Categoría: fotografía

Viene-viene

En mi barrio hay árboles que producen tacos, árboles que producen bolsas llenas de excrementos de perro y árboles cortados en cuyos troncos puedes leer “aquí yace un hermano”.

Recientemente he detectado una nueva especie en la calle Miguel Schultz que empieza a producir bidones de plástico. Noche tras noche crece la cantidad de extraños frutos de colores que parecen caer siempre ordenadamente en el lado del tronco que da a la calzada.

Al ver esta mañana desde la acera de enfrente cómo uno de sus frutos marcaba el derecho exclusivo de uso de un lugar público de estacionamiento, me he dado cuenta de que, en su infinita generosidad, la madre naturaleza había mutado para hacer más fácil la vida de los viene-vienes, franeleros y gorrillas.

El ojo del arquitecto

En la hermosa exposición del arquitecto-con-cámara Alfonso López Baz encontramos impecables fotografías -en riguroso blanco y negro- de edificios de Siza, Niemeyer, Gehry, Toyo Ito o Luis Barragán.

Pero curiosamente, la imagen que más me intrigó fue la de una casa al borde del lago de Valle de Bravo con un aire misterioso e intemporal.

Podría ser alguna obra poco conocida de algún discípulo aventajado de Wright, o tal vez de algún exiliado centroeuropeo de la posguerra, aunque la serenidad que transmite hace pensar en un creador maduro, que ya ha superado la ansiedad por destacar y ya no busca más que la naturalidad. Alguien que aprecia la intimidad y la penumbra y que sabe combinar con sabiduría el hormigón con la mampostería y la piedra.

Cuando intento en vano rastrear más información sobre esta evocadora casa – y descubro con sorpresa que uno de los autores es el propio López Baz- pienso que tal vez sea mejor así. Que la imagen es aún más poderosa si sólo podemos imaginar lo que esconde.

Frente a mi ventana, mi coche

Por la ventana de mi oficina vi ayer un coche volador.

¿Qué extraña lógica puede explicar esa estructura tan ineficiente?

¿Por qué el derecho de alguien a aparcar puede prevalecer sobre el derecho a la luz y la vista?

¿O es que -como sospecho- cada vecino consideró una buena idea poder aparcar su coche delante de su ventana y se pusieron todos de acuerdo para gastar una considerable suma de dinero en construir ese monstruoso elevador?

Definitivamente, nunca dejará de sorprenderme este país.

Latinitudes

La exposición “Latinitudes” presentada en el Museo de la ciudad de México recoge el trabajo que el fotógrafo brasileño Leonardo Finotti dedicó a documentar la arquitectura moderna de América Latina.

Las estupendas fotografías -todas ellas en riguroso blanco y negro y evitando encuadrar edificios contemporáneos- parecen recién salidas de una de esas publicaciones de mediados del siglo pasado dedicadas a documentar las más punteras creaciones arquitectónicas (“Brazil Builds”, “Modern Architecture in Mexico”,….).

Una mirada atenta al deterioro de varios de los edificios (llenos de graffitis y desconchones) revela que las fotografías no son de su época de esplendor pero tanto la fuerza de los encuadres -sin fuga vertical, buscando acentuar el carácter icónico de las construcciones- como la ausencia de placas informativas sobre la ubicación, arquitecto y fecha del edificio y de la toma convierten todas las ciudades en una única ciudad y todos los tiempos en un único momento imposible de datar.

La pericia técnica capaz de hacer pasar fotografías contemporáneas por documentos de época es asombrosa y las fotografías son indudablemente hermosas, pero, tras visitar la pequeña muestra, quedan dudas sobre su finalidad última.  ¿Se trata de defender la vigencia del movimiento moderno? ¿Es una evocación nostálgica de un pasado que confiaba en un futuro mejor para todos? ¿Un simple ejercicio de estilo?

Sea cual sea la intención del autor, merece la pena visitar esta carta de amor a la fase heroica de la modernidad arquitectónica, y maravillarse por la fuerza que mantienen estos edificios para quien sabe apreciarla (y representarla).

Mosaico

Dos semanas después de este post me entero, gracias a David Lladó, de que este tipo de mosaicos se conocen como «Mosaicos Nolla» y tienen una historia bien curiosa.

En esta página dedicada a la rehabilitación de la casa Burés muestran un ejemplo extraordinariamente parecido al que encontré en San Ángel.

Con esta información, parece probable que este mosaico fuese importado de España o Inglaterra en el siglo XIX o principios del sigo XX y desde luego se confirma que tiene un gran valor.