Categoría: discos

Atrapado por Shane (y Sinéad)

the_pogues-rum_sodomy_the_lash_a

Rum, Sodomy and the Lash“* es uno de los discos de mi vida. Envidio a quien no lo conoce y puede beneficiarse de que su encarnación actual incluya como propina el fabuloso EP “Poguetry in motion” con descartes de las mismas sesiones – “The Body of an American” (esa que siempre suena en el pub de “The Wire” antes de que McNulty y/o Bunk pierdan el conocimiento tras la ingesta etílica semanal), la marchosa “London Girl” o la sentida “A Rainy Night in Soho“, así como un prescindible instrumental (nadie es perfecto)-. Seguramente es el único disco de los Pogues que necesitará.

poguetry in motion

Del debut me gustaron “Dark Streets of London”, “Streams of Whisky” y alguna más pero “If I should fall from grace with god“- que muchos consideran su obra maestra y que tiene varias grandes canciones- nunca acabó de convencerme e inició mi distanciamiento de la banda.

Arruinado por una producción demasiado grandiosa y porque MacGowan canta a la vez acelerado y desganado, el disco está a años luz del sentimiento y los matices que hicieron de “Rum, Sodomy and the Lash” (1985) algo tan especial: la perfecta amalgama de cánticos de taberna (“Sally MacLennan“), funerales por algún olvidado dios celta (“The Sick Bed of Cuchulainn“),  inolvidables gamberradas (ese desquiciado “Billy’s bones” en el que MacGowan canta más rápido que los Descendents de “Weinerschnitzel“), exquisiteces como ese “I’m a man you don´t meet everyday” maravillosamente cantado por Cait O’Riordan antes de que el cabrón del productor -Elvis Costello- se casase con ella y la apartase del grupo, ebrias cavilaciones (“A pair of brown eyes“) y definitivas versiones del “Dirty Old Town” de Ewan MacColl o de la eterna canción anti-bélica  “The band played waltzing Matilda” de Eric Bogle que cierra el disco y demuestra para siempre que Shane MacGowan no sólo era un punk borracho y desdentado (y un gran compositor) sino también uno de los mejores cantantes de su quinta. (más…)

Mamuts en mi teléfono

Llamo “mamuts” a esas colecciones musicales tan grandes que resultan difíciles de asimilar completamente pero que, por su calidad, son ideales para dejar sonando de fondo durante horas y familiarizarse poco a poco con su contenido.

Además, para ser auténticos mamuts, deben estar extintos. Es decir, o nacieron en la era analógica y nunca se re-editaron en CD o vivieron durante un suspiro en la primera era digital. Por esas maravillas de la tecnología, tengo ahora mismo varios encerrados en una ranura de mi teléfono y sus barritos amenizan mi interminable jornada laboral (aquí en México, diez horas diarias y sábados por la mañana).

Como todos ellos aparecieron en ediciones de dudosa legalidad, que no pagaban royalties a los músicos, no me planteó ningún dilema moral descargarlos cuando los tuve a tiro. Quien roba a un ladrón… : (más…)

La primera vez

The Greatest in Country Blues

Pocos meses antes de cerrar, la fabulosa tienda barcelonesa “Planet Music” empezó a saldar sus discos de blues y jazz. Conseguí bastantes joyas a muy buen precio (el vinilo de “In a Silent Way“, una recopilación de Fletcher Henderson para Smithsonian, la caja de Specialty records y otra de 3 lps en directo de Eric Dolphy…) pero ninguna que me marcase tanto como los tres volúmenes de “The Greatest in Country Blues” que me llevé a tres euros la pieza.

Por aquel entonces creía tener cierta familiaridad con el blues, gracias a un puñado de discos que había en casa de mis padres (el “Fourth and Beale” de Furry Lewis, otro de John Lee Hooker en Vee Jay y una historia del blues de CBS), a un tío melómano (que nos había acercado al blues blanco -John Mayall, Eric Clapton, Rory Gallagher, Johnny Winter…- y a los clásicos re-descubiertos en los 60), a mi hermano Alexo (que se trajo unas excelentes cintas de Blind Wilie McTell y Sleepy John Estes de su año de intercambio en EE.UU), y a mi propia curiosidad (que me había llevado a agenciarme discos de Robert Johnson, Muddy Waters, Howling Wolf o Lightining Hopkins).

Pero cuando puse aquellos tres discos, se me abrió un nuevo mundo. Sonidos que parecían venir no ya de otro tiempo sino de otra galaxia –el demonio llevándose a la mujer de Skip James, la oda al metílico casero de Tommy Johnson, el obsesivo triángulo que puntua el “Honey in the Rock“, las voces alucinadas de William y Versey Smith describiendo el hundimiento del Titanic, el mágico y trascendente “Dark was the Night” de Blind Willie Johnson (más…)

Canción Mixteca

cancionmixteca

Emigrado en tierras mexicanas, me acuerdo a veces de  aquella “Canción Mixteca cantada con un extraño acento yanqui que se escondía en los surcos de la inolvidable banda sonora de “Paris, Texas”, entre los evocadores paisajes de guitarra slide -inspirados en el “Dark was the night” de Blind Willie Johnson- y aquel largo monólogo -“I knew these people, these two people…”- que aprendí casi de memoria mucho antes de tener ocasión de emocionarme con la maravillosa película (y de enamorarme perdidamente de Nastassja Kinski). (más…)

Mr. Magic’s Rap Attack. Volume 4

Mr Magic's rap attac. vol 4

Por una de esas felices paradojas pop, este disco de horrenda portada que reúne vacas sagradas (Public Enemy, De La Soul, RUN DMC) con singles inmortales (“Push It” de Salt’n’Peppa -que hasta ahora sólo había  oído fusionado para la eternidad con el “No Fun” de los Stooges– o “It takes Two” de Rob Base & DJ EZ Rock) y con completos desconocidos que aportan imaginativos sampleados  (como ese “I shot the sheriff” o esa profética trompetilla en “We wanna Party” que anuncia el  reciente”Surf” de Donnie Trumpet, Chance the Rapper y compañía), resulta sorprendentemente coherente y adictivo y trasciende su modesto propósito original de recopilar los singles raperos más exitosos del momento (1988) para convertirse, treinta años más tarde, en la introducción perfecta a un género que -al favorecer el ingenio rimado sobre la pura musicalidad- resulta hermético incluso para gente abierta de orejas.

Nota: Agradezco a Tom Hull y a su excelente lista “1,000 Albums for a Long and Happy Life” el descubrimiento de este (y bastantes otros) discos.

Un café y me voy

De camino al trabajo, mientras escuchaba una antología de éxitos de música country (el volumen correspondiente a 1961 de la fantástica serie “Dim Lights, Thick Smoke and Hillbilly Music“),  di un respingo al reconocer una letra que me resultaba extrañamente familiar pero cuya melodía era nueva para mi. Miré el título en el ipod y vi que se trataba de la lacrimógena “I’ll Have Another Cup of Coffee (Then I’ll Go)” del semi-olvidado Claude Gray, en la que un hombre cuenta su última visita a esa casa familiar a la que ya no podrá volver tras el divorcio que está a punto de consumar. Trae la pasta que le ordenó el abogado y quiere pasar a besar a sus hijos mientras duermen y tomar una última taza de café “dulce y cálida” como el amor que sentía al abrazar a su (ex) esposa.

Tras descartar el “One More Cup of Coffee” de Bob Dylan, caí en la cuenta de que se trataba de la alegre tonada “One Cup Of Coffee” que cantaban unos bisoños Bob Marley y los Wailers a un ritmo mucho más acelerado que me había impedido hasta la fecha fijarme en su triste trasfondo.

Aunque son muy frecuentes las versiones jamaicanas de éxitos pop o soul norteamericanos, dice mucho de la falta de prejuicios musicales de Bob Marley que se animase a versionar este éxito country.

La Velvet en “The Matrix”

VU.COMPLETE MATRIX TAPES

En contraste con el empacho de Dylan de hace unas semanas, llevo varios días disfrutando enormemente de la recién editada caja de la Velvet Underground que recoge sus conciertos en el club “The Matrix” de San Francisco.

Aunque la mayor parte de estas grabaciones ya habían aparecido en el mítico “1969: The Velvet Underground Live with Lou Reed”, en “The Quine Tapes” –las interesantes grabaciones piratas de Robert Quine – y entre los extras de la extravagante edición de lujo de su tercer álbum aparecida hace unos meses, ésta es la primera vez que se editan íntegramente sus cuatro actuaciones en el club con un excelente sonido extraído directamente de la mesa de mezclas que convierte este artefacto en la mejor representación de la banda en directo.

Varios temas se repiten (con variaciones a veces muy importantes) en cada uno de los conciertos pero, dado que los fans de esta banda somos obsesivos y escasea tanto el material en directo de calidad, nos habría disgustado que la discográfica hubiese hecho la criba por nosotros.

Más de cuatro horas de música maravillosa e intemporal -un narcótico “Waiting for the man”, un salvaje “Sister Ray” de más de media hora (a la que no le sobra ni un minuto), anticipos del entonces todavía inédito “Loaded”, un pausado “Sweet Jane” con bastantes versos nuevos, ¿la mejor versión de “What Goes On”?, esos fenomenales juegos de guitarras entre Reed y Morrison –  confirman que esta banda era sobre todo una portentosa máquina de rock and roll moderno, hipnótico y alejado de clichés.

Una música vanguardista (tanto por su temática como por su renuncia a las tradicionales raíces negras del rock) que -con el paso del tiempo y de cientos de discípulos- está tan imbricada en el ADN del rock alternativo que se ha convertido, contra todo pronóstico, en tan clásica y canónica como Chuck Berry o los Rolling.

Ojalá aparezcan algún día grabaciones de esta calidad de la primera formación de la banda con John Cale y Nico.

Un empacho de Dylan

Dylan_COLLECTORS-PRODUCT-SHOT

Aunque no haya ningún músico del que tenga todos los discos ni ningún escritor del que tenga todos los libros y me revienten los montajes del director y las re-ediciones de discos clásicos repletos de tomas falsas y versiones alternativas que no hacen más que diluir la fuerza del artefacto original, he seguido durante años la colección de descartes de Bob Dylan (“Bootleg Series”), un artista que aguanta sorprendentemente bien este tipo de escrutinio minucioso.

De los que he escuchado, entre los 12 volúmenes editados hasta la fecha, los más entretenidos –aparte de las fantásticas “Basement Tapes” que no compré porque ya tenía “A tree with roots”, y el mítico “Live 1966” al que le sobra el primer CD- son el primero (1961-1991) y el excelente “Tell Tale Signs (1989-2006)” porque ambos cubren un período amplio en lugar de centrarse obsesivamente en un único momento o sesión.

Por eso, el recién aparecido volumen “The Cutting Edge” -que se ofrece en versión “normal” de 2 CD, “de lujo” ¡de 6CD! y “de coleccionista” de ¡¡18 CD!!- aunque se centra en la época 1965-1966 (en la que grabó los inmortales “Bringing It All Back Home”, “Highway 61 revisited” y “Blonde On Blonde”)- me parece uno de los más flojos de la saga.

Únicamente me he atrevido a escuchar la edición de 2 CD que, pese a ahorrarme sufrir 17 tomas seguidas de “Can You Please Crawl Out Your Window?”  o 18 de “Just Like A Woman” , me ha resultado excesiva. No hay obras maestras perdidas; sólo versiones inferiores de clásicos que tienes incrustados en el cerebro desde la adolescencia y forman ya parte de ti. Y aunque la música sea con frecuencia excelente, la procesión de espectros, fragmentos y esbozos apenas aporta nada a las redondas versiones clásicas que con buen criterio eligieron en su día Dylan y los productores.

Mostrar el andamiaje de una obra, el sudor y las lágrimas que permitieron crearla puede tener interés académico pero en este caso, para mí, sólo sirve para restar magia al mito de aquel joven iluminado que parecía canalizar espontáneamente verdades reveladas y que, en el  mágico año y medio que cubren estos recopilatorios, cambió la historia de la música popular.

Carne de mi piel, sangre de mi sangre

flesh of my skin

Tras una semana escuchando en bucle “Flesh of My Skin, Blood of My Blood” de Keith Hudson, noto ese cosquilleo infrecuente y maravilloso que sientes cuando un género o artista que creías conocer vuelve a atraparte con la misma fuerza que cuando se te abrió ese mundo musical por primera vez.

Atesoraba ya sus míticos “Pick A Dub” -uno de los discos más celebrados del género dub-  y “Studio Kinda Cloudy” -una excelente  colección de sus producciones editada hace ya bastantes años por Trojan- y sabía que Virgin había en su día intentado convertirlo en el próximo Marley, pero jamás sospeché que su trabajo como músico mereciese ser investigado más a fondo y mucho menos que pudiese superar sus  tejemanejes en la mesa de mezclas. Craso error.

Acompañado de algunos de los mejores músicos de la isla -Augustus Pablo (harmonica), Earl Chinna Smith (guitar), Leroy Sibbles (bajo), Santa Davis (drums)-,  y de los maravillosos coros de Candi McKenzie , el “príncipe oscuro del reggae” (y dentista a tiempo parcial) consiguió parir durante un exilio voluntario en Londres este alucinante híbrido musical con vagos toques blues, funk y hasta country. Un reggae moderno, extraño, oscuro  y alejado de las sobadas fórmulas del género.

Media hora de excelente música -la única “castaña” es la versión del “I shall be released”-  que recomiendo sin reservas a cualquier aficionado al género.

 

I’m Wild About That Thing

Tune Wranglers Sigo explorando el inagotable recopilatorio “Really the Blues?” y esta mañana me he levantado con una de esas melodías que no te  puedes sacar de la cabeza. Se trata de un irresistible tema de “Western-Swing” -ese sub-género de la música country (y poco reconocido precursor del rock and roll) que se caracteriza por su eclecticismo y sus versiones libres de temas blues o jazz- perpetrado, en este caso, por unos  Tune-Wranglers que consiguen insuflar nueva vida a un viejo tema de la gran Bessie Smith:

Bessie Smith- “I’m Wild About That Thing” (1929)

Tune-Wranglers: “I’m Wild About That Thing” (1936)

(Lástima que el sonido esté a años luz del conseguido por Allen Lowe, y que el “video” sea tan cutre) El grupo tiene también simpáticas canciones en español (“Rancho Grande”, sí esa que estáis pensando) y hasta algún tema hawaiano.

Nota:

A los interesados en una introducción exprés al género les recomiendo los siguientes recopilatorios:

“Hillbilly Fever!: Vol. I: Legends of Western Swing” (Rhino, 1995)

Una excelente introducción en un sólo disco.

“Doughboys, Playboys and Cowboys: The Golden Years of Western Swing” (Proper, 1999r)

Baratísima caja de 4cds con excelente libreto y selección de canciones.

“Okeh Western Swing” (Epic, 1982)

Recopilada por John Morthland (autor de la imprescindible guía “Best of Country Music”), este doble lp fue una de la primeras antologías del género y sigue siendo de las mejores. Recientemente se reeditó en CD.

Miedo y Terciopelo

Acabo de darme cuenta de que dos de las canciones que más me gustan de las carreras post Velvet Underground de John Cale y Lou Reed tratan sobre el miedo (y son terroríficas):
Fear is a man’s best friend“- John Cale (1974) 
Un cada vez más insistente y fuerte piano acompaña -de la placidez a la cacofonía- esta paranoica canción de Cale sobre el miedo, la vida y la muerte.
Waves of Fear” – Lou Reed (1982)
La mejor canción del excelente LP “The Blue Mask”  evoca a la perfección los pánicos nocturnos de un politoxicómano sólo en su habitación, ya sin alcohol ni pastillas, viendo extraños bultos por el suelo y sin atreverse siquiera a encender la luz. Alucinante guitarra del ex-Voidoid Robert Quine.

Nota:
Ambas dan para extensas y brillantes interpretaciones en directo. De la de Reed, merece la pena ver cómo la tocó en el desaparecido programa de RTVE  “La Edad de Oro” (¿Por qué ya no se hacen programas así?)