4 años

cuatro velas

 

Hoy hace cuatro años que empecé este blog. En ese tiempo he vivido en Barcelona, Santiago de Compostela y la Ciudad de México y he tenido todo tipo de vicisitudes personales y profesionales pero, con mis más y mis menos, he buscado un momento cada semana para escribir sobre el orden, las ventanas, el blues y otros temas recurrentes;  o sobre croquetas, dedicatorias y otras entradas encontradas.

Agradezco a los que leen y siguen el blog su interés, sus comentarios y su paciencia con las digresiones -me consta que a algunos les interesa la parte arquitectónica pero abominan de cowboysrastas y demás fauna musical (y viceversa)-. Gracias a todos por animarme a continuar.

 

¿El más grande constructor de todos los tiempos? (II)

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Albert Kahn con Diego Rivera y Frida Kahlo

Hace ya casi cuatro años defendí en estas páginas que el ingeniero Eugene Freyssinet fue «el más grande constructor de todos los tiempos« pero el descubrimiento en una polvorienta librería de «Albert Kahn. Industrial Architecture» (1939) me ha hecho replantearme a fondo la cuestión y he decidido adjudicar el título a este hijo de un rabino prusiano que llegó a Detroit con once años y acabó construyendo cerca de dos millares de edificios incluyendo viviendas, rascacielos, facultades y clubes universitarios, teatros, bancos, laboratorios, bibliotecas, mausoleos, hospitales y -sobre todo- incontables instalaciones industriales en los cinco continentes.

Ford River Rouge.jpgMe había encontrado con Albert Kahn en varias historias de la arquitectura moderna que, invariablemente, se centraban en los descomunales complejos que diseñó para Henry Ford (los más grandes del mundo en su momento) pero fue este libro de escaso texto y mágicas fotografías en blanco y negro el que me hizo ver que, más que el volumen, lo impresionante de su obra era su altísimo estándar de calidad, su variedad -nunca recurría a fórmulas probadas, cada proyecto se empezaba desde cero para conseguir el diseño óptimo- y una visión empresarial de la profesión que le permitió convertirse en el primer arquitecto global, construir un ingente volumen de edificios dispersos por todo el planeta y realizar hazañas que continúan asombrando hoy en día como la de montar (¡en plena era comunista!) un gabinete técnico de más de un millar de personas en Moscú para poder diseñar en plazo y presupuesto la colosal fábrica de tractores en Stalingrado que le había encargado el gobierno de Stalin (para el que acabó construyendo cerca de 500 instalaciones). (más…)

El carrito

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Ha vuelto el carrito de colores al barrio. Nunca lo he visto moverse pero no dejo que sus ruedas, cadenas y pedales me engañen. Sé que cuando nadie mire, pese a la calma chicha, las aspas de sus molinillos de flores, pájaros e insectos alados empezarán a girar, primero casi imperceptiblemente, luego cada vez más rápido, hasta convertirse en un torbellino multicolor que levanta sin esfuerzo el vuelo y desaparece sobre las azoteas de la colonia de vuelta a ese mundo de cuento del que sin duda llegó.

Mr. Magic’s Rap Attack. Volume 4

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Por una de esas felices paradojas pop, este disco de horrenda portada que reúne vacas sagradas (Public Enemy, De La Soul, RUN DMC) con singles inmortales («Push It» de Salt’n’Peppa -que hasta ahora sólo había  oído fusionado para la eternidad con el «No Fun» de los Stooges– o «It takes Two» de Rob Base & DJ EZ Rock) y con completos desconocidos que aportan imaginativos sampleados  (como ese «I shot the sheriff» o esa profética trompetilla en «We wanna Party» que anuncia el  reciente»Surf» de Donnie Trumpet, Chance the Rapper y compañía), resulta sorprendentemente coherente y adictivo y trasciende su modesto propósito original de recopilar los singles raperos más exitosos del momento (1988) para convertirse, treinta años más tarde, en la introducción perfecta a un género que -al favorecer el ingenio rimado sobre la pura musicalidad- resulta hermético incluso para gente abierta de orejas.

Nota: Agradezco a Tom Hull y a su excelente lista «1,000 Albums for a Long and Happy Life» el descubrimiento de este (y bastantes otros) discos.

Las Brisas

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Buscando la playa en la que Tim Robbins se encuentra con Morgan Freeman al final de la inmortal «Cadena Perpetua«, acabamos en el célebre hotel diseñado por Ricardo Legorreta en Ixtapa -que conocía por una pequeña foto que en su día me había intrigado en no recuerdo qué libro- y del que quería aclarar si se trataba de buena arquitectura o de un proto-algarrobico naranja y fino.

Por acabar rápido con el suspense: me parece una obra maestra de la arquitectura del turismo de masas. A mi entender, está reservado a los maestros:

  • Conseguir que un coloso de casi 500 habitaciones en un paraje virgen sólo se vea en su totalidad desde el mar, gracias a inteligentes recursos de diseño (pegarlo de tal manera al terreno  que se convierte en una montaña construida -que de paso evoca la escala colosal de las grandes pirámides-, reservar una amplia franja sin edificar pegada a la playa, quebrar el edificio en dos, dejar tanta selva virgen como sea posible).
  •  Armonizar a la perfección la escala territorial del conjunto y el carácter monumental de ciertos espacios – el vestíbulo de recepción, la vertiginosa escalera «metafísica»- con la escala doméstica de las habitaciones, los comedores o el bar del acceso.
  •  Resolver un edificio tan grande con un único (y modesto) núcleo de elevadores gracias a que la propia arquitectura incita a caminar por el edificio y por la selva para acceder a los diferentes puntos de interés.
  •  Abrir el edificio literalmente al exterior -pasillos, vestíbulos, y comedores no tienen ventana ni elemento alguno que los separe de la naturaleza (¡en el armario encontramos un diminuto lagarto!) y absolutamente todas las habitaciones tienen una terraza con vistas a las maravillosas puestas de sol a través de un hueco diseñado de tal modo que ventanas y persianas de librillo desaparecen a voluntad para potenciar la experiencia del entorno.
  •  Inventar un curioso interiorismo -indudablemente inspirado en Barragán pero con inevitables aportaciones fruto del cambio de escala- en el que los falsos techos dejan de ser aquello que Reyner Banham llamaba «el blando bajo vientre de la arquitectura» y -al estar acabados con la misma rugosidad que las paredes- adquieren una sorprendente fuerza tectónica; y en la que una reducidísima paleta de materiales (madera, azulejos de colores, cerámica, revocos ocres, amarillos, violetas y rosas) logra una elegancia intemporal.
  •  Conseguir que una obra -construida precisamente en aquellos fatídicos años post-modernos de los que tan poca cosa puede salvarse (1981) – envejezca tan bien.
  • Habiendo sido el primero, continuar siendo el mejor hotel de la zona y gracias a la acertada elección del emplazamiento poder ignorar cómo la vulgaridad se extiende en mancha de aceite al otro lado de la colina .

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Nunca había estado en un hotel de estas dimensiones  y la estancia en «Las Brisas» ha conseguido matizar mi prevención natural ante este tipo de complejos. Evidentemente, prefiero construcciones de menor escala y el edificio habría ganado reduciendo algo su imponente volumen pero, dado que la democratización del turismo exige inevitablemente que se diseñen grandes complejos, ojalá todos ellos fuesen proyectados con el cariño, la gracia y la sabiduría que mostró el Sr. Legorreta en esta obra.

Y en cuanto al «paraíso sin memoria» que perseguían  Red y Andy Dufresne y que originó este viaje, la densidad de edificación nos hizo descartar en seguida que pudiese estar en Zihuatanejo y ya habíamos desistido de encontrarlo cuando,  en nuestras últimas horas en el lugar, desde el bote que nos llevaba de Playa Linda a la masificada isla de Ixtapa, vimos a lo lejos, al norte, un enorme arenal con palmeras que bien podría ser la playa soñada.

Nota:
Lástima que al llegar a casa me entere por la wikipedia de que la escena se rodó realmente en la caribeña isla de St. Croix.

 

 

 

 

 

Dedicatorias

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Esta mañana compré en una librería de viejo por unos 6 euros la primera edición española (1959) de la colección de ensayos «Tiempo y Mundo» de  Stefan Zweig. Al hojearlo en el metro me emocionó leer manuscritas en la contraportada las siguientes palabras:

«Pepe:

Si tu corazón me olvida, que los exquisitos pasajes del contenido de este libro graben por siempre en tu memoria mi recuerdo perenne.

Mª Elena V-16-63«

que me provocaron tres pensamientos:

– Le alabo el gusto a Mª Elena por la elección del libro

– Aquí hay una interesante historia de amor no correspondido

– Ya no se escriben dedicatorias como ésta

P.S.

A Pepe le encantó el libro. Está repleto de subrayados y anotaciones

R.I.P. John Morthland

book_best_morthland200pxGracias al blog de Milo Miles me entero de la muerte del gran crítico John Morthland. Su libro «The Best of Country Music» fue mi guía para empezar a profundizar en el género y continúa siendo uno de mis libros musicales de cabecera; y considero su recopilatorio «Okeh Western-Swing» una de las mejores introducciones a ese estilo. Gracias a él me hice con la gloriosa caja de 8 lps de «Smithsonian Collection of Classic Country Music«, con aquellas otras de Time-Life dedicadas respectivamente a «Women» y «Duets«, y conocí a Darby & Tarlton, a los Louvin Brohers, a Gary Stewart y a tantos y tantos otros que ahora forman parte de mi dieta habitual. Descanse en paz.

El árbol, el camellón y la banqueta

Maceta Levantada
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Acostumbrado a los bonsais domesticados, los esmirriados palos sin hojas, los troncos con muñones y las ridículas macetas que adornan tantas calles y plazas españolas, me impresionó llegar a esta ciudad y descubrir el gigantesco porte de los árboles de algunas colonias y las accidentadas topografías de concreto que resultan de su lucha contra banquetas y camellones.

Y aunque de higos a brevas añore caminar leyendo -sin preocuparme por meter el pie en un socavón o tropezar con una duna de hormigón-, a diario me maravillo de la frondosidad, el frescor, la sombra, los pájaros y las ardillas que estos grandes árboles nos regalan.

Por eso -en el eterno conflicto entre ciudad y naturaleza- prefiero el equilibrio de fuerzas que transmiten estas aceras abolladas que la sumisión implícita en aquellas perfectas hileras de arbolitos rítmicamente espaciados, inclementemente podados y obsesivamente centrados en alcorques que siguen un despiece surgido de alguna pantalla muy muy lejana.

El Mustachismo

MMM2Me tienta convertirme al mustachismo, la filosofía vital de Mr. Money Mustache, que consiste en valorar el tiempo sobre cualquier posesión material y lograr la independencia financiera -o posibilidad de jubilarse- a una edad lo más temprana posible (en su caso, ¡a los treinta!).

Según MMM, el sistema es (relativamente) independiente de los ingresos ya que basta con ahorrar lo suficiente para cubrir 25 años de gastos y dejar que ese capital produzca los intereses que te permitirán vivir sin dar palo al agua durante el resto de tu vida.

Para ello, hay dos claves: reducir al mínimo los gastos superfluos (en su opinión, casi todos) para que la cantidad anual necesaria para vivir sea lo más baja posible y poder así llegar antes al ansiado objetivo, e invertir desde el principio tu dinero-por poco que sea- para que empiece a trabajar por ti.

Es una filosofía radicalmente anti-consumista ya que únicamente renunciando a la compulsión de poseer es posible alcanzar el objetivo. Se puede tener un sueldo astronómico y jamás lograr ahorrar esa cantidad que permite dejar de trabajar ya que el sistema que nos gobierna nos incita a consumir al límite de nuestras posibilidades. El Sr. Mustache , por su parte, recomienda el aparentemente inalcanzable objetivo de ahorrar al menos la mitad de los ingresos mensuales.

El hombre lleva años propagando la buena nueva y en su blog se pueden encontrar desde homenajes a los compañeros de lucha (los filósofos estoicos, el precursor Joe Domínguez), hasta infinidad de trucos tanto para gastar menos -usar la bici, si es imprescindible comprar coches de cambio manual, cocinar, recurrir a la biblioteca, evitar los préstamos…entender que el lujo es una droga– como para conseguir que tus ahorros produzcan lo máximo dentro de unos límites de riesgo razonables.

Aunque muchas veces sus renuncias puedan parecen excesivas  y, curiosamente, tanto él como su esposa continúen trabajando (pero únicamente cuando y en lo que les apetece); creo que su filosofía vital es muy acertada y que, aunque la meta de jubilarse a los treinta hace ya más de una década que la dejé escapar, todavía hay esperanzas de poder conseguir la independencia financiera antes de la cada vez más tardía edad oficial de jubilación (incluso partiendo de un nivel bajo de ahorro y habiendo sido recientemente expulsado del sistema español de sanidad y pensiones tras quince años de cotización ininterrumpida).

Es curioso que su propuesta, que es en esencia anti-sistema (en la medida en que implica renunciar al círculo de consumo indiscriminado, deuda y trabajo perpetuo en que éste se basa ), sea posible gracias precisamente a uno de los motores del capitalismo: el hecho de que en nuestro mundo el dinero pueda producir dinero.

 

 

Un café y me voy

De camino al trabajo, mientras escuchaba una antología de éxitos de música country (el volumen correspondiente a 1961 de la fantástica serie «Dim Lights, Thick Smoke and Hillbilly Music«),  di un respingo al reconocer una letra que me resultaba extrañamente familiar pero cuya melodía era nueva para mi. Miré el título en el ipod y vi que se trataba de la lacrimógena «I’ll Have Another Cup of Coffee (Then I’ll Go)» del semi-olvidado Claude Gray, en la que un hombre cuenta su última visita a esa casa familiar a la que ya no podrá volver tras el divorcio que está a punto de consumar. Trae la pasta que le ordenó el abogado y quiere pasar a besar a sus hijos mientras duermen y tomar una última taza de café «dulce y cálida» como el amor que sentía al abrazar a su (ex) esposa.

Tras descartar el «One More Cup of Coffee» de Bob Dylan, caí en la cuenta de que se trataba de la alegre tonada «One Cup Of Coffee» que cantaban unos bisoños Bob Marley y los Wailers a un ritmo mucho más acelerado que me había impedido hasta la fecha fijarme en su triste trasfondo.

Aunque son muy frecuentes las versiones jamaicanas de éxitos pop o soul norteamericanos, dice mucho de la falta de prejuicios musicales de Bob Marley que se animase a versionar este éxito country.

Patrimonio desplazado, patrimonio destruído

Barragán Río Elba
Conjunto de viviendas en C/ Río Elba. (Luis Barragán)

 

Al llegar a esta ciudad e interesarme por su arquitectura me dejé orientar por las pequeñas guías de la editorial Arquine (Barragán, Candela, O’Gorman) para visitar aquellos edificios que me parecían más prometedores o me quedaban más a tiro de casa o de mi trabajo en la construcción de «la torre más alta de la ciudad».

Juan O’Gorman, Casa y estudio para Frances Toor, México 1932
Casa Frances Toor. (Juan O’Gorman)

Según dichas guías, en el entorno inmediato de mi lugar de trabajo se encontraba un conjunto de viviendas de Luis Barragán (en la calle Río Elba) y la casa con dos estudios para artistas que Juan O’Gorman construyó para la editora ilustrada Frances Toor (en la calle Manchester), ambas de los años 30,  pero cuando me acerqué a verlas descubrí con sorpresa que se habían esfumado. En el lugar de la primera se alza la estructura de la próxima «torre más alta de la ciudad» (Torre Reforma) con su extraña arista inclinada y sus aparatosos tirantes de acero; y en el de la segunda un polvoriento solar frente a la popular rotonda de la Diana Cazadora que espera el advenimiento de la siguiente campeona en esta carrera sin fin por demostrar quien «la tiene más larga».

Casa Torre Reforma
Casa O’Hea. (T. Kunhardt Urrea/J.Capilla)

Cabe la posibilidad de que el desaparecido edificio de Barragán fuese -como buena parte de su obra temprana- una operación especulativa sin mayor interés más allá de su autoría; pero la de O’Gorman parecía un hermoso ejemplar de aquella época optimista en que algunos creían que una nueva arquitectura blanca, luminosa y aireada traería también una humanidad mejor.

Casa OHea-Torre Reforma
La Casa O’Hea a los pies de la Torre Reforma. (LBR&A Arquitectos)

Me pasma que se acepte con tanta deportividad* la destrucción del patrimonio moderno; especialmente cuándo precisamente en la obra de esa Torre Reforma se llevó a cabo la proeza tecnológica de desplazar 18 metros una casona neo-gótica de la época porfiriana– construida por el empresario inglés Patrick O’Hea y su esposa tejana – para devolverla a su posición original una vez construido el sótano**.

El hecho de que la casona neo-gótica, las viviendas de Barragán  y la casa de O’Gorman sean de la misma década parece demostrar que sólo veneramos la piedra -lo que tiene apariencia de antiguo- ya que a nadie importa la desaparición de algunos de los primeros edificios racionalistas de la ciudad mientras  movemos cielo y tierra para conservar un nostálgico (y mutilado) edificio que se vuelve ridículo -«de juguete»- bajo la imponente sombra de un rascacielos de más de 250 metros de altura.

Notas:

*El único lamento por esta demolición que he encontrado es éste:
** La proeza de desplazar la casa porfiriana puede verse en este video:

A los pies de Mordor

Inauguración Torre Bancomer

El ensordecedor espectáculo de luz y fuego de su inauguración convirtió al edificio en cuya construcción trabajé los dos últimos años en un tótem en llamas del que resultaba imposible apartar la mirada y que provocaba el sentimiento sublime de estar asistiendo al asedio de una inexpugnable fortaleza maligna. Entre las cuñas publicitarias sobre la crucial contribución de la entidad a la prosperidad del país esperé en vano que un micro abierto nos atronase con las estentóreas carcajadas de un trajeado señor oscuro.

Un arquitecto descalzo

Casa en Valle del Bravo

La trayectoria de Oscar Hagerman (A Coruña, 1936) demuestra que es posible ser un “arquitecto descalzo” sin necesidad de encontrarse en una isla desierta. Desde su primera obra, esa casa-patio familiar en el Valle del Bravo que rezuma “cualidad sin nombre”, a nuestro hombre le han traído al pairo las modas arquitectónicas de cada momento y ha trabajado con una envidiable naturalidad, diseñando muebles que no necesitaban ser a la vez comentarios de texto, adelantándose a la actual fiebre de las casas pasivas (en esa interesante vivienda para su hermano en la ciudad de México), reivindicando los tradicionales temascales –para esos baños conviviales que tanto gustaban a Rudofsky-, construyendo aulas rurales por todo el país –cada una de ella adaptada a las tradiciones locales-, reinventando la silla de Van Gogh, levantando letrinas secas, ayudando a cooperativas de artesanos y a niños sin hogar o diseñando prototipos de viviendas ampliables super-económicas y líneas de muebles desmontables para viviendas sociales.

Hagerman arquineEl ejemplar libro que le ha dedicado Arquine -una de las monografías de arquitectos más inspiradoras que me he encontrado- muestra que la realización personal y profesional puede encontrarse lejos de los focos mediáticos, en la felicidad que proporciona mejorar la vida de los más desfavorecidos y que algunos de los diseños y construcciones más atemporales surgen precisamente cuando se trabaja con modestia, ajeno a cualquier pretensión de trascendencia, y aprendiendo del saber acumulado en el lento perfeccionamiento de tantos objetos y edificios anónimos.

Notas:

Aquí pueden encontrar un excelente texto de Elena Poniatowska incluido en el libro.

– El año pasado su hijo Carlos dedicó a sus padres la película “El patio de mi casa” . Pueden leer mi reseña aquí.