La (otra) capilla del bosque

Hojeando un curioso libro llamado “Sacred Buildings. A Design Manual”  de Rudolf Stegers me enteré de la existencia de otro destacado discípulo de Frank Lloyd Wright, además de mis admirados Schindler y Lautner.

El arquitecto se llama Euine Fay Jones y la obra que me llamó tan poderosamente la atención es la Thorncrown Chapel que construyó en 1980 en Eureka Springs, Arkansas. Frente al protagonismo del espacio interior de los otros ejemplos recogidos en el libro, la Capilla de la Corona de Espinas es un ejemplo de la arquitectura más esencial: una cubierta-una sombra- en el medio de un bosque de robles y arces. La unidad material (está construida íntegramente en madera local), la gran transparencia y las cuidadas proporciones (los pilares miden aproximadamente lo mismo que los troncos de los árboles vecinos) permiten que se funda completamente con el entorno.

Aunque algunos detalles puedan remitir al maestro Wright, me parece una construcción tan “natural” que resulta difícil de datar. Encuentro que tiene “eso” tan difícil de conseguir: un carácter intemporal.

Nota:

Teniendo en cuenta que esta obra fue considerada la mejor de 1981 y entre las diez más importantes del siglo XX por el American Institute of Architects, nunca dejará de sorprenderme lo eurocéntrica que llega a ser nuestra formación.

Arquitectura Vegetal

El árbol más singular que he visto jamás es la centenaria higuera  “Na Blanca d’en Mestre” en Formentera.  Más que un árbol, es una auténtica “arquitectura vegetal” ya que la intervención humana, mediante la incorporación de soportes verticales (talóns), vigas (perxades) y riostras en v para neutralizar la acción del viento (ulls de poll), lo ha convertido en una auténtica sala hipóstila vegetal. El objetivo de esta singular técnica, que se puede ver en otros ejemplares de menor tamaño, era evitar que la higuera volviese a enraizar al tocar sus ramas el suelo y proporcionar sombra al ganado.
Con un único tallo y más de cien soportes consigue cubrir  con su memorable sombra una superficie de 350 metros cuadrados, lo que la convierte, si no la más vieja, sí en la mayor higuera del mundo.

Nota 1:

Debo el placer de conocer este prodigio (y muchas otras cosas) a mi maestro Elías Torres que tuvo la generosidad de invitarnos en el verano de 2004 a un grupo de sus colaboradores a las Pitiusas para conocer sus obras y otras maravillas locales.

Nota 2:

Curioseando por la web he visto que este árbol fue presentado en la exposición ‘Humanizar la ciudad. Arquitecturas de Madrid y Barcelona’ por el arquitecto Mariá Castelló en 2011. A él debo esta estupenda representación de la planta cenital de la higuera.

Moonrise Kingdom

El viaje de huida de dos preadolescentes incomprendidos (Sam, el boy scout huérfano y Suzy, la hija mayor de una familia en crisis) por una isla atlántica. Un fabuloso plantel de actores (Bruce Willis, Edward Norton, Bill Murray, Frances McDormand, Tilda Swinton, Harvey Keitel) bordando papeles con una vis cómica poco habitual en la carrera de algunos de ellos. Una  música maravillosa (¡Benjamin Britten y Hank Williams!). Una mágica puesta en escena, con una estética muy personal  con el equilibrio justo entre realidad y fantasía. La historia intemporal, nunca contada las suficientes veces, del primer  amor y el paso de la infancia a la adolescencia.

Wes Anderson y su equipo  han logrado que, por una vez, el tópico “para jóvenes de 9 a 99 años” sea cierto. No se la pierdan.

¿El más grande constructor de todos los tiempos?

Aunque en la mayoría de historias de la arquitectura moderna o no se le menciona o aparece como uno más de los pioneros del hormigón- entre figuras mucho menos relevantes como Maillart, Nervi o Perret-  la lectura del magnífico libro de José Antonio Fernández Ordóñez sobre Eugene Freyssinet me ha convencido de que tal vez se trate del “más grande constructor de todos los tiempos”.

J.A.F.O.  combina la biografía con el relato de sus hazañas como proyectista y constructor y con una selección de textos del propio Freyssinet para formar una imagen muy completa de este gran genio de la construcción.

Pese a revolucionar la ingeniería con el desarrollo de numerosas patentes (gato y anclaje de conos, tubos pretensados prefabricados, gato plano…), nuevas tipologías estructurales (hangares de Orly, puentes,…) y la invención de un nuevo material (hormigón pretensado), Freyssinet no era un genio loco encerrado entre toneladas de papeles sino un proyectista-director de obra-constructor que iba desarrollando las nuevas técnicas y herramientas que le permitían resolver problemas muy concretos y ganar infinidad de concursos de puentes y otras estructuras gracias a que sus inventos permitían abaratar increíblemente la construcción (desde sus primeros puentes clandestinos en Vichy hasta las cimbras reciclables de Plougastel) o resolver problemas para los que nadie más ofrecía soluciones (hundimiento de la estación marítima de Le Havre). Su falta de prejuicios le llevó incluso a proyectar barcos y alas de avión de hormigón.

En 1928, en la cumbre de su vida profesional tras haber construido las más importantes obras de hormigón armado del mundo (de Villeneuve a Plougastel), renuncia a todas sus patentes y derechos sobre sus diseños y abandona  la exitosa empresa que había formado con Claude Limousin para desarrollar una intuición que le obsesionaba desde el  principio de su carrera – el hormigón pretensado:

La idea de la tensión previa es sencilla: comprimir el hormigón para hacerlo capaz de resistir tracciones ulteriores permanentes
Hasta 1933 se dedica febrilmente a desarrollar su invento y pese a los decisivos avances técnicos que consigue desarrollar,  no consigue encontrar comprador para los postes que había creado y pierde en esos 5 años la fortuna que había acumulado durante los 23 precedentes. Con 55 años, arruinado y al borde de la desesperación consigue la proeza de evitar el hundimiento de la Estación Marítima del Havre aplicando sus teorías de las tensiones previas y comienza su resurrección profesional que tras llevarle a trabajar por todo el mundo  (Argelia, Venezuela,Brasil) ya no acabaría hasta su muerte en 1962.

Cualquier ingeniero que hubiese llevado una de las dos vidas de Freyssinet (pre y post  1928) merecería  ya figurar entre los más grandes del siglo XX, pero que ambas hazañas fuesen llevadas a cabo por una única persona que lo arriesgó todo, elevan su categoría a la de “más grande constructor de todos los tiempos”.

Nota: Toda la información está sacada del libro “Eugène Freyssinet” de José Antonio Fernández Ordóñez (Xarait, 1972).  Pese a sus 400 páginas (con apéndices y notas técnicas) el relato central se lee casi como una novela de superación frente a las adversidades y creo que sería una gran idea reeditarlo.

Piano Azul

Los mejores recopilatorios son los que, además de entretener, te incitan a investigar  y deshacerte de algunos prejuicios.

En ese sentido, me parece ejemplar el cedé  “Piano Blues” (de la serie sobre blues de Martin Scorsese) recopilado por nada menos que Clint Eastwood. Además de reafirmar mi pasión por el profesor Pelos Largos y el Doctor Juan, me ha convertido en fan del segurata de los White Sox y pianista a tiempo parcial Jimmy Yancey, y ha atenuado mis prejuicios contra los “super-grupos”. Aquí tenemos a tres gigantes del jazz (Ellington, Mingus y Roach) que en vez de irse por las ramas con digitaciones vertiginosas y demás florituras, demuestran, tocando un blues como la copa de un pino, que  el genio puede estar en las cosas más aparentemente sencillas:

NOTA:

Si hay ganas de investigar un poco más las raíces del género, recomiendo tres estupendos discos de Yazoo Records (Juke Joint Saturday Night, Shake Your Wicked Knees, Mama don’t allow no easy riders here), antes de empezar con discos completos de Yancey, Professor Longhair, Monk, Dr. John, Otis Spann…

Sin edulcorantes

Las dos maneras más poderosas de sintetizar una idea son la filosófica -máxima abstracción- y la poética – máxima concreción. Así, frente al filosófico “menos es más” de Mies Van der Rohe, tenemos la evocadora alternativa poética del gran Josep Maria Sostres: “Amb sucre, pitjor”. Con azúcar, peor.

 

NOTA: Debo la cita de Sostres al profesor Josep Alemany, que fue alumno suyo. Me ha parecido importante compartirla porque tras rebuscar por el libro “Opiniones sobre arquitectura”, y por la web, no he encontrado ninguna otra referencia a esta inversión que tanto me gusta del dicho popular «Quant més sucre, més dolç«.

¡No más castros!

Los últimos años de abundancia, coincidieron en nuestro país con una efímera moda de utilizar el círculo como base de bastantes proyectos arquitectónicos. Las apoteosis de esta tendencia iban a ser la fracasada ciudad judicial de Madrid, donde me parece recordar que todos los edificios debían ser redondos y el también paralizado palacio de congresos (“la moneda de canto”) de la misma ciudad, en el que se acabó la financiación durante la cimentación.

Así que de aquella fiebre, como realidad construida, no ha quedado tanto pero, curiosamente, lo que ha quedado está en Galicia (ayuntamiento de Lalín, museo arqueológico de Lugo). ¿Casualidad? No lo creo.

En mi modesta opinión, los gallegos debemos ese honor al amor de los políticos por las metáforas construidas. Un ojo (planetario de Valencia), una ola solidificada (Fundación Caixa Galicia en Coruña) o una vieira (Ciudad de la Cultura en Compostela) son algo mucho más fácil de entender y comprar que un edificio.

Y, en Galicia, no se me ocurren muchas cosas que puedan apelar más directamente al corazoncito nacional-popular de un jurado que una referencia a los castros celtas. Daba igual que el programa fuese administrativo o expositivo, la caprichosa geometría quedaba inmediatamente legitimada por la referencia histórica.

Souvenirs

A los primeros que vi hacerlo fue a los japoneses (aunque “Si hoy es Martes, esto es Bélgica” apunta a precedentes norteamericanos). Las vacaciones estaban tan comprimidas que disponían de una semana escasa para ver toda Europa.

Escindidos entre la imposibilidad de asimilar semejante caudal de información y el deseo de amortizar el viaje, optaban por fotografiarlo y/o grabarlo en video para, teóricamente, paladearlo a la vuelta; y en la práctica, someter a traición a los amigos a interminables y tediosas proyecciones tras la cena.

En un primer momento, debido al prohibitivo precio de la tecnología (revelar salía por un pico), el documento gráfico se limitaba a una foto de grupo ante cada monumento para demostrar que se había estado allí. Se seleccionaban las mejores, y se pegaban cuidadosamente en un álbum.

De repente, el advenimiento de lo digital, y el consiguiente abaratamiento de la tecnología, permitió documentar exhaustivamente la totalidad del viaje. Terabytes de fotos y videos a los que nunca se accedía acababan perdidos en los discos duros o en tarjetas de memoria de creciente capacidad.

Y ahora, no hacen falta ni cámaras. Basta el teléfono. Ni memoria física, está la nube. Se dispara, se comparte, y se va llenando el hiperespacio de eso que antes quedaba en la intimidad del hogar.

“Souvenirs”, la divertidísima exposición del gran fotógrafo Martin Parr en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, trata estos y otros temas relacionados con el turismo de masas y el coleccionismo, tanto de imágenes, como de souvenirs y otros subproductos. Funciona por acumulación:

Una colección de autorretratos tomados durante 20 años en esos decorados de cartón en los que al sacar la cabeza por un agujero apareces en un escenario surreal (la boca de un tiburón, entrenando kárate con Putin, de gondolero…), una muestra de su espeluznante colección de postales turísticas, la vivienda del coleccionista compulsivo Juanjo Fuentes (para mí lo menos interesante y traído un poco por los pelos), otra muestra de su colección de souvenirs relacionados con Sadam, Osama o Margaret Thatcher, o una selección de fotos en playas (desde las artificiales de un mall japonés hasta Benidorm).
Todo en surrealista tecnicolor pero real como la vida misma.

NOTA 1:

No puedo resistirme a poner una pequeña banda sonora, el “Souvenirs, souvenirs” de Johnny Halliday:

NOTA 2:

Para los de Barcelona, los domingos es gratis, y el resto de días si llevas un souvenir lo suficientemente hortera, también.

Para los de fuera, un breve video para que os hagáis la idea:

http://www.youtube.com/watch?v=MzQCDtxQnn4

La edad de oro 2 (origen)

Retomando la analogía biológica, existe una tipología de aficionado a las artes que, en vez de venerar la etapa “clásica”, mitifica “los orígenes”. Su edad de oro no es la que corresponde a su adolescencia (ver post anterior)  sino la de la infancia del género objeto de su devoción. Son los apóstoles de lo auténtico. Si les gusta el jazz, opinan que vamos cuesta abajo desde que Louis Armstrong dejó la banda de King Oliver. Si son rockers, todo se jodió cuando Elvis se fue a la mili. Si les gusta el blues, adoran la imagen del esclavo cantando desgarradoramente mientras recoge el algodón.

Quizá la formulación más clara que yo he visto de esta postura se encuentra en el prefacio de la segunda edición del excelente libro de Nick Tosches “Country. The twisted roots of rock’n’roll”. Tosches desarrolla la idea de la siguiente manera: 

“Creo en el poder de los orígenes, una creencia en que, como lo expresa el Eclesiastés, “Lo que fue, eso será, Y lo que se hizo, eso se hará. No hay nada nuevo bajo el sol.”, en que lo que reclamamos como originalidad y descubrimiento no son más que aires y delirios de nuestra inocencia, ignorancia, y arrogancia; en que lo que se diga, fue dicho mejor- más poderosa, hermosa y puramente- hace mucho. La aurora de los dedos rosados de Homero es la más grande aurora de dedos rosados; la luna de dedos rosados de Safo, igual. No hay nueva sabiduría, sólo tontos que encuentran su camino a lo viejo; ni nueva poesía, sólo poetas tomando un aliento tan viejo como el tiempo” 

Siempre me han interesado mucho “los orígenes” y cuando encuentro algo que me gusta mucho, intento conocer de donde viene. Pero creo que cada vez que “un tonto” con sensibilidad emprende su camino a lo viejo, vuelve de la excursión con algo nuevo.

NOTA:

Pese a haber pasado de crápula outsider de la crítica musical a convertirse en exitoso autor de best-sellers (!), nadie ha considerado oportuno traducir al español los grandes libros de Tosches sobre música. No he leído la biografía del killer Jerry Lee Lewis, ni la de Dino, pero recomiendo encarecidamente tanto el citado “Country. The twisted roots of rock’n’roll” como “Unsung heroes of rock’n’roll”. La traducción del fragmento citado es mía y si alguien se anima a publicar alguno de ellos, aquí estoy para lo que haga falta.

La edad de oro 1 (adolescencia)

La analogía biológica aplicada a las artes (nacimiento- desarrollo-esplendor-decadencia-muerte) es un esquema reductor que señala un período concreto como el período “clásico” de una disciplina.

En el caso de la música popular, dicho período tiende indefectiblemente a coincidir con la adolescencia del escriba u oyente de turno. Para algunos no hubo momento más excitante que los inicios del rock´n´roll, para otros nada iguala “la década prodigiosa”, la energía del punk, el olor a espíritu juvenil del grunge o los inicios de la cultura rave.

La música es para muchos algo asociado a la juventud, las fiestas y las reuniones con amigo;  un entusiasmo compartido que une al grupo. Por eso, la mayoría deja de preocuparse activamente por ella cuando sienta la cabeza: el trabajo, los niños… ¿a quién le queda tiempo (y/o dinero) para invertir en música?

Quedan dos vías para ordeñar ese mercado:

La primera, esos repentinos raptos nostálgicos que permiten rentabilizar las giras de regreso de los grupos que triunfaron en su adolescencia (hombres g, por poner un ejemplo) o, peor, los musicales en que se recrean éxitos de antaño (mamma mia, por poner otro).

La segunda, exprimir a aquellos que todavía compran música como homenaje a su fijación adolescente con algún determinado artista (pasa mucho con springsteen y U2). Gente que pasa religiosamente por caja con cada nuevo lanzamiento del artista de marras o paga sin pestañear (ahora  tal vez pestañeen un poco) la morterada necesaria para verlos en el camp nou. Son el target ideal de esas infladas ediciones de-luxe que tanto se llevan ahora, con las que las discográficas intentan venderte lo mismo por tercera vez (lp, cd, edición “de luxe”). ¿De verdad alguien escucha los discos de rarezas que, en teoría, justificaron la inversión?

En las sabias palabras de la abuela de un amigo querido- refiriéndose a nuestra incorregible manía de salir por la noche-  ambas vías me parecen “una pérdida de tiempo, dinero y categoría”. Para mí, hay buena música en todas las épocas y está por todas partes: en la red, en la banda sonora de una película, en un anuncio…sólo hay que abrir las orejas y, cuando se presenta, no dejar que se escape.*

* aún lamento no haber preguntado cual era la maravillosa música hawaiana que acompañaba una de las animaciones de Kentridge en la retrospectiva del Macba de hace años.

“Pastuqui” para todos (los gustos)

Como no se habla de otra cosa, por lo menos que sea con ritmo. Ahí va una lista de reproducción de grandes canciones relacionadas con el vil metal:

Brother can you spare a dime?”-Bing Crosby (1932)

El himno oficioso de la gran depresión en Estados Unidos: ¿Hermano, puedes darme diez centavos?:

Poor but ambitious”- Wilmoth Houdini (1940)             

Me recuerda el mítico diálogo de mi abuelo con unos gilipollas a la entrada del colegio:

-Juan, ¿tú de quien desciendes?

– Yo no desciendo,  yo asciendo

( de ésta no he encontrado enlace en youtube, sólo en grooveshark)

Your cash ain’t nothing but trash”- The Clovers (1953)

Un clásico del R&B. Tu dinero no vale una mierda:

“Money”- Barret Strong (1959)

Obvia, pero no podía faltar: “The best things in life are free but you can give ‘em to the birds and bees…I want money”. Toda una declaración de principios!:

 Shake you moneymaker”- Elmore James (1961)

¡Menea esa máquina de hacer dinero!:

Blue Money”- Van Morrison (1970)

El fotógrafo sonrie, el cámara sonrie, y el dinero azul que el cantante quiere ir a gastarse con su chica parece ser el que ella ha ganado con sus posados (¿desnuda?). En todo caso, una gran canción:

(esta no está en la lista del grooveshark…)

Money”-Horace Andy (1974)

Siempre nos quedarán los rastas para denunciar las maldades de Babilonia/Occidente, y aclararnos que es el dinero la raiz de las mismas (…money, money, money, money, money,  is the root of ALL evil):

Free Money”- Patti Smith (1976)              

Siempre me ha gustado ese crescendo desde el pianillo inicial hasta el rocanroll desbocado final:

Take the cash (K.A.S.H)”-Wreckless Eric (1979)

Además de la inmortal “Whole Wide World” debemos a Eric Goulden este himno oficioso de los autónomos: ¡Pilla la pasta en efectivo!:

Money”-The Flying Lizards (1979)

Esta va por Begoña:

L’argent appelle l’argent”- Pamelo Mounk’a (1981)

Una gran canción de uno de los cantantes de los muy reivindicables Bantous de la Capitale congoleses. Ya iba tocando poner algo africano:

Knocking”-Carolina Chocolate Drops /Luminescent Orchestrii (2010)

A veces es buena idea juntar dos bandas (aconsejo agenciarse el EP). Grabada en una toma. La incluyo por el pegadizo estribillo “Show me the money, show me the money…”:

NOTA:

Lista de Grooveshark (falta el “blue money” de van morrison):

http://grooveshark.com/#!/playlist/Pastuqui+Para+Todos+los+Gustos/70706107

Cirugía de casas

Hace ya unos cuantos años, en una conocida librería del Raval, me llamó la atención un pequeño libro de extraño título- “Cirugía de casas”-, y de un autor del que nunca había oído hablar -Rodolfo Livingston- pero que iba por la décimo segunda edición.  La curiosidad, una ojeada a la introducción, lo personal del enfoque -con capítulos con títulos como “Faltan techos, sobran paredes”, “Las modas pasan…las casas quedan”, “Arquitectura cáscara contra arquitectura objeto”- y, para que negarlo, su asequible precio acabaron de convencerme de apoquinar y llevármelo a casa.

Ya en su día me pareció una lectura de lo más recomendable para arquitectos y gente que tenga que vérselas con ellos y creo que la actual coyuntura lo vuelve todavía más necesario. A los primeros, puede enseñarles que, a veces, el mejor servicio que se puede dar a un cliente puede ser un simple consejo o unas directrices sobre intervenciones mínimas que él mismo puede llevar a cabo, pero que dicho servicio debe cobrarse (y, lo más interesante, explica cómo hacerlo). Para los segundos pensó el título alternativo del libro (“Como defenderse de los malos arquitectos”) y su lectura puede ayudarles a aclarar conceptos, definir con claridad sus necesidades y no dejarse embaucar.

El libro proporciona un antídoto poderoso contra esas casas de papel couché en la que el habitante parece molestar y, con palabras sencillas y ejemplos cotidianos que incluyen las transformaciones que tuvo que hacer en casas “de diseño” para hacerla habitables, transmite un importante mensaje humanista. Hay que olvidarse de “enfatizar volúmenes”, “acusar texturas” o “balconear” (con esto no sé muy bien a que se refiere pero me encanta la palabra) para centrarse en lo importante: mejorar la vida de las personas.

Puede parecer una ambición modesta, en contradicción con “la gran arquitectura” obsesionada con la innovación formal y/o tecnológica. Algunas intervenciones pueden parecer “feas”, como las vulgares fotos que las ilustran, pero es que su objetivo no es la belleza, sino la felicidad de sus usuarios.

Nota 1:

El autor, deseoso de compartir su experiencia, ofrece la descarga gratuita del libro en su página web:

http://www.estudiolivingston.com.ar/

Nota 2:

Comparto su constatación de que “el Neufert”  (también conocido bajo el pomposo título de “El Arte de Proyectar en Arquitectura”), pese a no ser jamás mencionado, es probablemente el libro de mayor –y más perniciosa- influencia en el diseño de viviendas “modernas”, ya que su catálogo de dimensiones mínimas acabó convirtiéndose en un estándar. Como dice Livingston: “El comportamiento humano, esencia misma de la arquitectura, no se compone de medidas, sino de escenas; más que de escenas, de ceremonias. Hacer el amor, comer en familia, bañarse, entrar en una casa, y cocinar, ocupan un espacio físico, es cierto, pero ocupan también el espacio psicológico en el que siempre se desenvuelven nuestras ceremonias cotidianas. Y de esas ceremonias está hecha la vida.”

¿Aló?

Propongo una pequeña selección de canciones relacionadas con el teléfono, todas ellas anteriores a la proliferación masiva de celulares, y todas ellas muy queridas.

-“Pelo telefone”- Bahiano (1917)

El primer éxito de la samba brasileira cantado por el gran Manuel Pedro dos Santos, “Bahiano”. Mira si son modernos estos brasileiros que no he conseguido encontrar más canciones con referencias al teléfono hasta 1940 (los bluesmen de aquellos años aun recibían únicamente letters de sus babies):

– “Pennsylvania 6-5000”- Glenn Miller (1940)

El título es el número de teléfono del hotel Pennsylvania de New York, que según dicen es el más antiguo de la ciudad que continúa en servicio. Muy pegadiza, hay bastantes versiones y homenajes, desde el biopic de Glenn Miller protagonizado por James Stewart (que es el enlace que incluyo aquí), hasta la cutre-comedia ochentera Transylvania 6-500 o un sampleado de Milli Vanilli (!):

-“Long Distance Call”-Muddy Waters (1951)

Muddy Waters en la cumbre de sus poderes y perdidamente enamorado hasta que una llamada de larga distancia le informa de que “hay otra mula en el establo de su chica”:

-“Memphis, Tennessee”- Chuck Berry (1958)

Gran composición de Chuck Berry en la que cuenta sus intentos por contactar, a través de la operadora de larga distancia, con una chica- Marie- que lo ha llamado pese a la oposición de su madre. Tras la larga charla con la operadora, llega la mayúscula sorpresa de la última línea. ¡Marie tiene solo 6 años y no es su amante, sino su hija!:

-“Beechwood 45789”- The Marvelettes (1962)

Uno de los más grandes “girl-groups”  (Please Mr. Postman!, Playboy!,…) de los 60 dándole a un chico tímido pero prometedor su número de teléfono para que pase a verla y la saque a bailar cuando quiera. Con invitaciones así, yo no me lo pensaría demasiado:

-“Off the hook”- The Rolling Stones (1964)

Mick llama a su chica pero no para de comunicar. ¿Qué pasa? ¿Facturas sin pagar? ¿Estará dormida? ¿Enferma? La angustia le reconcome y, finalmente, prefiere ser el quien descuelgue su teléfono…¡para ponerse a leer! (No es exactamente la reacción que uno esperaría de los chicos malos oficiales de los 60):

-“Call Me”- Al Green (1973)

El rey del soul sofisticado y elegante suplicando a su chica que lo llame y vuelva a casa. Colosal (como todo el resto del disco del mismo nombre):

-“Hangin´on the telephone”- The Nerves (1976)

Popularizada por Blondie un par de años después (en el estupendo lp “Parallel Lines”) pero aprovecho este post para reivindicar a estos olvidados pioneros del Power-Pop angelino:

– “Bad Connection”- Yazoo (1982)

Y llegamos a la temible época del tecnopop, en la que, como en todas, siempre hay cosas de lo más aprovechables si se rebusca un poco. ¡A ver si arreglan de una vez el tendido para que Allison Moyet pueda hablar con su amorcito!:

-“Telephone and Rubberband”- Penguin Cafe Orchestra (1977-1981)

Totalmente instrumental pero basada en la repetición de un tono telefónico. Una delicia:

– “Answering Machine”-The Replacements (1983)           

Y para acabar, una desesperada meditación del maestro Paul Westerberg y sus Recambios, con la que cerraban su maravilloso disco “Let It Be”. ¿Como le dices te echo de menos a un contestador automático?:

I love my house (arquitecturas felices)

Sumidos en plena crisis cuesta creerlo, pero hubo no hace tanto tiempo-sobre todo en los Estados Unidos- una época de optimismo desbordante ante la vida. Habían ganado la guerra, la economía iba como un tiro y tenían una confianza absoluta en que el progreso no tenía límites.

Aunque fuese un espejismo, fue un momento feliz que produjo arquitecturas felices. Por un lado estaban los que aspiraban a universalizar el estilo de vida moderno con sol, luz y vida al aire libre, intentando plantear modelos económicos repetibles-el programa de las Case-Study Houses o la iniciativa de Joseph Eichler- y, por otro, los más fieles al individualismo característico de los norteamericanos-como mi admirado John Lautner o, el protagonista del post de hoy, Andrew Geller.

Geller fue un auténtico innovador en el diseño de segundas residencias, de formas juguetonas y extravagantes que constituían un marco perfecto para un estilo de vida hedonista (pre-ley de costas, todo hay que decirlo). Aunque puedan parecer “frívolas”, aquí donde tan arraigados están entre algunos arquitectos la austeridad, el no pasarse, la sobriedad y otros valores de tradición católica; y entre algunos clientes el imaginario Falcon Crest/narcopazo y sus variantes regionales, me parece que podemos aprender valiosas lecciones de sus propuestas. Por ejemplo, que existen vías más desenfadadas de resolver el problema de la segunda residencia, o que se debe intentar que la huella del edificio sea la mínima posible y que hay pocas cosas de peor gusto que una casa fuera de escala.

Porque aunque Geller siempre buscaba esquemas formales potentes, sintetizables casi en un logotipo (casa “Faro”, casa “A”, casa “Monopoly”, casa “Tetrabrik Tumbado”…) y en cierto modo  sus viviendas podrían calificarse de “caprichosas”, también es innegable que se ajustaban como un guante a las necesidades de sus clientes. Eran baratas, muy pequeñas pero espaciosas, con un carácter juguetón ideal para un refugio de vacaciones, y con un aire de precariedad/provisionalidad muy apropiado a su emplazamiento entre dunas. Por desgracia, dicha precariedad era algo más que una imagen, y las mareas vivas de los Hamptons y Fire Island se llevaron por delante algunas de sus más valiosas creaciones. Pero aún más destructivo que las mareas fue el mal gusto de los nuevos ricos que compraban sus casas para demolerlas y sustituirlas por desmesurados bodrios neo-coloniales (las McMansion las llamaba él).

En todo caso, independientemente de los vaivenes de la crítica, creo que para un arquitecto hay pocas recompensas más gratificantes que recibir una carta como la  que le envió su clienta la señora Eileen Hunt:

Nota 1:  Debo esta información al estupendo libro «Beach houses. Andrew Geller» de Alastair Gordon (Princeton Universty Press, 2003) que conseguí de saldo en el remate final de la desaparecida, y nunca suficientemente llorada, librería barcelonesa Interlibro.

Nota 2: Los proyectos de las casas playeras de Geller los hacía en su tiempo libre, ya que trabajaba a tiempo completo en la oficina de Raymond Loewy

Nota 3:  Andrew Geller  murió en Diciembre del año pasado a los 87 años. Su muerte parece  haber despertado el interés en proteger su legado:

http://www.andrewgeller.net/

Vestido amarillo de algodón

Un párrafo escaso, palabras comunes, un estribillo de una sola línea. Una canción pop redonda:

The yellow cotton dress is beautiful no doubt

but it becomes a motherfucker when you fill it out

The pillow on your side is practically brand new

But it can’t offer comfort to me until it smells of you

You’re everywhere 

The silverware you used is on the table still

Someone else will have to move it ‘cause I never will 

You’re everywhere 

Y si ya es difícil hacer una canción de este calibre, sus compañeras de disco no le van en absoluto a la zaga. Saquen esas libretas y anoten: El grupo: Wussy.  El disco: Funeral Dress (2005).

Y eso solo fue el principio. Desde entonces han sacado 4 discos más sin bajar el listón (Left for Dead, Wussy, Funeral Dress II y el reciente Strawberry, todos en Shake It Records, todos excelentes). Empezaron siendo pareja pero, a diferencia de Kim&Thurston, la ruptura les permitió componer más grandes canciones en vez de suponer el fin de la banda.

Lo triste es que semejante derroche de talento no ha impedido que Chuck Cleaver tenga que seguir picando piedra (literalmente) y Lisa Walker atendiendo las mesas de un local, que sus giras sigan siendo en furgoneta y en locales de menos de 100 personas, ni que, después de casi diez años, apenas hayan vendido 15.000 discos.

La verdad, no sé a que esperan los del Primavera Sound a traerlos.

NOTA 1: (Intento de traducción)

El vestido amarillo de algodón es bonito, que duda cabe

Pero es que cuando tú lo llenas, se sale

La almohada de tu lado es prácticamente nueva

Pero no podrá consolarme hasta que a ti huela 

Estás en todas partes 

En la mesa sigue puesta tu cubertería

Alguien tendrá que retirarla, yo jamás podría 

Estás en todas partes

NOTA 2:

“Funeral Dress” es tan bueno que aguanta una prueba más difícil que la del algodón: la del unplugged. Para celebrar el “Record Store Day” del año pasado, se armaron de cervezas y lo tocaron de principio a fin. No sé que versión de las dos me gusta más. Ahí os va la acústica, que es más difícil de conseguir (sólo se editaron 500 copias):

NOTA 3: Web de la banda

http://www.wussy.org/