Amables personajes

Oscar Tuwsquets_Amables Personajes

Oscar Tusquets Blanca es uno de esos ensayistas (como Félix de Azúa o el difunto Juan Antonio Ramírez) con los que me resulta imposible resistirme a pasar por caja cuando veo su última obra en alguna librería.

Desde el ya lejano “Más que discutible” que me deslumbró en los últimos años de carrera, encuentro sumamente adictiva esa prosa ligera y transparente, que renuncia a formular grandes teorías y deja que sean las pequeñas anécdotas, observaciones y vivencias personales las que cuenten la historia.

De hecho, la clave misma de su escritura aparece en la cita de Merimée a la que se refiere en dos ocasiones (“Disperso Anecdotario Correano” y “Un añorado Tom Wolfe”): “De la historia sólo me interesan las anécdotas”, reformulada por el autor como: “Por favor, intelectuales, denme anécdotas que las conclusiones ya las sacaré yo mismo”.

Ese enfoque hace que todos sus libros sean, en cierto modo, autobiográficos y esta serie de perfiles de amables personajes (más en el sentido de a(d)m(ir)ables que en el de am(ig)ables”) que trazan su biografía tanto vital como intelectual, lo es en aún mayor medida que los anteriores.

Haber intimado con Dalí, Antonio López, José Antonio Fernández Ordóñez, Coderch, Miró, Blahnik, Barceló, Bofill o Leni Riefensthal da para anécdotas muy jugosas; y con aquellos personajes que no trató personalmente (Gaudí, Domenech i Muntaner…) sí estableció relaciones profundas (pasar de máximo opositor a la Sagrada Familia a apologeta y restaurar varias de sus obras, respectivamente) de las que extraer chascarrillos y enseñanzas.

Si alguna crítica puede hacérsele al libro es que algunos perfiles (Bertín Osborne, Kate Moss) parecen metidos un poco con calzador ya que en ellos se rompe este vínculo vital con el personaje y se revela el hecho de que, en realidad, se trata de una recopilación «hormonada» de escritos aparecidos en diversos medios .

Pero creo que más que una crítica es envidia cochina por una vida tan plena como la que sugieren estas páginas y el deseo de que algún día nos regale unas buenas memorias, en las que haya espacio para tantos otros amables personajes aquí únicamente esbozados como secundarios.

Las mujeres de…

El principal tema de las canciones populares es el amor y sus vicisitudes, y lo habitual es que se centren en una única persona -my baby, my gal, my girl…o my man (is such a handy man) -, pero existen algunas canciones en la que el cantante se dirige o refiere a las mujeres de un determinado lugar (así, en general). Aquí van cuatro hermosos y variados ejemplos:

“West Virginia Gals”-Al Hopkins & His Buckle Busters (1928)

Extraída del volumen póstumo de la fabulosa “Anthology of American Folk Music” de Harry Smith, la canción es un aviso a las mujeres de Virginia del Oeste de que no se casen con hombres de su estado (viven en cabañas, no se cambian los calcetines en todo el año…).

Por lo visto, está basada en otra canción anterior, “Free Nigger” (1841) del repertorio minstrel en la que se advertía a las chicas de Virginia que no se casasen con hombres de Carolina. ¡Pobres chicas de Virginia con tanta intromisión masculina!

“As mozas de Vilanova”- Coro Agrupación Artística Galega (1920’s)

Esta emocionante versión de una conocida canción popular gallega, por desgracia, no está ni en youtube ni en grooveshark, pero vale la pena rastrearla en el muy recomendable recopilatorio “The Music of Cuba 1909-1952” de Richard K. Spottswood. No deja de tener su gracia que investigando las raíces de la música cubana me encontrase con las mías propias.

“Wanawake Tanzania”- Salum Abdallah & Cuban Marimba Band (circa 1960)

Un nombre genial para un grupo genial que descubrí gracias a una de esas maravillosas recopilaciones de John Storm Roberts (“The Tanzania Sound”/“Dada Kidawa”). Sólo sé que el título significa “Las mujeres de Tanzania” y que me encanta.

“Las Caleñas Son Como Las Flores”- The Latin Brothers – (1975)

El fantástico grupo de Fruko (el de “y sus Tesos”), con Piper Pimienta como vocalista, hizo esta irresistible versión del clásico de Arturo J. Ospina celebrando a las mujeres de Cali.

(Y como propina…en la misma línea de alabar las virtudes de las chicas del pueblo de uno, ya compartí aquí hace tiempo la excelente “Les Brazzavilloises” de Franklin Boukaka)

«London Girl»- Pogues (1985)

De su fantástico EP «Poguetry in Motion»

Los Manantiales

La Sala de Fiestas/Restaurante «Los Manantiales» en los canales de Xochimilco, proyectada por Félix Candela (y Joaquín Álvarez Ordóñez) en 1958 sigue funcionando a la perfección. Hoy había sesión de baile cubano.

Félix Candela 1958
El mural del patio de acceso
Félix Candela 1958
Vista desde el embarcadero Zacapa

La idea

CONCEPTO_foa virtual house

“Mi arquitectura tiene tantos flujos como la de Zaera, lo que pasa es que hoy hay un tipo de edificios que busca reconocerse con la idea de flujo … Si además hay un enunciado previo teórico que habla de los flujos, éste parece legitimar esas formas y se convierte en una explicación supuestamente coherente de algo en realidad caprichoso”  Victor López Cotelo. Entrevista en “El Pais” 12/07/2003

En la escuela, al arrancar un proyecto lo crucial era tener “la idea”. Es decir, un “concepto” fuerte que guiase su desarrollo, y en esos momentos de duda que inevitablemente surgen, nos permitiese optar siempre por la solución mas “coherente” con esa “idea” previa, aquella que más potenciase su legibilidad o visibilidad en el resultado final.

Por poner un ejemplo que estuvo bastante de moda, si la idea era “el flujo”-monumentalizar la circulación hasta convertirla en el argumento central del proyecto-, la propia forma del edificio debía ser la expresión de ese movimiento, sus suelos y paredes del mismo material la expresión de la continuidad espacial- y hasta el encuentro entre ellos debía evitar esas aristas vivas que marcarían una separación clara optando en su lugar por ligarlas con superficies curvas (con “fillets” en vez “chamfers”, por decirlo en lenguaje CAD). No es-como señaló López Cotelo al comentar la obra de Zaera, principal inspirador de estas “ideas”- que sus edificios (y los de sus imitadores) tengan más flujos que los de los demás, sino que convierten la expresión de ese aspecto particular en el principal argumento proyectual. Lo que podría ser un esquema de partida para la organización de la circulación por su interior, se convierte en un edificio-suprimiendo o callando todas las otras variables a las que una construcción debería dar respuesta. Es una metonimia arquitectónica en la que se toma una parte del edificio para representar un todo.

Aunque la monumentalización del flujo es un ejemplo extremo por la ruptura formal que produce (la idea puede otras veces ser dos bloques de escollera –el Kursaal de Moneo-, el pixelado de una foto de Marylin- el proyecto de Herzog y de Meuron en Tenerife, o “la ola solidificada” de Grimshaw en A Coruña), todas las aproximaciones al proyecto que parten de un a priori formal, son las propias de lo que Pallasmaa llama “la arquitectura del ojo”, a la que opone la obra de Aalto que -en vez de someter sus edificios a una única idea formal totalizadora- los enfoca como “aglomeraciones sensoriales”*.

Una arquitectura basada en el “realismo sensorial”, que “dibujada puede parecer torpe” porque está concebida para ser apreciada al encontrársela física y espacialmente “de cuerpo presente”, en el mundo real y no como la construcción de una imagen previa que vuelve artificial e inerte el resultado.

La idea del edificio como “aglomeración sensorial” me parece muy sugerente, por su renuncia a la búsqueda de la unidad, porque vuelve a poner al ser humano y sus sensaciones en el centro y porque ese proceder por agregación de episodios es el característico de la mejor arquitectura sin arquitectos (y de su reformulación como lenguaje de “patrones” que llevó a cabo Christopher Alexander y su equipo de investigadores).

 

*Juhani Pallasmaa. “The eyes of the skin” (Wiley-Academy, 2005):“Instead of the disembodied Cartesian idealism of the architecture of the eye, Aalto´s architecture is based on sensory realism. His buildings are not based on a single dominant concept or gestalt; rather, they are sensory agglomerations”

 

Vergüenza y Escándalo

Recordando que Dylan atribuyó al impacto que le produjo el lp “Odetta sings Ballads and Blues” (1956) la decisión de cambiar la guitarra eléctrica por la acústica, lo compré de saldo en la desaparecida tienda de Tallers del inefable JL –aquel que siempre se las apañaba para anotar en las diminutas etiquetas del precio de los discos de segunda mano mensajes para animar al comprador del tipo “ imprescindible joya psicodélica” o “gemas tracks 5 y 8” – y, desde la primera escucha, la canción “Shame and Scandal” -una balada trágica sobre una mujer enamorada de su cuñado- captó mi atención sobre todas las demás:

Me la encontré años más tarde en un recopilatorio de los años mozos de Peter Tosh (1965) bajo un disfraz bien diferente y con una desternillante letra a años luz de las pretensiones de trascendencia de Odetta:

La simpática letra de la versión de Tosh y los Wailers nos cuenta la historia de un joven enamorado al que su padre le dice que no puede continuar sus amoríos porque “la chica es tu hermana pero tu madre no lo sabe”. Al buscarse a otra, resulta que “la chica es tu tía pero tu abuela no lo sabe”. Cuando, ya desesperado, recurre al siempre sabio consejo materno nos enteramos con genial golpe de efecto final de que “tu padre no es tu padre pero tu padre no lo sabe”.

Y, al investigar de donde venía, me enteré de que (la versión de Odetta) era un calypso  de Sir Lancelot salido de la película de culto “I Walked with a Zombie” (1943) de Jacques Tourneur, aunque sospecho que si nos remontásemos más, acabaríamos encontrándonos con una de esas jocosas canciones populares cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos.

Negocio

 

bag-of-money

“La arquitectura o es popular o es culta. Lo demás es un negocio”. Alejandro de la Sota (“Por una arquitectura lógica”, 1982)

 Desde que De la Sota escribió su certero aforismo, la arquitectura popular prácticamente ha desaparecido del mapa por obra y gracia de la especulación y la globalización; y lo que pasa hoy en día por arquitectura culta (la de la mayoría de Pritzkers y sus epígonos) sirve como coartada para revalorizar económicamente yermos desiertos de hormigón -como la ría bilbaína antes del advenimiento del Guggenheim- o de arena -como la transformación de Dubai en la cumbre del “pelotazo”.

Ahora ya todo es negocio.

 

Tres peligros del dibujo

DIBUJO- De La Sota

“No se debe nunca erigir desde un plano, desde un dibujo; todo lo contrario, el auténtico camino es crear en el espacio infinitas posibles proyecciones, hijas, no madres.” Eduardo Chillida (“Escritos” )

El dibujo es una de las herramientas principales de la arquitectura y, excepto en los casos más extremos e inmediatos de autoconstrucción, acompaña necesariamente el proceso de proyecto y construcción de los edificios -desde los primeros tanteos mediante bocetos hasta la definición de plantas, fachadas y detalles constructivos-, y permite fijar y transmitir ideas, atmósferas o dimensiones.

Una herramienta que permite aproximarse a algo complejo, tridimensional y en lo que intervienen varios sentidos reduciéndolo a líneas, manchas y signos sobre un papel pero tan poderosa que si olvidamos su papel subordinado y le otorgamos un papel excesivamente importante puede pasar de aliada a enemiga.

El primer peligro es que su gran poder de sugestión puede confundirnos y llevarnos a pensar que un bonito dibujo implica un buen edificio. Por eso un gran arquitecto (y excelente dibujante) como Alejandro de la Sota recomienda prescindir de efectos pictóricos al representar un edificio:

“No son mejores los edificios por muchas sombras que se dibujen en sus proyectos. La arquitectura es un problema mental y como tal debe ser planteado y resuelto. El dibujo artesanal generalmente oculta lo no resuelto, lo ni siquiera planteado. Dos planos se cortan en una recta, que es la que debe dibujarse. Las sombras en los edificios son variables o no existen. ¿No hay arquitectura en días nublados o durante la noche?” Alejandro de la Sota (“Escritos, conversaciones, conferencias”)

También existe el riesgo de encariñarse con un dibujo hasta el punto de que nos cueste desprendernos de él y lo que representa, aunque otras señales nos estén indicando que tal vez sería conveniente enfocar el proyecto de otra manera. Esto puede pasar con un boceto inicial en el que creemos ver algo que vale la pena perseguir o investigar, pero también cada vez más –dado que el dibujo asistido por ordenador permite generar con bastante rapidez un importante volumen de planos “acabados”- en fases posteriores del proyecto. Para evitar esto, lo más inteligente es dibujar poco para evitar encapricharse de algún dibujo o sentir pena por el trabajo desperdiciado, tal como explican Lacaton y Vassal, hablando de la sorprendente casa atravesada por pinos que proyectaron en Cap Ferret:

“Cada proyecto parte de cero. No partimos de ideas a priori. (…) Apenas dibujamos y, gracias a ello, no nos bloqueamos en una imagen. Al dejar muy pocos rastros de nuestras investigaciones podemos evolucionar sin problemas. Si llegamos a la conclusión de que hay que cambiarlo todo, nadie puede referirse a un dibujo anterior.” Lacaton&Vassal (2G. Conversación con Patrice Goulet ) 

Y por último, existe el riesgo potencialmente aniquilador de pensar que lo que construyamos será mejor cuánto más se aproxime a su representación gráfica previa, despreciando el enriquecimiento que puede suponer ajustar lo proyectado a aquellas sutilezas del lugar y el propio proyecto que aparecen en el proceso de puesta en obra:

“La persona que traza un plano no puede dibujar de manera diferente cada ventana ni cada ladrillo porque carece de base para conocer las sutiles diferencias que se requerirán. Esto sólo queda en claro cuando el proceso de construcción real está en curso. O sea que el dibujante los hace todos iguales porque sentado ante el tablero de dibujo no tiene ninguna razón para hacerlos diferentes. Pero si el constructor construye según un dibujo detallado y su contrato lo limita a hacer el edificio exactamente igual al plano, hará idénticos los detalles para cumplir lo que indica el dibujo…y el edificio real será inerte y artificial.” Christopher Alexander (El Modo Intemporal de Construir) 

Todas estas advertencias sobre los riesgos de encariñarnos de un boceto, dejarnos engañar por las sombras o elevar a ley lo que no es más que una simplificación nunca apearán, ni lo pretenden, al dibujo de su posición privilegiada entre las herramientas del arquitecto, pero sirven para recordarnos los peligros de confundir una herramienta con su fin, peligros que non han hecho más que aumentar en paralelo al incremento imparable de nuestra capacidad de representación mediante la tecnología.

Sencillez

SENCILLEZ_Campo Baeza

“…un equipo joven, multidisciplinar. Y por favor, nadie minimalista”. Instrucciones de Ferrán Adriá a los diseñadores de su bar de tapas “Tickets” (2011)

Hay una arquitectura de los estetas formalmente muy diferente de la que comúnmente llamamos “del espectáculo”  que -al aspirar a un tipo de belleza pretendidamente intemporal escudándose en “la sencillez” (a veces también llamada “simplicidad”) como valor supremo- consigue aparecer como una alternativa a la arquitectura espectacular con la que, en el fondo, tanto comparte como lo demuestra la trayectoria de Herzog & De Meuron que “evolucionaron” sin solución de continuidad de la una a la otra, de la castidad a la promiscuidad semántica.

No es muy riguroso llamar a ese tipo de arquitectura “minimalista” porque el arte minimal -con el que comparte algunas afinidades -es mudo. Su objetivo es “cortocircuitar el intento del espectador por valorar la obra”* y escapar a cualquier atribución de significado mientras que la arquitectura “minimal”, como la del espectáculo, es sobre todo un símbolo. Un símbolo tan poderoso que se ha convertido durante muchos años en la estética “por defecto” del interiorismo de hoteles, restaurantes finos y casas de futbolistas (aunque su hegemonía empiece a decaer, tal como muestra el comentario de un Adriá sediento de kitsch a los diseñadores de su espantoso local).

Una arquitectura que evoca valores refinados como el ascetismo, la renuncia a lo superfluo, la limpieza, la claridad, la elegancia, la pureza formal, el silencio o lo esencial pero que para conseguir parecer “sencilla” está dispuesta a recurrir a los más sofisticados artificios constructivos.

Como su búsqueda de la pureza formal se antepone a cualquier consideración mundana, el uso de estas arquitecturas por seres humanos vivos es siempre problemático porque éstos tienden indefectiblemente a romper el orden visual, ocupando el espacio pretendidamente trascendente con sus muebles, recuerdos y enseres personales. Lo esencial es la forma (recatada, eso sí) y entre lo superfluo está la vida. El habitante nunca podrá estar a la altura de la obra durante más tiempo del que dura un anuncio.

Es una estética del control y para los que proyectan este tipo de arquitectura, la elección de un interruptor o una luminaria “inapropiada” –que puede descalabrar todo el diseño- es objeto de largas cavilaciones. Si les dejasen, se ofrecerían gustosamente a diseñar hasta las zapatillas que el cliente necesita para no desentonar, como aquel arquitecto “Jugendstil” caricaturizado por Adolf Loos en la perenne sátira “De un pobre hombre rico”.

Y, según reconoce John Pawson – uno de los arquitectos más exitosos y representativos de esta tendencia- , la simplicidad es, sobre todo, algo visual. Lo dice explícitamente en el prólogo a su ensayo (como no, visual) “Minimum” en el que recopila centenares de bellas imágenes que para él comparten esa cualidad suprema: la “sencillez”.

Las únicas personas o rastros de vida humana los encontrarás -buscando bien- en un retrato de Lucio Fontana frente a uno de sus lienzos rasgados, otro de Mies fumando un puro sentado sobre el arco circular perfecto de su silla Tugendhat, en una acuarela de Kobayashi que parece habérsele colado porque representa un baño convivial (hasta que su comentario -“Figuras sensuales contra una trama medida”-nos aclara que lo hermoso no es ver dos mujeres bañándose juntas sino el contraste de sus figuras con la rigidez geométrica del alicatado) y, por último, en una fotografía de Mapplethorpe de dos cabezas rapada –una blanca, negra la otra- a los que acompaña el revelador pie de foto “La cabeza humana se convierte más en geometría que en personalidad”.

Una vez eliminado el ser humano de la ecuación, es perfectamente posible defender una estética basada únicamente en la adoración de la sencillez formal y encontrar una sensibilidad común en arquitecturas tan radicalmente opuestas como la de Mies y la de Lewerentz, o entre una máscara geometrizada primitiva y unos fluorescentes de Flavin. Todo es sólo forma.

Notas:

Adolf Loos- “De un pobre hombre rico” (1900) en “Escritos I. 1897-1909” (El Croquis, 1993)

John Pawson-“Minimum” (Phaidon, 1996)

*Josep Quetglas- “Pasado a limpio, II” (Pre-Textos, 1999).

 

 

Tonadas cerveceras

Una breve selección de canciones dedicadas al auténtico líquido elemento.

“There’s a tear in my beer”- Hank Williams (1951)

Un clásico perdido del gran Hank Williams -que en su día lo guardó en un cajón-posteriormente revitalizado como dueto póstumo con gran éxito por su hijo.

“Who drank my beer while I was in the rear?”- Dave Bartholomew (1952)

¿Quién se pimpló mi cerveza mientras estaba en el baño? Una pregunta que continúa siendo de la máxima actualidad formulada aquí por primera vez por esta leyenda del rhythm and blues de Nueva Orleáns.

“What made Milwaukee famous (has made a fool out of me)?”-Jerry Lee Lewis (1968)

Hay todo un sub-género de la música country al que llaman canciones “cry-in-my-beer” (véase la que abre la lista), en las que se llora un amor perdido o una vida echada a perder. Este es un buen ejemplo en el que el Killer relata como el producto estrella de Milwaukee – la birra –lo convirtió en un perdedor.

«Sunday Morning Coming Down»- Johnny Cash (1972)

Esta gran canción de Kris Kristofferson también trata de cervezas para desayunar -y de postre- pero, a diferencia de la de los Replacements (ver más abajo) no es el principio de una fiesta sino el relato del deprimente dia de resaca dominical de un alcohólico.

“Six-Pack”- Black Flag (1981)

No tengo nada que hacer pero con mi paquete de seis latas no te necesito para pasarlo bien. Junto a “Rise Above” y “TV Party”, uno de los grandes himnos de su debut en el que rebaten a los estirados practicantes del hardcore “straight-edge” (aquellos del “ni drogas-ni alcohol”).

“Sally MacLennane”- The Pogues (1986)

Una de las mejores canciones de uno de mis discos favoritos de siempre. No es directamente sobre cerveza, pero como en tantos temas de esta banda, abundan las referencias a cerveza y güisqui.

«Beer for breakfast»- The Replacements (1987)

Cerveza y doritos sabor barbacoa para desayunar. Un descarte de las sesiones de “Pleased to meet me” de lo más aprovechable en el que los Mats hacen una vez más honor a su fama de dipsómanos.

«Pabst Blue Ribbon»- The Untamed Youth (1989)

A los olvidados Untamed Youth les gusta su cutre cerveza local y la celebran dedicándole esta alegre tonada.

“Beer Run”-Todd Snider (2007)

Una simpática canción de Snider sobre una maratón cervecera. Este video en concreto grabado en una emisora de radio tiene la gracia de ver a los técnicos haciendo coros entusiasmados.

«Dennehy»- Serengeti (2008)

En su genial disco «Dennehy», el rapero Serengeti incluyó esta oda a su querido Chicago en la que va nombrando (por boca del personaje Kenny Dennis) todas sus cosas favoritas, entre las que está la ceveza O’Douls (que rima con Bulls)

Cruces

CRUZ_Tavole-herzog de meuron

En arquitectura, hay cruces que son espacio –como la planta de algunas iglesias- y que, por tanto, pueden ser percibidas; y otro tipo de cruces que sólo se ven en los planos (y pantallas) de los arquitectos: las cruces generadas por la intersección de dos muros.

Estas cruces, tal como me enseñó mi maestro Elías Torres en un comentario de pasada, permiten detectar un tipo particular de mediocridad en arquitectura, la de aquellos que no sólo piensan que el cometido principal de su trabajo es ordenar, sino que imponen un orden elemental, artificioso e imposible de percibir.

Un muro separa dos espacios, y cuando las necesidades a cada uno de sus lados son diferentes, forzar que las divisiones a un lado del mismo coincidan con las que hay al otro implica que en uno de los dos no se ha colocado la división en el lugar más conveniente para favorecer las actividades que previsiblemente se desarrollarán en él sino buscando establecer una regularidad que nadie puede ver.

En el mejor de los casos se explica por la inocencia de quien sólo es capaz de plantearse el orden (gráfico) más primario; en el peor, por una resabiada voluntad de trascendencia.

 

Códigos (de barras)

CODIGO_Moneo Ayuntamiento de Murcia

Cuenta Stan Allen que circula por la red un programa informático llamado “El generador de fachadas español” que permite “introducir unas pocas sencillas variables (la anchura de fachadas, el número de plantas, etc.) y luego (…) generar ese distintivo patrón de huecos desfasados, que cambian de planta en planta, y que se ha convertido en algo así como un cliché en la arquitectura contemporánea”.

Allen considera que uno de los orígenes del cliché está en el mítico proyecto de Alejandro de la Sota para el Gobierno Civil de Tarragona, en el que logró convertir una fachada de mármol “en algo del grosor del papel” gracias a disponer dos grandes huecos que “se tocan esquina con esquina (lo que es imposible desde el punto de vista tectónico)” e “impulsan la fachada hacia la planeidad”.

Este artificio arquitectónico suele implicar que -en plantas con idéntico programa- los huecos se muevan arbitrariamente desde su posición idónea desde el punto de vista del usuario, a aquella que –desde el exterior- produzca una vibración agradable a juicio del proyectista.

El recurso se utiliza preferentemente en edificios monolíticos con escasa variedad de usos (edificios institucionales, educativos o terciarios) y en los que el usuario no interactúa con la fachada (abriendo y cerrando ventanas y persianas, utilizando terrazas, asomándose a un balcón, plantando jardineras o modificándola al insertar letreros o toldos).

El potencial gráfico del invento se desarrolló desde ese inicial desfase entre dos grandes huecos a la aplicación de patrones geométricos lineales basados en desplazar lamas paneles de hormigón o losas de piedra entre unos forjados y otros para evocar, en los casos más descarados, esa etiqueta distintiva de todo producto comercial: el código de barras.

Convertir la piedra en papel puede animar – más en el sentido de alegrar que en el de insuflar alma- arquitecturas cuya mudez inquieta hasta a su propio autor, pero la representación de un movimiento congelado sólo en raras excepciones –como, por cierto, el Gobierno Civil de Tarragona – podrá suplantar convincentemente a la auténtica vitalidad.

Nota:

El comentario de Stan Allen aparece en “Alejandro de la Sota, una apreciación” , artículo del libro “Alejandro de la Sota” (Arquia/Temas, 2009)

Arquitectura del espectáculo

ESPECTÁCULO_eiffel-tower-earrings

Es fácil distinguir entre arquitectura del espectáculo y arquitectura moderna. En la arquitectura moderna, el visitante siempre parece interesante. En la arquitectura del espectáculo, el visitante nunca está a la altura de la obra, queda eclipsado por la obra, que despierta y concentra toda la atención.

Josep Quetglas. “Miscelánea de opiniones ajenas y prejuicios propios, acerca del Mundo, el Demonio y la Arquitectura”. El Croquis, nº 92. 1998

Podría estar de acuerdo si sustituimos «moderna» por “viva”, ya que celebradas obras de la arquitectura doméstica moderna – la casa Farnsworth, la casa Schroder- consiguen también que no sólo la presencia humana sino cualquier signo normal y corriente de lo doméstico estorbe.

No es una casualidad que las construcciones pioneras de esta tradición -como la torre Eiffel- naciesen en las grandes exposiciones de productos de consumo, aquel precedente decimonónico de nuestros actuales centros comerciales. La “arquitectura del espectáculo” es publicidad edificada para una sociedad de consumidores sometida al imperio de la imagen característico del sistema económico que nos gobierna.

Actualmente, aunque esa finalidad publicitaria se mantenga, el proceso se ha sofisticado -al resultar más determinante la “marca” del edificio que su propia forma- y ya no es necesario que la construcción anuncie otra cosa que a sí misma y a su autor. El glamouroso aroma que emana del arquitecto “de prestigio” (el propio calificativo revela a las claras su función) perfuma a los promotores de la obra, en una fiesta de seducción en el que las normas urbanísticas se pueden hacer a medida, los presupuestos multiplicarse y los usos inventarse a posteriori, porque no se está encargando un edificio que resuelva una necesidad, se está comprando un “…” (ponga el nombre del arquitecto-estrella que más deteste).

La del espectáculo es una arquitectura que nace y muere el día de su inauguración, cuando se toman las fotografías –evidentemente sin personas- . Es el momento a la vez inicial y culminante de su existencia, tal como corresponde a esta época de exaltación de la juventud sobre todas las cosas.

Además, en su forma más pura, la primera fotografía debe ser indistinguible de la infografía que propició su construcción y que es lo que realmente se compró; y su repetición cientos, miles, millones de veces en las pantallas de todo el mundo debe llevarla a su fin último: convertirse en un icono.

Entonces, se produce ese fenómeno tan característico de nuestra era que Sánchez Ferlosio -en honor a la famosa torre parisina – bautizó como “efecto turifel” que consiste en que “la insistente repetición de esa imagen va educando –o más bien pervirtiendo-de tal manera la mirada a la instantánea inmediatez del reconocimiento, que el ojo acaba por identificar antes de ver”.

Cuando triunfa, el trágico destino de la arquitectura del espectáculo consiste en un extraño tipo de desaparición por ubicuidad ya que, cuando nos acercamos a ella, “los cientos o miles de imágenes vistas antes del primer viaje (…) se interpondrán de manera tan obstructiva en la mirada que menoscabarán en cierto modo hasta la convicción empírica de tenerla por fin físicamente delante de los ojos”.

Y cuando fracasa -como esta inacabada “Ciudad de la Cultura” que veo degradarse día a día sin dejar de consumir ingentes recursos públicos- su única utilidad es recordarnos los peligros de dejar que, mientras la razón duerme, sea el dinero quien nos gobierne.

Nota:

El «efecto turifel» lo conocí en el fantástico libro de Rafael Sánchez Ferlosio “Vendrán más años malos y nos harán más ciegos” (Destino, 1993).

Ángulos rectos

Ángulo recto

“El ángulo recto me ha llegado a parecer el más hermoso que hay entre todos los ángulos, pero es algo intolerante, no admite diálogo nada más que con sus iguales. Ante este poder del ángulo recto, pienso que hay ángulos a su alrededor, desde los 88 hasta los 93 grados, que son casi tan poderosos y al mismo tiempo son más dialogantes, dialogan entre ellos (…). Creo que la virtud está cerca del ángulo recto, pero no en él.”

                                                                                                             Eduardo Chillida. “Escritos” (Ed. La Fábrica, 2005)

“…la mayoria de espacios de un edificio deben ser polígonos, en planta, con paredes aproximadamente rectas y esquinas obtusas (digamos entre 80 y 100 grados). En general, lo más probable es que sean irregulares, aproximadamente rectangulares. De hecho, el respeto al emplazamiento y a las sutilezas del plan llevarán inevitablemente a formas ligeramente irregulares.”  

                                                                                                       Christopher Alexander. Patrón 191 “Forma del espacio interior

Tan absurdo es proscribir el ángulo recto, fijar un rango de ángulos “virtuosos” o negar que “un cubo que funcione” (o, más bien, convenientemente matizado por su funcionamiento) pueda ser la solución ideal a un determinado problema; como lo es utilizarlo por defecto -o pereza, o desconocimiento de las sutilezas del lugar- para dividir a escuadra y cartabón continentes enteros; o negar que las más perfectas simbiosis entre arquitectura y naturaleza aparecen precisamente cuando el edificio se deforma para arraigar en un lugar concreto o, mejor aún, cuando nace ya allí y, al crecer buscando la luz, la sombra, o parapetarse del viento (o de los vecinos fisgones) encuentra su hueco y su postura, con la naturalidad de aquel gato durmiendo al sol con el que Souto de Moura comparó la mejor arquitectura de Álvaro Siza, o de aquel otro gato sobre un cojín al que Georges Perec se refirió para describir una de las casas usonianas de Wright .

Tal vez el ángulo recto sea el más hermoso por tener un pie en el mundo de las ideas y otro en el real. Pero la realidad es casi siempre rugosa, abollada, tozuda (y mancha); y nuestro empecinamiento en apisonarla y trozearla con geometrías rígidas e ideales tiene más que ver con nuestras fantasías de dominación, la pereza mental y las implacables leyes del Dinero, que con su presunta superioridad geométrica.