

– Palm Springs Weekend. The architecture and Design of a Midcentury Oasis. Alan Hess/Andrew Danish. Chronicle Books, 2001.

-John Lautner, Architect. Frank Escher.  Princeton Architectural Press, 1998.

Estorbos (1). Los árboles

Desgraciadamente, está muy extendida la costumbre de “limpiar” las parcelas de cualquier elemento que pueda “estorbar” durante la construcción. Pero algunos arquitectos  saben que esa roca o ese árbol son parte integral de ese lugar y no dudan en retorcer, quebrar o perforar sus construcciones para poder acomodarlos. Veamos algunos ejemplos.

Edificio en la Via Marchioni, Milán. Ignazio Gardella (1949-1954)

Ignazio Gardella_Via Marchiondi 1

Ignazio Gardella_Via Marchiondi 2

El edificio incorpora, mediante quiebros y perforaciones en las terrazas, una gran acacia. La colisión naturaleza-edificio tiene aquí un cierto toque surrealista.

Caesar Cottage, Lakeville (Connecticut). Marcel Breuer (1951)

Marcel Breuer_Caesar cottage

Marcel Breuer_Caesar cottage_2

«La casa evita perturbar el paisaje. El árbol crece a través de la estructura.» (Marcel Breuer, «Sun and Shadow», 1956)

Casa Villangómez, Sa Caleta (Ibiza). José Antonio Martínez Lapeña y Elías Torres Tur. (1987-1990)

Jamlet_Casa Villangomez

El muro que cierra el patio se quiebra sutilmente hacia el interior para respetar el tronco de un pino.

Casa en Lège, Cap Ferret. Anne Lacaton y Jean-PhilippeVassal (1998)

Lacaton Vassal_Cap Ferret 1

Lacaton Vassal_Cap Ferret 2

El principio de conservar todos los pinos se respeta tan escrupulosamente que 6 de ellos atraviesan literalmente la casa.

Cañí y Negra

arrels de gracia

En el estupendo concierto de Arrels de Gracia en la calle Joan Blanques el pasado martes hubo clásicos nacionales (“Volando Voy”), mediterráneos (“O Sole Mio”) y propios (“La Moto”) pero, como buenos rumberos, no podía faltar un guiño a esa parte de sus raíces que llega hasta el otro lado del Atlántico, con una de esas canciones de mensaje profundo e universal (“Al que le pique, que se rasque”) que tan bien se dan por aquellas latitudes.

Alucino con el trasiego musical transatlántico cada vez que descubro que un clásico cañí resulta ser una versión de algún olvidado éxito caribeño. Aquí van algunos.

Antonio González “El Pescadilla”- “Sarandonga”

Uno de los padres de la rumba catalana se ventila –nunca mejor dicho- el dulce son cubano de “Los Compadres” en apenas minuto y medio y lo convierte en una auténtica bomba.

Los Amaya- “Que mala suerte la mía” (1969)

Todas las canciones de su inmortal debut “Los Amaya y su Combo Gitano” eran versiones, pero consiguieron hacerlas para siempre suyas. Para muestra, esta lectura de un tema de Odilio González  “El Jibarito de Lares”.

 Agustín Abellán “Chango”- “Al que le pique, que se rasque” (1978)

Sospecho que de él la aprendieron los chicos de “Arrels de Gracia”, pero resulta ser una versión de un merengue dominicano de Luís Kalaff. Aparece en su mítico disco “La Rumba y la Marcha”, que me costó años rastrear y del que, francamente, me esperaba bastante más.

 Lola Flores- “Que me coma el tigre” (1969)

La mujer de “El Pescadilla” ataca con salero un tema contemporáneo de la Barranquilla colombiana, compuesto por Eugenio Garcia Cueto e interpretado originalmente por Gustavo Barros y el Combo de Duque Palomino.

Nota:

He buscado bibliografía sobre “el trasiego transatlántico”, de momento con poco éxito. Tenía muchas esperanzas puestas en el sesudo ensayo de Santiago Auserón “El ritmo perdido” (Editorial Península, 2012) pero, para mi desgracia, se centra más en investigar la relación musical directa entre África y España desde la antigüedad a través de fuentes bibliográficas históricas, que en la  (para mí) más interesante África-América-España, que sucedió a mediados del siglo pasado en paralelo con la África-América-África, cuando en España flipábamos con “Maria Cristina” de Ñico Saquito y con Machín, y en el Congo hacían lo propio con el Trío Matamoros.

Respecto a la Rumba Catalana, lo mejor que he leído son los fantásticos artículos de Francisco Casavella (“La rumba que tumba” y “Estaban tomando cañas”) publicados en su día en Rockdelux y Ajoblanco, y recopilados en el muy recomendable “Elevación, elegancia y entusiasmo. Artículos y ensayos (1984-2008)”  (Galaxia Gutemberg, 2009).

Sobre el más amplio fenómeno “gypsy-soul/achilifunk”- etiqueta diseñada para incluir Andalucía y Madrid- son imprescindibles las notas que Txarly Brown escribió para su fundacional recopilatorio “Achilifunk. Gipsy Soul 1969-1979”.

Aberraciones (2)

En la fisionomía de los animales reconocemos al ser humano.

Aberraciones_Rey de Dioses Rey de los Animales

El rey de los dioses griegos comparte rasgos con el rey de los animales

Aberraciones_Giambattista Della Porta- Político y Rinoceronte

El político con el rinoceronte.

Aberraciones_portada France Dimanche

¿Seguro que descendemos únicamente del mono?

Nota: Todas las ilustraciones están sacadas del capítulo “Animal Physiognomy” del fantástico estudio de Jurgis Baltrusaitis “Aberrations. An Essay on the Legend of Forms” (MIT Press. 1989) que rastrea desde textos de la antigüedad hasta la prensa del momento la evolución de esta identificación entre humanos y animales. Sobre la titánica tarea de Le Brun de codificar gráficamente las pasiones humanas y su decisiva influencia en el nacimiento de la pintura moderna hay un estupendo ensayo de Félix de Azúa (“La pasión domesticada”, Abada Editores. 2007).

Nota 2: Tuve que reprimirme para no recurrir al efectista  título «¿Es Sartre un besugo?»

Aberraciones

La sombra del peregrino en la plaza de la Quintana en Santiago d

Encontramos figuras en las nubes, caras en una pared manchada o la silueta de un monje en una sombra nocturna.

Piedra de Salamanca_Colección Calude Boulle

Rompemos las piedras para encontrar los maravillosos paisajes que ocultan. Argentea (1996-2009)_Jorge BarbiPero hace falta un artista para mostrarnos la multitud que se esconde entre los excrementos de gaviota.

Nota: El título se refiere al estupendo libro “Aberrations” de Jurgis Baltrusaitis que inspiró esta entrada. En él se analizan varias formas de “aberraciones” y “perspectivas depravadas” desde la fisionomía animal al diseño de ciertos jardines, pasando por estos paisajes pétreos o la inspiración vegetal de la arquitectura gótica. La obra “Argentea (1996-2009)” del artista Jorge Barbi, la conocí por la prensa a raíz de una exposición retrospectiva en el museo Marco de Vigo e intuitivamente guardé el recorte dentro del libro de Baltrusaitis.

Summertime

Mientras veo llover por la ventana y me acuerdo de aquel chiste (“Me encanta el verano en Galicia. Es mi día favorito del año”) he rescatado unas cuantas canciones animadas por el espíritu de esta escurridiza estación.

“Summertime blues”- Eddie Cochran (1958)

Todo un himno adolescente sobre lo duro que resulta el verano cuando toca currar, tus padres no te dejan el carro y no hay quien se coma un rosco.

“Summertime, Summertime”- The Jamies (1958)

Summertime, summertime…sum, sum, summertime!

“Summertime”- Billy Stewart (1962)

El raro milagro de transformar una canción versionada mil veces en algo totalmente nuevo.

“Summer in the city”- The Lovin’ Spoonful (1966)

La canción definitiva sobre el verano en la ciudad sufriendo el abrasador sol sobre el asfalto y esperando que la llegada de la noche permita al gato “cool” encontrar a su gatita.

“Bummer in the summer”- Love (1967)

La canción menos bucólica del plácido “Forever Changes”.

“Hot fun in the summertime”- Sly and the Family Stone (1969)

Un relajado Sly evoca un verano que, más que una vivencia, parece un estado de ánimo.

“School’s Out” – Alice Cooper (1972)

Se acabó el cole, empieza la diversión.

“Here comes the summer”- The Undertones (1979)

Una de mis canciones favoritas. ¿Son imaginaciones mías o en el fade-out final se escucha a alguien reivindicar la autoría del la canción sin dejar de corear el estribillo (..I wrote this sooong)?

“Summer Babe”- Pavement (1992)

La primera canción de su inolvidable primer lp.

“Summer days”- Bob Dylan (2001)

Y acabamos, como empezamos, con otro animado blues estival. (Las versiones que he encontrado en youtube son de directos de calidad infame, así que, si a alguien le interesa, se encuentra en el fenomenal «Love&Theft»)

Nota: Lista completa en grooveshark: http://grooveshark.com/#!/playlist/Summertime/87917356

La verdad de un muro falso

Nos decían que la belleza era el resplandor de la verdad. Que un edificio no podía parecer algo que no era. Que un material jamás debía imitar otro. Que la arquitectura, para ser moderna, debía ser, ante todo, “sincera”.

Casa Grimaldi

Y sin embargo:

“Le diré un secreto: la piscina (de la casa Gilardi) tiene un muro o columna rosa que no sostiene nada. Es una pieza de color situada en el agua –por placer– para traer luz al espacio y mejorar su proporción general”.   Luís Barragán. (Entrevista con Marie-Pierre Toll. 1981. Escritos y conversaciones. Ed. El Croquis, 2000.)

Música para un funeral

Nick Hornby-31 songsUno de los más memorables capítulos del “31 songs” de Nick Hornby es el dedicado al “Caravan” de Van Morrison  en la versión del directo “It´s too late to stop now”, la canción que el escritor pondría en su propio funeral y la excusa perfecta para una encendida y conmovedora defensa de la música popular (y una provocadora invectiva contra la clásica).

La única pega que le encuentra Hornby a su elección es que termina con Morrison presentando a la banda, con lo que lo último que oirían sus seres queridos al despedirle sería: “…al cello, Terry Adams…a la viola, Nancy Ellis….a la trompeta, Bill Elwin…”.

 

Me da la impresión de que no sólo los nombres de unos desconocidos sino casi cualquier letra podría interferir en un momento así, por lo que, puesto en ese brete, creo que optaría por algo instrumental.

En todo caso, gran canción, gran interpretación y recomendable lectura.

 

Nota:

Como reto puramente intelectual –ya que hay algo muy perverso en fantasear con la propia muerte- he intentado seleccionar algún tema apropiado para una ocasión así, y me ha resultado extremadamente difícil. Adjunto enlace a mi brevísima lista provisional de candidatas, que también tiene sus pegas porque aparecen barcos, leones y hasta una incongruente cita de “La Marsellesa”: http://grooveshark.com/#!/playlist/Funeral/87797645

Orden en la sala

Cidade da CulturaHace ya tiempo que me interesan las ideas de Christopher Alexander, y unos meses que presencio a diario cómo un engendro inacabado de Eisenman amenaza mi ciudad desde el monte Gaiás. Un lejano día de noviembre de 1982 ambos se enfrentaron en un acalorado debate en la Graduate School of Design de Harvard que merece la pena recuperar.

Eisenman había terminado su tesis doctoral (“The Formal Basis of Modern Architecture”) que -según reconoce en esta conversación- surgió como una contestación airada a la disertación de Alexander  (“Notes on the Synthesis of Form”); y tras construir sus juegos lingüísticos sobre la obra de Le Corbusier y Terragni (las “casas” I-IV) se había convertido en el máximo propagandista de lo que se llamó “arquitectura deconstructivista”, que pretendía ser una aplicación de las ideas de Foucault, Derrida y compañía al ámbito de la arquitectura.

Alexander había publicado ya su clásico “El modo intemporal de construir” y, desde California, seguía avanzando pacientemente en su sistemática codificación de los “patrones” de aquel orden perdido que había permitido durante siglos que el ser humano se relacionase armoniosamente con la naturaleza.

Un debate de este tipo, a diferencia de un ensayo donde el autor puede escaquearse de aquellos temas que no le interesa abordar, obligó a los participantes a formular sus ideas de la manera más clara y cruda posible.

Así, vemos cómo un provocador Eisenman desprecia la catedral de Chartres -a la que solo echaba una ojeada de camino a un buen restaurante- y defiende abiertamente que la finalidad de la arquitectura no es buscar que la gente se encuentre bien sino incomodarla para que  asuma la ansiedad y alienación en la que vive (como aún no había triunfado su programa y no sobraban ejemplos de relumbrón, pone como sorprendente paradigma de esta concepción ¡el pórtico del ayuntamiento que Moneo construyó en Logroño!).

Y vemos a Alexander, un matemático de formación y gurú del diseño tanto del hábitat como informático, exponer en cuatro frases cómo el pensamiento científico nos llevó a estudiarlo todo “como si fuesen pequeñas máquinas” y a minusvalorar la íntima interrelación entre el ser humano y la “materia espacial” de la que están hechas las cosas; e insistir en su mensaje humanista de que, enfrentado al reto de hacer una mesa, su objetivo es hacer la mejor mesa posible y no un comentario de texto que además sirva para comer.

La conversación, tensa y franca, no tiene desperdicio y nos permite entender mejor cómo hemos llegado a arquitecturas como la de esta Ciudad de la Cultura, en la que Eisenman sigue fiel a sus principios de incomodar al usuario pero en la que el juego ha pasado, de las domésticas rotaciones y traslaciones de elementos del vocabulario de la arquitectura moderna, al peligroso entretenimiento de cruzar una vieira con la trama del casco antiguo de una ciudad a escala natural.