¡No más castros!

Los últimos años de abundancia, coincidieron en nuestro país con una efímera moda de utilizar el círculo como base de bastantes proyectos arquitectónicos. Las apoteosis de esta tendencia iban a ser la fracasada ciudad judicial de Madrid, donde me parece recordar que todos los edificios debían ser redondos y el también paralizado palacio de congresos (“la moneda de canto”) de la misma ciudad, en el que se acabó la financiación durante la cimentación.

Así que de aquella fiebre, como realidad construida, no ha quedado tanto pero, curiosamente, lo que ha quedado está en Galicia (ayuntamiento de Lalín, museo arqueológico de Lugo). ¿Casualidad? No lo creo.

En mi modesta opinión, los gallegos debemos ese honor al amor de los políticos por las metáforas construidas. Un ojo (planetario de Valencia), una ola solidificada (Fundación Caixa Galicia en Coruña) o una vieira (Ciudad de la Cultura en Compostela) son algo mucho más fácil de entender y comprar que un edificio.

Y, en Galicia, no se me ocurren muchas cosas que puedan apelar más directamente al corazoncito nacional-popular de un jurado que una referencia a los castros celtas. Daba igual que el programa fuese administrativo o expositivo, la caprichosa geometría quedaba inmediatamente legitimada por la referencia histórica.

Souvenirs

A los primeros que vi hacerlo fue a los japoneses (aunque “Si hoy es Martes, esto es Bélgica” apunta a precedentes norteamericanos). Las vacaciones estaban tan comprimidas que disponían de una semana escasa para ver toda Europa.

Escindidos entre la imposibilidad de asimilar semejante caudal de información y el deseo de amortizar el viaje, optaban por fotografiarlo y/o grabarlo en video para, teóricamente, paladearlo a la vuelta; y en la práctica, someter a traición a los amigos a interminables y tediosas proyecciones tras la cena.

En un primer momento, debido al prohibitivo precio de la tecnología (revelar salía por un pico), el documento gráfico se limitaba a una foto de grupo ante cada monumento para demostrar que se había estado allí. Se seleccionaban las mejores, y se pegaban cuidadosamente en un álbum.

De repente, el advenimiento de lo digital, y el consiguiente abaratamiento de la tecnología, permitió documentar exhaustivamente la totalidad del viaje. Terabytes de fotos y videos a los que nunca se accedía acababan perdidos en los discos duros o en tarjetas de memoria de creciente capacidad.

Y ahora, no hacen falta ni cámaras. Basta el teléfono. Ni memoria física, está la nube. Se dispara, se comparte, y se va llenando el hiperespacio de eso que antes quedaba en la intimidad del hogar.

“Souvenirs”, la divertidísima exposición del gran fotógrafo Martin Parr en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, trata estos y otros temas relacionados con el turismo de masas y el coleccionismo, tanto de imágenes, como de souvenirs y otros subproductos. Funciona por acumulación:

Una colección de autorretratos tomados durante 20 años en esos decorados de cartón en los que al sacar la cabeza por un agujero apareces en un escenario surreal (la boca de un tiburón, entrenando kárate con Putin, de gondolero…), una muestra de su espeluznante colección de postales turísticas, la vivienda del coleccionista compulsivo Juanjo Fuentes (para mí lo menos interesante y traído un poco por los pelos), otra muestra de su colección de souvenirs relacionados con Sadam, Osama o Margaret Thatcher, o una selección de fotos en playas (desde las artificiales de un mall japonés hasta Benidorm).
Todo en surrealista tecnicolor pero real como la vida misma.

NOTA 1:

No puedo resistirme a poner una pequeña banda sonora, el “Souvenirs, souvenirs” de Johnny Halliday:

NOTA 2:

Para los de Barcelona, los domingos es gratis, y el resto de días si llevas un souvenir lo suficientemente hortera, también.

Para los de fuera, un breve video para que os hagáis la idea:

http://www.youtube.com/watch?v=MzQCDtxQnn4

La edad de oro 2 (origen)

Retomando la analogía biológica, existe una tipología de aficionado a las artes que, en vez de venerar la etapa “clásica”, mitifica “los orígenes”. Su edad de oro no es la que corresponde a su adolescencia (ver post anterior)  sino la de la infancia del género objeto de su devoción. Son los apóstoles de lo auténtico. Si les gusta el jazz, opinan que vamos cuesta abajo desde que Louis Armstrong dejó la banda de King Oliver. Si son rockers, todo se jodió cuando Elvis se fue a la mili. Si les gusta el blues, adoran la imagen del esclavo cantando desgarradoramente mientras recoge el algodón.

Quizá la formulación más clara que yo he visto de esta postura se encuentra en el prefacio de la segunda edición del excelente libro de Nick Tosches “Country. The twisted roots of rock’n’roll”. Tosches desarrolla la idea de la siguiente manera: 

“Creo en el poder de los orígenes, una creencia en que, como lo expresa el Eclesiastés, “Lo que fue, eso será, Y lo que se hizo, eso se hará. No hay nada nuevo bajo el sol.”, en que lo que reclamamos como originalidad y descubrimiento no son más que aires y delirios de nuestra inocencia, ignorancia, y arrogancia; en que lo que se diga, fue dicho mejor- más poderosa, hermosa y puramente- hace mucho. La aurora de los dedos rosados de Homero es la más grande aurora de dedos rosados; la luna de dedos rosados de Safo, igual. No hay nueva sabiduría, sólo tontos que encuentran su camino a lo viejo; ni nueva poesía, sólo poetas tomando un aliento tan viejo como el tiempo” 

Siempre me han interesado mucho “los orígenes” y cuando encuentro algo que me gusta mucho, intento conocer de donde viene. Pero creo que cada vez que “un tonto” con sensibilidad emprende su camino a lo viejo, vuelve de la excursión con algo nuevo.

NOTA:

Pese a haber pasado de crápula outsider de la crítica musical a convertirse en exitoso autor de best-sellers (!), nadie ha considerado oportuno traducir al español los grandes libros de Tosches sobre música. No he leído la biografía del killer Jerry Lee Lewis, ni la de Dino, pero recomiendo encarecidamente tanto el citado “Country. The twisted roots of rock’n’roll” como “Unsung heroes of rock’n’roll”. La traducción del fragmento citado es mía y si alguien se anima a publicar alguno de ellos, aquí estoy para lo que haga falta.

La edad de oro 1 (adolescencia)

La analogía biológica aplicada a las artes (nacimiento- desarrollo-esplendor-decadencia-muerte) es un esquema reductor que señala un período concreto como el período “clásico” de una disciplina.

En el caso de la música popular, dicho período tiende indefectiblemente a coincidir con la adolescencia del escriba u oyente de turno. Para algunos no hubo momento más excitante que los inicios del rock´n´roll, para otros nada iguala “la década prodigiosa”, la energía del punk, el olor a espíritu juvenil del grunge o los inicios de la cultura rave.

La música es para muchos algo asociado a la juventud, las fiestas y las reuniones con amigo;  un entusiasmo compartido que une al grupo. Por eso, la mayoría deja de preocuparse activamente por ella cuando sienta la cabeza: el trabajo, los niños… ¿a quién le queda tiempo (y/o dinero) para invertir en música?

Quedan dos vías para ordeñar ese mercado:

La primera, esos repentinos raptos nostálgicos que permiten rentabilizar las giras de regreso de los grupos que triunfaron en su adolescencia (hombres g, por poner un ejemplo) o, peor, los musicales en que se recrean éxitos de antaño (mamma mia, por poner otro).

La segunda, exprimir a aquellos que todavía compran música como homenaje a su fijación adolescente con algún determinado artista (pasa mucho con springsteen y U2). Gente que pasa religiosamente por caja con cada nuevo lanzamiento del artista de marras o paga sin pestañear (ahora  tal vez pestañeen un poco) la morterada necesaria para verlos en el camp nou. Son el target ideal de esas infladas ediciones de-luxe que tanto se llevan ahora, con las que las discográficas intentan venderte lo mismo por tercera vez (lp, cd, edición “de luxe”). ¿De verdad alguien escucha los discos de rarezas que, en teoría, justificaron la inversión?

En las sabias palabras de la abuela de un amigo querido- refiriéndose a nuestra incorregible manía de salir por la noche-  ambas vías me parecen “una pérdida de tiempo, dinero y categoría”. Para mí, hay buena música en todas las épocas y está por todas partes: en la red, en la banda sonora de una película, en un anuncio…sólo hay que abrir las orejas y, cuando se presenta, no dejar que se escape.*

* aún lamento no haber preguntado cual era la maravillosa música hawaiana que acompañaba una de las animaciones de Kentridge en la retrospectiva del Macba de hace años.

“Pastuqui” para todos (los gustos)

Como no se habla de otra cosa, por lo menos que sea con ritmo. Ahí va una lista de reproducción de grandes canciones relacionadas con el vil metal:

Brother can you spare a dime?”-Bing Crosby (1932)

El himno oficioso de la gran depresión en Estados Unidos: ¿Hermano, puedes darme diez centavos?:

Poor but ambitious”- Wilmoth Houdini (1940)             

Me recuerda el mítico diálogo de mi abuelo con unos gilipollas a la entrada del colegio:

-Juan, ¿tú de quien desciendes?

– Yo no desciendo,  yo asciendo

( de ésta no he encontrado enlace en youtube, sólo en grooveshark)

Your cash ain’t nothing but trash”- The Clovers (1953)

Un clásico del R&B. Tu dinero no vale una mierda:

“Money”- Barret Strong (1959)

Obvia, pero no podía faltar: “The best things in life are free but you can give ‘em to the birds and bees…I want money”. Toda una declaración de principios!:

 Shake you moneymaker”- Elmore James (1961)

¡Menea esa máquina de hacer dinero!:

Blue Money”- Van Morrison (1970)

El fotógrafo sonrie, el cámara sonrie, y el dinero azul que el cantante quiere ir a gastarse con su chica parece ser el que ella ha ganado con sus posados (¿desnuda?). En todo caso, una gran canción:

(esta no está en la lista del grooveshark…)

Money”-Horace Andy (1974)

Siempre nos quedarán los rastas para denunciar las maldades de Babilonia/Occidente, y aclararnos que es el dinero la raiz de las mismas (…money, money, money, money, money,  is the root of ALL evil):

Free Money”- Patti Smith (1976)              

Siempre me ha gustado ese crescendo desde el pianillo inicial hasta el rocanroll desbocado final:

Take the cash (K.A.S.H)”-Wreckless Eric (1979)

Además de la inmortal “Whole Wide World” debemos a Eric Goulden este himno oficioso de los autónomos: ¡Pilla la pasta en efectivo!:

Money”-The Flying Lizards (1979)

Esta va por Begoña:

L’argent appelle l’argent”- Pamelo Mounk’a (1981)

Una gran canción de uno de los cantantes de los muy reivindicables Bantous de la Capitale congoleses. Ya iba tocando poner algo africano:

Knocking”-Carolina Chocolate Drops /Luminescent Orchestrii (2010)

A veces es buena idea juntar dos bandas (aconsejo agenciarse el EP). Grabada en una toma. La incluyo por el pegadizo estribillo “Show me the money, show me the money…”:

NOTA:

Lista de Grooveshark (falta el “blue money” de van morrison):

http://grooveshark.com/#!/playlist/Pastuqui+Para+Todos+los+Gustos/70706107

Cirugía de casas

Hace ya unos cuantos años, en una conocida librería del Raval, me llamó la atención un pequeño libro de extraño título- “Cirugía de casas”-, y de un autor del que nunca había oído hablar -Rodolfo Livingston- pero que iba por la décimo segunda edición.  La curiosidad, una ojeada a la introducción, lo personal del enfoque -con capítulos con títulos como “Faltan techos, sobran paredes”, “Las modas pasan…las casas quedan”, “Arquitectura cáscara contra arquitectura objeto”- y, para que negarlo, su asequible precio acabaron de convencerme de apoquinar y llevármelo a casa.

Ya en su día me pareció una lectura de lo más recomendable para arquitectos y gente que tenga que vérselas con ellos y creo que la actual coyuntura lo vuelve todavía más necesario. A los primeros, puede enseñarles que, a veces, el mejor servicio que se puede dar a un cliente puede ser un simple consejo o unas directrices sobre intervenciones mínimas que él mismo puede llevar a cabo, pero que dicho servicio debe cobrarse (y, lo más interesante, explica cómo hacerlo). Para los segundos pensó el título alternativo del libro (“Como defenderse de los malos arquitectos”) y su lectura puede ayudarles a aclarar conceptos, definir con claridad sus necesidades y no dejarse embaucar.

El libro proporciona un antídoto poderoso contra esas casas de papel couché en la que el habitante parece molestar y, con palabras sencillas y ejemplos cotidianos que incluyen las transformaciones que tuvo que hacer en casas “de diseño” para hacerla habitables, transmite un importante mensaje humanista. Hay que olvidarse de “enfatizar volúmenes”, “acusar texturas” o “balconear” (con esto no sé muy bien a que se refiere pero me encanta la palabra) para centrarse en lo importante: mejorar la vida de las personas.

Puede parecer una ambición modesta, en contradicción con “la gran arquitectura” obsesionada con la innovación formal y/o tecnológica. Algunas intervenciones pueden parecer “feas”, como las vulgares fotos que las ilustran, pero es que su objetivo no es la belleza, sino la felicidad de sus usuarios.

Nota 1:

El autor, deseoso de compartir su experiencia, ofrece la descarga gratuita del libro en su página web:

http://www.estudiolivingston.com.ar/

Nota 2:

Comparto su constatación de que “el Neufert”  (también conocido bajo el pomposo título de “El Arte de Proyectar en Arquitectura”), pese a no ser jamás mencionado, es probablemente el libro de mayor –y más perniciosa- influencia en el diseño de viviendas “modernas”, ya que su catálogo de dimensiones mínimas acabó convirtiéndose en un estándar. Como dice Livingston: “El comportamiento humano, esencia misma de la arquitectura, no se compone de medidas, sino de escenas; más que de escenas, de ceremonias. Hacer el amor, comer en familia, bañarse, entrar en una casa, y cocinar, ocupan un espacio físico, es cierto, pero ocupan también el espacio psicológico en el que siempre se desenvuelven nuestras ceremonias cotidianas. Y de esas ceremonias está hecha la vida.”

¿Aló?

Propongo una pequeña selección de canciones relacionadas con el teléfono, todas ellas anteriores a la proliferación masiva de celulares, y todas ellas muy queridas.

-“Pelo telefone”- Bahiano (1917)

El primer éxito de la samba brasileira cantado por el gran Manuel Pedro dos Santos, “Bahiano”. Mira si son modernos estos brasileiros que no he conseguido encontrar más canciones con referencias al teléfono hasta 1940 (los bluesmen de aquellos años aun recibían únicamente letters de sus babies):

– “Pennsylvania 6-5000”- Glenn Miller (1940)

El título es el número de teléfono del hotel Pennsylvania de New York, que según dicen es el más antiguo de la ciudad que continúa en servicio. Muy pegadiza, hay bastantes versiones y homenajes, desde el biopic de Glenn Miller protagonizado por James Stewart (que es el enlace que incluyo aquí), hasta la cutre-comedia ochentera Transylvania 6-500 o un sampleado de Milli Vanilli (!):

-“Long Distance Call”-Muddy Waters (1951)

Muddy Waters en la cumbre de sus poderes y perdidamente enamorado hasta que una llamada de larga distancia le informa de que “hay otra mula en el establo de su chica”:

-“Memphis, Tennessee”- Chuck Berry (1958)

Gran composición de Chuck Berry en la que cuenta sus intentos por contactar, a través de la operadora de larga distancia, con una chica- Marie- que lo ha llamado pese a la oposición de su madre. Tras la larga charla con la operadora, llega la mayúscula sorpresa de la última línea. ¡Marie tiene solo 6 años y no es su amante, sino su hija!:

-“Beechwood 45789”- The Marvelettes (1962)

Uno de los más grandes “girl-groups”  (Please Mr. Postman!, Playboy!,…) de los 60 dándole a un chico tímido pero prometedor su número de teléfono para que pase a verla y la saque a bailar cuando quiera. Con invitaciones así, yo no me lo pensaría demasiado:

-“Off the hook”- The Rolling Stones (1964)

Mick llama a su chica pero no para de comunicar. ¿Qué pasa? ¿Facturas sin pagar? ¿Estará dormida? ¿Enferma? La angustia le reconcome y, finalmente, prefiere ser el quien descuelgue su teléfono…¡para ponerse a leer! (No es exactamente la reacción que uno esperaría de los chicos malos oficiales de los 60):

-“Call Me”- Al Green (1973)

El rey del soul sofisticado y elegante suplicando a su chica que lo llame y vuelva a casa. Colosal (como todo el resto del disco del mismo nombre):

-“Hangin´on the telephone”- The Nerves (1976)

Popularizada por Blondie un par de años después (en el estupendo lp “Parallel Lines”) pero aprovecho este post para reivindicar a estos olvidados pioneros del Power-Pop angelino:

– “Bad Connection”- Yazoo (1982)

Y llegamos a la temible época del tecnopop, en la que, como en todas, siempre hay cosas de lo más aprovechables si se rebusca un poco. ¡A ver si arreglan de una vez el tendido para que Allison Moyet pueda hablar con su amorcito!:

-“Telephone and Rubberband”- Penguin Cafe Orchestra (1977-1981)

Totalmente instrumental pero basada en la repetición de un tono telefónico. Una delicia:

– “Answering Machine”-The Replacements (1983)           

Y para acabar, una desesperada meditación del maestro Paul Westerberg y sus Recambios, con la que cerraban su maravilloso disco “Let It Be”. ¿Como le dices te echo de menos a un contestador automático?:

I love my house (arquitecturas felices)

Sumidos en plena crisis cuesta creerlo, pero hubo no hace tanto tiempo-sobre todo en los Estados Unidos- una época de optimismo desbordante ante la vida. Habían ganado la guerra, la economía iba como un tiro y tenían una confianza absoluta en que el progreso no tenía límites.

Aunque fuese un espejismo, fue un momento feliz que produjo arquitecturas felices. Por un lado estaban los que aspiraban a universalizar el estilo de vida moderno con sol, luz y vida al aire libre, intentando plantear modelos económicos repetibles-el programa de las Case-Study Houses o la iniciativa de Joseph Eichler- y, por otro, los más fieles al individualismo característico de los norteamericanos-como mi admirado John Lautner o, el protagonista del post de hoy, Andrew Geller.

Geller fue un auténtico innovador en el diseño de segundas residencias, de formas juguetonas y extravagantes que constituían un marco perfecto para un estilo de vida hedonista (pre-ley de costas, todo hay que decirlo). Aunque puedan parecer “frívolas”, aquí donde tan arraigados están entre algunos arquitectos la austeridad, el no pasarse, la sobriedad y otros valores de tradición católica; y entre algunos clientes el imaginario Falcon Crest/narcopazo y sus variantes regionales, me parece que podemos aprender valiosas lecciones de sus propuestas. Por ejemplo, que existen vías más desenfadadas de resolver el problema de la segunda residencia, o que se debe intentar que la huella del edificio sea la mínima posible y que hay pocas cosas de peor gusto que una casa fuera de escala.

Porque aunque Geller siempre buscaba esquemas formales potentes, sintetizables casi en un logotipo (casa “Faro”, casa “A”, casa “Monopoly”, casa “Tetrabrik Tumbado”…) y en cierto modo  sus viviendas podrían calificarse de “caprichosas”, también es innegable que se ajustaban como un guante a las necesidades de sus clientes. Eran baratas, muy pequeñas pero espaciosas, con un carácter juguetón ideal para un refugio de vacaciones, y con un aire de precariedad/provisionalidad muy apropiado a su emplazamiento entre dunas. Por desgracia, dicha precariedad era algo más que una imagen, y las mareas vivas de los Hamptons y Fire Island se llevaron por delante algunas de sus más valiosas creaciones. Pero aún más destructivo que las mareas fue el mal gusto de los nuevos ricos que compraban sus casas para demolerlas y sustituirlas por desmesurados bodrios neo-coloniales (las McMansion las llamaba él).

En todo caso, independientemente de los vaivenes de la crítica, creo que para un arquitecto hay pocas recompensas más gratificantes que recibir una carta como la  que le envió su clienta la señora Eileen Hunt:

Nota 1:  Debo esta información al estupendo libro “Beach houses. Andrew Geller” de Alastair Gordon (Princeton Universty Press, 2003) que conseguí de saldo en el remate final de la desaparecida, y nunca suficientemente llorada, librería barcelonesa Interlibro.

Nota 2: Los proyectos de las casas playeras de Geller los hacía en su tiempo libre, ya que trabajaba a tiempo completo en la oficina de Raymond Loewy

Nota 3:  Andrew Geller  murió en Diciembre del año pasado a los 87 años. Su muerte parece  haber despertado el interés en proteger su legado:

http://www.andrewgeller.net/

Vestido amarillo de algodón

Un párrafo escaso, palabras comunes, un estribillo de una sola línea. Una canción pop redonda:

The yellow cotton dress is beautiful no doubt

but it becomes a motherfucker when you fill it out

The pillow on your side is practically brand new

But it can’t offer comfort to me until it smells of you

You’re everywhere 

The silverware you used is on the table still

Someone else will have to move it ‘cause I never will 

You’re everywhere 

Y si ya es difícil hacer una canción de este calibre, sus compañeras de disco no le van en absoluto a la zaga. Saquen esas libretas y anoten: El grupo: Wussy.  El disco: Funeral Dress (2005).

Y eso solo fue el principio. Desde entonces han sacado 4 discos más sin bajar el listón (Left for Dead, Wussy, Funeral Dress II y el reciente Strawberry, todos en Shake It Records, todos excelentes). Empezaron siendo pareja pero, a diferencia de Kim&Thurston, la ruptura les permitió componer más grandes canciones en vez de suponer el fin de la banda.

Lo triste es que semejante derroche de talento no ha impedido que Chuck Cleaver tenga que seguir picando piedra (literalmente) y Lisa Walker atendiendo las mesas de un local, que sus giras sigan siendo en furgoneta y en locales de menos de 100 personas, ni que, después de casi diez años, apenas hayan vendido 15.000 discos.

La verdad, no sé a que esperan los del Primavera Sound a traerlos.

NOTA 1: (Intento de traducción)

El vestido amarillo de algodón es bonito, que duda cabe

Pero es que cuando tú lo llenas, se sale

La almohada de tu lado es prácticamente nueva

Pero no podrá consolarme hasta que a ti huela 

Estás en todas partes 

En la mesa sigue puesta tu cubertería

Alguien tendrá que retirarla, yo jamás podría 

Estás en todas partes

NOTA 2:

“Funeral Dress” es tan bueno que aguanta una prueba más difícil que la del algodón: la del unplugged. Para celebrar el “Record Store Day” del año pasado, se armaron de cervezas y lo tocaron de principio a fin. No sé que versión de las dos me gusta más. Ahí os va la acústica, que es más difícil de conseguir (sólo se editaron 500 copias):

NOTA 3: Web de la banda

http://www.wussy.org/

Tú a Woodstock y yo a Caledonia

En teoría, odio los discos piratas. Mi primer encontronazo con este subproducto de la cultura popular fue en el instituto, cuando era fan perdido de la Velvet. Ya me había agenciado todos sus discos oficiales así como los recopilatorios de rarezas “VU” y “Another View” (a esas edades tendemos a la obsesión y al completismo), cuando un día, en el escaparate de la desaparecida tienda compostelana de electrodomésticos Daviña, vi un enigmático cd de mis artistas de cabecera. Era muy caro para mis posibilidades de entonces pero su rareza y aura de clandestinidad me atraían poderosamente. Me acercaba regularmente a ver si seguía allí, hasta que conseguí reunir el dinero (3.000 pesetas) necesario para hacerme con el misterioso disco.

Corrí a casa y lo puse. Sonaba a mierda. Versiones horrendas, prácticamente inaudibles de canciones muy queridas para mí (te gusta el feedback, ¡toma dos tazas!). Furioso con el dispendio volví a la tienda y les eché la llorada  diciéndoles que pensaba que era un recopilatorio oficial con algún defecto de fabricación ya que nadie en su sano juicio podría aguantar aquel desvarío cacofónico. Se apiadaron y me dieron un vale.

Desde entonces intento evitar tener roces con piratas (aún así, tengo el interesante “Live at Portland, Oregon” de Television y el bastante menos interesante “It´s too late to stop now” de Dream Syndicate). Durante muchos años conseguí mantenerlos alejados hasta que la lectura de “Stranded. Rock and roll for a Desert Island” e “Invisible Republic. Bob Dylan´s Basement Tapes”, ambos de Greil Marcus, pusieron muy arriba en mi lista de objetivos dos piratas de artistas que amo: Van Morrison y Bob Dylan. Se trataba de “Van the Man”, un lp de 1974, y “A Tree With Roots”, una caja de 4 cedés del 2001. Como son “caros de ver”, pasaron años antes de que los localizase a un precio asequible para mi maltrecha economía (24 euros uno, 29.95 el otro). Pero la espera mereció la pena.

Coincido con el profesor Marcus. Ninguna de las bootleg series oficiales del bardo de Minnesota (tal vez el segundo disco, el eléctrico, del “Live 66”) se acerca a A Tree With Roots, las célebres “Basement Tapes” al completo. Nunca estuvo Dylan tan relajado y juguetón, tocando versiones de todo tipo (“A fool such as I”,”Cool Water”, “The Banks of The Royal Canal”…), alterando a voluntad éxitos de su infancia (“See ya later Allen Ginsberg”, “Quit kicking my dog around”)  o componiendo algunas de sus mejores canciones (“I shall be released”, “This Wheel´s on fire”, “I’m not there”, “Sign of the Cross”,“Apple suckling tree”,“Open the door, Homer”…). Evidentemente, hay de todo, pero es uno de los discos de Dylan que pongo con más frecuencia, que es lo que al final cuenta. Un hermoso caos.

Ya sabéis, es la famosa etapa, allá por 1967, a la vuelta de la controvertida primera gira eléctrica, en que Dylan tuvo el accidente de moto, se ocultó una buena temporada en el sótano de una casita rosa de Woodstock con sus compinches de The Band, y al acabar la estancia él sacó “John Wesley Harding” y ellos “Music from Big Pink”, además de parir entre ambos el primer pirata rock de la historia “The Great White Wonder” que recogía algunas de las grabaciones del subterráneo. ¡Poca broma!, como dicen en Cataluña.

Y respecto a Van the Man el célebre pirata de 1974- que recopila material en directo en el Fillmore West, outakes de “His Band and Street Choir” y rarezas grabadas en los estudios Pacific High- ningún fan del león de Belfast que se precie, debe perderse maravillas como el instrumental de 18 minutos “Caledonia Soul Music”, la excelente versión del “Just like a Woman” de Mr. Zimmermann, o la sentida interpretación del “Friday’s Child” de su primer e infravalorado grupo Them (para mí están al nivel de los Stones de esos años).

Moraleja: Las reglas auto-impuestas están para saltárselas y me alegro de no haber respetado la de nunca más comprar un pirata.

NOTA 1:

El libro de “Invisible Republic”, de 1998, también editado como “The Old, Weird, America” en 2011 está íntegramente dedicado a las Basement tapes, con lo que probablemente constituya el récord mundial de longitud de unas notas para un disco. Es recomendable, para los fans de Dylan, por el apéndice en el que comenta brevemente canción por canción cada una de las tomas de las “Basement Tapes” y, para los fans del folk americano, por la extensa discografía final comentada.

Existe una versión anterior (e inferior) de “A Tree With Roots” en 5 cedés llamada “The Genuine Basement Tapes”. Tiene un orden diferente, alguna canción menos y, sobre todo, un sonido bastante peor. De “A Tree With Roots” existen varias ediciones (ver la página monográfica sobre piratas de Dylan bobsboots.com). A no ser que seas fetichista, es relativamente fácil descargársela de torrents y blogosferas y bajarse las portadas en bobsboots.

NOTA 2:

El pirata “Van the Man” en vinilo es bastante difícil de conseguir, pero existen varias versiones en doble CD con partes del mismo material (“The inner mystique”, “Live at Pacific High, 1971”). La pieza más esquiva es “Caledonia Soul Music”, una obra maestra poco conocida:

NOTA 3:

Para los que estén interesados en la historia de las grabaciones piratas en la música rock, hay un interesante libro del prolífico Clinton Heylin llamado precisamente “The Great White Wonders. A History of Rock Bootlegs

Edificios icónicos y flores de plástico

“Cuándo éramos ricos”, que diría Évole, te podías encontrar fácilmente en el pliego de condiciones de un concurso de proyectos de arquitectura que el objeto del mismo era conseguir un edificio “icónico”. Dado que los iconos suelen ser representaciones planas de realidades tridimensionales, supongo que lo que querían realmente decir es que se buscaba un edificio que fuese una imagen. Un edificio que pareciese un render.

Por alguna extraña razón,  me hace pensar en una visita a mi difunta tía abuela Isabel en la que nos agradeció el ramo que le habíamos llevado diciendo: – ¡Que flores más bonitas! ¡Son tan bonitas que parecen de plástico!

(No) intenten esto en sus casas

En la tele de nuestra infancia antes de proceder a ejecutar un “más difícil todavía” que implicase explosiones, fuego, cuchillos y otros riesgos, solían advertir con voz engolada al espectador contra cualquier tentación de reproducir en sus hogares lo que estaban a punto de ver.

Acciones en casa” de Bestué y Vives (pese a incluir piruetas, inundaciones y electricidad) me produce justo el sentimiento contrario- cruzar el salón sin pisar el suelo, disfrazarse de pared, montar una fiesta de generación perdida, camuflar comida, hacer una fuente con cacharros de cocina, conseguir que los muebles de ikea hablen desapasionadamente en sueco, hacer un espectáculo dadaísta con ejercicios de fonética arquitectónica…- ¡Que edificantes ocupaciones para una aburrida tarde de domingo!

Como la mayoría de las cosas buenas, admite diversos niveles de lectura. Lo disfrutan tanto los niños (el mediático ronaldinho saliendo del televisor, jugarse la vida patinando sobre dos pastillas de jabón, el escatológico descuido de papel de váter…) como snobs de diverso pelaje concentrados en encontrar guiños culturetas (Schlemer, Nauman, Fluxus, los minimalistas…y tantos otros que no habré pillado). Con una factura cutre, marca de la casa (ver  “Acciones en el Universo” o el curioso libro “Formalismo Puro”) y que, para mí, alude al cualquiera-puede-hacerlo; utilizan el humor para “comentar” los últimos 100 años de arte sin salir de un típico piso del ensanche barcelonés (podía ser el de REC) y sirviéndose de cosas totalmente cotidianas.

Este video es la parte referida a la casa de un esquema más ambicioso que se ocupa de diferentes escalas de intervención (desconozco  “Acciones en Mataró” referida al espacio público y “Acciones en el cuerpo” referida al ídem) que culmina con la instalación “Acciones en el Universo”. Esta última está actualmente en la primera planta del Caixa Fórum de Barcelona y es una especie de “Túnel del Terror” de parque de a(tra)cciones que atraviesa una serie de once habitaciones que van desde “lo micro” hasta “la implosión” pasando por “el interior del cuerpo”, “el interior de la tierra”,”la superficie física”, “el universo”, “la perfección mental”, “la dialéctica”, “la realidad mental”, “el fin del mundo” y “la rotura” . El recorrido por tripas, figurillas de todo a 100, perfecciones y conflictos, piedras existencialistas, lámparas de mesa-soles, podredumbres y espacios acolchados inestables; acaba revelando que el universo de  Bestué y Vives, tal como muestran en  la precaria maqueta de la instalación, es un piso.

No recuerdo haberme divertido tanto en una exposición de arte contemporáneo.

Nota 1:

Parece ser (ver El Pais del 12/02/2012) que esta es su última obra juntos, en cumplimiento estricto de lo estipulado en su obra-contrato de 2006 en la que los dos artistas, uno hetero y el otro homo, se comprometían a cuando dicha obra/contrato se vendiese-tal como acaba de suceder- hacerse una felación recíproca, pese a que ello daría lugar a la inevitable fisura entre ambos.

Nota 2:

Enlace al video de “Acciones en casa” :

y a la web de los artistas:

http://www.bestuevives.net/

Calypso Exprés

El calypso, además del barco de Cousteau, es la música de Trinidad y Tobago, y algo mucho más cercano de lo que pudiéramos pensar. Propongo 10 paradas exprés (un “mini-mapa arbitrario” que diría Gary Giddins) para familiarizarse con el género en media hora escasa:

1. “Sedition Law”- King Radio (1940)  

  Un clásico intemporal. Una de esas que se te pegan al cortex y no puedes evitar canturrear. El sonido clásico del calypso, con sus características letras pegadas a la actualidad y de alto contenido político.

2. “Rum and Coca Cola”- Andrews Sisters (1946) 

Ya en 1946, los norteamericanos buscaban “inspiración” en los éxitos de Trinidad. A la canción le cambiaron una palabra aquí y allá para evitar pagar royalties a su autor, Lord Invader, que tuvo que pleitear duro para que se reconociesen sus derechos.  Litigios aparte, esta versión pop me parece estupenda.

3. “Banana Boat Song (Day O)” – Harry Belafonte (1956)     

 Fuera de Trinidad, la máxima estrella del calypso fue Harry Belafonte. Su disco del mismo nombre  (“Calypso”, 1956) tuvo un éxito arrollador, y algunos de sus éxitos reaparecen periódicamente. Los  de mi quinta conocimos esta canción por un anuncio de piña colada de una conocida marca de refrescos sin gas, otros por “Bitelchús”…Venga de donde venga, bienvenida sea.

4. “Saturday Night Blowout”- John Buddy Williams Band  (1956)    

Como buena música callejera,  me parece importante añadir un ejemplo de orquesta instrumental con público que transmita algo de la excitación del carnaval.

5. “Booboo Man”- Lord Melody (1956)    

 Increíble convertir en un gran éxito una letra sobre ser tan feo que asustas a tus propios hijos.  Cosas del calypso.

6. “Coconut Woman”- Harry Belafonte (1957)   

  Como siempre, los puristas echan pestes pero yo lo encuentro irresistible (me mata la despedida    “bye-by-by-by-by-bye-bye-by-by-by-bye”).

7. “No Crime, no Law”- Lord Commander (1959)   

Una velocidad vertiginosa comparada con el habitual “ritmo tropical” pero es que el comandante tiene algo importante que decir. Sin crimen, no hace falta ley y a las fuerzas del orden (policía, jueces…) les conviene que la delincuencia no decaiga porque ¡perderían sus trabajos!.

 8. “He no dead yet”- King Fighter (1962)   

Aunque por lo festivo de la música nadie lo diría, esta canción relata el triste episodio de peleas entre hermanos por la futura herencia en el mismo lecho de muerte de su padre.  Sólo el cantante  se avergüenza y les grita “¡Eh, que áun no ha muerto!.

 9. “If you want to be happy”- Jimmy Soul (1963)    

 Uno de los grandes éxitos de los 60 que, por lo familiar, tardé mucho en identificar como calypso.  Una vez más, rabiosamente deslenguado (“Si quieres ser feliz para el resto de tu días, cásate con una mujer fea…”). Lo incluyo, más que por su calidad, como ejemplo de que no hace falta buscar calypsos “en montañas muy lejanas ni desiertos muy remotos” porque a veces el ritmo se mete de lleno en el “hit-parade”.

10. “Congoman”- Mighty Sparrow (1964)   

“Envidio al Congoman porque come hasta inflarse la barriga y yo aún nunca he probado carne de blanco”.  El Poderoso Gorrión nos proporciona el antídoto perfecto a la corrección política con esta oda al canibalismo inter-racial.

Nota 1: 

Como no me aclaro mucho con la tecnología, he montado una lista en grooveshark con la secuencia completa: http://grooveshark.com/#!/playlist/Calypso+101/69410802   Espero encontrar pronto alguna forma más sencilla de compartir la música de la que hable. 

Nota 2: 

Para los que tengan ganas de profundizar un poco más, 4 de estos 10 temas están incluidos en el CD “Calypso Awakening” de Smithsonian/Folkways que recopila varios elepés de Cook Records de finales de los 50-principios de los 60. Junto a “Calypsos From Trinidad: Politics, Intrigue and Violence in the 1930’s” de Arhoolie Records, me parece una buena introducción a este ritmo. Y si el gusanillo sigue picando, hay varios cedés excelentes de Rounder Records con grabaciones históricas (“Calypso Breakaway”, “Calypso Carnival” y “Calypso Pioneers”) antes de empezar con discos enteros de algún artista (“Mighty Sparrow vol.1”, Ice Records). Para los que “naden en ambulancia” hay una documentadísima (incluye un excelente libro de 316 páginas) pero un pelín excesiva, caja de 10cds “West Indian Rhythm” de Bear Family. Yo conseguí la mía a 1/3 del precio después de rebuscar durante años en ebay. 

Nota 3:  

Como sucede con algunos jazzmen (Duke Ellington, Count Basie, Earl Hines, Nat King Cole…), músicos africanos (Chief Stephen Osita Osadebe, King Sunny Ade…) y raperos ( GrandMaster Flash, Notorious Big…),  llama la atención el amor de los calypsonianos (Lord por aquí, Mighty por allá..) por ponerse apodos “molones” que aludan a la aristocracia u otras formas de poder. 

Mesié Dipón, pionero de la aviación

Pocos de los personajes que poblaban nuestra infancia permanecen y, de entre esos pocos, aún menos siguen presentándose regularmente tantos años después. Pero cada Navidad, justo cuando acaba el año y la ingesta etílica alcanza el nivel preciso, aparece puntual Mesié Dipón, un niño aventurero y malcriado que un día buen día compró un globo aerostático, intentó dirigirlo únicamente con aire e, ignorando las súplicas de su madre y la presencia de una comisión venida ex-profeso desde Antequera, se negó en redondo a pisar tierra firme hasta haber alcanzado el peñón de Gibraltar.

Tardé bastantes años en saber que Mesié no era el nombre de nuestro héroe, sino “Señor” en francés, lo que contradecía la idea que me había hecho de su edad, y no fue hasta  ayer mismo que,  gugleando “Antequera+ globo+peñón de Gibraltar” encontré la encantadora guaracha “Adiós Lucrecia”, que canturrea el inefable Pedro Infante mientras conduce su descapotable al inicio de la película “Escuela de vagabundos”. Tras unas estrofas en las que habla de Lucrecia, Venecia y las noches de cabaret, parece pasar a una canción diferente y el súbito reconocimiento me hizo dar un respingo: 

Santos Dumont, Santos Dumont

Inventó  un globo

que pensaba dirigir con aire solo

sentado en su silla estaba

pa’ tomar la dirección

y cuando más alto estaba

su  papa le preguntó:

hey Dumont ¿ bajas o no?,

¡no, no y no!

 

Baja Dumont, baja Dumont

Que aquí te espera

La comisión que ha de llevarte

a la Antequera.

 

Que se vaya donde quiera

que no me pienso bajar

que me pienso dirigir

hacia el peñón de Gibraltar.

Ahí estaban los escenarios y personajes principales. Estaba el peñón de Gibraltar y estaba también Mesié Dipón sólo que, en vez de comprar el globo, lo había inventado, la comisión no venia de Antequera sino que se dirigía allí, y era su papá en vez de su mamá quien le preguntaba. Pero la respuesta no variaba: ¡no, no y no!

La canción fue compuesta por Fernando Estenoz y Antonio Medina, del trío Avileño (de Ciego de Ávila, México; que no del Ávila castellana) y la versión que inicia la película se grabó el 15 de Febrero de 1955 en los estudios Peerles de México DF. Sigo buscando versiones anteriores, y sigue intrigándome la querencia de los abulenses mexicanos por la toponimia española  pero, al menos, la misteriosa identidad de Mesié Dipón se había desvelado. No era otro que Alberto Santos Dumont (1873-1932), el gran pionero brasileño de la aviación moderna al que muchos dan preeminencia sobre los mismísimos hermanos Wright.

Nota 1:

Esta pequeña pieza de arqueología pop está dedicada a mi queridísimo tío Calo, que cumple hoy años, y que entre muchas  cosas de las que realmente importan, como jugar al fútbol o al ajedrez, nos enseñó la canción de Mesié Dipón.

Nota 2:

Link de la pieza musical:

La primera vez que me llamaron viejo

(Sábado por la mañana en una conocida tienda de discos de Tallers que empieza por “R”, afluencia normalita entre la que destaca un trío de adolescentes . La voz cantante la lleva nuestra heroína de hoy- “la Chica Megáfono”- acompañada por un secuaz que intenta tímidamente meter baza de tanto en tanto-“el Amigo Gay”- y un tercer sujeto silencioso de aspecto consumido, que los sigue sin decir ni mu -“el Emo”. La Chica Megáfono, la más ducha en asuntos musicales del grupo, revolotea de cubeta en cubeta, afirmando orgullosa su identidad y superioridad al vociferar el nombre de cada grupo que iba reconociendo en su triunfal marcha)

C. M.: -¡Dylan es guai! ¡Mola un montón!

E.: –(silencio circunspecto)

A. G.: -Pues a mí no me suena de nada. Y es de un feo que te mueres

C. M.: -¡Mira! ¡Los Clash! ¿No conocéis should-i-stay-or-should-i-go?

De repente, el griterío se vuelve ensordecedor:

C.M.: – Es Kurt! (dando sonoros besos a la caja del CD). ¡Era tan guapo! ¡Es el mejor! ¡Y pensar que tocó aquí en Barna! . ¡Jo! ¡Cómo me gustaría haber nacido unos años antes y que mis padres me hubiesen llevado al concierto de bebé…aunque ahora fuese una vieja !.

Resulta que yo sí tuve la suerte de estar aquella noche de Febrero del 94 en el pabellón de la calle Lleida , y no precisamente “de bebé”, sino pasados los 20, con lo que deduzco que, a ojos de la Chica Megáfono, más que un viejo, debía de ser un dinosaurio.