Categoría: discos

Las mujeres de…

El principal tema de las canciones populares es el amor y sus vicisitudes, y lo habitual es que se centren en una única persona -my baby, my gal, my girl…o my man (is such a handy man) -, pero existen algunas canciones en la que el cantante se dirige o refiere a las mujeres de un determinado lugar (así, en general). Aquí van cuatro hermosos y variados ejemplos:

“West Virginia Gals”-Al Hopkins & His Buckle Busters (1928)

Extraída del volumen póstumo de la fabulosa “Anthology of American Folk Music” de Harry Smith, la canción es un aviso a las mujeres de Virginia del Oeste de que no se casen con hombres de su estado (viven en cabañas, no se cambian los calcetines en todo el año…).

Por lo visto, está basada en otra canción anterior, “Free Nigger” (1841) del repertorio minstrel en la que se advertía a las chicas de Virginia que no se casasen con hombres de Carolina. ¡Pobres chicas de Virginia con tanta intromisión masculina!

“As mozas de Vilanova”- Coro Agrupación Artística Galega (1920’s)

Esta emocionante versión de una conocida canción popular gallega, por desgracia, no está ni en youtube ni en grooveshark, pero vale la pena rastrearla en el muy recomendable recopilatorio “The Music of Cuba 1909-1952” de Richard K. Spottswood. No deja de tener su gracia que investigando las raíces de la música cubana me encontrase con las mías propias.

“Wanawake Tanzania”- Salum Abdallah & Cuban Marimba Band (circa 1960)

Un nombre genial para un grupo genial que descubrí gracias a una de esas maravillosas recopilaciones de John Storm Roberts (“The Tanzania Sound”/“Dada Kidawa”). Sólo sé que el título significa “Las mujeres de Tanzania” y que me encanta.

“Las Caleñas Son Como Las Flores”- The Latin Brothers – (1975)

El fantástico grupo de Fruko (el de “y sus Tesos”), con Piper Pimienta como vocalista, hizo esta irresistible versión del clásico de Arturo J. Ospina celebrando a las mujeres de Cali.

(Y como propina…en la misma línea de alabar las virtudes de las chicas del pueblo de uno, ya compartí aquí hace tiempo la excelente “Les Brazzavilloises” de Franklin Boukaka)

«London Girl»- Pogues (1985)

De su fantástico EP «Poguetry in Motion»

Vergüenza y Escándalo

Recordando que Dylan atribuyó al impacto que le produjo el lp “Odetta sings Ballads and Blues” (1956) la decisión de cambiar la guitarra eléctrica por la acústica, lo compré de saldo en la desaparecida tienda de Tallers del inefable JL –aquel que siempre se las apañaba para anotar en las diminutas etiquetas del precio de los discos de segunda mano mensajes para animar al comprador del tipo “ imprescindible joya psicodélica” o “gemas tracks 5 y 8” – y, desde la primera escucha, la canción “Shame and Scandal” -una balada trágica sobre una mujer enamorada de su cuñado- captó mi atención sobre todas las demás:

Me la encontré años más tarde en un recopilatorio de los años mozos de Peter Tosh (1965) bajo un disfraz bien diferente y con una desternillante letra a años luz de las pretensiones de trascendencia de Odetta:

La simpática letra de la versión de Tosh y los Wailers nos cuenta la historia de un joven enamorado al que su padre le dice que no puede continuar sus amoríos porque “la chica es tu hermana pero tu madre no lo sabe”. Al buscarse a otra, resulta que “la chica es tu tía pero tu abuela no lo sabe”. Cuando, ya desesperado, recurre al siempre sabio consejo materno nos enteramos con genial golpe de efecto final de que “tu padre no es tu padre pero tu padre no lo sabe”.

Y, al investigar de donde venía, me enteré de que (la versión de Odetta) era un calypso  de Sir Lancelot salido de la película de culto “I Walked with a Zombie” (1943) de Jacques Tourneur, aunque sospecho que si nos remontásemos más, acabaríamos encontrándonos con una de esas jocosas canciones populares cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos.

Jazz después de la guerra. Un mapa arbitrario.

Gary GiddinsHace ya más de diez años, el gran crítico musical Gary Giddins se enfrentó al reto de plantear una introducción al jazz de la última mitad del siglo XX, trazando lo que el llamó “un mapa arbitrario”. Las reglas eran estrictas. Una pieza por año, desde el final de la guerra mundial hasta el nuevo milenio, sin repetir artistas.

Publicó en el Village Voice su magnífico ensayo (“Post-War Jazz. An Arbitrary Road Map”) -una especie de anotación pieza a pieza de un recopilatorio que nunca podría salir a la luz por la dificultad de poner de acuerdo a los poseedores de los derechos- y así nació uno de esos raros discos imposibles.

Como Robert Christgau, uno de mis críticos de cabecera, no sólo consiguió una copia casera sino que le otorgó su máxima calificación (A+) y lo seleccionó entre lo imprescindible de 2003, el artefacto se convirtió para mí en un oscuro e imposible objeto de deseo.

Me bajé el texto de Giddins y fui comprando algunos de los discos de los que salían sus selecciones (y bajando otros) hasta conseguir laboriosamente juntar unas tres cuartas partes del recopilatorio. Pero algunas piezas eran imposibles de localizar y en otras era imposible tener la certeza de haber logrado rastrear la versión elegida por Giddins.

Años después, al participar con regularidad en el desaparecido (y llorado) blog “Expert Witness” de Christgau, uno de los miembros más activos de la comunidad me envió amablemente un enlace que me permitió por fin obtener el codiciado recopilatorio. Fue uno de esos momentos en los que la grandeza de la red se me apareció en todo su esplendor.

No voy a entrar a reseñar el contenido, que para eso está el texto de Giddins, ni a ponerle nota para alargar los dientes de los lectores, que para eso está la ditirámbica crítica de Christgau. Basta con decir que recomiendo encarecidamente su escucha (y lectura) a cualquier persona con orejas y con ganas de adentrarse o profundizar en un territorio tan poco conocido. Hay vanguardia, hay tradición, y hay temas que, para mi, ya han entrado en el panteón.

Lista completa en seis partes:

Parte 1 (1944-1959): http://i.mixcloud.com/CFy4Tk

Parte 2 (1960-1967): http://i.mixcloud.com/CGELsz

Parte 3 (1968-1976): http://i.mixcloud.com/CGGjdw

Parte 4 (1977-1985): http://i.mixcloud.com/CGKmgN

Parte 5 (1986-1993): http://i.mixcloud.com/CGP4Mw

Parte 6 (1994-2001): http://i.mixcloud.com/CG9Isq

Enlace para descargar texto completo (en la web del Village Voice solo está la mitad):

http://wp.me/a2laAR-rW

Lista (bastante) completa en youtube:

Una grúa y un bulldozer

Nunca sospeché que grúas, bulldozers y otras máquinas de construcción pudiesen esconder una potente carga poética hasta que me las encontré entre las letras de dos de mis canciones favoritas.

“They’ll need a crane”- They Might Be Giants (1988)

Una triste, enigmática e irresistible canción que parece relatar una demolición emocional de tal calibre que requiere una grúa (con su cadena y su bola).

Love sees love’s happiness
But happiness can’t see that love is sad
That love is sad
Sadness is hanging there
To show love somewhere something needs a change
They need a change

(Estribillo:)

They’ll need a crane, they’ll need a crane
To take the house he built for her apart
To make it break it’s gonna take a metal ball hung from a chain
They’ll need a crane, they’ll need a crane
To pick the broken ruins up again
To mend her heart, to help him start to see a world apart from pain

Lad’s gal is all he has
Gal’s gladness hangs upon the love of lad
The love of lad
Some things gal says to lad aren’t meant as bad
But cause a little pain
They cause him pain

(Estribillo)

Don’t call me at work again no no the boss still hates me
I’m just tired and I don’t love you anymore
And there’s a restaurant we should check out where
The other nightmare people like to go
I mean nice people, baby wait,
I didn’t mean to say nightmare

Lad looks at other gals
Gal thinks Jim Beam is handsomer than lad
He isn’t bad
Call off the wedding band
Nobody wants to hear that one again
Play that again

(Estribillo)

They’ll need a crane, they’ll need a crane
They’ll need a crane, they’ll need a crane
They’ll need a crane, they’ll need a crane
They’ll need a crane, they’ll need a crane
They’ll need a crane

“Death of Ferdinand de Saussure”- Magnetic Fields (1999)

Para intentar entender el amor te serán de más ayuda  Holland-Dozier-Holland (los compositores de Motown) que la lingüística de Saussure. No puedes estudiar orquídeas con un bulldozer.

I met Ferdinand de Saussure
On a night like this
On love he said
«I’m not so sure
I even know what it is
No understanding
No closure
It is a nemesis
You can’t use a bulldozer
To study orchids»

He said…
So we don’t know anything
You don’t know anything
I don’t know anything
about love
But we are nothing
You are nothing
I am nothing
Without love

I’m just a great composer
And not a violent man
But I lost my composure
And I shot Ferdinand
Crying «it’s well and kosher
to say you don’t understand
but this is for Holland-Dozier-Holland»

His last words were
We don’t know anything [etc]
His fading words were 
We don’t know anything [etc]

 

La música afro-cubana vuelve a casa

John .jpg

Una de las primeras entradas de este blog, estaba dedicada al gran John Storm Roberts, el hombre responsable de inocularme el interés por la gloriosa música africana de mediados del siglo pasado. El texto acababa con una nota en la que pedía ayuda para conseguir la inencotrable cinta “Afro-cuban comes home” (1986) en la que -comentando selectos ejemplos musicales- Roberts explica la influencia decisiva de la música cubana o el soul en el nacimiento y la evolución de la música congoleña moderna, un gran ejemplo de eso a lo que en otra entrada me referí como «trasiego trasatlántico».

Pues bien, tras años de búsqueda, mis plegarias han sido atendidas y el usuario “seawall” del foro islandmix colgó la cara A de la cinta, y, al ponerme en contacto con él tuvo la amabilidad de compartir también la cara B.

Como a estas alturas es absolutamente inencontrable más que en alguna biblioteca académica y en el fondo es poco más que un programa de radio de hace casi treinta años, no creo inflingir ninguna ley compartiendo aquí la lección del maestro Roberts. Aunque sólo fuese por la inmortal “Merengue Fa Fa”, que no he encontrado en ningún otro lugar, ya merecería la pena la escucha. Pero hay bastante más:

http://grooveshark.com/#!/playlist/Afro+cuban+Comes+Home/94751519

Blues ¿de verdad?

Really the Blues_Allen Lowe

Llevo unas semanas explorando “Really the blues?”, el (pen-)último ensayo musicado de Allen Lowe, uno de mis mayores héroes culturales. Primero fue “American Pop from Minstrel to Mojo. An audio history”, una fascinate colección de 9 cds que conseguía transmitir a la perfección el mosaico musical previo al nacimiento del rock and roll y que, más de una década después, sigue siendo una de mis más preciadas posesiones. Luego vino el excelente “That Devilin’ Tune”, su personal visión de la historia del jazz en 36 volúmenes. Y ahora, el blues.

Lowe, que además de una enciclopedia con patas es un reconocidísimo saxofonista, tiene lo que hay que tener para llevar a buen puerto proyectos tan ambiciosos sin aburrir a las culebras: unas orejas privilegiadas. Metes cualquiera de los 36 cds en el reproductor y, si lo escuchas despreocupadamente, es como si hubieses sintonizado la mejor emisora de música añeja del mundo. Vacas sagradas indiscutibles se mezclan sin solución de continuidad con “one-hit-wonders”, predicadores rurales, sofisticados músicos de jazz, hilbillies borrachos, jug-bands de diverso pelaje, western-swingers, fragmentos de compositores “clásicos” como Copeland, Ives o Partch, beatnicks, rockeros salvajes como Link Wray o los Wailers, coros gospel, cantautores folk y hasta ¡una orquesta rusa de la era estalinista!.

Si, en cambio, aprovechas para ir leyendo el estupendo libro con las anotaciones para cada selección, verás que el mítico “Cocaine Blues” de Johnny Cash lo compuso un tal Roy Hogsed, que el “All is loneliness” de Janis es obra del mítico beatnick Moondog, que Django Reinhardt también tocaba el blues como los ángeles, que el té tejano es marihuana, que en 1931 se hacían canciones celebrando el orgasmo simultáneo, que es una injusticia que el blues de Decca no sea tan celebrado como el de Bluebird o que Peggy Lee, Mae West y Guy Lombardo también merecen un pequeño hueco en su personal visión del blues.

Y es que, como en sus anteriores proyectos, uno de los principales objetivos de Lowe es arrancar el blues  de las garras de los apóstoles de la autenticidad que sólo se interesan por el color o situación social del artista para valorar su música (este proyecto en concreto surgió de un encontronazo con uno de esos apóstoles: Wynton Marsalis ). Para Lowe, el blues es desde sus orígenes algo multiforme, mestizo y transversal que puedes encontrar en los lugares más inesperados -tiznando una pieza de jazz, agazapado en algún éxito pop o impregnando algún lamento country-.

Veamos, por ejemplo,  su anotación del alucinante pregón de la vendedora Edna Thomas: “Las notas de la re-edición en cd que incluye “Street Cries of New Orleans” de Edna Thomas (1925) advierten de que la cantante, pese a ser blanca, está incluida a regañadientes en esa colección porque testigos negros acreditan la “autenticidad” de la interpretación. Mi más profundo agradecimiento a esa policía de lo auténtico; celebro que pasase el examen porque sino jamás habría encontrado esto. La gran claridad y sabiduría de su interpretación evoca otro mundo en el que el blues se entremezclaba con las necesidades prácticas de blancos y negros empobrecidos por raza o circunstancias vitales. Tal vez sea aquí donde el alma del hombre (y la mujer) nunca muere, en el grito espiritual de la necesidad: Por favor compra lo que vendo.

Por favor, comprad también lo que Lowe vende. Debido al hundimiento de la industria cultural, las ediciones de sus proyectos son cada vez más precarias. De la caja modesta pero más que decente del “American Pop from Minstrel to Mojo” pasamos a las mucho más cutres de “That Devilin’ Tune” y, finalmente a este “Really the Blues?” del que sólo consiguió editar comercialmente el primer volumen. Para conseguir los demás (o el lote completo), no queda otra que escribir un correo al señor Lowe para que, bajo pedido, te “tueste” los cedés que desees a precio prácticamente de coste. Que proyectos tan ambiciosos se lleven a cabo sin ningún apoyo institucional y apenas tengan difusión es un triste reflejo de los oscuros tiempos que vivimos.

 

«Folk Music in America»

FMIA

Los aficionados a las músicas populares anteriores al rock and roll se habrán probablemente encontrado con el nombre de Richard K. Spottswood como recopilador o autor de las notas de algún disco (en mi caso, los calypsos que recopiló para los sellos Rounder y Bear Family, el libreto de «Goodbye Babylon», la caja de Charley Patton  o el volumen póstumo de la antología de Harry Smith).

Es uno de esos individuos –como Joe Bussard, John Fahey o aquel personaje de la película “Ghost World”- que se dedicaban a ir de casa en casa en los años sesenta buscando discos que – mientras girasen a 78rpm y fuesen anteriores a la guerra mundial- podían ir del jazz, el blues, o el country hasta filones más inexplorados de la música popular como el cajun, los corridos de la frontera mexicana o todo tipo de músicas étnicas desde Turquía hasta el Caribe.

Estudió las grabaciones folk de la Biblioteca del Congreso para su tesis doctoral, elaboró una  discografía de referencia en 7 volúmenes -“Ethnic Music on Records: A Discography of Ethnic Recordings Produced in the United States, 1893-1942 (University of Illinois Press, 1990), creó sellos para divulgar su pasión, escribió centenares de notas para otros, y emitió durante años su programa  semanal de radio. Convirtió su obsesión en su modo de vida.

Con menos de cuarenta años, la Biblioteca del Congreso le encargó el trabajo de recopilar la gran antología de la música popular norteamericana que querían editar en conmemoración del bicentenario de la independencia de los Estados Unidos. El resultado fue la fabulosa colección de 15 discos “Folk Music in America” que se editó en 1976.

A diferencia de la mítica “Anthology of American Folk Music” de Harry Smith, que se centraba exclusivamente en la música editada comercialmente en un momento muy concreto (1927-1932) y en unas determinadas tradiciones musicales, la visión de Spottswood es mucho más amplia. Nos encontramos – además del blues, country y gospel de rigor- formas mucho menos conocidas como calypsos, música de inmigrantes ucranianos o polacos, cánticos Amish, música callejera negra o la canción religiosa de los indios Passamaquuoddy grabada en 1890 que cierra el último disco.

Dos discos de música religiosa, tres de música de baile (breakdowns, waltzes, reels, polkas, ragtime, jazz, etc.), nueve  de canciones (de amor, migración, protesta, trabajo, muerte, guerra, humor, historia, e infantiles) y uno dedicado a la música tocada en solitario. Todos ellos maravillosamente anotados, con las letras, los créditos musicales, los eventos que inspiraron cada tema y referencias a otras grabaciones relacionadas. Un auténtico festín.

En una entrevista de hace unos años, Spottswood explicaba que había intentado varias veces reeditarla, pero que la gente de la Biblioteca del Congreso ¡consideraba que no era lo suficientemente folclórica!. Así que no quedaba otra que intentar localizar los vinilos y conseguí juntar una decena antes de que empezaran a escasear hasta el punto de hacerme desisitir de completar el lote.

Pero, ¡maravillas de Internet!, un alma caritativa se ha pegado el palizón de digitalizar tanto la música como los libretos,  y los ha colgado en su blog para compartirlos con el mundo entero. Buen provecho.

Le Grand Kallé

Le Grand Kalle- His Life His Music

Ibrahim Sylla tuvo durante años la exclusiva para reeditar en sus sellos Sonodisc y Syllart gran parte de las joyas de la música africana y lo hizo con un desprecio total por el fantástico archivo sonoro del que era custodio. Era -y en muchos casos sigue siendo- la única manera de conseguir según qué cosas y, a falta de alternativas, había que pasar por caja aunque las ediciones fuesen paupérrimas, con los títulos mal escritos y sin ninguna información sobre las fechas o los participantes en las grabaciones. Una vez ordeñado múltiples veces el legado (primero en lp, luego en cd, luego otra vez en cd en versión mejorada para la serie “African Pearls”), el señor Sylla  cedió los derechos a la gente de Sterns para que pudiesen editar los recopilatorios definitivos de las figuras más señeras de la música guineana, congoleña o senegalesa.

La serie dedicada al Congo cuenta ya con retrospectivas de Franco (2 imprescindibles cedés dobles), Tabu Ley Rochereau (otros dos casi del mismo calibre), Mbilia Bel, o Papa Wemba, pero siendo un país tan rico musicalmente es de agradecer que hayan decidido continuar su encomiable trabajo con esta retrospectiva “Le Grand Kalle. His Life, His Music”- un libro-cd con más de 100 páginas, escrito y recopilado por el experto Ken Braun- dedicada a la obra de Joseph Kabaselle, Le Grand Kalle.

Kabasele es uno de los dos patriarcas de la rumba congoleña y, de su banda, African Jazz,  por la que pasaron leyendas como Rochereau, Izedi, el Dr. Nico, Dechaud o Manu Dibango, salió una de las dos grandes escuelas rumberas (la de African Fiesta, African Fiesta Sukissa, African Team, African Fiesta National). El otro era su rival Franco y su Tout Puissant OK Jazz.

Es una recopilación estupenda, sabiamente anotada y, al leer las notas, aprendes más no sólo sobre estos músicos sino sobre la propia historia del Congo: desde el tráfico de esclavos hasta la interminable dictadura de Mobutu, pasando por la Independencia (festejada en las inmortales “Indépendance Cha Cha” y “Table Ronde”) y el derrocamiento por la CIA del legítimo presidente Patrice Lumumba, al que Grand Kalle frecuentó y apoyó, y cuyo posterior asesinato contribuyó al declive de la meteórica carrera del cantante.

El primer disco está dedicado a la época dorada (1951-1962), cuando Dechaud, el Dr. Nico y Rochereau estaban en sus filas, y el segundo a la etapa posterior a su desbandada por desavenencias económicas y de reconocimiento (1964-1970). Siendo globalmente excelente, hay un cierto bajón de calidad una vez se fueron estas figuras, y en vista de que, sin ser ningún experto, echo de menos varias canciones de este período clásico (“Kelya”, la versión corta de “African Jazz Mokil Mobimbo”, “Mama Tsheba” o su lectura de “El que siembra su maíz” del Trío Matamoros), me queda la duda de si la retrospectiva podría haber sido aún más redonda de haber dedicado ambos discos a ilustrar únicamente la primera etapa de African Jazz.

Nota: En una edición tan cuidada, me ha sorprendido encontrar un gazapo en el listado de canciones. La canción listada como nº 21 del cd1 (Miwela-Miwela) es en realidad la 20 (African Jazz Mokili Mobimbo), y viceversa.

En una isla desierta

Stranded_Greil MarcusLa clásica pregunta de ¿Que disco te llevarías a una isla desierta? sirvió de excusa a Greil Marcus para pagar bien a sus amigotes por escribir un texto largo sobre el disco que les apeteciese. Como contaba entre sus amistades con la aristocracia de la crítica rock de la época (Lester Bangs, Nick Tosches, Ellen Willis, Robert Christgau…) le salió un libro (“Stranded. Rock and Roll for a Desert Island”) la mar de apañado con interesantes textos sobre los Ramones, Little Willie John, Captain Beefheart, los Five Royales o la Velvet (aunque no podía faltar el pringado de turno que prefirió llevarse a Jackson Browne o los Eagles).

En todo caso, lo más interesante del proyecto es que, como editor, decidió que, dado que las elecciones de cada participante eran algo totalmente personal, “alguien” tenía que velar por preservar la tradición y la historia para que si un marciano preguntaba qué era eso del rock and roll -algo perfectamente factible una vez la NASA había enviado una canción de Chuck Berry al espacio- pudiese encontrar una respuesta aproximada. Y, con su modestia habitual, lo hizo en forma de discografía comentada (por ejemplo, explica el debut de los Stooges como “el sonido del “airmobile” de Chuck Berry después de que unos manguis lo desguazasen”) en la que, entre los clásicos indiscutibles, coloca un montón de one-hit-wonders de los que es difícil tener noticia si no se es un obseso del du-duá/doo-wop, el soul, los girl groups, el surf ,el rockabilly u otros subgéneros pop.

Él mismo reconoce que para hacer algo así hoy en día, en la era de las reediciones masivas y las obsesivas recuperaciones del pasado, necesitaría como mínimo un libro entero; pero en 1979 tuvo la valentía de despachar el primer cuarto de siglo de historia del rock and roll en poco más de cuarenta páginas. Evidentemente faltan un montón de cosas y otras son discutibles, pero para lo que sirven estas listas es para descubrir joyas perdidas del pasado y, en ese sentido, a mi me ha servido a la perfección durante muchos años.

Aprovechando las ventajas de nuestra época, en la que casi todo está accesible, he recopilado una lista de Spotify  (stranded ) con la mayoría de los singles-obviando vacas sagradas y alguna cosa simplemente inencontrable- que aparecen en su discografía.

Nota:

Años más tarde re-evaluó el proyecto, sugiriendo omisiones y, en definitiva, recomendando más música en este interesante cuestionario:

http://rockcriticsarchives.com/interviews/greilmarcus/02.HTML

Nota 2 (Octubre 2014):

Meses después, ha aparecido un blog semi-oficial (lo lleva otra persona con su autorización) de escritos de Greil Marcus. Es muy recomendable (ver enlace en la columna de la derecha) y están elaborando su propia lista «Stranded» con nuevas adiciones cada semana: http://grooveshark.com/#!/playlist/Treasure+Island+Singles/98623651

Stagger Lee

El robo de un sombrero Stetson provoca una riña mortal. La victima se identifica como un hombre de familia

Harry Smith resumía con su laconismo característico el argumento de esta canción basada en un incidente ocurrido en Saint Louis en 1895, y que es un ejemplo perfecto -como “John Henry”,“Hesitation Blues”, “Alabama Bound”, “Careless Love”, “Frankie&Albert”…- de lo que Luc Sante llamó “cimientos anónimos de la música popular americana”. El eco de la pelea entre Stagger/Stacker/Stacko Lee y Billy Lions/Billy the Liar/Billy the Lion resuena todavía un siglo después y creo que vale la pena recuperar algunas de sus más memorables encarnaciones.

 “Stack O’Lee Blues”- Ma Rainey (1925) 

Una versión temprana de esta pionera del blues clásico acompañada por Fletcher Henderson al piano y Coleman Hawkins al saxo.

 “Stack O’Lee Blues”- Sol Hoopii’s Novelty Trio (1926)

Los ecos del incidente llegaron rápidamente hasta Hawaii y el gran virtuoso de la guitarra Sol Hoopii se encargó de darle su mágico barniz.

 “Stackalee”- Frank Hutchinson (1927)

El mito también fascinaba a los blancos, y esta es la versión que eligió Harry Smith para su inmortal “Anthology of American Folk Music”

 “Billy Lions and Stackalee”- Furry Lewis (1927)

Estupenda lectura del gran bluesman de Memphis.

 “Stackerlee”-Mississippi John Hurt  (1928)

Otra magnífica versión country-blues.

“Stagger Lee”- Archibald (1950)

Aunque Lloyd Price se llevó el gato al agua en cuanto a ventas, y mi adorado Professor Longhair la tocó también con frecuencia, esta me parece la versión de Nueva Orleáns por excelencia.

“Stagger Lee”- Wilson Pickett (1967)

Salvaje versión soulera (para curiosos, tampoco están nada mal la de los Isley Brothers o la de James Brown)

 “Wrong ‘em Boyo”- The Rulers (1967)

Fantástica lectura jamaicana del tema que los Clash versionarían posteriormente en “London Calling” (ver más abajo).

“Wrong ‘em Boyo”- The Clash (1979)

Version del clásico de los Rulers Jamaicanos convenientemente acelerada. Según Greil Marcus, Stagger Lee es el auténtico protagonista de “London Calling” y sale- con otros nombres y caras- en “Jimmy Jazz”, “Rudie Can’t Fail”, “The Guns of Brixton” y “Death or Glory”.

“Stagger Lee”- Nick Cave & Bad Seeds (1996)

Aunque no sea santo de mi devoción, valga esta versión como prueba de que el tema sigue vivo más de un siglo después del incidente original.

Nota:

Greil Marcus dedicó bastantes páginas de su magistral ensayo “Mistery Train”  a rastrear este mito desde sus orígenes hasta “London Calling”. Debo gran parte de las selecciones de esta lista de reproducción a dicho texto así como al libreto de la reedición de la imprescindible “Anthology of American Folk Music” de Harry Smith.

Lista de reproducción completa en grooveshark (con varios jugosos extras):

http://grooveshark.com/#!/playlist/Stagger+Lee/90579290

Hey Hey it’s…

HeyHey_Lewis Stampfel Band

El septuagenario Peter Stampfel -“la única persona del mundo que ha tocado con Buckminster Fuller, Bob Dylan y Mississippi John Hurt” – sigue al pie del cañón, dándolo todo cada vez que se le presenta una oportunidad en todo tipo de formaciones y locales (yo lo vi hace unos años en el Jalopy Theater de Brooklyn la mar de entregado ante una audiencia de unas 20 personas, incluidos familiares ) y acaba de grabar -en colaboración con el polifacético (músico, comiquero, agitador cultural…) treintañero Jeffrey Lewis- uno de sus mejores discos.

Es una fantástica colección de canciones acabadas al alimón sobre temas tan contemporáneos como las declaraciones de un personaje de “Jersey Shore” o una versión de un éxito tontipop japonés, tan añejos como sus siempre irresistibles actualizaciones de olvidados clásicos populares (a los que ya dedicó  años atrás el fenomenal “You Must Remeber This…”) o tan intemporales como divertirse más que nadie o pasear al perro.

Pero los tiempos son los que son, y han tenido que autoeditarlo en una pequeña tirada de 1000 ejemplares. Mi copia me llegó hace unas semanas- ¡firmada por los dos!- y apenas ha salido del reproductor. Supongo que se acabarán pronto….

Cañí y Negra

arrels de gracia

En el estupendo concierto de Arrels de Gracia en la calle Joan Blanques el pasado martes hubo clásicos nacionales (“Volando Voy”), mediterráneos (“O Sole Mio”) y propios (“La Moto”) pero, como buenos rumberos, no podía faltar un guiño a esa parte de sus raíces que llega hasta el otro lado del Atlántico, con una de esas canciones de mensaje profundo e universal (“Al que le pique, que se rasque”) que tan bien se dan por aquellas latitudes.

Alucino con el trasiego musical transatlántico cada vez que descubro que un clásico cañí resulta ser una versión de algún olvidado éxito caribeño. Aquí van algunos.

Antonio González “El Pescadilla”- “Sarandonga

Uno de los padres de la rumba catalana se ventila –nunca mejor dicho- el dulce son cubano de “Los Compadres” en apenas minuto y medio y lo convierte en una auténtica bomba.

Los Amaya- “Que mala suerte la mía” (1969)

Todas las canciones de su inmortal debut “Los Amaya y su Combo Gitano” eran versiones, pero consiguieron hacerlas para siempre suyas. Para muestra, esta lectura de un tema de Odilio González  “El Jibarito de Lares”.

 Agustín Abellán “Chango”- “Al que le pique, que se rasque” (1978)

Sospecho que de él la aprendieron los chicos de “Arrels de Gracia”, pero resulta ser una versión de un merengue dominicano de Luís Kalaff. Aparece en su mítico disco “La Rumba y la Marcha”, que me costó años rastrear y del que, francamente, me esperaba bastante más.

 Lola Flores- “Que me coma el tigre” (1969)

La mujer de “El Pescadilla” ataca con salero un tema contemporáneo de la Barranquilla colombiana, compuesto por Eugenio Garcia Cueto e interpretado originalmente por Gustavo Barros y el Combo de Duque Palomino.

Nota:

He buscado bibliografía sobre “el trasiego transatlántico”, de momento con poco éxito. Tenía muchas esperanzas puestas en el sesudo ensayo de Santiago Auserón “El ritmo perdido” (Editorial Península, 2012) pero, para mi desgracia, se centra más en investigar la relación musical directa entre África y España desde la antigüedad a través de fuentes bibliográficas históricas, que en la  (para mí) más interesante África-América-España, que sucedió a mediados del siglo pasado en paralelo con la África-América-África, cuando en España flipábamos con “Maria Cristina” de Ñico Saquito y con Machín, y en el Congo hacían lo propio con el Trío Matamoros.

Respecto a la Rumba Catalana, lo mejor que he leído son los fantásticos artículos de Francisco Casavella (“La rumba que tumba” y “Estaban tomando cañas”) publicados en su día en Rockdelux y Ajoblanco, y recopilados en el muy recomendable “Elevación, elegancia y entusiasmo. Artículos y ensayos (1984-2008)”  (Galaxia Gutemberg, 2009).

Sobre el más amplio fenómeno “gypsy-soul/achilifunk”- etiqueta diseñada para incluir Andalucía y Madrid- son imprescindibles las notas que Txarly Brown escribió para su fundacional recopilatorio “Achilifunk. Gipsy Soul 1969-1979”.

Afropop (en francés)

Las canciones africanas en idiomas próximos (portugués, inglés, francés) comparten con los instrumentales (explorados en el post “afro in(s)tro”) la capacidad de acercarnos a músicas que, en wolof o lingala, pueden hacerse un poco más cuesta arriba.

La lista de reproducción de hoy recopila unos cuantos temas africanos cantados -al menos parcialmente- en francés que me he ido encontrando estos años.

«Si tu bois beaucoup«- Isaac Pedro & OK Jazz (1962)

Un clásico de Isaac Pedro con la banda deFranco como acompañantes

Pesa le tout”- Tabu Ley Rochereau & African Fiesta (1965)

Aquí, únicamente el título y el inolvidable estribillo  (Léopoldville, c’est la capitale!) son en francés, y sugieren una celebración de la independencia del Congo y la designación de Léopoldville como capital. Tal vez Rochereau y Dr. Nico celebrasen también su reciente liberación del yugo de su ex-líder Grand Kalle.

Les Brazzavilloises”- Franklin Boukaka (1967)

Franklin Boukaka -un excelente músico muy comprometido políticamente- fue brutalmente asesinado en circunstancias oscuras y dejó un legado escueto pero inmortal (en el que destaca el magnífico lp “À Paris” y el mini-lp “Ses Sanzas et son Orchestre Congolais” del que sale este tema).

Minuit”- Bembeya Jazz National (1967)

Canción protesta anti-colonial sobre un hombre – Ballaké Keïta- ejecutado por una falsa acusación. La letra es un poema que estuvo prohibido en todas las colonias francesas en África.

Algerie, mon beau pays”- Slimane Azem (1975)

Este exiliado argelino, cuya música estuvo prohibida en su país durante veinte años (1967-1988), canta aquí a la tierra de sus amores.

Ce n’est que ma secretaire” – Pamelo Mounk’a (1982)

Empezó como cantante de los estupendos Bantous de la Capitale y triunfó en solitario a principios de los ochenta con  sabrosos “soukous” como éste o “L’argent appelle l’argent”.

Jeannot”- Tchico Tchicaya & Lolo Lolita (1980)

Disputas prematrimoniales.

La musica en verité”- Gnonnas Pedro (1980)

Hipnótico tema (¡con mellotron!) del difunto cantante de Benin Gnonnas Pedro en celebración del poder de la música.

Coumba”- Orchestre Baobab (1982)

Junto a Étoile de Dakar, la más grande banda senegalesa del pasado siglo. Si tienen ocasión de verlos en directo, no se los pierdan. Yo vi como conseguían poner a bailar al público en el pasillo y entre los asientos del teatro Zorrilla de Badalona.


Attention na Sida” – Franco & TPOK Jazz (1987)

Dentro de la tradición negra de canciones con mensaje –recordemos el “Go back to school” de James Brown-  Franco intenta concienciar a la sociedad de los peligros del sida, del que algunos sospechan que él mismo pudo ser víctima. Una de las últimas grabaciones de un gigante de la música africana.

Écoute-moi camarade” – Rachid Taha (2006)

Excelente versión de un tema de Mohamed Mouzani con idéntico mensaje  al “I was the one” de Elvis (y Jimmie Dale Gilmore): “ella te hará sufrir, yo ya pasé por eso”

Nota:

Lista  en grooveshark (con extras de Francis Bebey, Amadou et Mariam y Gnawa Diffusion): http://grooveshark.com/#!/playlist/Afropop+en+Franc+s/87362833

…y todos llevaban sombrero

Crumb- That's what i call sweet musicCuando EMI le pidió al genial Robert Crumb que recopilara un disco con su música favorita, el resultado fue  “That’s what I call sweet music. American Dance Orchestras of the 1920s from R. Crumb’s 78 RPM Collection”, un precioso artefacto ilustrado, anotado y seleccionado por el artista a partir de discos de pizarra de su vastísima discoteca que recogía “…alegre música social de una civilización urbana ya desaparecida, un mundo perdido de humeantes fábricas y rechinantes tranvías- y todos llevaban sombrero!”

Por alguna extraña razón, este último comentario se me quedó grabado, y lo recordé al encontrar una curiosa explicación del origen del declive de la prenda en un breve texto de Adolf Loos escrito en respuesta a la consulta de un lector : ¿Un hombre sin sombrero?

“El primer hombre sin sombrero fue el atleta de las universidades americanas. Balompié fue el primer sport que se practicó sin sombrero. El consiguiente paseo (…) por parejas, por las calles de la pequeña ciudad universitaria, mostró por primera vez en la calle al hombre desprovisto de sombrero. Entonces todavía se pensaba en insolaciones y resfriados, y por ello los atletas americanos se dejaron crecer el cabello. Pero, como todos querían ser atletas, la carencia de sombrero fue pronto el signo de cualquier burgués académico de América.”

En 1908 la tendencia había saltado el charco –“la imagen callejera cerca de Leicester Square a la hora de cierre de los teatros causaba un raro efecto. Había miles de espectadores (…) en la calle (…). Todos sin sombrero.”– y allí estaba nuestro hombre para percibir el cambio mientras sucedía y detectar con su agudeza característica cómo el cetro de la elegancia pasaba del aristócrata al deportista.

sombreros_crowdEn sus escritos aparecen desde  pitilleras, polainas, smokings, fracs, trajes regionales, zapatos de cordones,  su sastre (que fue el primero en atreverse a encargarle una casa), pantalones cortos, pantalones largos, chalecos, monóculos o lentejuelas; a furibundas críticas a los “cools” de su época (Hoffman , Olbrich y compañía).

Y es que, aunque pasase a la historia como ese severo señor vienés que abolió el ornamento, Adolf Loos puede haber sido también uno de los primeros (anti-)fashion-bloggers.

Cien años después, muchas de sus reflexiones mantienen una sorprendente vigencia.

Nota:

Las citas de Adolf Loos están sacadas del texto “Respuestas a preguntas del público” de 1919 recogido en el muy recomendable “Escritos II. 1910/1932” (El Croquis Editorial, 1993). El volumen I es algo más farragoso.

Reggae nuevaolero

Punky_Reggae_PartyAunque algunas vacas sagradas habían tenido sus escarceos con el reggae (me vienen a la mente el “Mother and Child Reunion” de Paul Simon, alguna de Taj Mahal, el «D’yer Maker» de Led Zeppelin, o la versión del “Cherry Oh Baby” de los Stones), el infeccioso ritmo entró definitivamente en la música popular con la resaca del punk. Eran los tiempos del “Punky Reggae Party” de Marley, de la aparición del sello Two-Tone, de la fascinación skin por el rocksteady o de los Clash recurriendo a los servicios del demente Lee Scratch Perry.

Al final, el legado más importante del fenómeno punk fue el triunfo de la filosofía DIY (Do-It-Yourself/Hazlo-Tu-Mismo) gracias a la cual dejó de ser importante tener una gran destreza instrumental antes de lanzarse a tocar y componer. Empezaron a salir grupos de debajo de las piedras que gracias a su desparpajo consiguieron ampliar el rock en mil direcciones (ruido, electrónica, minimalismo, o  incorporación de músicas negras como el funk o el reggae).

La lista de hoy recopila algunas canciones de esa época gloriosa inspiradas en el reggae.

“Redondo Beach”- Patti Smith (1976)

De su clásico debut “Horses”. Antes del inicio “oficial” de la era punk.

“Don’t ask me questions”- Graham Parker and the Rumour (1976)

Una de las grandes canciones del fantástico “Howlin’ Wind”.

“Watching the Detectives”- Elvis Costello (1977)

Su primer disco es otro clásico de la era y abarca desde el nihilismo -Easton Ellis tituló su controvertida novela “Less than Zero” con uno de los temas del album- al romanticismo de “Allison” pasando por este fenomenal reggae.

“Heaven”- Pere Ubu (1977)

Una de las bandas más innovadoras –y difíciles- de esa época también tuvo su momento reggae-pop.

“Egyptian Reggae”- Jonathan Richman & The Modern Lovers (1977)

El entrañable Richman empezó como fanático de la Velvet y acabó de juglar en “Algo pasa con Mary”, pero en el ínterin compuso unos cuantos clásicos, y arrasó en las listas (inglesas) con este maravilloso instrumental.

“So Lonely”- The Police (1978)

Tres instrumentistas de primera que, tras formarse como músicos jazz, consiguieron triunfar a nivel planetario con su particular pop de variadas influencias. El reggae era una de las más acusadas. Y ésta una de sus mejores canciones.

“Newtown”- The Slits (1979)

Y Paloma “Palmolive” Romero, tras escapar de Andalucia a Londres y participar en grabaciones tan míticas del punk femenino como el debut de las Raincoats o el “Cut” del que sale este corte, acabó en la costa este norteamericana como cristiana renacida (me quedé de piedra al enterarme por “Españoles en el mundo”).

“The Tide is High”- Blondie (1980)

También hubo los que tiraron por la via fácil y, en vez de construir algo nuevo, prefirieron versionar fielmente pasados éxitos jamaicanos (otros ejemplos serían el “Red, Red Wine” de UB40 o el “Everything I Own” de Boy George y compañia).

“Ghost Town”- The Specials (1981)

Aunque triunfaron con el desenfadado ska de sus dos primeros discos, tal vez su obra maestra sea el sombrío EP “Ghost Town” en el que la música se ralentiza y sirve de  perfecta banda sonora para los años del thatcherismo más inhumano. El origen de esta canción esta en el «7 wonders of the world» de Prince Buster.

“Straight to Hell”- The Clash (1982)

Desde su arrollador debut –con su versión del “Police&Thieves”- al triple “Sandinista”, las referencias a la música jamaicana son constantes en la música de los Clash. Elijo ésta porque me parece de las más personales y porque es, junto al “My Way” de los Pistols, una de las que mejor evocan el final de esa era.

Nota:

Lista en grooveshark (con bonus de Ian Dury, Bad Brains y Vampire Weekend): http://grooveshark.com/#!/playlist/New+Wave+Reggae+Party/86549191