El camino en el jardín

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“Rikyu observaba cómo su hijo barría y regaba el camino del jardín.

¡No está lo suficientemente limpio! dijo Rikyu cuando Shoan había terminado su trabajo, y  le ordenó continuar intentándolo. Tras una agotadora hora más el hijo se dirigió a él:

“Padre, ya no hay nada más que pueda hacer. He fregado los peldaños por tercera vez, he regado las linternas de piedra y los árboles, el musgo y los líquenes brillan con un verdor fresco. No he dejado ni una rama, ni una hoja en el suelo”

“¡Idiota!” Le reprendió el maestro de té “Ésa no es manera de barrer un camino en el jardín”. Diciendo esto, Rikyu se adentró unos pasos en el jardín y agitó un árbol, esparciendo sobre el jardín hojas doradas y  carmín, retazos del Otoño.”

Este fragmento del “Libro del Té” de Kakuzo Okazura es la más hermosa ilustración que he encontrado hasta la fecha de que el auténtico refinamiento busca la naturalidad, aunque lograrla suponga grandes trabajos .

Expresividad y arquitectura

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«La forma es un lenguaje y ese lenguaje debe sernos inteligible; estamos ansiosos de inteligibilidad y por tanto de expresión. Parte del desasosiego moderno se debe a la ausencia de expresividad legítima; a que nos rodean cosas con un hermetismo que es la negación de lo que supondría la fraternidad que damos por supuesta y que naturalmente debería leerse en la obra del hombre en el espacio. El vacío de legítima expresividad se colma con adornos refinados o chabacanos que no satisfacen o, en la propaganda, con
formas que usan fraudulentamente (…) investigaciones de la pintura o la escultura de los últimos decenios. Pero, además, lo que construyamos será siempre expresivo; cuando no nos hable, por hermetismo o por descuido, éstos se expresan por una ausencia que no tiene la dignidad del silencio. De esa ausencia y del salvajismo y grosería que ocupa el lugar que nuestro descuido ha dejado vacío, está enferma la sociedad moderna.»

Eladio Dieste- “La conciencia de la forma”

Nota:

La cita está sacada de la excelente monografía que le dedicó la Junta de Andalucía en 2001. Aquí pueden ver una interesante entrevista con el genial ingeniero-arquitecto uruguayo.

Walmer Yard

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Veíamos hace unos días una excelente explicación de Lewis Mumford del proceso orgánico de construcción de una ciudad, en el que no se parte de una idea a priori, sino que es la secuencia de pequeñas decisiones la que determina el resultado final y el tiempo parece ser el factor clave. Es lo que Quim Español en su “El Órden frágil de la aquitectura” llamó “las ciudades lentas”.

  • ¿Es posible crear arquitectura orgánica de una tacada, saltándose el lento proceso de agregación que la caracteriza?
  •  ¿Esa excelente arquitectura del siglo XX ejemplificada por la obra de Scharoun o Aalto que normalmente se etiqueta como “orgánica” lo es realmente?
  • ¿Por qué tendemos a asociar lo orgánico a lo curvo y lo irregular cuando tantas medinas y cascos históricos surgen de la agregación de formas cúbicas elementales?

Estas y otras preguntas me rondan desde que vi hace unas semanas un fascinante proyecto de Peter Slater para cuatro casas unifamiliares adosadas en Londres que me provoca sentimientos encontrados de admiración e inquietud: unos preciosos dibujos a mano, una geometría endiablada, espacios ambiguos, un orden complejo, construcción artesanal, un cariño evidente por el detalle… para resolver un programa relativamente sencillo y convencional. Sería muy interesante comprobar si una geometría más regular permitiría encajar todo el programa o si, como intuyo, es precisamente la sofisticada sucesión de pliegues, requiebros, contracciones y expansiones, patios abiertos y cerrados, lo que hace posible que cuatro casas convivan en un espacio tan pequeño con condiciones adecuadas de habitabilidad y privacidad.

 

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Pese a su manierismo y sus excesos, se trata de un conjunto muy sugerente porque parece ajeno al mundo de esa arquitectura actual que se proyecta con calculadora y no con lápiz y papel de calco. Un promotor ilustrado, siete años de diseño, seis de construcción (¡y más de cinco millones de libras por casa!) son datos que indican que se trata de un proyecto excepcional y no generalizable.

Me parece admirable que este maduro arquitecto sin obra haya conseguido finalmente construir en su ciudad según sus propias reglas y tiempos, sin límites presupuestarios, y reciba premios por ello pero, aunque por momentos evoque los espacios laberínticos de los barrios populares de una “ciudad lenta”, me entristece pensar que esta arquitectura refinada y compleja ya sólo sea posible como capricho para los más privilegiados.

Media hora mágica

Gracias al fantástico libro «1000 recordings to hear before you die» de Tom Moon estoy descubriendo algunos discos maravillosos de los que nunca había oído hablar.

Lo que en principio -viendo la portada y contraportada- parece uno de esos aburridos discos de folk de los 60 compuestos por versiones de material tradicional, resulta ser una obra de una belleza sobrenatural que, aunque pueda recordar por momentos a Billie Holiday, al Chet Baker de «Let’s Get Lost» o el «Pink Moon» de Nick Drake, es sorprendentemente original.  En la voz de esta mujer mitad irlandesa- mitad cherokee las canciones trascienden sus orígenes blues y folk para convertirse en un lamento cautivador a la vez plácido y cargado de sentimiento.

La extraordinaria música del debut de Karen Dalton «It’s hard to know who’s going to love you the best» (1969) ha llegado a mi vida para quedarse. Media hora de música mágica.

 

Dos Rastas sin abuela

Hoy toca compartir dos de esos temas exageradamente auto-afirmativos que a veces nos regalan los jamaicanos y que siempre ayudan a levantar el ánimo:

«The toughest«- Peter Tosh (1965)

De la época en que todavía era un Wailer a las órdenes de Coxsone Dodd en Studio One, rescato esta canción:

«Anything you can do, I can do it better
I’m the toughest (I’m the toughest)
And I can do what you can’t do
You’ll never try to do what I do
I’m the toughest (I’m the toughest)

Stop from doing wrongs
Change your foolish plans
Stop from doing wrongs
Live up like a man
I’m the toughest
I’m the toughest

Now my little brothers
You got to be good
Do what’s right, yeah
Don’t be bad minded
Take what’s yours
And there’ll be no fuss or fight»

«The hardest fighter«- Little Roy (1971)

Una de mis canciones reggae favoritas con ese contraste entre una letra increíblemente positiva y una interpretación vulnerable y melancólica. Busquen su disco «Tafari Earth Uprising».

«Imitation won’t live long/Origination will be strong strong strong»

 

Orgánico vs. Racional

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Me ha encantado encontrar en la parte dedicada a las ciudades medievales del genial ensayo «The City in History» (1961) de Lewis Mumford este pasaje en el que no sólo explica maravillosamente el resbaladizo concepto de «lo orgánico» sino que anticipa la idea de «patrón universal» que Christopher Alexander sistematizaría casi dos décadas más tarde:

«En el planeamiento orgánico, una cosa lleva a otra, y lo que empezó como el aprovechamiento de una ventaja accidental puede dar lugar a un elemento fuerte en el diseño, que un plan a priori nunca podría anticipar y probablemente ignoraría o descartaría. (…)

El diseño orgánico no empieza con una meta preconcebida: avanza de necesidad en necesidad, de oportunidad en oportunidad, en una serie de adaptaciones que se vuelven progresivamente coherentes e intencionadas, hasta generar un resultado final complejo pero no menos unificado que el que resulta de un plan geométrico preconcebido (…) Aunque el estado final del proceso no esté fijado de partida, como sucede con un orden más racional y no-histórico, esto no significa que las consideraciones racionales y la reflexión previa no hayan regido cada particularidad del diseño, ni que éste no forme un todo integrado.

Los que consideran el planeamiento orgánico indigno de tal nombre confunden el mero formalismo y regularidad con la adecuación a un fin, y la irregularidad con la confusión intelectual o la incompetencia técnica. Las ciudades medievales refutan esta ilusión formalista. Con toda su variedad, encarnan un patrón universal; y sus desviaciones e irregularidades no sólo suelen ser sensatas, sino también sutiles, en su fusión de necesidad práctica e intuición estética.»

Nota:

La traducción del fragmento es mía aunque gracias a la excelente editorial «Pepitas de Calabaza» contamos con una cuidada edición en español de este estudio clásico.

Nota 2:

A los interesados en este tema, les sugiero que lean también las entradas «Orden«, «Monk y el reloj torcido» y «La idea«.

La casa de Barragán en la playa (2)

Gracias a la amable contribución de Eduardo Granja, aquí están las primeras fotos que he visto de la misteriosa casa de Barragán en la bahía de Majagua a la que dediqué una entrada hace algún tiempo .

A ver si algún día la Fundación Barragán  publica ese libro con material inédito que anuncia desde hace años y podemos ver algún plano o fotografía de época. Hasta entonces, estas imágenes, que no hacen más que alimentar el deseo de tener más información sobre esta singular casa, son lo único que tenemos los barraganófilos de a pie.

 

Abstractitis

 

 

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Tras tropezarme con Henry Watson Fowler en tres lecturas recientes de autores queridos*, no pude resistirme a salir con su celebrado manual bajo el sobaco cuando encontré un ejemplar en la librería de viejo de la calle Liverpool que suelo frecuentar.

Al abrirlo al azar nada más pisar la calle, lo primero que leí fue la genial entrada «Abstractitis» dedicada a todos aquellos que creen que utilizar un lenguaje más abstruso y abstracto les hace parecer más cultos:

«Un escritor utiliza palabras abstractas porque sus pensamientos son nebulosos; el hábito de utilizarlas nubla aún más sus pensamientos y puede acabar ocultando su significado no sólo a sus lectores sino a él mismo; y escribe cosas como «La actualización de la motivación de las fuerzas debe ser en gran medida cuestión de angulosidad personal». (…)La palabra abstracta siempre domina la frase como sujeto. Las personas y lo que hacen, las cosas y lo que se les hace se desdibujan y sólo podemos entreverlas a través de un vidrio oscuro»

Con lo que me repatea el lenguaje académico en general y la pedantería vacía de tantos textos de arquitectos en particular, me reconforta que hace ya casi un siglo (1926) alguien detectase una tendencia que desde entonces no ha parado de extenderse. Creo que he descubierto un compadre.

*»The King’s English» de Kingsley Amis, «On Writing» de Stephen King y «Consider the Lobster» de Foster Wallace

Pies Negros

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Al leer anoche en el monumental «The City in History» de Lewis Mumford cómo la importancia de los mercados medievales dio lugar a unos tribunales especiales para resolver los conflictos comerciales que, en el caso de Inglaterra, se llamaban «Court of Pie Powder» y que, evidentemente, no se ocupaban del polvo de pastel  sino de los problemas de los vendedores ambulantes que los Normandos conocían como «Pieds Poudreux» (pies polvorientos)- cuyo nombre los ingleses anglificaron sin molestarse en mantener su significado-; no pude evitar recordar a los primeros «pies negros» que conocí – aquellos maleducados punkis de nuestra adolescencia que sin levantar el trasero de la acera te pedían invariablemente «un pitillo…y otro p’al colega»- y, sobre todo, de  K’naan , el «filósofo de pies sucios» somalí.

Norville Barnes, arquitecto

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En esta secuela de «El gran salto» en la que por momentos parecemos vivir, Norville Barnes ha dejado atrás Hudsucker Industries y tras graduarse como arquitecto continúa recurriendo a discos, frisbees, hoola hoops y donuts para resolver cualquier tipo de proyecto -desde un «Centro de Tecnificación de Actividades Físico-Deportivas y de Ocio» en Cáceres, hasta la flamante nueva sede de Apple en Covertino, pasando por una extravagante «vivienda-del-millón-de-euros» en Matarraña–  ignorando que las virtudes del círculo (legibilidad, rotundidad y capacidad de asumir una escala territorial) rara vez compensan que su propia naturaleza de forma cerrada le impida crecer y cambiar con naturalidad.