Vista Zen (2)

Ventana redonda_Blue Box by Mayumi Miyawaki

“Recuerdo la ventana redonda por la historia, posiblemente apócrifa, de algún maestro zen que construyó un gran muro alrededor de un jardín que sin él habría tenido una extensa vista del océano. En la parte inferior del jardín había una fuente y, cuando juntabas tus manos en forma de cuenco y te agachabas para beber, había un agujero en la pared desde el que percibías de repente la vista del océano, comprendiendo que el agua que retenías en tus manos y el agua del lejano océano eran la misma”

“Misfits Architecture” -el excelente blog de Graham McKay- publicó hoy un post sobre ventanas memorables en el que aparece una versión diferente de la historia del maestro zen, el mar y la ventana que sirvió a Christopher Alexander para explicar su patrón “Vista Zen”.

Reproduzco el texto y la imagen porque la ventana de la casa de Mayumi Miyawaki que comparte McKay es un gran ejemplo de cómo la belleza de una vista puede intensificarse al comprimirla en un punto (o de cómo –en palabras de Barragán- el Duomo de Miguel Ángel es mucho más impresionante visto a través de una mirilla), y porque su versión del cuento zen tiene la gracia añadida de explicar cómo un dispositivo arquitectónico diseñado con intención puede obligarte a reflexionar sobre el ciclo del agua (y cómo, de alguna manera, todo es uno, y esas cosas).

4 comentarios en “Vista Zen (2)

  1. Las antiguas casas vikingas no tenían ventanas, solo una puerta que daba entrada a un espacio interior en el que se cocinaba, se calentaba la familia y se dormía. El desván (vinden, “el viento”) servía de almacén pero no era habitable. Solía tener un agujero como un ojo (auga) para ventilación y curado de carnes y pescados. De este vind-auga, “ojo del viento” procede la palabra inglesa windows que es una de las numerosas palabras que estos normandos dejaron en las islas Británicas.
    La ventana (que también procede de la raíz de “viento”) de Miyawaki me ha recordado a las casas del norte de Europa,

  2. Sempre ao serviço da estética suficiente, com desdém pola retorica gratuíta, senhor arquitecto.

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