Morrison según Marcus

marcus morrison

Greil Marcus tiene la molesta manía de buscar el universo en una gota de agua. En sus escritos siempre hay unos segundos de una canción en los que el tiempo se detiene, una nota de bajo que nos transporta a los tiempos anteriores al lenguaje, o una sílaba alargada un micro-segundo que abre una chimenea cosmo-telúrica que nos conecta con el cielo o el infierno. Los ejemplos son inventados pero creo que transmiten su tendencia a la hipérbole y a la libre -y muy subjetiva- asociación de ideas de todo tipo. (más…)

Cuanto más apretada, más explosiva

prensa

Un texto suele mejorar al comprimirlo hasta que transmita su mensaje de la manera más concisa posible y me ha alegrado tropezarme recientemente con esta potente idea expresada en palabras de tres escritores que admiro:

  •  «Perdóneme que esta crónica haya salido algo extensa, pero la premura de tiempo para mandársela no me ha permitido escribir algo más corto«.(Cita recogida por Manuel Jabois en el prólogo para «Mis páginas mejores«). La disculpa de Julio Camba por enviar a la redacción de «La Correspondencia Española» un texto demasiado largo  demuestra que escribir algo más compacto implica más trabajo que explayarse. Es difícil expresarlo con más gracia.
  • «When in doubt, leave it out» es el consejo que le dio al crítico Milo Miles uno de sus primeros editores. Podría traducirse como «En caso de duda, a la basura» y marca el camino a seguir con esa palabra, frase o párrafo que no tienes claro si es mejor dejar o eliminar. Es difícil expresarlo con menos palabras.
  • «Escribir en prensa , que es una máquina de comprimir, es lo que hace la negra de Scarlett al zambullirla en el vestido entre gritos salvajes. Cuanto más apretada vaya la muchacha, más explosiva va a estar en el baile» . Manuel Jabois. «Diarios» (en «Irse a Madrid», 2011). Es difícil expresarlo más gráficamente.

Nota:

Resulta que Camba fusiló su frase ¡de Cicerón!. Ver la segunda parte de esta entrada

El patio de mi casa

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Por fin he tenido ocasión de ver en la cineteca de la Ciudad de México el documental «El patio de mi casa» que mencionaba en el post de hace unas semanas dedicado al arquitecto Óscar Hagerman. La película es un conmovedor homenaje de Carlos Hagerman a sus dos padres -Óscar y Doris- en el momento en que afrontan la vejez -y la cercanía de la muerte-; que relata el amor de una pareja que lo ha compartido todo (sus proyectos arquitectónicos estaban ligados a las actividades en favor de la educación de los más desfavorecidos a los que ella dedicó todas sus energías).

Además de filmar las obras de Óscar -y muy especialmente esa casa patio familiar de Valle del Bravo invadida por la maleza que resume su actitud vital y proyectual- , y de acercarse al emocionante magisterio de Doris Ruiz Galindo en las comunidades indígenas más pobres del sur del país y al del propio Hagerman en sus clases de diseño de mobiliario, el documental es un viaje a sus pasados que nos descubre los orígenes acomodados de ambos -con sus veleros, sus vacaciones europeas y sus películas de super-8, con breves escalas en la casa coruñesa de la familia materna de Hagerman, los veranos de su infancia de Suecia- y con una breve pero significativa visita a ese ayuntamiento proyectado por Alvar Aalto en Säynätsalo que Hagerman reconoce como su mayor influencia y el patrón que -por la naturalidad con la que crea lugares en los que «se está bien»- le muestra las limitaciones de sus propias obras.

Creo que es un acierto que el director no cuente la obra y milagros de este arquitecto descalzo  -e ignore trabajos que me llamaron la atención en la monografía de Arquine y de los que me gustaría saber más- y se centre en una pareja que construyó un inspirador proyecto común ya que así, en lugar de orientarse a un minúsculo nicho académico, consigue mostrar un conmovedor ejemplo de unas vidas gobernadas por el amor (de pareja, paterno-filial, al prójimo, al trabajo, a las cosas sencillas) que tiene un alcance universal. (más…)

Fuego eterno

Jerry Lee Lewis - Knox Sessions A

Si, como sospecho, la vara apropiada para medir la calidad de un músico es la frecuencia con la que escuchas su obra, Jerry Lee Lewis sería el «mejor» de los pioneros del rock and roll porque, aunque he sentido más pasión por Chuck Berry, Little Richard, Elvis Presley, Fats Domino o Buddy Holly, ya casi nunca escucho esos discos a los que extraje casi todo su jugo juvenil cuando yo mismo era joven. El Killer es otra historia.

Alguien que tuvo grandes riquezas, seis hijos y siete esposas (la tercera, su tristemente célebre prima trece-añera) y lo perdió todo (un hijo murió ahogado en una piscina, otro en un accidente de coche, una esposa en extrañas circunstancias). Un hombre de gatillo fácil que casi mata a su bajista y que fue expulsado de Graceland por acercarse al Rey armado con un rifle. Un salvaje temeroso de Dios, criado en el fundamentalismo cristiano (es primo del tele-predicador Jimmy Swaggart) con una atracción fatal por la fiesta, la mala vida y la música del diablo.

Todos esos tormentos y agitada vida tienen su reflejo en una música orgánica que se mueve con naturalidad del más salvaje rock and roll al más lacrimógeno country, pasando por sentidos espirituales a mayor gloria de Dios o las versiones de olvidados clásicos Tin Pan Alley. La mayoría sólo recuerdan sus grandes éxitos para Sun Records («Great Balls of Fire«, «Whole Lot of Shakin going on«,»High School Confidential«…) pero, por geniales que sean, ya rara vez acudo a esas canciones oídas hasta el hastío, ni a esos años posteriores en Mercury en los que intentaba hacerse un hueco en el mercado country con grandes momentos que hay que rescatar del pringoso mar de cuerdas y almíbar que tantas veces amenaza con ahogarlos.

Y ahí es donde entra un disco como «The Knox Phillips Sessions: The Unreleased Recordings« (más…)

Del cavernícola al crítico

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En «Mis páginas mejores» la excelente recopilación de sus columnas favoritas que el propio Julio Camba seleccionó en 1956 y que recientemente recuperó la genial editorial «Pepitas de Calabaza«, encontramos reivindicaciones de la sardina, agudas observaciones sobre las particularidades de los diferentes pueblos europeos (y también sobre esos yankis a los que se niega a llamar norte-americanos o estadounidenses), ataques a la República o reflexiones sobre los problemas de los españoles con el ácido úrico (y su influencia sobre nuestra lamentable productividad).

Curiosamente, únicamente recuerdo una página y media dedicada a temas artísticos pero esos cinco párrafos le bastan a este maestro de la concisión para explicar el largo viaje de la pintura rupestre a la crítica y, de paso, al reflexionar sobre la perfección de las pinturas paleolíticas, adelantarse más de 60 años al descubrimiento del «efecto turifel«, que Camba no asocia únicamente a nuestra percepción de los monumentos sino al de toda la realidad: (más…)

El misterio de la calle Unión

Calle Unión

 

Habíamos quedado para ver un «depa» en la calle Unión nº 72. Tras atravesar Benjamin Franklin y girar por la Cerrada de Otoño, nos encontramos con la esquina del nº 68 y cruzamos hacia el sur esperando encontrar el nº 70 y, a continuación, el nº 72. Empezamos a intuir que algo iba mal cuando los siguientes números resultaron ser el 1 y el 88, pero lo atribuimos a una broma de algún vecino y continuamos caminando decididos. Al ver que se alternaban números pares e impares, y que entre el 43 y el 45 estaba el 136, volvimos sobre nuestros pasos hasta la Cerrada Otoño y preguntamos a un vecino que nos indicó que debíamos cruzar la calle Martí y seguir unos metros más hasta llegar a un tramo con varios edificios nuevos de departamentos.

Con paso firme  -detestamos llegar tarde- cruzamos Martí, ignorando el alucinante baile de números que veíamos pasar de reojo hasta llegar al nº 71. Ahí decidimos preguntar de nuevo en un «abarrotes» (ultramarinos) donde el amable dependiente nos pidió que esperásemos un segundo mientras entraba en su trastienda de la que salió triunfalmente con una serie de hojas de libreta empalmadas con celo que resultó ser ¡un levantamiento completo de la demencial numeración de la calle Unión! que se había decidido a dibujar tras hartarse de intentar dar direcciones a tantos y tantos transeúntes perdidos. Creo que la imagen habla por sí sola. (más…)

El tarro con rosca (y la exaltación de la rebaba)

Tarro con rosca

Desde hace unos años, probablemente como reacción a los excesos anteriores, proliferan los proyectos en los que se cambia la estética de control característica de los años de bonanza por la exaltación de la rebaba:  ese buscado desaliño y pobreza de tantas fachadas y estructuras- en las que los ladrillos, la termo-arcilla, las bovedillas, las viguetas o el bloque de hormigón no se revisten-; y de tantos interiores dominados por la madera de pino sin barnizar y el pavimento hidráulico.

En lugar de cuidar al máximo el aparejo de las fábricas de ladrillo o bloque y los encofrados para mostrarlos con orgullo -como tradicionalmente se ha hecho- se busca intencionadamente lo rugoso y lo crudo, que como mucho se vela con una manita de pintura blanca.

Asocio esta estética a aquellos lofts neoyorquinos de paredes desvencijadas y suelos de resina y a esos cafés berlineses que afrontan las reformas con la mínima inversión posible y que reutilizan los muebles disparejos que encuentran consiguiendo esa atmósfera a la vez austera y relajada que parecen buscar estos proyectos.

Pero, una vez más, lo alternativo devino tendencia, los lofts acabaron convertidos en codiciados activos inmobiliarios y ahora hay que aguantar que en bares caros y totalmente reformados intenten evocar la atmósfera casual de aquellos desaliñados pero encantadores cafés sirviendo la cerveza en tarros con rosca fabricados ex-profeso que me parecen la perfecta metáfora de esta estética impostada en la que la austeridad y la aceptación de lo inacabado y lo imperfecto se sustituyen por su simulacro.

El Paraíso de Dante

 

El paseo de ayer arrancó en la colonia Nochebuena- al norte del Parque Hundido- y, tras pasar por la plaza de toros y el estadio del Cruz Azul donde hordas de granaderos (antidisturbios) armados hasta los dientes indicaban que el partido estaba a punto de acabar, fuimos subiendo hasta que una inexplicable atracción nos llevó de nuevo ante la puerta de entrada al edificio Martí desde la calle Sindicalismo de la que hablé el pasado viernes.

20160507_193535.jpgEsta vez hubo suerte. Una encantadora familia catalano-mexicana que esperaba en la puerta y que había ido para ver a un amigo, sus hijas y su legendario huerto urbano, aceptó amablemente incorporarnos a su grupo.

Dante resultó el cicerone perfecto para guiarnos por esta gran corrala Art Decó, subiendo y bajando escaleras curvas o entubadas, y llevándonos a través de las grandes pasarelas de acceso que, frente a su departamento, se convertían en un vergel de brotes de toda clase de plantas comestibles que colonizaban la jardinera-antepecho, y los alrededores de su puerta con ingeniosas estructuras que le permitían apilar los cultivos y optimizar el escaso espacio disponible.
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Atrapado por Shane (y Sinéad)

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«Rum, Sodomy and the Lash«* es uno de los discos de mi vida. Envidio a quien no lo conoce y puede beneficiarse de que su encarnación actual incluya como propina el fabuloso EP «Poguetry in motion» con descartes de las mismas sesiones – «The Body of an American» (esa que siempre suena en el pub de «The Wire» antes de que McNulty y/o Bunk pierdan el conocimiento tras la ingesta etílica semanal), la marchosa «London Girl» o la sentida «A Rainy Night in Soho«, así como un prescindible instrumental (nadie es perfecto)-. Seguramente es el único disco de los Pogues que necesitará.

poguetry in motion

Del debut me gustaron «Dark Streets of London», «Streams of Whisky» y alguna más pero «If I should fall from grace with god«- que muchos consideran su obra maestra y que tiene varias grandes canciones- nunca acabó de convencerme e inició mi distanciamiento de la banda.

Arruinado por una producción demasiado grandiosa y porque MacGowan canta a la vez acelerado y desganado, el disco está a años luz del sentimiento y los matices que hicieron de «Rum, Sodomy and the Lash» (1985) algo tan especial: la perfecta amalgama de cánticos de taberna («Sally MacLennan«), funerales por algún olvidado dios celta («The Sick Bed of Cuchulainn«),  inolvidables gamberradas (ese desquiciado «Billy’s bones» en el que MacGowan canta más rápido que los Descendents de «Weinerschnitzel«), exquisiteces como ese «I’m a man you don´t meet everyday» maravillosamente cantado por Cait O’Riordan antes de que el cabrón del productor -Elvis Costello- se casase con ella y la apartase del grupo, ebrias cavilaciones («A pair of brown eyes«) y definitivas versiones del «Dirty Old Town» de Ewan MacColl o de la eterna canción anti-bélica  «The band played waltzing Matilda» de Eric Bogle que cierra el disco y demuestra para siempre que Shane MacGowan no sólo era un punk borracho y desdentado (y un gran compositor) sino también uno de los mejores cantantes de su quinta. (más…)

Decó biselado

FCE Tamaulipas
Vista trasera del Centro Cultura «Bella Época»

Buscando «depa» nos encontramos con esta curiosa vista a través de vidrios biselados y medianeras de la chimenea del Centro Cultural de la Calle Tamaulipas (antiguo Cine Lido) que alberga la fantástica librería del Fondo de Cultura Económica.

 

El cofre de la Sra. McCoy

Retrato McCoy

Como orgulloso propietario del catálogo «Blueprints for Modern Living: History and Legacy of the Case Study House» y, sobre todo, de  «The Second Generation» (donde descubrí a Gregory Ain) admiro el trabajo de Esther McCoy y me ha encantado enterarme de que  su  maravilloso archivo está a disposición de quien quiera consultarlo.

Tras trabajar en el estudio del genial heterodoxo R.M. Schindler , Esther McCoy se convirtió en la gran difusora de la arquitectura moderna en Estados Unidos y tuvo la suerte de tratar con gran parte de los mejores arquitectos de su época cuando investigaba para sus artículos, libros y exposiciones.

En este auténtico cofre del tesoro podemos encontrar -además de los borradores de sus escritos y conferencias- (más…)

La principal, la de apoyo y la que contrasta.

 

ikebana
Arreglo floral

Hojeando «Gardens of Japan» de Tetsuro Yoshida (1957) encontré resumido en un único párrafo y dos imágenes (un florero y el dibujo de cinco piedras) el esquivo principio formal que rige «cualquier forma de arte japonés»: ese orden aparentemente natural y casual, que siempre sospechamos que encerraba sus propias reglas:

«La forma en que se ordenan las piedras muestra otro* de los principios de diseño del arte japonés y su aplicación física a la arquitectura de jardines. Las piedras se ordenan siguiendo la siguiente fórmula: La piedra principal se dispone ligeramente a la izquierda del eje central, y un poco a la izquierda de ésta se sitúa la piedra de apoyo: estas dos forman el grupo principal. En diagonal respecto a la piedra principal pero a una distancia algo mayor que la que hay entre ésta y la de soporte, se coloca una tercera piedra, cuyas características deben contrastar tanto como sea posible con las dos primeras; de modo que, si las dos primeras son altas la tercera deberá ser plana y baja. (más…)