
Habíamos quedado para ver un «depa» en la calle Unión nº 72. Tras atravesar Benjamin Franklin y girar por la Cerrada de Otoño, nos encontramos con la esquina del nº 68 y cruzamos hacia el sur esperando encontrar el nº 70 y, a continuación, el nº 72. Empezamos a intuir que algo iba mal cuando los siguientes números resultaron ser el 1 y el 88, pero lo atribuimos a una broma de algún vecino y continuamos caminando decididos. Al ver que se alternaban números pares e impares, y que entre el 43 y el 45 estaba el 136, volvimos sobre nuestros pasos hasta la Cerrada Otoño y preguntamos a un vecino que nos indicó que debíamos cruzar la calle Martí y seguir unos metros más hasta llegar a un tramo con varios edificios nuevos de departamentos.
Con paso firme -detestamos llegar tarde- cruzamos Martí, ignorando el alucinante baile de números que veíamos pasar de reojo hasta llegar al nº 71. Ahí decidimos preguntar de nuevo en un «abarrotes» (ultramarinos) donde el amable dependiente nos pidió que esperásemos un segundo mientras entraba en su trastienda de la que salió triunfalmente con una serie de hojas de libreta empalmadas con celo que resultó ser ¡un levantamiento completo de la demencial numeración de la calle Unión! que se había decidido a dibujar tras hartarse de intentar dar direcciones a tantos y tantos transeúntes perdidos. Creo que la imagen habla por sí sola. (más…)


Esta vez hubo suerte. Una encantadora familia catalano-mexicana que esperaba en la puerta y que había ido para ver a un amigo, sus hijas y su legendario huerto urbano, aceptó amablemente incorporarnos a su grupo.









