Categoría: libros

“Kill all your darlings”

…es el consejo de Faulkner para aspirantes a escritor y la cita que Luc Sante eligió para titular su deslumbrante colección de ensayos del período 1990-2005 sobre temas que van desde el fumar o la desaparición del Nueva York bohemio de yonquerío y alquileres baratos a los Mekons, Victor Hugo, Rimbaud, Mapplethorpe, sus paisanos Tintin y Magritte, o los orígenes del blues.

Luc Sante_Kill All Your DarlingsSante  puede argumentar  convincentemente –en contra de todas las teorías comúnmente aceptadas- que el blues fue inventado por una persona concreta en un momento concreto. O que la estética del fotógrafo Walker Evans se basa en ver el presente como futuro pasado. O analizar los significados de los diferentes modos de sostener un cigarrillo (pulgar-índice vs. corazón-índice). O rastrear el cambio de significados de la palabra “funk” desde un pedo en un concierto de Buddy Bolden en el Back o’ Town de Nueva Orleans en 1902 hasta el hip-hop más contemporáneo. O proponer- a partir de su infernal experiencia laboral en una fábrica de objetos de plástico- una nueva forma de distribución salarial en la que los mineros del carbón viajarían en jet privado a sus trabajos. O  persuadir al lector de que Hergé – más que su Rembrandt, Leonardo o Cezanne- es el Euclides del cómic.

Sea cual sea el tema, Sante tiene una visión original que aportar y, lo que es más raro e importante, una “voz” que prende.

Nota:

Existe versión española (“Mata a tus ídolos”, Libros del KO.2011)

Modernos y ventanas (2)

Glass House_Philip Johnson   “Le contaré ahora una anécdota de cuando visité una casa de cristal, en Connecticut. Fuimos tres parejas y pasamos unas horas, después de haber comido allí, viendo al exterior bosques y prados maravillosos. Esta casa está formada de cuatro paredes de cristal con cortinas de tipo japonés, que entonces estaban levantadas y teníamos ante nosotros un paisaje completamente abierto. En el centro de la casa hay un cuarto circular –de mampostería o de concreto bien revestido- que encierra la sala de baños y un vestidor. Entonces, separadamente, pregunté a las señoras, después de pasar ahí dos horas, dónde les gustaría sentarse a leer o descansar o, inclusive, si habría un lugar donde se les antojaría platicar o huir del resto de las personas que vivieran dentro de esas cuatro paredes de cristal. Fue unánime la contestación: en el vestidor o en la sala de baños. Porque consideraron que era difícil estar viviendo completamente en el paisaje, aún cuando la intimidad allí existe porque no hay casas vecinas que molesten.”

(Entrevista a  Luis Barragán. revista Plural nº48. Septiembre de 1975)

La manera más expeditiva de evitar el “problema” de proyectar una ventana consiste en prescindir directamente de la fachada,  desmaterializándola hasta convertirla en una simple membrana de vidrio que pugna contra sus reflejos por desaparecer en el paisaje. La crítica de Luís Barragán a uno de los ejemplos más célebres de esa estrategia –  la “Glass House” que Philip Johnson se construyó en New Canaan en 1949- incide en lo importantes que resultan para el bienestar de las personas la intimidad y la sensación de control sobre el entorno. Y el misterio: “Luis Barragán,Casa_SalaUn paisaje tiene menos valor cuando es visto a través de una cortina de cristal; por tanta familiaridad, por su constante presencia, se reduce su valor. Yo disfruté al máximo el Duomo de Miguel Angel cuando lo observé, una vez, a través de la mirilla de una puerta. Así que, ¿por qué abrir toda la pared para traer el jardín al interior de una casa?”

(Entrevista de Selden Rodman a  Luis Barragán. 1958)

Con estos antecedentes, podría parecer contradictorio que al enfrentarse al problema en su propia casa, opte literalmente por “abrir toda la pared”. La desaparición de la fachada es tan radical como en la “Glass House” de Johnson, pero Barragán – en vez de intentar “traer el jardín al interior de la casa”- consigue que suelo, techo y paredes enmarquen un paisaje controlado y crea un lugar íntimo, misterioso y protegido. Un lugar óptimo para “platicar, leer, descansar o huir del resto de las personas”. Nota: Las citas de Barragán están extraídas del libro “Escritos y conversaciones” (El Croquis Editorial, 2000).

Nota : Ver también «Modernos y Ventanas (1)»  y «Modernos y Ventanas (3)» en este mismo blog

Las crónicas de Dylan

Dylan ChroniclesSiempre había pensado que los artistas de verdad hablan a través de sus obras y deben dejar los análisis e interpretaciones a público y crítica. Que cuando intentan explicarlas, su visión suele ser reduccionista y cerrada, y que nunca pueden agotar los múltiples significados que las obras transmiten a cada persona.

Y si el artista en cuestión es uno de los personajes más influyentes y enigmáticos de su época, escribir su autobiografía artística supone un enorme riesgo en el que se juega perder muchísimo más de lo que pueda ganar.

Por eso me había resistido hasta ahora a leer “Chronicles. Volume 1” de Bob Dylan. Temía que la imagen nebulosa pero rica que tenía del artista se viese alterada para siempre y sustituida por su propia falsificación del personaje.

Pero Dylan está hecho de otra pasta, y su autobiografía- que no es realmente el relato de su vida sino el de su formación y crecimiento como artista- no sólo no destruye el mito sino que lo humaniza y engrandece.

El grueso de la obra está dedicado a recrear maravillosamente el ambiente del Greenwich Village neoyorquino de los primeros años sesenta (“un paraíso que tuve que abandonar como Adán tuvo que abandonar el jardín. Era demasiado perfecto”), una bohemia llena de personajes extravagantes que alternaban tanto en los sótanos de garitos cutres como en los salones de la alta sociedad (Lomax, Hammond). Una época que nuestro hombre pasó durmiendo en sofás de amigos, absorbiendo como una esponja sus bibliotecas, luchando por mantener vivo el legado de su héroe Woody Guthrie.

Salpicado de infinidad de referencias culturales y jugosas anécdotas (el día que tocó con Cecil Taylor, su debut en disco como acompañante de Belafonte, su encuentro con John Wayne, su búsqueda de las canciones inéditas de Guthrie que acabarían en el “Mermaid Avenue” de Bragg y Wilco…), sorprende su franqueza y agudeza como crítico cultural.

Que alguien al que siempre se intenta elevar al Olimpo de la alta cultura (que si gran poeta, que si nominación al Nobel…) sea tan consciente de sus profundas raíces populares y en la cultura de masas y que las reivindique sin vergüenza, es iluminador.

Como lo es enterarse de que fue una canción de Kurt Weil (“Pirate Jenny”)  la llave a una nueva manera de componer, de su desdén por los “folk snobs”, de su deslumbramiento con Robert Johnson, o de su amor por músicos como Ricky Nelson menospreciados por su éxito comercial.

La sinceridad con la que reconoce abiertamente su gran bajón creativo de los años setenta y ochenta, sus dificultades para enfrentarse a su propio legado (“mis propias canciones se habían convertido en extrañas para mí”), sus miserias personales (la difícil relación con su padre)  o sus sufrimientos por el acoso de los fans y la expectación permanente por cada movimiento suyo,  también lo acercan al lector y lo engrandecen como ser humano.

En fin, que el libro está tan bien escrito que logra el más difícil todavía: humanizar a un icono. Si hay trampas literarias, funcionan tan bien que, en vez de a un viejo gruñón, mentiroso y resabiado, nos encontramos con un joven sincero e inocente que nos cuenta magistralmente la primera parte de la historia de su vida artística. Espero impacientemente la segunda.

Carcelona

Barcelona es la marca más importante de España”. Artur Mas (28/01/2013)

CarcelonaEl marketing ha sustituido a la política y la declaración del presidente de la Generalitat, advirtiendo de que España se juega  perder una de sus marcas más valiosas, me llamó la atención, tanto por la visión descaradamente mercantil del asunto como por el hecho de que, siendo el representante de una tierra tan rica, ponga el foco en “la marca Barcelona”.

No es una manera de hablar. Hace ya años que la política catalana está orientada a incrementar el valor de la marca Barcelona, y semejante dedicación ha dado sus frutos: destino Erasmus más deseado, top 3 en 2009 de las ciudades donde (los empresarios) creen que podrían llevar una vida más feliz, ejemplo de urbanismo contemporáneo, etc.

Pero hay problemas en el paraíso. Cada vez más barceloneses lamentan que la política ya no se centre en su bienestar sino en la promoción de la marca-ciudad (o, mejor, ciudad-marca), y  empiezan a sentirse excluidos en su propia casa, comparsas de una función continua planeada exclusivamente para el deleite del turista.   .

Uno de ellos es Marc Caellas, que dedica su provocador libro “Carcelona” (Editorial Melusina, 2011) a mostrar ejemplos concretos de los perjuicios que dichas políticas traen al ciudadano de a pie y a luchar contra este intento de construir “la ciudad soñada, donde sólo existe la clase media”.

Tras introducir cada entrada con una reveladora cita, pasa a relatar alguna vivencia o hecho concreto que le sirve para criticar algún aspecto del show de Truman en que se está convirtiendo la ciudad.

Aunque pueda discrepar puntualmente (me parece razonable que los dueños recojan las cacas de sus perros, no me gustan los toros…) comparto el mensaje de fondo, la reivindicación de la vida como algo complejo y que mancha, y la necesidad de luchar contra la voluntad uniformizadora que persigue ante todo facilitar la comercialización del producto Barcelona. Y, sobre todo, admiro la valentía de opinar libremente, sin miedo de apuntar al poder, meterse con los opinadores a sueldo (con nombre y apellidos), o proponer satíricas campañas publicitarias (“Carcelonia is not Catalonia” es mi favorita).

Lo leí de una sentada. Tuve la suerte de experimentar personalmente la gran transformación que el libro relata. Viví  la conversión del lumpen barrio de La Ribera en el fashion Borne,  los intentos de domesticación del Barrio Chino, la implantación de “la dictadura del civismo”, la escalada de precios de los alquileres o la pérdida de diversidad en las opciones de ocio nocturno. Pero he aprendido bastantes cosas de la visión de este barcelonés de nacimiento que regresa a casa tras pasar diez años en varias metrópolis americanas y nos cuenta lo que ve.

Frente al éxito planetario que se vende oficialmente, es de agradecer que haya gente que señale lo que se pierde por el camino, y que lo haga con la gracia de un cronista pegado a la calle, sin necesidad de palabras farragosas o conceptos académicos que oscurezcan el mensaje y lo separen de su destinatario natural, el ciudadano despierto.

Mierda y oro

30 gramos_Leonel Moura30 gramos de mierda contiene cada una de las 90 latas numeradas de “Merda d’artista” que Piero Manzoni fabricó en 1961 en su taller de Milán. En enero de 2002, el coleccionista francés Pierre-Emmanuel Vogué pagó 124.000 euros por una de ellas en una subasta en Sotheby’s.

A partir de estos hechos- con la excusa de seguir las peripecias que llevan al heredero de una de dichas latas desde la obsesión por conocer su contenido real al estrellato en el mundo del arte contemporáneo – este curioso libro del artista portugués Leonel Moura consigue resumir, en muy pocas páginas, la labor de zapa de las vanguardias más rompedoras y escatológicas que concluyó su triunfal campaña de destrucción del arte el día de 1995 en que Brian Eno devolvió la fuente de Duchamp a su esencia orinando en ella (“…un hilo de orines se vierte dentro de la ópera prima de la modernidad. El siglo XX acaba en ese momento. Desde entonces, el arte se dedica a repetir lo que ya está hecho. Es todo arte antiguo. ).

Puede verse como una novela sui-generis o como un ensayo camuflado, pero a mí a lo que más me ha recordado es al excelente falso-documental “Exit through the gift shop” que también aprovecha el relato del ascenso al estrellato de un artista de tercera fila relacionado con el graffitero Banksy para exponer crudamente la relación actual entre el arte y el dinero. Entre la mierda y el oro.

Nota:

Gracias al Papa Nöel de San Pedro de Álcantara por este regalo

Por el bien del imperio

Josep Fontana_ Por el bien del ImperioPese a mi aversión a los libros muy gordos y, exceptuando ciertas artes, mi limitado interés en el estudio de la historia, me embarqué en la lectura del monumental libro “Por el bien del Imperio” de Josep Fontana y debo confesar que no sólo me ha entusiasmado sino que me ha reconciliado con los “tochos” formato Biblia.

El propósito del profesor Fontana es contar en tan sólo mil páginas la historia del mundo desde el final de la segunda guerra mundial hasta nuestros días. Y, a ojos de este profano en la materia, lo consigue.

Tal como resume su título, el ensayo relata cómo la lucha por la supremacía mundial de las grandes potencias ha determinado el destino de la humanidad. Analiza los diferentes procesos, desde la larga guerra fría entre soviéticos y norteamericanos hasta la victoria arrolladora del “capitalismo realmente existente”, pasando por los menos conocidos- al menos para mí- tejemanejes de la última fase de los poderes coloniales franceses y británicos o el emergente poder asiático que marcará el presente siglo.

La estructura del libro -en capítulos cortos y en el que la vastísima y totalmente actualizada información de partida se referencia al final para evitar farragosos pies de página- unida a su transparente escritura y al interés de lo que se relata dan lugar a una lectura ágil y apasionante.

Una lectura triste -ya que el esquema básico de expolio, abusos, torturas, apoyo a las dictaduras, ruina y medicina neoliberal no deja de repetirse de una punta a otra del globo- pero necesaria, porque ayuda a entender mejor lo asquerosamente mal que funciona el mundo en que vivimos.

Modernos y ventanas

“… mis proyectos se habían basado en una técnica de diferenciación entre “positivo”y “negativo”, lo cual me permitía no tener que hacer ninguna ventana. Sin embargo, me di cuenta de que había situaciones en las que era absolutamente necesario hacer ventanas. Aquello suponía un problema real que no podía soslayar por más tiempo. (…). A la hora de hacer ventanas, el primer problema con el que hoy nos enfrentamos es que la arquitectura carece de “tamaño”-le falta dimensión para poder respirar-, y el segundo es el de la “profundidad”. Cuando recortamos una ventana en un muro, en los muros tal como los hacemos hoy, la ventana parece una superficie que esté vibrando. (…) tenía que superar la dificultad y diseñar ventanas; la cosa más difícil de hacer en arquitectura. Para mi es la “prueba” definitiva. Hay pocos arquitectos que sepan hacer ventanas muy bien, con honestidad. De hecho, se hacen tantos muros de vidrio, entre otras cosas, porque no se sabe hacer ventanas”  (Eduardo Souto de Moura. Entrevista con Luis Rojo.“El Croquis” nº 124, 2005)

Dada la resistencia de los arquitectos modernos a reconocer nuestras poco divulgadas dificultades con las ventanas, es de agradecer la sinceridad e insistencia –véase también la entrevista en “El País” de hace unos días o el libro “Conversaciones con estudiantes”-con la que Souto de Moura aborda este tema tan importante. Si sustituimos “mis proyectos” por “la arquitectura moderna”, podemos recordar como ésta empezó por destruir “la caja” (Wright), liberar las fachadas (Casa Domino) y perseguir a toda costa la abstracción (Neoplasticismo-Mies…) y acabó convirtiendo a la pobre ventana en un problema ya que, al estar tan cargada de significado e historia, remitía inevitablemente al pasado que se estaba intentando superar. Si obviamos otras tradiciones modernas-que las hay-, vemos como los seguidores y descendendientes de la línea dura/”Estilo Internacional”, hicieron ventanas corridas (una línea), muros cortina (una superficie), vidrieras (una interrupción del muro, un “negativo”) o tramas geométricas (“un dibujo”). Cualquier cosa antes que una ventana-ventana. Souto de Moura nos recuerda que con la desaparición de la “honestidad” (ponerlas donde hacen falta, no dónde quedan bien) y la “profundidad” (la fachada ha dejado de ser un interfaz grueso y complejo) -a los que se podría añadir la simplificación extrema de los elementos de regulación de la intimidad y la protección solar-, tal vez hayamos acabado perdiendo la ventana como lugar o, dicho a la manera de Christopher Alexander, “el lugar ventana”.

Nota 1:

El “lugar ventana” según el muy recomendable “El modo intemporal de construir” de Christopher Alexander (Gustavo Gili, 1979): “Cuando estás en una habitación durante equis cantidad de tiempo, dos de las muchas fuerzas que actúan sobre ti son las siguientes:

1. Tienes tendencia a ir hacia la luz. La gente es biológicamente fototrópica, de modo que, con frecuencia, te resulta cómodo situarte donde hay luz.

2. Si estás en la habitación durante equis cantidad de tiempo, probablemente quieras sentarte y ponerte cómodo. (…) si las ventanas sólo son agujeros en la pared, y no hay lugares ventanas, una fuerza me atrae hacia la ventana, pero otra me lleva hacia los “lugares” naturales de la habitación, donde se encuentran los asientos y las mesas cómodas.

En tanto permanezca en esa habitación, me veré empujado y rechazado por esas dos fuerzas, no podré hacer nada para evitar el conflicto interior que crean en mí. En una habitación que tiene como mínimo una ventana que es un “lugar”-un asiento de ventana, una ventana salediza, una ventana con un amplio alféizar bajo que te invita a acercar tu silla favorita par ver hacia afuera fácilmente, un antepecho o un pequeño hueco totalmente cubierto de cristal-puedes entregarte a ambas fuerzas, o sea, que resuelves el conflicto por ti mismo. En síntesis, puedes estar cómodo.”

Nota 2: Ver también «Modernos y Ventanas (2)»  y «Modernos y Ventanas (3)» en este mismo blog

Monk y el reloj torcido

“Solía tener fobia a cuadros y cosas colgadas en una pared algo torcidas. Thelonious me curó. Clavó un reloj en la pared ligeramente angulado, justo lo suficiente para enfurecerme. Lo discutimos durante dos horas pero no me dejó corregirlo. Al final, me acostumbré. Ahora, cualquier cosa puede estar colgada con cualquier ángulo y no me molesta en absoluto.”     Nellie Monk

Una anécdota puede a veces ser mucho más explicativa que una retahíla de adjetivos y conceptos para transmitir una sensibilidad determinada. Esta cita, con la que Gary Giddins arranca su perfil de Thelonious Monk en el magnífico libro “Visions of Jazz. The First Century”, me parece muy reveladora de una estética que asume la inutilidad de aspirar a la perfección.

El mensaje es profundo y me parece extensible a disciplinas diferentes de aquella para la que se formuló. Así, en el mundo de la arquitectura, hay una tradición que va de la época clásica hasta nuestros días (pasando por Mies Van der Rohe) que busca la perfección a través del orden. Tramas, módulos, ejes y alineaciones son los mecanismos a los que se confía la bondad del diseño. Con frecuencia, el resultado son edificios “perfectos” (en el sentido gramatical de “totalmente acabados”) pero muertos, ya que su rígidez les impide asumir con naturalidad lo más característico de la naturaleza humana: el cambio, el crecimiento. La vida.

Los placeres de Monteys

Uno de los placeres distintivos de la edición catalana de “El País” es la estupenda sección de crítica de arquitectura en el suplemento “Quadern” de los jueves escrita por Xavier Monteys. Textos claros e incisivos, dirigidos a los ciudadanos y no a los colegas de profesión, que obvian los nombres de los autores de las obras analizadas para sacar de cada caso concreto reflexiones de un alcance mucho más amplio. Auténticas lecciones de arquitectura.

Se acaba de publicar, en la colección “Microgrames” de la Universitat de Girona, “El plaer de la ciutat”, una breve selección de 18 de esos artículos que deberían servir para ampliar su público (aunque una edición bilingüe catalán/inglés no sea tal vez la mejor manera), e invitan a replantearse ideas tan arraigadas como las bondades de la peatonalización indiscriminada de calles o a entender cómo la aportación más importante de “La Pedrera” de Gaudi puede encontrarse más en su potencial de convertirse en modelo (planta) que en su excepcionalidad (fachada). Recuerdo otros artículos que no parecen haber pasado el corte y que me gustaría tener la oportunidad de releer en los que se analizaba la manía de ocultar la escala en muchos edificios contemporáneos o cómo la diferenciación de pavimentos urbanos podía acabar con la flexibilidad de una calle.  Tal vez, si la acogida es buena,alguien se anime a publicar selecciones mas amplias o que no se ciñan estrictamente a lo publicado en «El País».

En ese sentido, aunque al editarse en una revista especializada y no en un periódico generalista tengan una extensión mucho mayor y un tono más erudito y profesional, sería una excelente idea recuperar  también los magníficos artículos que escribió para la sección «Doméstica» de la revista “Quaderns d’arquitectura i Urbanisme” entre 2006 y 2010.

Krautrock Sampler

Por un increíble golpe de suerte, conseguí hace un par de semanas, en la librería inglesa de Gracia de segunda mano, el mítico libro de Julian Cope sobre Krautrock por menos de 5 euros. Aunque el género no me atrae demasiado (las epopeyas de una cara completa de elepé siempre me han tirado para atrás, y nunca he buscado que la música me ayude a viajar astralmente), me picó la curiosidad y como me constaba que andaba bastante buscado en según qué círculos, pensé que siempre podría deshacerme de él llegado el caso.

Es un librito pequeño, de menos de 130 páginas, que tiene ya casi 20 años (es de 1995) pero que fue el responsable de que se empezasen a reeditar todas las obras magnas de la Kosmische Musik.

Pues bien, pese a mi prevención contra el género y contra el autor-famoso por su amor por druidas,megalitos, brebajes alucinógenos y psicodelia- del que recuerdo sólo haber tenido hace años el recopilatorio “Floored Genius” (¿donde andará?) de las que me gustaban “Reward” y “Beautiful Love” con sus trompetillas, debo decir que he disfrutado enormemente la lectura del opúsculo y hasta es posible que algún día me atreva a agenciarme algún disco de Amon Duul II, Ash Ra Tempel, Neu, Faust, Can y compañía.

Tiene todo lo que un buen libro de música popular debe tener. Transmite vívidamente la pasión del autor por el género, explica su génesis, evolución y momentos estelares (desde Stockhausen,  los Monks y las base norteamericanas en la Alemania de posguerra, hasta su relación directa con Dalí o Timothy Leary). Está muy bien escrito mezclando datos eruditos, con imaginativas descripciones de la música e hilarantes observaciones estéticas/sociológicas (comparación entre el peinado de los Troggs y el de los Stooges, sin ir más lejos) y contiene una práctica guía de iniciación con 50 discos recomendados y comentados.

Ojalá tuviésemos libros parecidos sobre otros géneros  musicales.

Nota: El libro es muy “caro de ver”, pero circula por la red un pdf de fácil acceso y he visto enlaces a una lista de reproducción en Spotify con los 50 discos que Cope recomienda.Existen traducciones al francés y alemán y, si alguien se anima a editar una versión en español, me ofrezco para intentar traducir la diabólica prosa del druida.

Nota 2: Cope ha escrito también recientemente un libro semejante sobre rock japonés (Japrocksampler) y tiene en su página web “Head Heritage” interesantes guías/listas de reproducción comentadas sobre “Detroit Rock”:

http://www.headheritage.co.uk/unsung/feature/detroitrocksampler/

Y su personal interpretación de “Hard Rock” :

http://www.headheritage.co.uk/unsung/feature/hardrocksampler

Tres citas con la forma y el fondo

Leyendo el “Diario” de Jules Renard me encontré con esta anotación correspondiente al 15 de agosto de 1898:

No puede haber, por un lado, la forma, por el otro, el fondo. Un mal estilo es un pensamiento imperfecto

Que, por alguna razón, me hizo pensar en estas dos conocidas citas:

“Lo más profundo es la piel… Todo sucede en la superficie, allí se anudan los eventos de la vida y los pensamientos de los individuos”. Paul Valery. L’idée fixe ou Deux Hommes à la mer (1932)

Y: 

“En política, la forma es fondo”. Jesús Reyes Heroles, Secretario de Educación Pública de México.

Nota (Noviembre 2015): Curioseando ayer por los inagotables blogs de Diez del Corral me encontré con un escrito sobre las medianeras en la que me impactaron estas palabras: «Los edificios ensimismados y escultóricos no crean vida a su alrededor, sino que la niegan. No son fondos, sino formas

 

La (otra) capilla del bosque

Hojeando un curioso libro llamado “Sacred Buildings. A Design Manual”  de Rudolf Stegers me enteré de la existencia de otro destacado discípulo de Frank Lloyd Wright, además de mis admirados Schindler y Lautner.

El arquitecto se llama Euine Fay Jones y la obra que me llamó tan poderosamente la atención es la Thorncrown Chapel que construyó en 1980 en Eureka Springs, Arkansas. Frente al protagonismo del espacio interior de los otros ejemplos recogidos en el libro, la Capilla de la Corona de Espinas es un ejemplo de la arquitectura más esencial: una cubierta-una sombra- en el medio de un bosque de robles y arces. La unidad material (está construida íntegramente en madera local), la gran transparencia y las cuidadas proporciones (los pilares miden aproximadamente lo mismo que los troncos de los árboles vecinos) permiten que se funda completamente con el entorno.

Aunque algunos detalles puedan remitir al maestro Wright, me parece una construcción tan “natural” que resulta difícil de datar. Encuentro que tiene “eso” tan difícil de conseguir: un carácter intemporal.

Nota:

Teniendo en cuenta que esta obra fue considerada la mejor de 1981 y entre las diez más importantes del siglo XX por el American Institute of Architects, nunca dejará de sorprenderme lo eurocéntrica que llega a ser nuestra formación.

¿El más grande constructor de todos los tiempos?

Aunque en la mayoría de historias de la arquitectura moderna o no se le menciona o aparece como uno más de los pioneros del hormigón- entre figuras mucho menos relevantes como Maillart, Nervi o Perret-  la lectura del magnífico libro de José Antonio Fernández Ordóñez sobre Eugene Freyssinet me ha convencido de que tal vez se trate del “más grande constructor de todos los tiempos”.

J.A.F.O.  combina la biografía con el relato de sus hazañas como proyectista y constructor y con una selección de textos del propio Freyssinet para formar una imagen muy completa de este gran genio de la construcción.

Pese a revolucionar la ingeniería con el desarrollo de numerosas patentes (gato y anclaje de conos, tubos pretensados prefabricados, gato plano…), nuevas tipologías estructurales (hangares de Orly, puentes,…) y la invención de un nuevo material (hormigón pretensado), Freyssinet no era un genio loco encerrado entre toneladas de papeles sino un proyectista-director de obra-constructor que iba desarrollando las nuevas técnicas y herramientas que le permitían resolver problemas muy concretos y ganar infinidad de concursos de puentes y otras estructuras gracias a que sus inventos permitían abaratar increíblemente la construcción (desde sus primeros puentes clandestinos en Vichy hasta las cimbras reciclables de Plougastel) o resolver problemas para los que nadie más ofrecía soluciones (hundimiento de la estación marítima de Le Havre). Su falta de prejuicios le llevó incluso a proyectar barcos y alas de avión de hormigón.

En 1928, en la cumbre de su vida profesional tras haber construido las más importantes obras de hormigón armado del mundo (de Villeneuve a Plougastel), renuncia a todas sus patentes y derechos sobre sus diseños y abandona  la exitosa empresa que había formado con Claude Limousin para desarrollar una intuición que le obsesionaba desde el  principio de su carrera – el hormigón pretensado:

La idea de la tensión previa es sencilla: comprimir el hormigón para hacerlo capaz de resistir tracciones ulteriores permanentes
Hasta 1933 se dedica febrilmente a desarrollar su invento y pese a los decisivos avances técnicos que consigue desarrollar,  no consigue encontrar comprador para los postes que había creado y pierde en esos 5 años la fortuna que había acumulado durante los 23 precedentes. Con 55 años, arruinado y al borde de la desesperación consigue la proeza de evitar el hundimiento de la Estación Marítima del Havre aplicando sus teorías de las tensiones previas y comienza su resurrección profesional que tras llevarle a trabajar por todo el mundo  (Argelia, Venezuela,Brasil) ya no acabaría hasta su muerte en 1962.

Cualquier ingeniero que hubiese llevado una de las dos vidas de Freyssinet (pre y post  1928) merecería  ya figurar entre los más grandes del siglo XX, pero que ambas hazañas fuesen llevadas a cabo por una única persona que lo arriesgó todo, elevan su categoría a la de “más grande constructor de todos los tiempos”.

Nota: Toda la información está sacada del libro “Eugène Freyssinet” de José Antonio Fernández Ordóñez (Xarait, 1972).  Pese a sus 400 páginas (con apéndices y notas técnicas) el relato central se lee casi como una novela de superación frente a las adversidades y creo que sería una gran idea reeditarlo.

La edad de oro 2 (origen)

Retomando la analogía biológica, existe una tipología de aficionado a las artes que, en vez de venerar la etapa “clásica”, mitifica “los orígenes”. Su edad de oro no es la que corresponde a su adolescencia (ver post anterior)  sino la de la infancia del género objeto de su devoción. Son los apóstoles de lo auténtico. Si les gusta el jazz, opinan que vamos cuesta abajo desde que Louis Armstrong dejó la banda de King Oliver. Si son rockers, todo se jodió cuando Elvis se fue a la mili. Si les gusta el blues, adoran la imagen del esclavo cantando desgarradoramente mientras recoge el algodón.

Quizá la formulación más clara que yo he visto de esta postura se encuentra en el prefacio de la segunda edición del excelente libro de Nick Tosches “Country. The twisted roots of rock’n’roll”. Tosches desarrolla la idea de la siguiente manera: 

“Creo en el poder de los orígenes, una creencia en que, como lo expresa el Eclesiastés, “Lo que fue, eso será, Y lo que se hizo, eso se hará. No hay nada nuevo bajo el sol.”, en que lo que reclamamos como originalidad y descubrimiento no son más que aires y delirios de nuestra inocencia, ignorancia, y arrogancia; en que lo que se diga, fue dicho mejor- más poderosa, hermosa y puramente- hace mucho. La aurora de los dedos rosados de Homero es la más grande aurora de dedos rosados; la luna de dedos rosados de Safo, igual. No hay nueva sabiduría, sólo tontos que encuentran su camino a lo viejo; ni nueva poesía, sólo poetas tomando un aliento tan viejo como el tiempo” 

Siempre me han interesado mucho “los orígenes” y cuando encuentro algo que me gusta mucho, intento conocer de donde viene. Pero creo que cada vez que “un tonto” con sensibilidad emprende su camino a lo viejo, vuelve de la excursión con algo nuevo.

NOTA:

Pese a haber pasado de crápula outsider de la crítica musical a convertirse en exitoso autor de best-sellers (!), nadie ha considerado oportuno traducir al español los grandes libros de Tosches sobre música. No he leído la biografía del killer Jerry Lee Lewis, ni la de Dino, pero recomiendo encarecidamente tanto el citado “Country. The twisted roots of rock’n’roll” como “Unsung heroes of rock’n’roll”. La traducción del fragmento citado es mía y si alguien se anima a publicar alguno de ellos, aquí estoy para lo que haga falta.