Categoría: arquitectura

Ahora me tumbo a comer

Now I Lay Me Down to Eat_Bernard Rudofsky La tesis de este magnífico libro de Bernard Rudofsky- y de la exposición homónima en el museo Cooper-Hewitt en 1980- es que nuestra tendencia a confundir alimentarse con comer, lavarse con bañarse o el aburrimiento con el ocio ha aniquilado la sustancia de lo doméstico; que aunque nos hayamos beneficiado enormemente de la mecanización en tantos aspectos, en la casa hemos perdido la batalla. Para intentar ver qué es lo que hemos perdido, Rudofsky dedica un capítulo al comer, otro al sentarse, otro a la higiene corporal, otro al bañarse y otro al dormir.

El primer capítulo (“Modales a la mesa en la Última Cena”) demuestra que nuestra forma de comer, sentados a una mesa, es algo muy reciente y que durante siglos la gente ha preferido comer recostada. Ese San Juan apoyando su cabeza de manera extraña en el pecho de Jesucristo que se ve en tantas representaciones de la última Cena tiene su explicación en que intentaban ser fieles al evangelio a la vez que pintaban una forma de cenar muy diferente a la que realmente tuvo lugar. Y a partir de ahí, nos va mostrando lo artificioso que es comer con cubiertos (algo que sólo hacían los caníbales), lo ridículas que son esas orejas que añadimos al cuenco para convertirlo en taza o por qué a veces encontramos un triclinium en algún viejo cementerio.

En la parte dedicada al asiento (“Sentarse Mal”), reflexiona sobre la infinidad de maneras de sentarse a las que hemos renunciado al pasar de sentarnos en el suelo  a las “ergonómicas” sillas de hoy; sobre la sado-pedagogía de tantas sillas infantiles, sobre la adoración del trono, sobre las implicaciones sexuales del columpio o sobre el interés por el yoga como camino para recuperar todo el repertorio de posturas perdido.

En cuanto a la higiene («Higiene de descuento«), compara nuestra preferencia por la imperfecta limpieza en seco mediante el papel con las maneras de otros tiempos y culturas bastante más pulcros, analiza la tormentosa relación de los norteamericanos con el bidé, y desvela que lo que algunos intrépidos turistas compran creyendo que es una pipa es en realidad un utensilio para que tanto hombres como mujeres pudiesen mear con mejor puntería.

El baño  («El baño convival«) era algo totalmente hedonista que se practicaba en comunidad una vez limpios. Podía durar horas y gente tan venerable como Benjamin Franklin lo practicaba dos veces al día (aunque él, como Marat, lo prefería en solitario y en sabotière). Los japoneses ofrecían a sus invitados un buen baño antes de un banquete, y a veces hasta se comía en la bañera.

La cama («El dormitorio obsoleto«) era también un lugar para la convivencia. En Japón toda la casa era una cama y la forma actual de las nuestras tiene su origen en el refugio de la porquería en la que vivíamos. Toda la inmensa variedad de camas escamoteables (muestra una surrealista cama-piano plegable), al igual que sucede con los jacuzzis y muchos otros de los objetos analizados en el libro es sólo una muestra de nuestra inexplicable preferencia por cachivaches caros y artificiosos frente a soluciones razonables y gratuitas.

Independientemente de lo aplicables que puedan ser algunas de las formas de vida rescatadas por Rudofsky (de las que sólo me  he referido a unas pocas de pasada y sin el imprescindible material gráfico que las devuelve a la vida), su conocimiento nos permite atisbar la riqueza que puede llegar a haber en las acciones más cotidianas del ser humano. Un breve pero ambicioso ensayo sobre “el arte perdido de vivir” que desgraciadamente nunca se llegó a editar en español. A ver si alguien se anima.

Árboles artificiales

Isozaki_acceso Caixa Forum

Arata Isozaki parió una  singular estructura arbórea para marcar el escondido acceso al complejo Caixa-Fórum de Barcelona y proteger de la lluvia las escaleras mecánicas que llevan a él.

Sin relación formal alguna ni con la modernista fábrica Casarramona que acoge el complejo ni con el más que discutible guiño al pabellón de Mies en forma de patio deprimido que le plantificó delante a modo de atrio, estos árboles artificiales me parecían una feliz síntesis de escultura, naturaleza y mobiliario urbano. Su frescura me acercaba a un arquitecto por cuya obra nunca había sentido especial admiración.

De ahí mi decepción al encontrar en la siguiente imagen -del apartado relativo a “Estudios Experimentales” en el catálogo de la exposición que el MOMA dedicó en 1972 al genial Frei Otto- la prueba de que esa estructura, además de un padre, tenía un abuelo.

frei otto_Tree Structures 1960

Depresiones Culinarias

En el Kamalea -un pequeño bar en la plaza de San Martín Pinario de Santiago escalonado en dos niveles-, una gran encimera de mármol blanco -dispuesta a esa altura precisa que le permite funcionar con naturalidad como barra por un lado y mesa por el otro- se  convierte en el elemento central del espacio y logra transformar un difícil problema en el principal atractivo del local.

Al darle vueltas a lo agradable que resulta esta particular relación espacial, recordé dos proyectos singulares en los que se deprimen intencionadamente las cocinas para explotar las posibilidades arquitectónicas del desnivel.

Carling House – John Lautner (1947-1949)

Carling House 2

Esta pequeña casa de un único dormitorio es, en mi opinión, una de las más logradas del heterodoxo maestro californiano. Bajo el techo hexagonal -soportado únicamente por tres apoyos- se sitúa la sala en la que la pared-sofá situada al sur pivota sobre la terraza para abrir literalmente la vivienda al exterior en verano. La cocina se relaciona con la sala a través de una barra que relaciona los dos niveles exactamente de la misma manera que el bar compostelano.

Carling House 3

Edificio Jaragua- Paulo Mendes da Rocha (1984-1988)

Mendes da Rocha_Jaragua_foto NelsonKon

Cuando la mayor parte de los arquitectos perdían el culo por aderezar sus obras con guiñ(ap)os posmodernos, nuestro hombre mantenía su fe inquebrantable en el poder de la arquitectura moderna y se sacaba de la chistera este fantástico edificio de viviendas (una por planta), en el que para explotar la posición dominante sobre los valles de los ríos Tietê y Piñeiros, deprime la planta en dos de sus orientaciones, de manera que desde la sala se disfruta de una fantástica vista panorámica por encima de la cocina.

Mendes da Rocha_croquis Jaragua

Las viviendas cuentan con escalera de servicio por lo que sospecho que el interés de los propietarios por relacionarse con el cocinero era nulo. En este caso, primaban las vistas desde arriba a la óptima relación entre las dos plataformas por lo que el desnivel es dos peldaños mayor que en la casa Carling o el bar compostelano.

Dos palmos pueden cambiarlo todo.

Bibliografía:

-“Mendes da Rocha”. Gustavo Gili/Blau, 1996

-“Paulo Mendes da Rocha. Fifty Years”.Rizzoli, 2007

-“John Lautner, architect”. Birkhäuser/Princeton Architectural Press, 1998

Moneo en la Barrié

MONEO en BarrieLa exposición retrospectiva sobre la obra de Rafael Moneo, que se muestra actualmente en la Fundación Barrié de A Coruña, es una ambiciosa muestra que recoge una selección de sus trabajos desde sus inicios –el curioso proyecto de centro emisor en la plaza del Obradoiro que le permitió ganar la beca de Roma en 1962- hasta su triunfo internacional tres décadas más tarde con obras como la catedral de Los Ángeles, el zoco de Beirut o el museo de Estocolmo; y evita ilustrar obras polémicas – como la desafortunada intervención en Ávila, el ayuntamiento de Logroño o la ruinosa residencia del embajador español en Washington- para presentar a la posteridad el legado canónico de este arquitecto. La oportunidad de ver dibujos legendarios –como la axonometría seccionada del museo de Mérida- y fabulosas maquetas de algunos de sus mejores proyectos (Mérida, L’Illa Diagonal), unida a la presentación de proyectos y concursos tempranos muy poco divulgados (Plaza de toros de Vitoria, ayuntamiento de Amsterdam…) justifican por si solos la visita.

Vista en conjunto, la trayectoria del arquitecto español más respetado internacionalmente muestra una constante lucha entre la defensa de ciertos valores intemporales (la seriedad, la solidez, el respeto al contexto y la tradición)  y el deseo de estar a la última participando activamente en las discusiones teóricas y tendencias internacionales de cada momento. El hecho de que su obra responda a sólidos postulados teóricos le ha permitido jugar un papel decisivo, tanto desde la docencia como desde el ejemplo que dan sus propias obras, en la transmisión y promoción de ese mesurado clasicismo moderno que ha caracterizado buena parte de  la mejor arquitectura española contemporánea, aunque su obra se haya alejado con frecuencia de él.

Rafael Moneo necesita explicar el porqué de sus obras, como demuestra el propio título de esta exposición “Rafael Moneo. Una reflexión teórica desde la profesión. Materiales de archivo (1961-2013)” o la publicación hace unos años de “Apuntes sobre 21 obras” donde cada proyecto le servía para explicar la aplicación de un concepto teórico (Urumea y “el tipo”, Bankinter y “la geometría de lo contingente”, Logroño y “los edificios como fragmentos de ciudad”…). El rigor académico que le ha permitido crear escuela  y -al minimizar los riesgos- asegurarse un alto porcentaje de aciertos, tiene como contrapartida la dificultad de construir obras que emocionen con la intensidad que lo hacen las de algunos otros arquitectos que se dejan guiar en mayor medida por el instinto y -conscientes de lo impúdico que resulta ventilar en público su poética personal- prefieren hablar únicamente a través de sus obras.

Nota:

Como contrapunto a las unánimes alabanzas, recomiendo leer a Juan Díez Del Corral, la única voz realmente crítica que he encontrado contra Moneo y su obra. A mi me ha hecho replantearme algunas cosas:

http://unavozenunlugar.blogspot.mx/2007/02/rafael-moneo-y-el-ayuntamiento-de.html

http://lhdjuandiezdelcorral.blogspot.mx/2007/04/moneo-un-amigo-lector-del-lhd-me-coment.html

Museo das Peregrinacións

Museo peregrinacións (alzado Platerias)

Hace cosa de año y medio asistí a una conferencia de Manuel Gallego en el Colegio de Arquitectos de Barcelona en la que, al hablar de su proyecto de remodelación de la antigua sede del Banco de España en la compostelana plaza de Platerías como nuevo Museo de las Peregrinaciones , se refirió insistentemente a lo feo que era el edificio y a cuánto lamentaba haberse visto obligado a respetar su fachada.

Es cierto que se trata de un edificio sin excesiva gracia y torpemente resuelto tanto en el aspecto topográfico-la plataforma horizontal de acceso genera un desnivel respecto a las calles circundantes que rompe la continuidad del suelo – como en la titubeante solución de la planta baja -en la que su evocación de los soportales de la rúa do Vilar no acaba de decidirse entre los pilares de su vano central y el masivo muro perforado de las esquinas-.

Y ,sin embargo, tenía una virtud nada desdeñable que compartía con el magnífico Mercado de Abastos que construyó Vaquero Palacios en la misma década de los 40: su voluntad de fundirse en el entorno y desaparecer. Hace muchos años pregunté a un amigo de que época pensaba que era el mercado y me contestó con su aplomo habitual: “Es muy viejo, muy viejo…por lo menos del siglo XI”. Para el ojo no entrenado de los millares de personas que pasan por allí cada año también la sede del banco era un edificio más del casco histórico. Era vulgar, anónimo, invisible.

Museo peregrinacións (foto Manuel Gonzalez Vicente)Pero una cosa es que el edificio, en su modestia, respondiese muy dignamente al difícil reto al que se enfrentaba y otra, bien diferente, es pensar que pueda merecer la pena conservar un fragmento y monumentalizarlo. No suele ser una buena idea.

La decisión de conservar su fachada principal condicionó totalmente el proyecto de Gallego Jorreto. Tengo serias dudas de que, de haberse visto en el brete de construir la fachada a la fabulosa plaza de Platerías, hubiese optado por la ligereza de los vidrios y paneles metálicos que sí se atrevió a disponer en la fachada de la calle de la Conga, una vez el peliagudo problema de la integración urbana y la representatividad quedaba resuelto por esa preexistencia que tanto parece despreciar.

Pero, a la vez, con esta solución de compromiso nos hemos quedado sin la oportunidad de ver cómo uno de los grandes arquitectos del país se enfrentaba en plena madurez al reto más difícil de su carrera. El riesgo era grande pero, personalmente, opino que habría salido airoso y en lugar de una posible obra maestra tenemos un extraño apaño que no satisface ni a los tradicionalistas a ultranza -que imagino detestarán la fachada de paneles-, ni a los modernos irreductibles -que habrían deseado que esa solución constructiva fuese también la de la fachada principal-, ni a los que confiamos en que, de haber tenido la oportunidad, Gallego habría conseguido un edificio a la vez contemporáneo y bien integrado sin una falsa careta “de época” y sin ese alambicado diseño del encuentro entre lo nuevo y lo falsamente viejo que tan elocuentemente revela su repulsión por el edificio existente

La Trufa

La trufa_exterior

Al escribir la entrada sobre rocas integradas dentro de casas (“Estorbos 2”) recordé el célebre proyecto «La Trufa” de ENSAMBLE STUDIO que, en pocas palabras, consiste en disfrazar de roca -mediante un proceso que incluye la intervención de una excavadora, una vaca y el paso del tiempo- la abstracción de una vivienda mínima de Le Corbusier (el Petit Cabanon) con la intención de crear una especie de cueva “chic” que sirva como pabellón de invitados de una casa situada en un idílico paisaje de la Costa da Morte gallega.

Desde que vi el vídeo del proceso de creación  -que considero el principal producto de esta intervención- y busqué por la red plantas y fotografías de la obra, el “pedrolo” habitable me persigue y ha conseguido incomodarme hasta el punto de que me ha parecido necesario sentarme a intentar averiguar por qué.

Parece claro que lo importante aquí es más el proceso que una realidad construida cuyo exterior es una piedra falsa, y cuyo interior remite en mayor medida a una habitación de hotel “de diseño” que a la obra de Le Corbusier que cita como legitimación, o a un espacio auténticamente telúrico (pensemos en el proyecto para Tindaya de Chillida o en la casa propia del arquitecto mexicano O’Gorman).

La prueba de que el proceso es lo que realmente cuenta la tenemos en que tanto el cuidado vídeo como los didácticos dibujos y la memoria que ilustran el proyecto en la web del estudio insisten mucho más en el cómo que en el qué.  Es más importante conocer el nombre de la vaca –Paulina-, lo que engordó -salió del experimento con 300 kilos- y el tiempo -1 año- que le llevó zamparse los 50 metros cúbicos de balas de  paja que hacen de encofrado perdido, que la búsqueda del nuevo tipo de espacio que podría haber surgido de una ingeniosa ocurrencia constructiva cuya fuerza queda, en mi opinión, totalmente diluida por el convencional interiorismo.

 La trufa_interior

Y resulta que la gracia de un proceso constructivo que podría haber sido de baja tecnología y consumo energético, en plena sintonía con el austero espíritu de los tiempos actuales, queda arruinada por la violenta acción de la excavadora necesaria para colocar y retirar la tierra que le sirve de encofrado exterior, ya que si, por ejemplo, éste hubiese sido también de balas de heno, con la vaca habría bastado tanto para vaciar el interior de la piedra como para liberarla exteriormente.

Creo que mi desazón responde, en resumidas cuentas, a que ni el proceso ni el espacio resultante son todo lo radicales y rigurosos que podrían haber sido, por lo que una cantidad ingente de energía se ha derrochado en crear la imitación de una piedra que a su vez contiene la «interpretación» de una modesta -pero canónica- obra de la arquitectura moderna engalanada de habitación de hotel “de revista”.

Vista Zen

Eso tan curioso que sucede al aprender una palabra nueva- que de no ser consciente de su existencia pasas inmediatamente a encontrártela por todas partes- sucede también con las ideas.

Pierre Bonnard

Por ejemplo, la idea de que una vista es más poderosa cuando está enmarcada que cuando es indiscriminada, que aprendí de un comentario de Luís Barragán sobre la sobrecogedora experiencia de ver la cúpula de San Pedro por una mirilla, volví a encontrarla a las pocas semanas codificada como el patrón 134 (“Vista Zen”) del lenguaje de patrones de Christopher Alexander:

“Un monje budista vivía en una pequeña casa de piedra en las montañas. Lejos, muy lejos, estaba el océano, visible y hermoso desde las alturas. Pero no desde la casa misma del monje, ni desde el camino de acceso a ella. Sin embargo, frente a la casa había un patio rodeado por un grueso muro de piedra. Cuando uno llegaba, pasaba por un portón y atravesaba diagonalmente el patio hasta la puerta de entrada de la casa. En el extremo más alejado del patio había una hendidura en el muro, estrecha y diagonal. Al atravesar el patio pasaba por un punto en que su posición quedaba en línea con la hendidura y, por un instante, desde allí veía el mar. Luego dejaba de verlo en seguida y  entraba a la casa.”

 “¿Qué ocurre en ese patio? La visión del mar lejano está tan limitada que permanece viva para siempre. ¿Quién, después de disfrutarla, puede olvidarla ? Su poder no se desvanecerá. Incluso permanecerá viva hoy para ese hombre que habita allí y que la ha contemplado día tras día durante cincuenta años.” 

“He aquí la esencia del problema de cualquier vista. Es algo bello y uno quiere disfrutarla y beberla a diario. Pero cuanto más abierta es, cuanto más obvia es y más estridente, antes se desvanece. Gradualmente pasa a formar parte del edificio como el empapelado de las paredes; y la intensidad de su belleza ya no será accesible a los habitantes.” 

Y a los pocos días, en un texto del habitante de la casa en Moledo do Minho  (1964-1968) de Álvaro Siza me encontré las siguientes palabras:

“Mi padre decía que todos los que quieren hacerse una casa en la playa quieren ver el mar, es normal. Pero Siza explicaba que también era horrible ver el mar todo el día, mañana y tarde: quería crear un mundo distinto. Ahora nosotros decimos “por suerte decidimos quitar la vista”…y al final no hay nada sorprendente: la casa es interior porque representa un mundo aparte, efectivamente es una casa privada y funciona muy bien.”  Alexandre Alves Costa. Oporto 3 de Octubre de 1999

Casa Alves Costa_Fachada a las vistas potenciales

 Pero las cosas de arquitectura nunca son tan sencillas, y en una entrevista tres décadas más tarde, el gran maestro portugués hacía la siguiente reflexión:

“Una razón por la que mis primeras casas eran bastante cerradas, con un patio y pocas ventanas exteriores es porque estaban construidas en horribles periferias. Yo optaba en mis primeros años de actividad, al encontrarme en un contexto tan feo, por no abrir nunca las ventanas, intentaba crear una atmósfera autónoma en una casa, en una pequeña parcela. Después comprendí que era absurdo, porque era imposible hacer una selección y ser realista, porque cuando uno se adentra en una casa está también todo el entorno, bello o feo. Sobre esta realidad se debe trabajar.” 

Álvaro Siza, conversación con Alessandra Chemollo. Oporto, 2 de septiembre de 1994

Bibliografía:

-“A Pattern Language. Towns Buildings Construction”. Alexander, Ishikawa, Silverstein (Oxford University Press, 1977). Definición del patrón “vista zen”. El cuadro de Bonnard es el mismo que Alexander emplea como ilustración del patrón.

-“Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme, num. 159” (1983). Única fotografía que he encontrado de la única ventana al exterior de la casa Alves Costa. Desgraciadamente está tomada desde el exterior y no puede comprobarse si se ajusta al patrón de marras.

-“Álvaro Siza. Casas 1954-2004”. Alessandra Cianchetta/Enrico Molteni. (Gustavo Gili, 2004). Entrevista con Alexandre Alves Costa y fotografías actuales de la casa.

-“Álvaro Siza. Obra e Método” Jacinto Rodrigues. (Ed. Civilizaçao, 1992). Buenas fotografías de esta poco divulgada casa. 

– “Versión reducida. Fotografías de las obras de Siza, Souto de Moura y Távora”. Alessandra Chemollo. Ediciones Exposiciones. Origen de la cita final:

http://www.circulobellasartes.com/fich_libro/arch_fich_libro_16.pdf

Estorbos (2). Las rocas

Además de los árboles, la otra gran víctima de la manía de “preparar” las parcelas antes de construir son los accidentes topográficos y, muy especialmente, las grandes piedras que a veces afloran en ellas. Pero también las rocas pueden ser valoradas como parte integral del paisaje aunque su preservación implique complicar el proyecto y la construcción. Veamos algunos ejemplos de arquitectura doméstica en los que esta actitud se lleva al extremo para potenciar la disolución de los límites entre interior y exterior que caracteriza eso que a veces llaman “arquitectura orgánica”.

Casa en Canoas, Río de Janeiro (Brasil)- Oscar Niemeyer (1953-1954)

OSCAR-NIEMEYER_Casa_das_Canoas_Rio_de_Janeiro-1

 Casa-de-Canoas-Rio-de-Janeiro-Brasil-Oscar-Niemeyer

Al diseñar su propia casa, Oscar Niemeyer no sólo respetó la gran piedra existente sino que la convirtió en el elemento que conecta el mundo interior (casa) con el exterior (piscina). Media piedra dentro, media piedra fuera.

Casa en Palm Springs, California – Albert Frey (1963-1964)

Albert Frey_Palm Springs 1

Albert Frey_Palm Springs 2

En la segunda casa que se construyó  en el desierto del sur de California – un refugio mínimo en la ladera que domina la ciudad-  el inmigrante suizo Albert Frey optó por una ligerísima cubierta de chapa que se apoya en una estructura mínima y en una inmensa roca que entra en la casa y ayuda a cualificar el espacio separando la zona de estar de la de dormir.

Casa Elrod, Palm Springs, California- John Lautner (1968)

John Lautner_Elrod House

lautner_elrod house 3

Para el gran Lautner, si no hay piedras a la vista, se descubren. En esta alucinante casa- residencia del villano en la película “Diamonds are forever” de James Bond – decidió excavar el terreno 240 cms para que aflorasen las rocas que permitían “convertir la casa en parte del desierto y de la propia montaña”. Una fresca cueva para un clima hostil.

Bibliografía:

– Visions of the Real: II. Modern Houses in the 20th Century. A+U October 2000 Special Issue.

– Aprendiendo de todas sus casas. Iñaki Alday/José Llinás/José A. Martínez Lapeña/Rafael Moneo. ETSAV/Edicions UPC, 1996.

– Palm Springs Weekend. The architecture and Design of a Midcentury Oasis. Alan Hess/Andrew Danish. Chronicle Books, 2001.

-John Lautner, Architect. Frank Escher.  Princeton Architectural Press, 1998.

Estorbos (1). Los árboles

Desgraciadamente, está muy extendida la costumbre de “limpiar” las parcelas de cualquier elemento que pueda “estorbar” durante la construcción. Pero algunos arquitectos  saben que esa roca o ese árbol son parte integral de ese lugar y no dudan en retorcer, quebrar o perforar sus construcciones para poder acomodarlos. Veamos algunos ejemplos.

Edificio en la Via Marchioni, Milán. Ignazio Gardella (1949-1954)

Ignazio Gardella_Via Marchiondi 1

Ignazio Gardella_Via Marchiondi 2

El edificio incorpora, mediante quiebros y perforaciones en las terrazas, una gran acacia. La colisión naturaleza-edificio tiene aquí un cierto toque surrealista.

Caesar Cottage, Lakeville (Connecticut). Marcel Breuer (1951)

Marcel Breuer_Caesar cottage

Marcel Breuer_Caesar cottage_2

«La casa evita perturbar el paisaje. El árbol crece a través de la estructura.» (Marcel Breuer, «Sun and Shadow», 1956)

Casa Villangómez, Sa Caleta (Ibiza). José Antonio Martínez Lapeña y Elías Torres Tur. (1987-1990)

Jamlet_Casa Villangomez

El muro que cierra el patio se quiebra sutilmente hacia el interior para respetar el tronco de un pino.

Casa en Lège, Cap Ferret. Anne Lacaton y Jean-PhilippeVassal (1998)

Lacaton Vassal_Cap Ferret 1

Lacaton Vassal_Cap Ferret 2

El principio de conservar todos los pinos se respeta tan escrupulosamente que 6 de ellos atraviesan literalmente la casa.

La verdad de un muro falso

Nos decían que la belleza era el resplandor de la verdad. Que un edificio no podía parecer algo que no era. Que un material jamás debía imitar otro. Que la arquitectura, para ser moderna, debía ser, ante todo, “sincera”.

Casa Grimaldi

Y sin embargo:

Le diré un secreto: la piscina (de la casa Gilardi) tiene un muro o columna rosa que no sostiene nada. Es una pieza de color situada en el agua –por placer– para traer luz al espacio y mejorar su proporción general”.   Luís Barragán. (Entrevista con Marie-Pierre Toll. 1981. Escritos y conversaciones. Ed. El Croquis, 2000.)

Orden en la sala

Cidade da CulturaHace ya tiempo que me interesan las ideas de Christopher Alexander, y unos meses que presencio a diario cómo un engendro inacabado de Eisenman amenaza mi ciudad desde el monte Gaiás. Un lejano día de noviembre de 1982 ambos se enfrentaron en un acalorado debate en la Graduate School of Design de Harvard que merece la pena recuperar.

Eisenman había terminado su tesis doctoral (“The Formal Basis of Modern Architecture”) que -según reconoce en esta conversación- surgió como una contestación airada a la disertación de Alexander  (“Notes on the Synthesis of Form”); y tras construir sus juegos lingüísticos sobre la obra de Le Corbusier y Terragni (las “casas” I-IV) se había convertido en el máximo propagandista de lo que se llamó “arquitectura deconstructivista”, que pretendía ser una aplicación de las ideas de Foucault, Derrida y compañía al ámbito de la arquitectura.

Alexander había publicado ya su clásico “El modo intemporal de construir” y, desde California, seguía avanzando pacientemente en su sistemática codificación de los “patrones” de aquel orden perdido que había permitido durante siglos que el ser humano se relacionase armoniosamente con la naturaleza.

Un debate de este tipo, a diferencia de un ensayo donde el autor puede escaquearse de aquellos temas que no le interesa abordar, obligó a los participantes a formular sus ideas de la manera más clara y cruda posible.

Así, vemos cómo un provocador Eisenman desprecia la catedral de Chartres -a la que solo echaba una ojeada de camino a un buen restaurante- y defiende abiertamente que la finalidad de la arquitectura no es buscar que la gente se encuentre bien sino incomodarla para que  asuma la ansiedad y alienación en la que vive (como aún no había triunfado su programa y no sobraban ejemplos de relumbrón, pone como sorprendente paradigma de esta concepción ¡el pórtico del ayuntamiento que Moneo construyó en Logroño!).

Y vemos a Alexander, un matemático de formación y gurú del diseño tanto del hábitat como informático, exponer en cuatro frases cómo el pensamiento científico nos llevó a estudiarlo todo “como si fuesen pequeñas máquinas” y a minusvalorar la íntima interrelación entre el ser humano y la “materia espacial” de la que están hechas las cosas; e insistir en su mensaje humanista de que, enfrentado al reto de hacer una mesa, su objetivo es hacer la mejor mesa posible y no un comentario de texto que además sirva para comer.

La conversación, tensa y franca, no tiene desperdicio y nos permite entender mejor cómo hemos llegado a arquitecturas como la de esta Ciudad de la Cultura, en la que Eisenman sigue fiel a sus principios de incomodar al usuario pero en la que el juego ha pasado, de las domésticas rotaciones y traslaciones de elementos del vocabulario de la arquitectura moderna, al peligroso entretenimiento de cruzar una vieira con la trama del casco antiguo de una ciudad a escala natural.

Unas horas en Zamora

Una visita relámpago a Zamora -que sólo puede servir para desear volver pronto- con el tiempo justo para un buen paseo por el centro histórico y la visita a un edificio que no es ni nuevo ni viejo, sino intemporal: el cubo pétreo que -oculto en el espacio cerrado por la iglesia de Santa Lucía, el palacio de Cordón y la roca cortada- alberga el Museo de Arqueología y Bellas Artes.

Museo Zamora_Mansilla+Tuñón arquitectosSus autores lo describen como “el cofre que contiene las joyas de la ciudad” y, efectivamente, bajo la tapa metálica que  lo cierra e ilumina encontramos una secuencia de serenos espacios resueltos con una reducidísima paleta de materiales -hormigón pintado blanco, madera, vidrio y acero- pero sorprendentemente variados , que acomodan con naturalidad desde una punta de flecha prehistórica a una preciosa veleta centenaria, una arcada de piedra, un enorme mosaico romano, o el mirallesco mueble-caja fuerte que guarda el tesoro celtibérico de Arrabalde.

Su única fachada urbana es la cubierta dentada de zinc – visible desde los espléndidos miradores al Duero con que cuenta la ciudad- que los arquitectos diseñaron cuidadosamente evitando la aparición de chimeneas, máquinas de aire acondicionado y demás cacharros y descomponiéndola en cuatro crujías de lucernarios de diferentes tamaños y orientaciones que reducen la escala del edificio y la ajustan a la de las edificaciones vecinas.

Un objeto a la vez autónomo y arraigado que consigue lo más difícil. Parece haber estado siempre allí.

Modernos y ventanas (2)

Glass House_Philip Johnson   “Le contaré ahora una anécdota de cuando visité una casa de cristal, en Connecticut. Fuimos tres parejas y pasamos unas horas, después de haber comido allí, viendo al exterior bosques y prados maravillosos. Esta casa está formada de cuatro paredes de cristal con cortinas de tipo japonés, que entonces estaban levantadas y teníamos ante nosotros un paisaje completamente abierto. En el centro de la casa hay un cuarto circular –de mampostería o de concreto bien revestido- que encierra la sala de baños y un vestidor. Entonces, separadamente, pregunté a las señoras, después de pasar ahí dos horas, dónde les gustaría sentarse a leer o descansar o, inclusive, si habría un lugar donde se les antojaría platicar o huir del resto de las personas que vivieran dentro de esas cuatro paredes de cristal. Fue unánime la contestación: en el vestidor o en la sala de baños. Porque consideraron que era difícil estar viviendo completamente en el paisaje, aún cuando la intimidad allí existe porque no hay casas vecinas que molesten.”

(Entrevista a  Luis Barragán. revista Plural nº48. Septiembre de 1975)

La manera más expeditiva de evitar el “problema” de proyectar una ventana consiste en prescindir directamente de la fachada,  desmaterializándola hasta convertirla en una simple membrana de vidrio que pugna contra sus reflejos por desaparecer en el paisaje. La crítica de Luís Barragán a uno de los ejemplos más célebres de esa estrategia –  la “Glass House” que Philip Johnson se construyó en New Canaan en 1949- incide en lo importantes que resultan para el bienestar de las personas la intimidad y la sensación de control sobre el entorno. Y el misterio: “Luis Barragán,Casa_SalaUn paisaje tiene menos valor cuando es visto a través de una cortina de cristal; por tanta familiaridad, por su constante presencia, se reduce su valor. Yo disfruté al máximo el Duomo de Miguel Angel cuando lo observé, una vez, a través de la mirilla de una puerta. Así que, ¿por qué abrir toda la pared para traer el jardín al interior de una casa?”

(Entrevista de Selden Rodman a  Luis Barragán. 1958)

Con estos antecedentes, podría parecer contradictorio que al enfrentarse al problema en su propia casa, opte literalmente por “abrir toda la pared”. La desaparición de la fachada es tan radical como en la “Glass House” de Johnson, pero Barragán – en vez de intentar “traer el jardín al interior de la casa”- consigue que suelo, techo y paredes enmarquen un paisaje controlado y crea un lugar íntimo, misterioso y protegido. Un lugar óptimo para “platicar, leer, descansar o huir del resto de las personas”. Nota: Las citas de Barragán están extraídas del libro “Escritos y conversaciones” (El Croquis Editorial, 2000).

Nota : Ver también «Modernos y Ventanas (1)»  y «Modernos y Ventanas (3)» en este mismo blog

Modernos y ventanas

“… mis proyectos se habían basado en una técnica de diferenciación entre “positivo”y “negativo”, lo cual me permitía no tener que hacer ninguna ventana. Sin embargo, me di cuenta de que había situaciones en las que era absolutamente necesario hacer ventanas. Aquello suponía un problema real que no podía soslayar por más tiempo. (…). A la hora de hacer ventanas, el primer problema con el que hoy nos enfrentamos es que la arquitectura carece de “tamaño”-le falta dimensión para poder respirar-, y el segundo es el de la “profundidad”. Cuando recortamos una ventana en un muro, en los muros tal como los hacemos hoy, la ventana parece una superficie que esté vibrando. (…) tenía que superar la dificultad y diseñar ventanas; la cosa más difícil de hacer en arquitectura. Para mi es la “prueba” definitiva. Hay pocos arquitectos que sepan hacer ventanas muy bien, con honestidad. De hecho, se hacen tantos muros de vidrio, entre otras cosas, porque no se sabe hacer ventanas”  (Eduardo Souto de Moura. Entrevista con Luis Rojo.“El Croquis” nº 124, 2005)

Dada la resistencia de los arquitectos modernos a reconocer nuestras poco divulgadas dificultades con las ventanas, es de agradecer la sinceridad e insistencia –véase también la entrevista en “El País” de hace unos días o el libro “Conversaciones con estudiantes”-con la que Souto de Moura aborda este tema tan importante. Si sustituimos “mis proyectos” por “la arquitectura moderna”, podemos recordar como ésta empezó por destruir “la caja” (Wright), liberar las fachadas (Casa Domino) y perseguir a toda costa la abstracción (Neoplasticismo-Mies…) y acabó convirtiendo a la pobre ventana en un problema ya que, al estar tan cargada de significado e historia, remitía inevitablemente al pasado que se estaba intentando superar. Si obviamos otras tradiciones modernas-que las hay-, vemos como los seguidores y descendendientes de la línea dura/”Estilo Internacional”, hicieron ventanas corridas (una línea), muros cortina (una superficie), vidrieras (una interrupción del muro, un “negativo”) o tramas geométricas (“un dibujo”). Cualquier cosa antes que una ventana-ventana. Souto de Moura nos recuerda que con la desaparición de la “honestidad” (ponerlas donde hacen falta, no dónde quedan bien) y la “profundidad” (la fachada ha dejado de ser un interfaz grueso y complejo) -a los que se podría añadir la simplificación extrema de los elementos de regulación de la intimidad y la protección solar-, tal vez hayamos acabado perdiendo la ventana como lugar o, dicho a la manera de Christopher Alexander, “el lugar ventana”.

Nota 1:

El “lugar ventana” según el muy recomendable “El modo intemporal de construir” de Christopher Alexander (Gustavo Gili, 1979): “Cuando estás en una habitación durante equis cantidad de tiempo, dos de las muchas fuerzas que actúan sobre ti son las siguientes:

1. Tienes tendencia a ir hacia la luz. La gente es biológicamente fototrópica, de modo que, con frecuencia, te resulta cómodo situarte donde hay luz.

2. Si estás en la habitación durante equis cantidad de tiempo, probablemente quieras sentarte y ponerte cómodo. (…) si las ventanas sólo son agujeros en la pared, y no hay lugares ventanas, una fuerza me atrae hacia la ventana, pero otra me lleva hacia los “lugares” naturales de la habitación, donde se encuentran los asientos y las mesas cómodas.

En tanto permanezca en esa habitación, me veré empujado y rechazado por esas dos fuerzas, no podré hacer nada para evitar el conflicto interior que crean en mí. En una habitación que tiene como mínimo una ventana que es un “lugar”-un asiento de ventana, una ventana salediza, una ventana con un amplio alféizar bajo que te invita a acercar tu silla favorita par ver hacia afuera fácilmente, un antepecho o un pequeño hueco totalmente cubierto de cristal-puedes entregarte a ambas fuerzas, o sea, que resuelves el conflicto por ti mismo. En síntesis, puedes estar cómodo.”

Nota 2: Ver también «Modernos y Ventanas (2)»  y «Modernos y Ventanas (3)» en este mismo blog