
Una cabaña contemporánea

A veces, como propuestas para la crisis mundial de vivienda; y otras, como medio para que los promotores maximicen sus beneficios, vemos con frecuencia publicaciones sobre “tiny houses” “micro-flats” “cabañas” “suites” y demás productos inmobiliarios que se caracterizan por contar con superficies muy reducidas.
Estas propuestas suelen sacrificar aspectos de lo que se considera una buena vivienda tradicional y las bondades de su diseño dependen sobre todo de qué aspectos se mantienen a capa y espada y a cuáles se renuncia.

Hace algunos años traje al blog un ejemplo especialmente emocionante de vivienda urbana en Tokyo (de sólo 19 m2 pero gran potencia arquitectónica) y hoy quiero compartir esta pequeña cabaña checa proyectada y construida por el estudio BYRO en la que encuentro algunas virtudes poco frecuentes:
- Integra con inteligencia el espacio exterior con ese vallado que se funde con la fachada.
- Es sumamente económica. La construyeron 2 personas en tres meses con acabados de contrachapado de madera y pavimentos de hormigón pulido.
- No renuncia a “lujos” propios de viviendas de mayor tamaño.
- Hay transición en la entrada.
- No se entra directamente a la estancia
- Hay un buen vestíbulo con espacio de almacenamiento.
- El baño no abre directamente a la estancia y tiene iluminación y ventilación natural.
- La cama no es abatible. Es una alcoba que se puede ocultar con una sencilla cortina.
- Hay un segundo espacio para dormir para una visita ocasionalo.
- Hay una sección sugerente con una cubierta curva y un altura considerable en los puntos más altos
- Hay luz en dos lados de la estancia.
- Tiene un «lugar ventana«.
- No renuncia a una arquitectura con personalidad. Un color llamativo, un perfil singular, un equilibrio entre la evocación de la arquitectura vernácula y lo radicalmente contemporáneo.
- Es a la vez arcaica y moderna.
Todo ello en 35 m2.
Probablemente sería más atractiva con acabados más cálidos (y más caros) pero, por otro lado, tal vez su gran valor sea confirmarnos que el presupuesto no es lo más determinante para lograr una arquitectura de calidad y evocadora.
Mister Jelly Roll

Tras años buscando un ejemplar a un precio razonable, por fin tengo en mis manos las célebres grabaciones de Alan Lomax para la Biblioteca del Congreso de 1938 en las que dejó que durante un mes Jelly Roll Morton se explayase combinando música, autobiografía y fanfarronería al autoproclamarse nada más y nada menos que “el hombre que inventó el jazz”.
Además de varias horas de música e historias, de este encuentro entre dos legendarias figuras de la música del pasado siglo, salió un libro “Mister Jelly Roll: The Fortunes of Jelly Roll Morton, New Orleans Creole and Inventor of Jazz” que -según el prólogo- es la primera historia oral jamás escrita. Lomax viaja a Nueva Orleans y entrevista a todos los personajes vivos que Jelly Roll mencionó en sus encuentros para completar con sus testimonios la apasionante biografía de este personaje que algunos consideran un fantasma petulante y otros -como Lomax- uno de los más importantes pioneros de esta música.
Por sus páginas desfilan aquella pequeña burguesía criolla que miraba por encima del hombro -como él hizo toda su vida- a sus vecinos más pobres de sangre exclusivamente negra, se evoca la época anterior a las leyes de segregación en la que Nueva Orleans floreció, los cabarets y prostíbulos, los diferentes barrios y fronteras de clase y raciales, el nacimiento de Storyville, los músicos legendarios como Buddy Bolden que nunca llegaron a grabar, los propietarios de discográficas poco honestos, la gran migración a Chicago en busca de tolerancia y oportunidades, sus alucinantes colecciones de trajes y zapatos (que harían la envidia de Imelda Marcos), los diamantes incrustados en sus dientes, sus andanzas como tahúr de cartas y estafador de billar, sus éxitos y su triste etapa final -regentando un bar de mala muerte en Washington DC- en el que contaba sus pasadas glorias a quien quisiera escucharle, sus grandes amores (Mabel y Anita), sus puyas al supuesto inventor del blues (W.C. Handy) y su extraña mezcla de fervor católico con vudú que su pareja está convencida fue la causa de su muerte. Primero le llegó la enfermedad con el siniestro hombre de las Indias Orientales que -pagado por un antiguo socio- lo atormentaba y enfermaba sembrando de extraños polvos su casa y, más tarde, la muerte a las pocas semanas de la de su abuela. Todos los hechiceros deben vender al diablo a su ser más querido y lo arrastran al más allá cuando les llega su hora.
Mito, leyenda, los albores de la música moderna, personajes inolvidables. ¿Qué más se puede pedir?
¿Y la música? Pues regado con abundante whisky barato y crecido ante su última gran oportunidad de reivindicarse, Jelly Roll lo dio todo y hasta se animó a cantar. Hay blues, homenajes al ragtime de Scott Joplin, canciones guarras (los dirty dozens, su Winin Boy Blues), reducciones para piano de algunas de sus más célebres composiciones para banda y, aunque el sonido no es todo lo bueno que sería deseable, me encanta ir picoteando entre los 8 discos o ponerlos en el walkman para dormirme arrullado por las evocadoras historias y sonidos del dulce Jelly Roll.
El proceso como fetiche

Algunos arquitectos piensan que su objetivo es construir el mejor edificio posible y que los dibujos y maquetas que elaboran para depurar soluciones espaciales o constructivas son únicamente una herramienta.
Otros consideran que estos modelos gráficos o espaciales son un producto en sí mismo -de igual o mayor importancia que el edificio final- y que la documentación de sus procesos creativos es una parte fundamental de su trabajo.
La exposición de Thom Mayne/Morphosis en el Museo Franz Mayer es un ejemplo perfecto de esta segunda actitud. La manera de presentar las secuencias de maquetas de trabajo, ordenadas y numeradas en cajas con tapas de vidrio evocan las cajas de artistas como Joseph Cornell, los modelos urbanos parecen representar futuros distópicos, los planos se superponen con fotomontajes pop y se numeran como creaciones artísticas seriadas para su venta. Algunos dibujos son realmente hermosos y recuerdan el trabajo de visionarios como Lebbeus Woods.
Pero no hay ni una sola imagen de edificios terminados que explique cómo las ensoñaciones gráficas devienen pesadillas construidas.
Viene-viene

En mi barrio hay árboles que producen tacos, árboles que producen bolsas llenas de excrementos de perro y árboles cortados en cuyos troncos puedes leer “aquí yace un hermano”.
Recientemente he detectado una nueva especie en la calle Miguel Schultz que empieza a producir bidones de plástico. Noche tras noche crece la cantidad de extraños frutos de colores que parecen caer siempre ordenadamente en el lado del tronco que da a la calzada.
Al ver esta mañana desde la acera de enfrente cómo uno de sus frutos marcaba el derecho exclusivo de uso de un lugar público de estacionamiento, me he dado cuenta de que, en su infinita generosidad, la madre naturaleza había mutado para hacer más fácil la vida de los viene-vienes, franeleros y gorrillas.
El paisaje urbano

Si a veces te preguntas si la planificación urbana basada sólo en estándares y parámetros cuantitativos (y en el imperio del dinero) nos ha llevado a proyectar nuestras ciudades con calculadoras y hojas de cálculo, a privilegiar el coche sobre el peatón y a construir diagramas tridimensionales que en vez de enriquecerse con el contacto con la realidad, ignoran las sutilezas topográficas, de escala y de elaboradas secuencias visuales que dan a tantas ciudades históricas esa capacidad de sorprendernos e intrigarnos desvelando paulatinamente sus encantos; este viejo libro esconde algunas valiosas lecciones para recuperar el arte perdido de la creación de espacios -o, mejor, lugares- urbanos.
Se editó originalmente a principios de los 60 y se reeditó y tradujo al español (“El paisaje urbano”. Ed. Blume, 1974) pero estas versiones posteriores omiten la parte final en la que Cullen analiza varios casos prácticos y que, en mi opinión, es una parte fundamental del libro. No esperen un sesudo tratado porque Cullen es ante todo un dibujante superdotado que se explica fundamentalmente a través de bocetos y fotografías acompañados de breves notas.

A lo largo de los años, la gente ha visto este ensayo gráfico como parte de la tradición humanista de Jacobs y Alexander, como justificación del primer posmodernismo, como inspiración de los bocetos urbanos de Foster y otros; o como las patadas de ahogado de un ludita.
Como todos los clásicos, admite múltiples lecturas y creo que sería una gran iniciativa reeditarlo -completo, sin amputar la parte final- para que nuevos lectores puedan encontrar en él añeja inspiración para insuflar nueva vida a nuestras ciudades.
El ojo del arquitecto

En la hermosa exposición del arquitecto-con-cámara Alfonso López Baz encontramos impecables fotografías -en riguroso blanco y negro- de edificios de Siza, Niemeyer, Gehry, Toyo Ito o Luis Barragán.
Pero curiosamente, la imagen que más me intrigó fue la de una casa al borde del lago de Valle de Bravo con un aire misterioso e intemporal.
Podría ser alguna obra poco conocida de algún discípulo aventajado de Wright, o tal vez de algún exiliado centroeuropeo de la posguerra, aunque la serenidad que transmite hace pensar en un creador maduro, que ya ha superado la ansiedad por destacar y ya no busca más que la naturalidad. Alguien que aprecia la intimidad y la penumbra y que sabe combinar con sabiduría el hormigón con la mampostería y la piedra.
Cuando intento en vano rastrear más información sobre esta evocadora casa – y descubro con sorpresa que uno de los autores es el propio López Baz- pienso que tal vez sea mejor así. Que la imagen es aún más poderosa si sólo podemos imaginar lo que esconde.
Puerta para maletero

La mayoría de la gente elegiría su coche en función del espacio de aparcamiento del que dispone. Sólo alguien muy imaginativo pensaría en resolver un problema grande (“el coche que quiero o tengo no cabe en mi patio”) con una solución local (“voy a abombar la parte inferior de las puertas de acceso para que quepa el maletero”). Mis respetos.















